miércoles, 13 de junio de 2007

ACERCA DE LA CAPILLA DE GUADALUPE

GUADALUPE

LA CAPILLA QUE LEVANTO LA VIRGEN

Pbro Edgar Gabriel Stoffel
estoffel@ucsf.edu.ar

Hace ya mas de 200 años, un 4 de octubre de 1779 –festividad de San Francisco de Asís- comenzaba la construcción de una humilde capilla en las tierras de la heredad de los Gonzalez de Setúbal que con el tiempo se convertiría en una referencia fundamental para la identidad santafesina, no solo en lo religioso sino incluso en lo social.

Nos referimos a la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe a cuyo trabajo se abocó el ermitaño Francisco Javier de la Rosa, a tal punto que el constructor y la obra se identifican de tal manera que perviven hasta hoy en la memoria comunitaria.

Una obra eclesial

Como señalamos más arriba la tradición popular liga de tal manera al ermitaño con la capilla de Guadalupe que con el correr de los años y el desconocimiento o no valoración de la documentación existente ha relegado al olvido a otros activos protagonistas sin cuya colaboración hubiese sido harto difícil concluir los trabajos.

En primer lugar hay que señalar que mas allá de los deseos de los miembros de la familia Setúbal de reconstruir el antiguo oratorio en su lugar primitivo que pertenecía al fallecido en pobreza Juan Gonzalez de Setúbal o el de construir uno nuevo en el solar de su hermana María Rosa, viuda de de la Rosa, con fecha 15 de julio de ese año el obispo de Buenos Aires, Sebastian Malvar y Pinto confirmaba la elección como Mayordomo de Fabrica de la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe que había recaído sobre José Uriarte.

Pocos días después, el Obispo autorizaba al vecino Juan Ventura Diaz para que recogiese limosnas en toda la jurisdicción de la extensa Diócesis de Buenos Aires para ‘... la reedificación de la iglesia vulgarmente llamada de Nuestra Señora del Ugan título de Guadalupe’ y ya con fecha 18 de mayo de 1780, cuando ya se había comenzado la obra el Notario Eclesiástico de Santa Fe Francisco Pardo certifica que el ‘colector’ había entregado limosna fruto de lo recaudado para la fábrica y construcción de la Capilla.

Dos años después, el Pbro Francisco Antonio Vera y Mugica certifica que Juan Ventura Diaz ha realizado su ministerio con diligencia y corrección conduciendo a Santa Fe el producto recogido en especie de yerba, leño y algodón lo que ha permitido continuar la obra que estaba parada por falta de fondos.

Mientras tanto, José Uriarte había testado la cantidad de ´... un mil pesos a Nuestra Señora de Guadalupe, que se venera en su capilla nombrada de Setúbal...’.

Lo señalado no desmerece la centralidad de la persona del piadoso ermitaño sino que la acrecienta ya que su tarea no es expresión de una religiosidad individualista dado que se inscribe en una perspectiva mas amplia que es la de la vida del mismo pueblo de Dios en sus distintos componentes: obispo, laicos con compromisos temporales y el mismo Francisco Javier con su opción por la vida retirada y penitente.

La edificación de la capilla

Uno de los testimonios orales relevados por el pbro García de la Vega a comienzos del siglo XX de boca de Luis Florentino Godoy señala que el ermitaño trató de remedar la ubicación del Santuario erigido en México que estaba a una legua de la capital azteca, por lo cual midió desde la ‘Plaza Carretas’ cuarenta ‘suertes de chacras’ o cuadras al Norte lo cual de alguna manera corrobora el Pbro Vera y Múgica cuando se refiere a la construcción de una iglesia como a una legua y media de Santa Fe.

La obra pasó por algunas dificultades entre ellas de tipo económico y quizás de algún otro cariz ya que Francisco Javier de la Rosa escribió en una baldosa que gracias a la Virgen se pudieron vencer contradicciones del triste de Lucifer.

En 1781 la estructura principal de la capilla parece estar levantada y se colocan las baldosas que también son fruto del trabajo paciente del ermitaño, en una de las cuales según recuerda el citado Luis Florentino Godoy escribió: ‘Ya la he visto rematada/ la capilla destinada a rendir nuestras creencias/ y así veremos lograda/ la protección de la Virgen/ En el campo retirada’.

Según recordaba la testimoniante María Benita Godoy López las paredes fueron construidas echando tierra mojada entre tablas, todo de una pieza y sin señales de adobe y de la misma manera se hizo la torrecita de la cual colgaban dos campanas.

En el interior de la capilla fue colocada la estampa de Nuestra Señora de Guadalupe y habilitada al culto, preocupándose Francisco Javier de la Rosa que los sacerdotes que asistían al lugar tuviesen ‘asunto’ a la hora de predicar adquirió dos obras relacionadas con el culto guadalupano y su devoción, recordando en una de ellas que una vez usada había que volverlas al lugar para que pudiesen durar.

Sobre la puerta, un dintel de madera con la inscripción ‘Non fecit taliter nationis’ (Salmo 147,20) que la Iglesia aplica a María.

El proceso posterior

Así como durante una quincena de años tenemos bastante documentación acerca del ermitaño de pronto perdemos todo rastro sobre él pero su recuerdo sobrevive en la capilla a la que entregó sus afanes y desvelos, la cual no se desmorona con su ausencia sino que por el contrario va a crecer como punto de referencia de la piedad mariana de los santafesinos.

Ya para fines del siglo XVIII o comienzos del XIX Guadalupe es un hito en la topografía santafesina y la capilla considerada ‘pública’, en 1797 cuenta con un Mayordomo en la persona de José Atanasio Godoy.

Posiblemente ya para esta época se realizaba la festividad el 26 de febrero, lo que perdurará hasta 1872 en que parece comienza a celebrarse –aunque ignoramos las razones- el tercer Domingo después de Pascua y se le realizaban novenarios.

En el año 1822 a impulsos del pbro Amenábar se llevan adelante obras de reparación ya que el edificio estaba bastante deteriorado y en 1825 se plantan en su frente las famosas datileras.

A posterior se realizan diversas refacciones y ampliaciones con la ayuda de los devotos, a la par que va creciendo la devoción a la imagen de bulto (que según diversas opiniones era una Inmaculada) y se relega a un segundo plano la del cuadrito.

En 1904 ante el crecimiento experimentado por el culto guadalupano y la opción pastoral de Mons. Boneo de transformar el Santuario en el corazón de la nueva Diócesis de Santa Fe decide la construcción de la actual Basílica –‘monumento digno y grandioso’- que reemplazará la capilla cuyo inicio estamos recordando.

Conclusión

A pesar del proceso de secularización que vive nuestra sociedad y el surgimiento de nuevos lugares de culto mariano en la región, Guadalupe sigue siendo un centro espiritual y de comunión tanto en lo religioso como en lo social, y no podía ser de otro modo ya que más allá de los protagonistas humanos –empezando por Francisco Javier de la Rosa-, ha acontecido lo que el santo ermitaño entrevió en su soledad de vida y retiro penitente por amor a la virtud y menosprecio del mundo y que dejó grabado en una baldosa hoy desaparecida: ‘La capilla la Virgen la ha levantado, pues ella la ha procurado con su Divino poder benciendo contradicciones del triste de Lucifer: y muchas dificultades las que hizo desvanecer’.

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