jueves, 14 de junio de 2007

EL PADRE MARTEGANI Y GUADALUPE

PBRO. ANGEL MARTEGANI.
PROPAGANDISTA GUADALUPANO


Desde fines de siglo XIX hasta el presente no han faltado en nuestro medio divulgadores y propagandistas del culto guadalupano, siendo uno de ellos el Pbro Angel Martegani quien en 1928 publica ‘Nuestra Señora de Guadalupe’ coincidentemente con la celebración de la Coronación Pontificia.

Lamentablemente su prematura muerte a los 36 años tal vez proyectó un cono de sombra y de olvido sobre este sacerdote que profesaba un tierno amor por la Patrona de la Diócesis y se destacaba por su espíritu apostólico y capacidad intelectual, al punto que no pocos consideraban que estaba llamado a ocupar un lugar importante en la Iglesia santafesina .

¿Quién era el Pbro Martegani?

Angel Martegani había nacido el 24 de agosto de 1892 en Lehmann, en el seno de la familia que habían fundado los inmigrantes Angel y María Mauhe y fue bautizado por el Pbro Cayetano Berardi, capellán de aquella colonia pocos días después .

También en esa colonia realizó sus primeros estudios donde mostró una inteligencia vivaz , recibió la primera comunión y en 1908 fue confirmado por Mons. Boneo, en ocasión de su primera Visita Pastoral al lugar .

Durante esa Visita, fue precisamente el niño Angel Martegani, quién pronunció un discurso ante el Obispo .

En 1903 se decide su ingreso al Seminario, siendo recomendado por el Pbro Serafín Barberis quien señala al Secretario del Obispado:

‘... puedo confirmar que ha dado pruebas de tener vocación y aptitud para el estado eclesiástico, de una conducta irreprochable sin ser influenciado ni de los padres ni de otras personas cualesquiera’ .

Previamente había solicitado una Beca ya que el candidato era ‘... pobre de solemnidad’, petición en la que lo acompaña el maestro de la escuela particular que funcionaba en la Sociedad Italiana, Juan Gioda .

Su padre no dudará en dirigirse a Mons. Boneo, manifestando:

‘Por ser pobre de solemnidad en recompensa de su auxilio rogaré a Dios para que le conceda largos años de vida y que le reciba a su tiempo útil eternamente con El en el Cielo’ .

Debemos señalar que el Señor concedió largos años de vida a Mons. Boneo, quien incluso sobrevivió al joven Martegani.


Acerca de su etapa como seminarista, Hugo Bichner nos deja la siguiente semblanza:

‘Cierto día de comienzos de siglo, una familia se reunía en Lehmann para despedir con cariño y orgullo a uno de sus pequeños integrantes. Se trataba del joven Angel Martegani que se aprestaba a acudir al llamado del Divino Maestro. Su sueño: ser sacerdote, dedicar su vida a salvar almas.
Viajó a Santa Fe. Y fue seminarista
En enero de 1907, en oportunidad de encontrarse de de vacaciones en Lehmann visitando a sus familiares y amigos, demostró un comportamiento y vocación tal, que motivó que el Rvdo. Hermenegildo Gambetti –Cura Vicario de Lehamann- al escribirle a S:S: Ilma el Obispo de Santa Fe, entre otras cosas le manifestar su complacencia pòr el seminarista Martegani’

En ese tiempo creció su amor y devoción por la Virgen María en su advocación de Guadalupe, especialmente a partir del traslado del Seminario a las cercanías del Santuario en enero de 1907, lo cual compartirá con la mayoría de sus condiscípulos.

Consideramos que esta cercanía del Seminario con el Santuario era parte de la pedagogía de Mons. Boneo en orden a lograr un clero propio, que surgido de entre familias de inmigrantes o de su entorno cultural, se enraizaría en la tradición local .

El propio Martegani parece corroborar nuestro aserto, cuando décadas después escribe:

‘El Seminario Conciliar a solo dos cuadras y con el bello edificio que cuenta en la actualidad y la importancia que le dan sus 150 alumnos, aspirantes al sacerdocio, es, sin discusión, el vecino mas caracterizado de María de Guadalupe, que desde su Camarín vigila de continuo la casa de los estudios eclesiásticos, para cumplir amorosamente lo que el Prelado se propuso al colocarlo tan cerca de Ella, que cuenten siempre con su protección y que no olviden que son sus hijos mas queridos’’ .

De esta época no solo guardará en su memoria el recuerdo de las peregrinaciones anuales y de los progresos del Santuario tal como lo describe en su libro al que luego analizaremos, sino que además elige como tema de su disertación para el ingreso a la Academia que conformaban los ‘teólogos’ y los ‘filósofos’ de 2do y 3er año, ‘Los peregrinos ante María de Guadalupe’.

El 27 de marzo de 1915 recibe el sagrado orden del presbiterado de manos de Mons. Boneo y el 30 de ese mes canta su primera Misa solemne en Sunchales ya que desde el año 1909 su familia residía en esa localidad , ocasión en que predicó otro sacerdote profundamente ligado a Guadalupe: Joaquín García de la Vega .

