sábado, 16 de junio de 2007

PAULI, Carlos - Sobre Castañeda

CASTAÑEDA:
EDUCADOR DE DOS ORILLAS
Carlos Eduardo Pauli
Hay muchos motivos para conocer la obra del Padre Castañeda. Su figura no pasó desapercibida para importantes escritores, antes y ahora. De él se han ocupado Adolfo Saldías, Arturo Capdevila, José P. Otero entre otros. Es muy conocida su lucha periodística en Buenos Aires contra los impulsores de la llamada "reforma religiosa". En el presente trabajo queremos referirnos a otra faceta, la de educador. Los últimos nueve años de su vida transcurrieron entre San José del Rincón y la Bajada del Paraná. El periodista combativo dio paso al maestro que veía con esperanza la tarea de promover al hombre mediante la educación. No aportamos ninguna documentación original o enfoque novedoso sobre el tema. Pero si debemos aclarar que quisimos dar a conocer a un público más amplio, dos trabajos que distantes en el tiempo guardan una indisoluble unidad temática. Es el caso de los trabajos del Prof. Segura y del Padre Furlong, que publicados hace mucho tiempo, en revistas de circulación restringida a estudiosos o especialistas. Las citas del presente trabajo están tomadas de ambos autores. Nos pareció muy pertinente la contextualización que hace Mons. Gerardo Farell, en el trabajo que citamos, pues nos ayuda a entender que los combates del Fraile Castañeda no fueron producto de una mera cuestión personal con Rivadavia, sino la expresión más honda de una búsqueda de la identidad de la "patria naciente". Tarea que hoy todavía nos convoca.

Sus primeros años
Nació en Buenos Aires en 1776 , de padre andaluz y madre porteña. Muy joven ingresa al Convento de San Francisco. Allí hizo su noviciado y empezó los estudios eclesiásticos. Se reveló como un estudiante aplicado y de notable inteligencia. Así fue que sus superiores lo envían a Córdoba a completar estudios, para luego destinarlo como Profesor en esa prestigiosa universidad que regenteaban los franciscanos. En 1800 es ordenado sacerdote. Gana por oposición la cátedra de Filosofía y en 1802 publica sus libros; "El alma de los brutos" y "Vida del Obispo Alzamor" en 1803. Trasladado a Buenos Aires, sus superiores lo destinan al Convento de la Recoleta, en aquella época lugar apartado de la ciudad. Por esos años participa de la vida del Convento y dirige la escuela pública. Esta, como todas las de la Iglesia de entonces, era gratuita.
La calma del Convento se altera en 1806, al producirse las invasiones inglesas, interviene en ellas asistiendo espiritual y materialmente a los patriotas en su lucha contra el invasor. Producido el triunfo, el Cabildo hace celebrar una misa de acción de gracias. A él le encargan el sermón, que publica en 1806 con el título de "Pangírico de la Reconquista". Al año siguiente, al producirse la Segunda Invasión Inglesa, publica su "Panegírico de la Defensa". Las invasiones inglesas habían mostrado la incapacidad de los funcionarios de la Corona Española. La expulsión del invasor había sido obra pura y exclusiva de los habitantes criollos. El pueblo había depuesto al Virrey y nombrado a Liniers en su reemplazo, lo que daba muestras que se estaban gestando las condiciones para el autogobierno.
Cuando en España empieza a desmoronarse la monarquía, a raíz de la invasión napoleónica, el Padre Castañeda estuvo entre los que sostenían que cuando cesaran los Borbones, América no debía seguir la suerte de la Metrópoli, pues habría llegado el momento de establecer un gobierno propio. Así se entiende que en 1810, este sacerdote de 34 años sea uno de los más entusiastas partidarios de la Primera Junta que presidía Cornelio de Saavedra.(1)

