miércoles, 20 de junio de 2007

HISTORIA FAMILIAR

LOS STOFFEL
De Visperterminen a la Pampa Gringa
A partir de 1861, muchos habitantes del empobrecido cantón de Valais (Suiza) decidieron partir a América. Para ello, dejaron familias y aldeas en busca de un futuro que por entonces se les hacía imposible de construir en aquella geografía difícil y arisca (que tuve la gracia de conocer en diciembre de 2001).
Una de esas aldeas era Visperteminen, situada en el Alto Valés en el confín de la localidad de Visp (a más de 1.300 metros de altura). Lo que hoy es un pujante centro turístico internacional para la práctica de esquí era por entonces una aldehuela que no alcanzaba a abastecer las necesidades mínimas de sus pobladores, muchos de los cuales morían en la tierna infancia.
De allí salieron en aquel año Ignacio Stoffel, su esposa (María Josefa Wegger) y un hijo; Ignacio Heinzmann, su esposa y tres hijos; y Alejandro Schuery, de condición soltero, quienes se establecieron en la naciente colonia San Jerónimo.
Ignacio Stoffel (quien al parecer venía munido de un mediano capital) pronto pudo adquirir -además de las concesiones que se le habían otorgado- otras más. Por ejemplo, en 1873 las N° 205, 288, 289, 308, 309, 290, 217, 218, 270, 274, 275 y la mitad de la 204, lo que le permitió consolidar su posición económica.
Algunos años después, cuando ya se habían agotado las concesiones en San Jerónimo Norte y algunos consideraban que la emigración valesana cesaría, la crisis que se produjo en la agricultura de la zona montañosa (de habla alemana) debido a las heladas y los desbordes del Ródano que arruinaban los plantíos (especialmente de papa, que por entonces estaba en la base de la alimentación lugareña), obligó a muchos habitantes a decidirse a abandonar la región, ante la amenaza de una situación de mayor pobreza y carestía.
Buscar el progreso
Entre 1868 y 1869, junto a unos 600 valesanos, desde Visperteminen partieron cinco familias y dos hombres solteros. En este grupo citamos a el anciano Luis Stoffel (68 años), su esposa (María Josefa Gretten o Crettaz) y sus once hijos.
Por entonces, todos eran mayores de edad y no tenían demasiadas posibilidades de progreso, como consecuencia de las circunstancias coyunturales señaladas y otras estructurales, como la estrechez del ámbito geográfico, la insuficiencia de recursos para construcción de vías de comunicación y alimentación de la población, etc.. Éstas se solucionarían recién a finales del siglo XIX y principios del XX, lo que en ese momento eran impensable.
Tras ser autorizados por el Consejo Comunal -les condona las deudas impositivas- para abandonar la aldea, llegaron a la Argentina y se dirigieron a Humboldt, en la vecindad de San Jerónimo que siguió siendo siempre el corazón de la geografía valesana en Santa Fe.
Los Stoffel eran parte de la tanda auspiciada por la "General - Ausvanderunmg, C. Brpwn y Cie in Basel", cuyos miembros eran caracterizados como "gente robusta y joven de los pueblos de la montaña, entre los que se cuentan hasta niños muy pequeños", que partieron de Sión (capital del Valés) hacia El Havre para embarcarse hacia América, el 18 de abril de 1868. Se constató la llegada de Ferdinando a la ciudad de Santa Fe, el 24 de junio de ese mismo año en el vapor Paraná.
Tres grupos con el mismo apellido
En 1872, cuando Wilken visitó la colonia, Vicente era propietario de las concesiones 11 a 14, Rufino de las N° 15 y 16, y Ferdinando de las 25 a 28, en tanto el cuñado Francisco Bürgi (casado con Sofía) las Nro. 21 y 22, las que están situadas en la parte sur de Humboldt.
Es de hacer notar que a diferencia de lo sucedido en Esperanza y San Carlos, donde se llevó a cabo la denominada "colonización oficial" con colonos traídos ex profeso, en Humboldt quienes tuvieron acceso a la tierra fueron aquellos que creyeron que podrían cumplir con la deuda contraída, tal como se desprende del contrato firmado por Ferdinando Stoffel, Santiago Vogt, H. Wollenweider y Guillermo Lehmann.
En 1873 se afincó en la zona Juan José Stoffel y su esposa, provenientes de Glis, distrito de Brig, aunque no parecen estar emparentados con los anteriores y además no tuvieron descendencia.