Con anterioridad a su ordenación había sido nombrado Profesor del Seminario donde también se desempeñó como administrador y prefecto de disciplina .

A pesar de que en dos oportunidades la feligresía de su pueblo natal eleva sendas notas solicitándole se le designe Cura Párroco de la localidad , el 25 de febrero de 1922 es designado Capellán del Hospicio de Huérfanas y Confesor de las Hermanas del Asilo de Mendigos , ambos en Rosario con lo cual comienza su vinculación con esta ciudad y a sus círculos religiosos y sociales.

En 1924 se le autoriza a editar una hoja semanal comenzando así una proficua labor periodística: columnista de ‘El Heraldo’ y ‘La Verdad’ y editor de ‘El Domingo’ con una tirada de 10000 ejemplares .

En Rosario se destacó como orador en púlpitos y tribunas, llegando incluso a ser invitado a dar conferencias y sermones en diversas partes del país, estando también ligado al activo Círculo Católico de Obreros, a cuya Comisión Directiva perteneció durante casi 5 años .


El 22 de marzo de 1928 se le autorizaba la impresión del libro sobre la Virgen de Guadalupe y el 12 de diciembre de es mismo año partía a la Casa del Padre, tras una larga y penosa dolencia.

Sus escritos guadalupanos

El primer trabajo en el que nuestro biografiado demuestra su interés por la devoción a Nuestra Patrona, data como ya señalamos de su época de seminarista y tuvo su origen en la disertación que siendo subdiácono realizó el 22 de abril de 1914 para ingresar a la Academia, institución interna del Seminario Conciliar que había sido fundada en el año 1911 bajo el rectorado del Pbro José Benedetti y que a partir del 22 de junio de 1914 se denominaría de San Agustín .

El texto se encuentra inserto en el Libro de Actas I de la Academia y abarca las páginas 195-198 y tuvimos la gracia de localizarlo a fines de 1993 cuando buscábamos materiales para nuestro trabajo sobre la formación del clero propio santafesino y en el año 2002 lo dimos a luz como uno de los apéndices del trabajo ‘Guadalupe. Centro de irradiación espiritual y lugar de encuentro social’ publicado en la revista SEDES SAPIENTIAE Nro 5, Año V, del Vicerrectorado de Formación de la Universidad Católica de Santa Fe.

En la primera parte nos encontramos con un panegírico de la Santísima Virgen muy del estilo de aquel tiempo, en el cual se exalta las manifestaciones del amor filial en diversas lugares del mundo y que también en Santa Fe, ‘... tiene en Guadalupe su alcázar inexpugnable...’.

En segundo lugar afirma que este reinado de María sobre los corazones es lo que explica el fervor de los santafesinos, quienes de distintos lugares de la Provincia ‘... corren presurosos a postrarse a sus pies en los días de las peregrinaciones...’.

Luego, en la parte mas extensa –como quien ha sido un privilegiado observador- va enumerando los distintos tipos de peregrinos. ‘... los padres y madres de familia a rogar por los hijos...’, ‘... los hijos a pedir por sus ancianos padres...’, ‘... los hijos pródigos arrepentidos...’, ‘... los que no han hallado consuelo en el mundo, los que han sufrido los más crueles desengaños...’, ‘... las tiernas y delicadas doncellas...’, ´... los rústicos campesinos...´, ‘...los tiernos y pequeños niños...’, ‘... las tristes y desconsoladas viudas...’, ‘... los sacerdotes que esparcidos por la Diócesis trabajan con celo infatigable en la viña del Padre de familia’, ‘... rodeado de sus ovejas el Pastor amado, a quien debe María ese templo suntuoso en donde mora y esos cultos tan tierna con que es honrada’ y finalmente ‘... todos aquellos en cuyos pechos late un corazón agradecido...’.

Y a cada uno, y a cada grupo y a todos, la Virgen Santísima va correspondiendo con su ternura y compasión.

Para el expositor, esta maternidad de María es la que explica –y así concluye- que millares de devotos peregrinos, invadan cual torrente el Santuario y sus alrededores para con una fe viva y ardiente venerar a la Virgen de Guadalupe.

De mayor aliento será ‘Nuestra Señora de Guadalupe’, editada en 1928 por la Imprenta Rodríguez de Rosario y publicada con motivo de la Coronación Pontificia de nuestra Patrona el 22 de abril de dicho año.

La obra consta de 77 páginas mas el índice, mide 13,50 cm de ancho por 22 cm de largo y está ilustrado con ocho fotografías.


Está estructurada con una Introducción, ocho capítulos y un epílogo y tiene como originalidad superadora de su predecesor Lassaga que los primeros capítulos están dedicados al origen de la devoción guadalupana en México, a la cual liga la nuestra ya que ‘... no es una nueva aparición de María en este lugar, sino que es la misma Virgen de Guadalupe que recibe culto en la Iglesia, desde su aparición en Méjico en la primera mitad del siglo 16 de la era cristiana’ .