Testigo de la Patria Naciente
Así lo llama uno de sus biógrafos más destacados, el P. Guillermo Furlong S.J. (1) En efecto, los años que siguen a la Revolución de Mayo serán turbulentos para la Patria Naciente y en ellos el fraile tendrá un papel protagónico, hasta su muerte en 1832.
Le preocupa el giro que va tomando la revolución, cuando especialmente a fines de 1811, se hace cargo del gobierno (Primer Triunvirato), una elite imbuída de la filosofía iluminista francesa. El hombre que encabeza este grupo es Bernardino Rivadavia, quien pronto pasar a ser el más tenaz de sus enemigos. Su anticlericalismo poco a poco fue transformándose en anticatolicismo e hicieron que Castañeda no sólo desde el púlpito, sino también casa por casa y a través de los periódicos, iniciara su campaña para combatir estas ideas. Tal actitud le valió el primer destierro en 1812. Indultado en 1815 por el Director Posadas, vuelve al Convento de la Recoleta. Año aciago para la revolución americana. En España había vuelto al trono Fernando VII y las disposiciones del Congreso de Viena y la Santa Alianza, tendían a unir las fuerzas monárquicas para aplastar todo movimiento revolucionario liberal. Ante la posibilidad del envío de una expedición armada para reconquistar el imperio americano , en vías de emancipación por parte del absolutista Fernando VII, había pocos sacerdotes dispuestos a saludar el quinto aniversario de la Revolución. Pero no era Castañeda hombre de achicarse. Ante Alvarez Thomas, Director Supremo que había volteado a Carlos de Alvear luego de la sublevación de Fontezuelas, expuso en un célebre sermón su original interpretación de la Revolución. Dijo entonces: "este día será para Uds. un padrón o un monumento, y lo celebrarán consagrándolo al Señor en sus generaciones con un culto sempiterno". Recordó luego que la revolución había sucedido por fidelidad al Rey jurado y por la determinación de no obedecer otro poder que el de Fernando VII, y aunque faltaba un año para la independencia, ya la daba como un hecho consumado. Recordemos que mientras Castañeda afirmaba estos principios, los sucesivos Directores Supremos enviaban misiones diplomáticas a Europa, para gestionar la coronación de algún príncipe europeo. Se buscaba de ese modo frenar la posible invasión de las potencias aliadas a Fernando. Rem ata Castañeda su sermón con estos conceptos: "el día 25 de mayo, ya se considere como padrón o monumento eterno de nuestra heroica fidelidad a Fernando VII, o como el origen, principio y causa de nuestra absoluta independencia política, es y será siempre un día memorable y santo que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades". En contraposición a la escuela histórica clásica o académica, Castañeda sostiene que en Mayo hubo una reafirmación de lealtad hacia Fernando y una resolución de alcanzar la libertad civil. Si Napoleón hubiera triunfado en España, habríamos declarado la independencia para no seguir la suerte de la Metrópoli. Pero como Francia fue derrotada, lo que se buscaba era la autonomía dentro del Imperio Español. Este deseo fue frustrado por la intransigencia de la corte madrileña. Así cobra sentido la expresión de Castañeda, cuando afirma que la libertad civil , "la hubiéramos gozado bajo la dirección del mismo Fernando, oyendo este nuestras quejas, pues lo que se quería era que "bajo sus auspicios nosotros mismos nos gobernásemos y nosotros definiéramos la tierra, sin intervención alguna de los ministros peninsulares, no sólo inútiles, no sólo caducos, sino también perjudiciales". Es de hacer notar que esta interpretación de Mayo, la harán suya eminentes historiadores al cumplirse el Sesquicentenario de la Revolución, por lo que podemos considerar a Castañeda como un adelantado.(2)