En relación a las dos primeras familias (de Ignacio y Luis), si bien sus descendientes muchas veces ignoran si existe algún grado de parentesco, incluso entre los que pertenecen a uno de estos troncos, debemos señalar que tienen un común origen en el matrimonio que hacia 1748 contrajeron Peter Stoffel y Anna Christina Sattler, en Visperterminen.
Del matrimonio nacieron al menos cinco hijos y sólo sobrevivieron Stephan Johann (1755), conocido como "Azrer" (tejedor de telas) y Johann Joseph (1760), llamado "Schmied" (herrero).
Del primero desciende Johann Bartolomé Joseph (1797), padre de Ignacio (1832), y del segundo Luis Stephan (1800), cabezas de las dos familias emigrantes. Esa relación parental queda atestiguada también por el hecho de que Katarina Züber (madre de Luis) fue madrina del bautismo de Ignacio en Visperterminen, e Ignacio fue padrino en San Jerónimo Norte del bautismo de Eduardo Ignacio, hijo de Ferdinando y nieto de Luis.
Numerosa prole
Tanto Ignacio como Luis y los hijos de ambos dieron origen a una numerosa prole, descendiendo del primero el ya citado Calasancio; Paulina (1861), que nació en alta mar durante el viaje y casó con Juan J. Amherd (1892); Mauricio (1863), que se casó con Francisca Zen; José Luis (1864), que se casó con Josefina Amherd (1887); Ernesto (1866); Matilde María Rosa (1870), que se casó con Adolfo Neffen (1895); Carolina (1871); Gotllieb (1872), Carolina Isabel (¿?), casada en primeras nupcias (1895) con Francisco Mangold y luego con Jeremías Eggel; Catalina (1874), que se casó con Leopoldo Mangoldt (1911); María Ignacia (1875); Ana María (1877); y María (1879).
De los hijos de Luis, Rosinus o Rufino (1839) se casó con Tekla Ebenegger (1874); Clemenz (1840) con Walburga Williner (1873); Ferdinando (1842) con Fridolina Schmithalter (1872); Vicenz (1846) con Rosalía Williner (1874); Kaspar (1848); Emanuel (1850); Shopía (1852) que se casó con Francisco Bürgi (1870); Lidwina (1854), que se casó con Paúl Michlig (1874); Ana María (1856), que se casó con Luis Kalbermatten (1874); y María Josefa (1860) casada con Alois Beauge (1874).

Participación social
En 1878, los miembros de las familias Stoffel que habitaban en Humboldt se encontraron entre los vecinos que firmaron la carta que el 12 de abril se elevó al gobernador, a favor del padre jesuita Auwellier y protestando por la decisión que había tomado en contra suya el municipio de Esperanza.
Esta adhesión al padre jesuita no era algo meramente coyuntural sino que se ligaba a la historia religiosa de los valesanos. La Compañía de Jesús fue la que los sostuvo en la confesión católica frente a las solicitudess de luteranos y calvinistas, al punto que era muy común el nombre Ignacio entre ellos en honor al insigne fundador. Además, la reunión de todos los que portaban su nombre se realizaba el 31 de julio.
Algunos de los hijos -ya argentinos- de estos inmigrantes participaron de la llamada revuelta de Humboldt de principios de 1893, cuando alrededor de 400 colonos se resistieron con armas en la mano, en defensa de lo que consideraban sus legítimos derechos. También lo hicieron en el desembarco que el 25 de julio hicieron en nuestra ciudad -aunque en esta ocasión ligados al radicalismo- para enfrentar al gobierno provincial.
Como en toda familia grande, la suerte de los descendientes -muchos de los cuales perdieron este apellido hace ya dos o tres generaciones- fue dispar. Hoy nos encontramos entre ellos con campesinos, obreros, amas de casa, empleados, religiosos, docentes y profesionales, dispersos en Esperanza, Rafaela, Pilar, López, Gálvez, Santa Fe, Laguna Paiva, Llambí Campbell, Recreo y -por supuesto- Humboldt y San Jerónimo Norte. Todos comparten la común ascendencia comenzada a forjar ya hace más de dos siglos y medio en una aldea casi perdida del Alto Valés.

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Giocondo Rigalli y Elisa Albiero
En busca de la ‘terra promessa’

Giocondo Rigalli y Elisa Albiero llegaron a la Argentina desde Italia. Por motivos laborales se radicaron en diferentes ciudades del país e, incluso, el periplo incluyó poblaciones brasileñas. Gálvez, en nuestra provincia, representó para ellos y su familia, la tierra prometida.

