jueves, 14 de junio de 2007

origenes del culto guadalupano en santa fe

LOS ORIGENES DE NUESTRA DEVOCION GUADALUPANA

El padre Miguel Sánchez.¿ Personaje histórico o figura legendaria?

Pbro. Edgar Gabriel Stoffel

La tradición sobre el origen de la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe ha retenido el nombre del padre mercedario Miguel Sánchez.

Así Lassaga y sus sucesores: el Pbro. Martegani quién lo considera miembro del convento donde se habría encontrado la estampa y el Pbro. Durán quién va mas allá señalando que en dicho convento este sacerdote difundía ejemplo de virtud intensa lo que implicaría una estada del mismo en Santa Fe suficientemente prolongada como para que se pudiese hacer este juicio sobre su persona.


También coincide María Antonia Godoy y del Barco en el testimonio que brinda al Pbro. Joaquín García de la Vega.

Sin embargo se hace muy difícil si no confirmar su existencia -ya que existió un Miguel Sánchez Moreno que perteneció a la orden mercedaria-, si su estancia en Santa Fe.

Es interesante lo que señalaba el extinto padre Trucco: ‘Por momentos creímos inexistente a este fraile, porque sucede que hay un libro del siglo XVI, sobre la Virgen de Guadalupe publicado en México, cuyo autor es el padre bachiller don Miguel Sánchez’.

En su momento y a pedido del citado sacerdote, el padre Brunet –prolífico investigador mercedario- aportó una serie de datos sobre el padre Miguel Sánchez Moreno a los que agregamos algunos de nuestra cosecha.

Había nacido aproximadamente hacia 1713, ya que en 1764 contaba con 51 años y falleció en 1777.

Según nos informa Alfredo Furlani –archivero del Convento mercedario de Córdoba- parece haber tenido su peso dentro de esta comunidad religiosa, aunque en lo que se refiere a Santa Fe solo consta que participó como vocal en el Capítulo Provincial llevado a cabo en el Convento ‘San Agustín de ésta en 1760.

En 1775 aparece destinado a las Misiones pero de la documentación recabada por el padre Brunet en diversos repositorios sobre reducciones en nuestro territorio, no aparece su nombre.

Finalmente una referencia a la aplicación de 40 misas rezadas y una cantada en su memoria en la residencia santafesina, se nos ha explicado que era una obligación de todos los conventos de la Provincia religiosa cada vez que moría algunos de sus miembros al margen de su lugar de residencia. Por otra parte, en el documentado trabajo ‘Los mercedarios en Santa Fe y en la antigua jurisdicción del Rosario (1593-1848) donde se registran cerca de dos centenares de mercedarios actuando en la región, no aparece citado para nada.

Contemporáneamente a este proceso nos encontramos con una padre Manuel Sánchez, nacido probablemente hacia 1773 y fallecido en 1802 tras haberse desempeñado como Cronista de la Orden a partir de 1795.

También tuvo cierta importancia dentro de los mercedarios ya que fue Provincial entre 1788 y 1791, aunque según el trabajo citado sobre la actuación de los mismos en nuestra provincia n o ejerció en estos lares ningún tipo de ministerio.

Sin embargo algunos hechos lo ligan a Santa Fe ya que en 1774 el mercedario de los Reyes del convento local le da poder para que lo represente en Buenos Aires donde residía y en 1783 según Cervera –aunque cuestionado por el historiador mercedario Toledo- lo encontramos solicitando información sobre la pretensión de trocar convento y a partir de 1785, acompaña con su firma las gestiones del entonces Provincial Pessoa ante la Junta de Temporalidades para obtener el Colegio de los jesuitas expulsos.

Esta participación podría implicar, que sin residir en Santa Fe, Manuel Sánchez realizara esporádicos viajes a nuestra ciudad y si a esto se le suma su posible participación en los Capítulos provinciales de 1777 y 1785 su presencia se encuadraría en el contexto de los hechos que recuerda la tradición.

Sin embargo no deja de ser llamativo el ‘silencio mercedario’ sobre el tema ya que en sus archivos nada se encuentra relacionado con los mercedarios y nuestro culto guadalupano, salvo el material elaborado por los publicistas locales.

Pensemos que los mercedarios permanecieron en Santa Fe hasta que se extinguieron en 1848, época en que el culto tenía ya cierta relevancia, e incluso el padre Manuel Sánchez –de haber tenido alguna participación- podría haber dejado algún testimonio en las Crónicas de la Orden que estaban a su cargo.

Por otra parte, la Orden mantenía cierta relación con los miembros de la familia en cuyas tierras se levantaba el oratorio, que en algún momento y siempre según la tradición recogida por Lassaga se denominó de las Mercedes.

Así por ejemplo, en el Testamento de Juan González de Setúbal de 1742 se declara una imagen pequeña y un bulto grande de vestir de esta advocación y en 1755 su hijo declara una imagen de de la misma de bulto bastante grande y otra mediana, ambas con nichos.

En los listados de miembros de la Cofradía de Nuestra Señora de La Merced (que se conserva en un total deterioro en el Archivo del Colegio de la Inmaculada) aparecen inscriptas a partir de 1771 María Martinez de Santa Cruz, María Rosa Reyes, María Josefa Reyes, María Rosa González Setúbal, María Rosa de la Rosa y Francisco Javier de la Rosa y Faveneden, todos miembros de esta familia. Carlos Rosa y Juan González Setúbal, por su parte, fueron sepultados en la Iglesia del Convento de la Merced en 1770 y 1777 respectivamente.

Hay que señalar también que los padres mercedarios eran acreedores de Carlos Rosa y luego de sus herederos y desde 1772 hasta 1786 mantuvieron un pleito con los franciscanos, ya que poseían una escritura ‘quarenticia’ que les daba prioridad sobre los bienes de esta familia.

En 1811, Ana Ignacia de la Rosa, manifiesta ante un reclamo que le hace José Atanasio Godoy que la casa en cuestión le había sido vendida por el padre Comendador del convento mercedario.

No deja de ser significativo que al visitar Santa Fe el historiador mercedario Benjamín Rencoret en 1886 y quién ha dejado algunos recuerdos que le transmitiera Lorenzo Monasterio, no recoja ningún comentario sobre la participación de los miembros de la Orden en el origen de nuestro culto guadalupano y lo mismo sucede con el padre Bernardino Toledo que estuvo en 1915 recabando datos para su monumental trabajo.

De lo expuesto podemos concluir:

a) no hay registros entre los mercedarios que los relacionen con el culto guadalupano en Santa Fe;
b) probada la existencia del padre Miguel Sánchez, ninguna documentación avala una estadía significativa y su participación en el Capítulo de 1760 parece bastante distante de la época en que se habrían producido los hechos;
c) la hipótesis de que el padre mercedario sea Manuel Sánchez si bien es posible dado las gestiones que le tocó realizar en nuestro medio, no es probable documentalmente;
d) otra posibilidad, sostenida ya por el Pbro. García de la Vega y considerada como tal por el Pbro. Edgardo Trucco, es que quienes transmitieron estos datos hayan tenido algún tipo de confusión respecto a nombres, adjudicándole al mercedario el del autor mexicano de la Novena a la Virgen de Guadalupe, o agregamos nosotros, involucrando a un miembro de esta Orden por la relación que existía con la familia que custodiaba el Santuario.

Como en otras ocasiones, nos encontramos que la aparición de algún dato en torno a Guadalupe vuelve a abrirnos otros interrogantes que tal vez con el aporte de otros investigadores podamos responder.