El debate axiológico de la Patria Naciente
La división de unitarios y federales que sucede a la Revolución de Mayo, no es sólo una cuestión de formas de gobierno, de choque de intereses económicos contrapuestos. En el fondo de estas cuestiones, que también existieron, está presente el debate axiológico, que podríamos expresar en dos preguntas que hasta hoy esperan respuesta. Todos, unitarios y federales están de acuerdo en asumir las formas modernas de las instituciones democráticas en integrarse económicamente al mundo de la revolución industrial. Pero, ¿ desde que valores integrarse a la democracia y a la industria, desde los heredados de la época hispánica o desde los mismos de la ilustración nordeuropea.? ¿Había que abandonar o podía conservarse el estilo criollo de vida para asumir la democracia moderna y entrar en el desarrollo industrial?.
Este debate repercute en la Iglesia Argentina. Como sostiene Farell; "la ilustración católica continuadora del espíritu borbónico en la etapa emancipadora, impregnaba la actitud frente a la Iglesia de hombres como Bernardino Rivadavia en Buenos Aires o Salvador María del Carril en San Juan. También un buen número de clérigos compartía las ideas de la Ilustración como José Valentín Gómez, Pedro José Agrelo, Julián Segundo de Agüero, y Mariano Zavaleta todos del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires y en Córdoba el Deán Funes. La dificultad de conectarse con Roma, una vez muerto el Obispo Lué en 1812, dada la dependencia de la Iglesia Americana del patronato español, se agravó por los problemas del mismo Papado en sus relaciones con Napoleón, quien en 1814 había puesto prisionero a Pío VII".Sarmiento en el Facundo refleja con su habitual lucidez estos dos proyectos de país que estaban gestándose. " En la República Argentina se ven a un mismo tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo: una naciente que sin conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza está remedando los esfuerzos ingenuos y populares de la Edad Media; otra que sin cuidarse de lo que tiene a sus pies intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea. El siglo XIX y el XII viven juntos; el uno dentro de las ciudades, el otro en las campañas".
El clero argentino al principio no estaba necesariamente embanderado en alguna de estas posturas. Pero a partir de 1821, con el gobierno de Martín Rodríguez en Buenos Aires, comienza la influencia "ilustrada" de su ministro Rivadavia. En la medida en que el "partido europeo" avanza en opciones religiosas y en su voluntad de "civilizar" a la Iglesia, el clero y el pueblo sencillo se alinearán en el "partido americano". En éste militará por supuesto, Fray Francisco de Paula Castañeda, antes de venir a Santa Fe y Paraná a desarrollar su obra educativa.
A mediados de 1822, Rivadavia inicia la llamada "Reforma Religiosa", que en síntesis imitaba a la Francia revolucionaria con su Constitución Civil del Clero. No sólo colocó a la Iglesia bajo la dependencia del poder civil, sino que además se expropió de los bienes que ésta poseía, como el Santuario de Luján, la Casa de Hermandad, el Convento de la Recoleta, así como bienes de otros conventos y anuló la Vicaría Castrense. A esta reforma se opuso tenazmente Castañeda, quien junto a Fray Cayetano Rodríguez, Castro Barros y Medrano fueron la voz cantante contra el grupo de ideólogos europeizantes. En lenguaje popular, Castañeda criticaba la filosofía de la Ilustración que se imponía desde la universidad recién fundada.

"...eso de filosofías, no es cosa que entra en mi casa
Porque de cristiano viejo
La enjundia tengo en el alma
.....................................................
Yo ya sé que en la ciudad
Con la capa de estudiantes
Se burlan de la piedad, algunos mozos tunantes
Eso si que no haré yo, ni mi vieja la rolliza
Que se enoja y me putea cuando no la llevo a misa Si por alguna razón la Patria no me incomoda
Es por esa indevoción que ya se va haciendo moda...(3)

Como podemos apreciar ,la llegada de Castañeda a estas tierras litorales para desarrollar su acción educativa, no hace sino continuar este combate axiológico con otras armas. La fundación de escuelas, que luego entregará al Estado, fueron parte de esa estrategia. Lo anima la convicción del profundo poder de promoción humana que tiene la educación. Así cobra sentido la tarea que realizó entre 1823 y 1832 en estas "dos orillas".