Esta historia, probablemente haya comenzado en el puerto de Génova o a bordo del buque "Umberto I", donde se conocieron Giocondo Rigalli (oriundo de Fornovolasco) y Elisa Albiero, nacida en Fontaniva, Italia.
Ella -junto con su padre Ferdinando- viajaba a nuestro país para encontrarse con una hermana: Italia Albiero de Bertapelle, quien había emigrado con anterioridad y residía en la provincia de Córdoba.
Más tarde emigrarían algunos nietos de Ferdinando (de apellido Bragagnolo) que se asentarían en Paraná.
Tras contraer enlace, Giocondo y Elisa comenzaron un largo periplo que los llevó a trabajar en diversos puntos del país, e incluso a Brasil, para recalar finalmente en Gálvez, donde vivieron hasta sus muertes, ocurridas en 1940 y 1949, respectivamente, rodeados del cariño de sus hijos y nietos.
Giocondo Rigali había nacido en julio de 1865 en Fornovolasco, "paese" al que habían emigrado sus padres Camilo y Palmira Giannoni desde San Pier in Campo (cerca de Barga), para dedicarse a tareas diversas, probablemente para la tala de bosques y cuidado de ovejas, en calidad de "bracciantes", es decir, jornaleros.
Allí vivían en la "Vía degli Archi" y de siete hermanos sólo sobrevivieron tres, una de las cuales era mujer. En la iglesia del pueblo (que comenzó a construirse en 1545) encontramos -aseguró el párroco- los registros de todos los hijos de Camilo y Palmira, con la sola excepción de Giocondo, quien tal vez haya sido bautizado en el pueblo de origen de sus padres con motivo de algún viaje.
La tradición familiar sostiene que Giocondo estuvo en el norte de África antes de venir a la Argentina, lo que parecía poco creíble por las versiones legendarias que rodeaban esta historia, acotó Stoffel. Pero lo cierto es que en la década del 80/90 muchos jóvenes, entre ellos los de la Toscana, marcharon hacia allí como trabajadores temporarios.
Trabajadores del campo
Giocondo tenía un hermano 13 años menor que él, Lazzaro Giorgio Pío, quien también había venido a la Argentina y se casó con Giulia Bertapelli Albiero. De ese matrimonio nacieron tres hijos.
En 1921, éste volvió a Vicenza donde dejó a las hijas mujeres al cuidado de la abuela materna (Italia A. de Bertapelle), y retornó con su hijo Radamés. Ambos fallecieron en Gálvez y Santa Fe, respectivamente.
Doménica Lucía Elisabetta Albiero había nacido en Fontaniva, el 16 de enero de 1870 y fue bautizada el mismo día. Era hija de Ferdinando y Giulia Agorinani -vecina de Bolzano Vicentino- y tenía al menos cuatro hermanas más, una de ellas la emigrada a la Argentina, que luego retornó a Italia.
La familia se dedicaba a tareas rurales, aunque Ferdinando llegó a ser miembro del "Consiglio Comunale" en 1868 y un familiar suyo "síndaco" por varios años en la década del '80.
El aluvión de 1882 afectó las tierras de cultivo volviéndolas improductivas y, en 1884, el cólera se cobró la vida de la madre de Elisa. Por este motivo, Ferdinando -con más de 50 años y empobrecido- decidió emigrar con su hija menor hacia la Argentina, tal como lo hicieron numerosos agricultores que no pudieron afrontar la desgracia sufrida.
Entre las pocas pertenencias que trajo Elisa se contaba el "Manual de Filotea", de Giussepe Riva, uno de los libros de piedad más difundidos en el norte italiano. Esta publicación la acompañará hasta sus últimos días y en su portada había escrito de puño y letra "Dío ve e Dío provee".
Los "paese" de origen
Fornovolasco -situada en Toscana- es una pequeña aldea de montaña, en la llamada Pania seca, y asentada sobre el río Serchio en las cercanías de Vergemoli y de la "Grotta del Vento", a unos 450 metros de altura.
Sus orígenes se remontan al siglo XIV cuando se instaló en el lugar una fundición de hierro y en 1996 fue prácticamente arrasada por un aluvión y vuelta a reconstruir.