Castañeda educador: "en un país de hombres libres solo debe haber escuelas"
Con notable acierto ha señalado el Prof. Segura(4) "los servicios a la educación serían los primeros que Castañeda prestara a la Patria y, también los últimos. Aislado, desterrado, pobre o como estuviera soñaría siempre con instruir y educar. Tenía sed de enseñar. A la niñez y a la juventud consagró inapreciables esfuerzos y su vida, ya en el púlpito, ya en el aula, ya en el periodismo, fue un magisterio permanente. En los claustros de la Recoleta inició una escuela de dibujo que después de algunos años de clase dio origen a la Academia que inauguró el 10 de agosto de 1815. Continuador de Belgrano, que en 1799 había creado la primera escuela de dibujo, Castañeda inaugura precisamente en el Consulado su primera clase. Castañeda poseía un retrato del Gral. Manuel Belgrano, por eso dice: "tengo en mi poder un retrato iluminado del Gral. Belgrano, dibujado por un joven de mi antigua Academia y desde ahora lo cedo para que este general, fundador de escuelas, presida el nuevo establecimiento..."
En esta ocasión expresa sus puntos de vista sobre la necesidad de la educación y las condiciones que ésta debe tener. No basta , sostiene Castañeda con enseñar a leer y escribir. También debe integrar un plan educativo, la enseñanza del dibujo, la geografía, la historia, la geometría, la náutica, la arquitectura civil , militar y naval, la esgrima ,la danza, la música, el nadar y andar a caballo, pronunciar correctamente el idioma nativo y "mil otras particularidades que aunque no prueban sabiduría en quien las posee, argullen mucha ignorancia o muy mala crianza en quien las ignora". Su optimismo pedagógico se refleja en la siguiente afirmación, "¿quién ha dicho que en un país libre puede haber cárcel?. Y se contesta; "en un país de hombres libres sólo debe haber escuelas. Los que en los gobiernos despóticos se llaman presos, en los gobiernos libres deben llamarse educandos. El que comete un delito no hace más que dar un aviso al público de que es un hombre a quien le falta educación. Recójasele pues con amor, y en seis o diez años enséñesele primero a rezar, después a relojero o a sastre. Estos diez años le sirven de corrección y al mismo tiempo de inestimable conveniencia, pues en vez de decir vengo de la cárcel, dirá yo he salido de la escuela..."
Mucho antes que José Hernández estampara esta afirmación en su genial obra, ya Castañeda la proponía. "Debe el gaucho tener, casa, escuela y derechos".
Pero los tiempos agitados que le tocó vivir, hicieron que tuviera que enfrentarse a los ideólogos que proponían reformas institucionales, siguiendo modelos europeos y que no siempre estaban a tono con la identidad cultural de la patria naciente. Esto le valió tener que sufrir distintas sanciones de los gobernantes de turno, la más severa de las cuales era el destierro. Su principal contendiente fue el omnipotente ministro del Gobernador Martín Rodríguez, autor de la famosa Reforma Religiosa. Nos referimos a Bernardino Rivadavia. En varios de los periódicos de Castañeda, aparecerá la figura del ministro con las más crueles y a veces, desopilantes caricaturas. Como consecuencia de esta oposición, varias veces fue desterrado. La última vez, su destino era la lejana Carmen de Patagones. Pero esta vez el fraile no cumplió la pena impuesta por el gobierno. Huyó a Montevideo, y desde allí con la anuencia del Brigadier Estanislao López, cruzó la tierra entrerriana y aparece en Santa Fe en 1823 para continuar su obra educadora.

Castañeda en Santa Fe
Ya está el fraile en esta Santa Fe, provincia que está creciendo a la sombra de su caudillo. Desde 1819 ya tiene su Estatuto, y un año después la imitarán las demás "Provincias Unidas". Situación paradojal para Castañeda. El había combatido desde su celda franciscana a esos "anarquistas" que habían atado sus cabalgaduras en la Pirámide de Mayo, en aquel convulsionado año 1820. Pero a fines de ese año, el 24 de noviembre se había firmado el tratado o pacto de Benegas. En él se establecía no sólo la paz entre Buenos Aires y Santa Fe, sino que además la primera se comprometía a resarcir con 25.000 cabezas de ganado a esta provincia, que había sufrido desde 1815 las depredadoras invasiones de los ejércitos del Directorio porteño. Como garante de este tratado aparece Dn. Juan Manuel de Rosas. Este hecho le hace cambiar de opinión a Castañeda. Con su habitual sinceridad, exclama en una de sus cartas; "malhaya sea mi incredulidad...yo estoy convertido y arrepentido hasta la improsunta...¡Bendito sea el Gral. López, bendito sea el Gral. Rodríguez!. Estos si que son hombres y lo demás es soncera..." Su entrada a Santa Fe, tal como el mismo nos la cuenta, está marcada por esta prédica anterior. Ya sabemos que no sólo educaba estando al frente de un establecimiento, sino que el periodismo había sido un arma de combate y toma de conciencia. Estando en Santa Fe, publicó los 19 números del sugerente "Vete portugués, que aquí no es", en los que condenaba la invasión portuguesa a la Banda Oriental, apoyada por los hombres del Directorio porteño. En uno de esos números nos cuenta su pintoresca llegada a Santa Fe; "como había escrito tanto contra Santa Fe..." temió que lo insultasen como le ocurriera en Buenos Aires. Es por eso que entró a la ciudad por los arrabales y se introdujo al Convento Franciscano por una puerta falsa. ¡Pero vaya sorpresa.! Al momento lo supo la ciudad y su celda era un gran jolgorio. Todos los notables de la ciudad venían a saludarlo, incluso el muy "ilustre Cabildo y Regimiento", con toda su etiquet a. Sorprendido Castañeda le comenta a un vecino respetable, "muy Señor mío, estas gentes no han leído mis periódicos..." El vecino le contesta, "Padre mío no hay en este pueblo quien no haya leído sus papeles. Más le digo, una derrota que padecimos cuando nos corrió el coronel Dorrego fue porque todo el ejército estaba muy divertido leyendo en cada fogón, un número de una colección suya que habíamos interceptado, y toda ella nos ponía oro y azul. Pero ha de saber Ud. que estas gentes son muy amigas de que los ministros de Dios sean quisquillosos y que reprendan lo malo, en sus números nuestras gentes leían el corazón de V. P. y se deleitaban en las buenas doctrinas que vertía..." Pese a este caluroso e inesperado recibimiento, nuestro fraile no se quedó en la comodidad del claustro franciscano, prefiriendo instalarse en el entonces casi desierto pago de Rincón. Como dice el Padre Furlong es muy posible que en los primeros decenios del siglo pasado, hubiese sufrido la población alguno de esos malones que destruían todo lo que encontraban a su paso. Tanto Saldías como Udaondo lo dan como fundador del pueblo, cuando en realidad creemos que puede considerárselo como co-fundador. En todo caso, está fuera de duda que el agregado de San José al topónimo Rincón, data de la época en que Castañeda reconstruye la capilla y da inicio a la escuela en 1823.
En una nota que dirige a la Sala o Junta de Representantes, (lo que sería la actual Legislatura), explica los motivos que lo llevaron a elegir esta provincia. Nos dice,"como escritor público y autor de diez periódicos desengañadores, tengo el honor de exponer a V. H. que por no haberme prostituído cobardemente a las máximas filosóficas-jacobinas del ministerio porteño, he sido perseguido. proscripto y calumniado hasta el extremo de habérseme precisado a cumplir literalmente el mandamiento de nuestro amabilísimo legislador Cristo, el cual previene a sus ministros que cuando los persiguieren en una ciudad, huyan a otra, y habiendo sido recibido con tanta caridad, amor y respeto en la Provincia de Santa Fe, que V.H. tan dignamente representa, me he persuadido que es indispensable deber mío lo primero dar a V.H. las debidas gracias, lo segundo instruir al ánimo de V.H. sobre ese acontecimiento..."
El "acontecimiento" al que se refería Castañeda, era el hecho de haber resistido la provincia de Santa Fe a implementar la llamada "Reforma Religiosa" de Rivadavia. De haberse implementado tal como lo querían los ideólogos, el convento de San Lorenzo hubiera pasado al estado, como ocurrió con los bienes de las órdenes religiosas en Buenos Aires.

Su aporte a la educación pública
A fines de 1823 ya instalado en Rincón, la primitiva capilla ha sido reemplazada por otra mucho más amplia y la escuela estaba lista para comenzar su tarea. El 19 de diciembre se dirige a los capitulares de Santa Fe, informando que "la solemne apertura de la Escuela del Rincón de San José, será el próximo domingo, y el jueves siguiente se dará la primera misa en la nueva capilla; las campanas de Gorondona y de los Hunchales están destinadas para el servicio del Rincón pero traerlas estos días es imposible..". Por lo tanto solicita al Cabildo santafesino que le presten una hasta que llegue la propia.
No siempre se ha reparado en esta característica. Castañeda es el iniciador de la que podíamos llamar educación de gestión pública. Así se desprende de su comunicación al Gral. López, producida en 1825, y en la que reseña su tarea de los años anteriores. Así expone Castañeda: "en mis cuentas de los años 23 y 24 aprobadas ya por V. S. Hice una prolija relación de los fondos creados por mí , para aumentar los del estado, que seguramente no alcanzaban para la fundación de la Iglesia, pueblo y escuela en un desierto, cual es el Rincón de Antón Martín, y que ahora se llama Rincón de San José".
Una característica interesante del lugar elegido y de la particular situación que se vivía en la provincia, nos la da a conocer en el mismo documento unos párrafos más adelante. Nos dice Castañeda: "...pero la posibilidad geográfica en que me hallo, me convida a nuevas empresas, porque tengo al Norte limítrofe el Gran Chaco y del Entrerríos solo me separa el Paraná patrio por el Sud. De aquí es que por interés de la escuela, me vienen, a cada paso, flotas llenas de ángeles, para ejercitarse en los primeros rudimentos de las letras y la religión, pero no sólo vienen niños pequeños a educarse, sino también jóvenes, educados ya, importunándome a que los instruya en facultades mayores".