A partir de las últimas décadas del siglo XIX se convirtió en expulsora de la mano de obra juvenil que -como ya señalara, explicó el presbítero- intentó suerte en África y luego en América (Estados Unidos, Brasil y Argentina). En la actualidad los habitantes no superan el número de 60.
En el caso de Fontaniva, comentó que nos encontramos con un paisaje totalmente distinto ya que está asentada sobre la ribera izquierda del Brenta, en la alta llanura aluvional véneta, en las cercanías de Citadella, Maróstica y Bassano de Grappa, y a una hora de tren de Venecia.
La región estuvo habitada desde el Neolítico, luego fue ocupada por los vénetos, dominada por los romanos y finalmente invadida por los longobardos, quienes a su vez fueron derrotados por los carolingios, época para la cual ya existía el comunidad de Fontaniva.
El periplo por l' América
Después de desembarcar en Buenos Aires, el 13 de mayo de 1887, probablemente se dirigieron a Córdoba donde residía el matrimonio Bertapelle- Albiero, etapa de la cual no ha quedado ninguna noticia.
Se asentaron, hacia 1890 ó 1891, en Paraná para ejercer el comercio como carnicero. Allí nació Camillo. Al poco tiempo, pasaron a Santa Fe para trabajar en la cochería de Crespo. Nació en ese lugar y en el marco de la revolución del 93, María Giulia que fuera bautizada en la parroquia del Carmen.
Alrededor de 1894 ó 1895 se encontraron en Brasil, en un lugar limítrofe entre los Estados de Río de Janeiro y Minas Gerais, sitio en el que trabajó en la carbonería de su cuñado de apellido Fratti, y donde nacieron Palmira (en 1895) y Amelia (en 1898), mi abuela, remarcó Edgar Stoffel.
En 1901 regresaron al país en el buque "Italie" procedentes de Río de Janeiro y se dirigieron a Ascochinga, provincia de Córdoba -que por entonces era un lugar de descanso de las familias poderosas como los Roca y los Anchorena-, para trabajar en un hotel de esta zona serrana.
En este período nacieron Humberto, Vittorio, Celestina y Eugenia. Hacia 1908, se trasladaron a San Eugenio, en la provincia de Santa Fe, y se dedicaron a la cría de ovinos en la estancia de Eugenio Alemán. Allí nacieron -entre otros- Ernesto, que es el único descendiente que aún vive.
Finalmente, hacia 1918, recalaron en Gálvez donde Giocondo realizó trabajos relacionados con jardinería en la plaza local y en la casa del ingeniero del Ferrocarril y también plantó los eucaliptus que proveían de sombra a quienes concurrían al cementerio local.
Los descendientes
De los hijos que habían sobrevivido al periplo, María Giulia se casó con Federico Aghemo (ambos víctimas de la peste bubónica en el año 1919), Camillo con Zaira Pari, Palmira con Pedro Masso, Amelia (mi abuela) con Ángel Montenegro, Humberto con Margarita Bertolini, Vittorio con Giulia (Ada) Bragagnolo, y Ernesto con Irma Ziraldo, en tanto Celestina y María Eugenia murieron solteras.
Sus hijos varones se incorporaron como empleados en el entonces Ferrocarril Buenos Aires y Rosario (conocido como de los "ingleses") y de las tres hijas que se casaron, una lo hizo con un agricultor y las otras dos con ferroviarios, lo que pone de manifiesto la importancia que por entonces tenía en Gálvez esta actividad.
Una historia de peregrinación cargada de dificultades y sacrificios, sostenida en la confianza en Dios y en el trabajo cotidiano que, al final, en Gálvez tuvo su "terra promessa", en la cual Giocondo -un verdadero trashumante toscano- y Elisa, pudieron descansar definitivamente.
Aromas de frutales
Los árboles de Giocondo
Hacia el año 1925, tras haber alquilado en diversos lugares, Giocondo Rigalli pudo construir su propia casa en la localidad de Gálvez. Pero, a diferencia de lo que habitualmente hacían sus compatriotas, no la edificó aprovechando la parte lateral del terreno, sino que ocupó el centro de dos lotes y la rodeó de plantas frutales.
De allí que su hogar siempre tuvo aromas a peras, higueras, duraznos, ciruelas y naranjas, que perduraron hasta la década del '70.
Pero no conforme con las labores de mantenimiento del monte frutal en su propio predio, Giocondo explotaba, además, los terrenos vecinos que pertenecían a la familia Masso, según recuerdan quienes lo conocieron y lo apreciaron.