Características de la Escuela de Rincón
La enseñanza que se impartía en Rincón abarcaba desde las primeras letras, lo que hoy sería EGB 1y2 y también la Gramática que equivalía a la actual enseñanza media. El propio Castañeda era autor de una Gramática Latina, para aquellos alumnos que habiendo terminado los estudios primario, estudiaban Latín, Humanidades y Retórica. También este establecimiento impartía enseñanza técnica, y sin duda es el establecimiento pionero en ese sentido. Con orgullo afirmaba el fraile: "las artes mecánicas también se enseñan en mi escuela, para cuyo efecto tengo en ejercicio una carpintería, una herrería, una relojería y escuela de pintura..."
Era una escuela con internado, cuyas actividades son así descriptas por él mismo: "Al rayar el alba tanto en invierno como en verano, les digo la Misa a los candidatos, en cuyo término cantarán con música o sin ella la divina alabanza, concluida la Misa, se ocuparán en barrer los aposentos y el patio, poner en orden la Escuela y dejando todo acomodado antes de la refección o almuerzo, la escuela deberá durar tres horas por la mañana y otras tres a la tarde; al entrar la noche rezarán el rosario y después se hará un punto sobre los misterios, según el orden con que la Santa Iglesia los va celebrando. Antes de cenar se juntarán todos y haciendo un coro, relatarán de memoria alguna parte del catecismo. Los tiempos que median entre esas funciones se dedicarán a la educación física, y a divertirse, ya en la danza, ya en la maroma, ya en la lucha, en correr a caballo, manejar una canoa, nadar en el Paraná". Señala también las actividades para los alumnos mas avanzados, es decir los que cursaban la Gramática. El horario de estas clases estaba así distribuido; "además de las tres horas de mañana y tarde, tendrán de noche sus pasos y conferencias, a esto está por ahora reducido el método provisorio, dejando para mejores tiempos y cuando sean menos escasas las facultades o recursos, el emprender con todo lujo la enseñanza recíproca o método de Lancaster, el fundar academias de dibujo, para lo cual debe contar el Gobierno con mi notoria eficacia y tesón infatigable. "En relación a lo anterior digamos que, "pasos" se denominaba a los ejercicios o comentarios que se hacían de las lecturas realizadas durante el día, o de algún punto de ellas. Los que tenían a su cargo estos ejercicios en las universidades, eran llamados pasantes.
También resulta interesante comprobar que Castañeda pese a su ortodoxia doctrinaria, no tiene inconvenientes en aceptar el método de Lancaster, como recurso pedagógico ante la escasez de docentes. Como sabemos, el citado método se caracterizaba por hacer que los alumnos mayores oficiaran de instructores para los menores. Andrés Bell lo llevó de la India a Inglaterra y allí lo adoptó el pedagogo cuáquero José Lancaster a principios del S. XVIII. España y el Río de la Plata lo conocieron a través de Francia. En 1825 otra preocupación desvelaba a Castañeda, y se lo hacía saber al Brigadier López.. Deseaba instalar una imprenta en Rincón como complemento de la escuela. "La imprenta famosa del finado general Carreras, nos dice, estaba repartida en distintos parajes, donde la iba dejando aquel hombre tan caminador. Yo he tenido la prolijidad de irla recogiendo por ver si acaso podía ponerla en ejercicio, aunque de lo que pertenece a la prensa estaba ya en mi poder, pero me faltan letras e innumerables otros utensilios". A continuación hace un elogio encendido de un extranjero que colabora con él. Se refiere al Capitán Don Carlos de San Félix, suizo que había peleado en las tropas de Napoleón. "Este señor no sólo me ha arreglado la prensa, supliendo los instrumentos que faltaban, sino que también me ha hecho moldes y armarios de madera, fundido letras y ha provisto cuanto basta para una imprenta lujosa". "Mi ánimo es redactar tres periódicos titulados, el 1º Población y rápido engrandecimiento del Chaco, el 2º El santafesino a las otras provincias de la Unión y el 3º: Obras póstumas de nueve sabios que murieron de retención de palabras". No hay constancia que estos periódicos hayan salido a la luz, pues una enfermedad del suizo antes mencionado parece haber impedido la iniciativa.

La "evangelización constituyente" y la utopía del fraile
La Iglesia argentina en los tiempos en que Castañeda iniciaba su acción educativa en Rincón, estaba incomunicada con Roma. En consecuencia no podía el Papa efectuar nombramientos de Obispos, ni podían las órdenes religiosas enviar sacerdotes a las tierras americanas. La escasez de sacerdotes se hacía sentir. Pero eso no afectaba el ánimo del valeroso fraile. De manera original, expone su pensamiento sobre este problema, al señalar "los indios del Chaco no me dejan, principalmente los guaycurúes o mocobíes y abipones, y no hay conferencia que tengo con ellos, en las que no consiga un triunfo. Les he persuadido que voy a llenar el Chaco de grandes conventos y que al irse acabando los religiosos españoles es señal que Dios quiere trasladar el ministerio apostólico a los indios, que yo les he de educar para que sean donados, legos, novicios, coristas y sacerdotes, que prediquen la fe y la ley de Dios por todas partes. No hay como explicar la alegría júbilo y exaltación en el Espíritu Santo de que se llenan transeutemente estos miserables, cuando les doy hecho todo, que parece que lo están viendo". Finaliza esta carta con una anécdota que es reveladora del carisma del cura con sus feligreses. Nos dice, "hablando yo con los indios sobre estas cosas, noté que una guaycurú se enternecía y suspendiendo la conversación la miré y ella, levantándose y arrancando de sus pechos un robusto y agraciado garzón, me lo entregó para que lo despachase y lo educase para cura. No me admiré del arresto de la india, sino de la quietud y sosiego con que el indiecito permaneció y quedó dormido en mis brazos. Un año hace que lo tengo conmigo, y tendrá dos años de edad, y él me recluta indiecitossin que yo los busque ni los solicite..." El final de este relato está lleno de ternura y humor, "es el caso que como no se despega de mi el Chinito, ni aún en mis repetidos viajes, han creído los demás que a ellos les asiste el mismo derecho que a Felipe, en orden a mi persona, y así es que importunan a sus madres para que vengan a la capilla, y con la satisfacción del mundo, sin la menor hurañez, hacen conmigo los mismos extremos que Felipe, de modo que para no incomodarlos, los cargo en cada brazo un rato, después tomo otros dos y ya se me han quedado cuatro para siempre, dos mocobíes y dos abipones, con fundadas esperanzas de verme con muchos más dentro de poco."
¡Que distinta imagen la de este fraile paternal, ya en el otoño de su vida, con la de aquel temible polemista de sus años mozos!.

Su traslado a la "otra orilla"
En mayo de 1827 solicita autorización para crear un establecimiento educativo en Paraná. Interesa preguntarse, ¿ porqué alejarse de Rincón y de una provincia que lo había recibido tan bien?. Podemos ensayar varias respuestas, pero dejemos que hable el propio interesado. En la nota al Gobernador de Entre Ríos, Mateo García de Zúñiga, le dice; "Fr. Franco Castañeda ante V.E. con el debido respeto me presento y digo: que firme con el propósito de fomentar por todos los medios y modos la instrucción de la juventud he sostenido por espacio de cuatro años en el desierto de Rincón de Santa Fe un Colegio de Niños bastante numeroso procurándoles no sólo la educación moral en los primeros rudimentos de la Religión y las Letras, sino también en la educación física, habituándolos a andar descalzos, sufrir intemperies y emprender trabajos de labranza y pastoría compatibles con sus fuerzas." A continuación expone los motivos del traslado; "entre mis candidatos se encuentran bastante niños Entre-Rianos, que se han desterrado voluntariamente, y me acompañan prefiriendo la instrucción al bienestar que lograban al lado de sus Padres, pero haviendo la seca arrasado mis sementeras, me he visto en la necesidad de trasladar parte de mi comunidad a algún otro punto, dejando en aquel destino los que buenamente puedan mantenerse". Luego de este introito, profundiza las razones de sus elección. "Esta provincia de Entre Ríos por su vecindad y cercanía me parece a mi qe. es el punto indicado, y siendo además tan abundante en cal, piedra y otros materiales no dudo que en pocos días se podría levantar una capilla pequeña y alguna otra pieza pa. verificar la Transladación, ciñéndome al principio no más qe. A proporcionarles Escuela y Clase de Gramática, y dejando al cuidado del tiempo el reducirlos a Colegio, y el procurarles todos los adelantamientos que cupieran en mis facultades".
A cualquier educador, el no haber podido mantener la Escuela de Rincón por falta de recursos, lo hubiera sumergido en el pesimismo. Nada de eso le ocurrió a Castañeda. El balance que hacia de su experiencia pedagógica en tierras santafesinas, derrochaba optimismo, fe ciega en el poder humanizador de la educación. "En mi primera fundación, nos dice, no he tenido más objeto que el de ensayarme y convencerme de quanto es capaz el hombre quando desea eficazmente la educación e instrucción de sus próximos, y al mismo tiempo hacer mérito para ser bien recivido en qualquier punto de América, donde se me ofrezca a hacer otro tanto; por lo que a mi toca estoy seguro que aún quando mi inutilidad fuese mucho mayor de lo qe. es para el efecto, no por eso deja de ser estimable la fina voluntad, el vivo interés y la incansable solicitud que toda mi vida he acreditado a favor de la Juventud con el mayor desinterés y a costa de tantos sacrificios".
No era mucho mejor la situación económica en la otra orilla, que en Santa Fe. Así lo reflejaba en su correspondencia, "la escases de fondos en que accidentalmente se halla esta provincia, a mi no se me oculta, pero yo estoy acostumbrado a padecer penuria, y a endurecer el ánimo contra toda esaces esperando el tiempo bueno y la abundancia que siempre suele seguir a la necesidad; de esta abundancia yo no dudo y por eso es que quiero ser partícipe de las necesidades del Entre-Ríos, para después enriquecer mi Colegio erigiendo en Universidad, donde cocurran a instruirse todos lo jóvenes de América"
Por estas razones pide que se le señale un sitio, "donde pueda trasladarme con mis Entre-Rianos". Como dato interesante, señalemos , que pide que tal establecimiento se construya lo más distante que se pueda de la Parroquia, "pa que los vecinos tengan más cerca el auxilio espiritual de la Misa y sermón los Domingos, Rosario y leyenda todas las noches qe en el Colegio del Rincón se practica.." El 9 de mayo de 1827, el Gbdor. García de Zúñiga, le concedía el permiso para fundar la escuela de Primeras Letras, la clase de Latinidad y la Capilla. En el decreto gubernamental se dejaba constancia que ; "debía establecerse exclusivamente la enseñanza mutua o de Lancaster, tan luego como se arbitren los fondos para el efecto..."
La institución fue puesta bajo el patrocinio de San José. La imagen fue posiblemente traída desde San José del Rincón y en 1938 fue donada por la familia Maglione al Arzobispado de Paraná.
En esa última etapa de su vida, las convulsiones políticas seguían agitando a la provincia de E. Ríos y además estábamos en guerra con el Brasil. Castañeda con su ejército de sesenta o más alumnos, se puso a hacer la guerra más activa. Como escribiera dos años atrás en su periódico "Buenos Aires cautiva", los fusiles y cañones de este Padre son los libros que reparte gratis a la amable juventud, las balas de fusil el a,b,c." En este combate andaba cuando le llegó la hora de presentarse a la Casa del Padre, un 12 de marzo de 1832. Pocos meses permanecieron sus restos en el cementerio de Paraná. El gobierno de Rosas tomó las medidas para que descansara definitivamente en Buenos Aires. Allí llegaron el 28 de julio al panteón del convento franciscano. Allí el 22 de diciembre se realizaron las solemnes exequias en sufragio de su alma y "para honrar su buena memoria.." El Padre Aldazor, futuro Obispo de Cuyo, pronunció una elocuente oración fúnebre, que reivindicó su memoria en la ciudad que antes lo desterrara. Su temperamento inquieto pareció acompañarlo también después de muerto, pues en una reforma de la cripta, sus restos desaparecieron de allí.

Notas:
(1) Furlong Guillermo S. J.; Fray Francisco de Paula Castañeda; Ediciones Castañeda; Buenos Aires; 1994; Págs. 16 y sigts.
(2) Ibidem; págs. 165-170
(3) Farell Gerardo; Iglesia y Pueblo en Argentina; Editora Patria Grande; págs 56-74.
(4) Segura Juan José; El Padre Castañeda, su programa cultural en Paraná; separata de la revista TELLUS; nº2 ; Nueva Impresora; Paraná; Entre Ríos; marzo 1948, págs. 9 y sigts.

[ Revista América Nº 18]