En lo tocante al desarrollo del culto santafesino (capítulos III y IV) sigue en líneas generales la tradición de Lassaga sin agregar nuevos elementos y sin matizar los antiguos.

De mayor interés son los capítulos siguientes ya que desarrollo de modo sintético lo acontecido a partir de 1900 cuando el Santuario es sujeto a la jurisdicción diocesana y comienza ‘... una era de franca prosperidad’ en virtud del impulso que Mons. Boneo le imprime a la devoción y al Santuario.

Al igual que en los capítulos anteriores, tampoco aquí cita sus fuentes, pero estas pueden constituirlas por un lado su propia experiencia, como así también las informaciones que primero el Boletín Eclesiástico y luego la Revista Eclesiástica de Buenos Aires publicaban sobre la marcha del Santuario y todo lo relacionado con el culto guadalupano.

El libro persigue también el objeto de mostrar como la Virgen de Guadalupe ha sido una eficaz bienhechora del pueblo santafesino ya que ‘necesidades de todo orden han sido presentadas en todo tiempo ante el trono de María’ y enumera: ‘Ya los casos de enfermedades graves o desahuciados por la ciencia humana, como también las dolencias leves y pasajeras; ya las empresas difíciles y arriesgadas, para las cuales se sentía la necesidad de un auxilio superior; ya los negocios y las industrias, de cuya favorable solución podía depender la felicidad o la desgracia de una familia; ya las cosechas de los campesinos, de contínuo amenazadas por las variedades imprevistas e insalvables de los elementos; ya las ingratitudes de seres queridos, cuyos corazones sólo una mano celestial podía trocar para hacerlos retornar al buen sentido; ya las aflicciones de una esposa o de una madre, que acude poniendo bajo el manto de María al esposo y a los hijos, a quienes el vicio y las extrañas y funestas influencias han llevado por caminos de perdición; ya las tristezas inconsolables por los dolores sufridos, en cuya presencia el mundo se declara impotente, porque no tiene los consuelos que pueden cicatrizar esas heridas profundas; ya las dudas de la conciencia que fluctúa entre dos sendas opuestas, o caminos distintos que seguir, sin encontrar en la tierra la luz que necesita para disipar las tinieblas en que se siente envuelta; ya, en fin, otras mil necesidades del cuerpo y el alma, de las cosas temporales o de las cosas eternas, de lo que es necesario, o es útil o tan solo agradable en esta vida, todo, todo ha sido presentado mil veces ante María de Guadalupe...’ , y ‘ningún devoto suyo podrá decir que ha salido de su presencia sin sentirse interiormente mejorado’, corroborando de esta manera lo que ya escribía en su texto de estudiante.

Y para fundamentar su afirmación hace referencia a la gran cantidad de testimonios que se encontraban entonces en el Archivo del Santuario y a los que obvió publicar, lo cual debemos lamentar ya que dicha documentación ha desaparecido.

La obra –que evitaba algunas situaciones criticas como el problema suscitado entre María Antonia Godoy, los padres dominicos y el Obispo- tuvo bastante difusión y recibió observaciones de Clementino Paredes que la consideraba parcial ya que a su entender no tenía en cuenta el papel de los Pbros Doldán, Echagüe y Romero y la familia Godoy y exaltaba unilateralmente la figura del Obispo Boneo .

Finalmente nos referiremos a una ‘Novena a Ntra Señora de Guadalupe celestial patrona de la Diócesis de Santa Fe’ de la cual poseemos la 6ta edición, autorizada por Mons. Boneo el 29 de setiembre de 1928 y editada ese año por la Escuela Tipográfica de los salesianos de Rosario.

El folleto que cuenta con 36 páginas es de formato pequeño (mide 8,50 cm de ancho por 12,50 cm de largo) y no trae ninguna referencia a su autor, y si bien al final trae el Himno Diocesano a Ntra Sra de Guadalupe cuya letra pertenece al Pbro. Joaquín García de la Vega, descartamos la autoría a este sacerdote ya que nunca se atribuyó la confección de ninguna novena.

¿Podría ser el padre Martegani su autor?

A comienzos del año 2002, hablando precisamente sobre este sacerdote, el Pbro. Edgardo Trucco me comenta que andaba a la búsqueda de una Novena que él creía que había sido escrita precisamente por Martegani y en la que, entre otras cosas, había unos gozos a la Virgen y se basaba para atribuir dicha autoría a unos escritos que había leído alguna vez del Pbro. García de la Vega donde decía que aquel sólo había compuesto una Novena de la Virgen de Guadalupe.

Algunos meses después y a pocos días del fallecimiento del padre Edgardo, topé en una ‘librería de viejo’ con una ‘Novena...’ que lamentablemente no pudimos confrontar con el extinto sacerdote.

Dicha Novena tiene una factura simple, comenzándose con el Acto de contricción a lo que sigue la Oración para todos los días y luego otra oración, una para cada día. A continuación se rezaba un Padre Nuestro y Tres Ave María y luego la Salve con la jaculatoria ‘Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros’ .

El último día tras la oración cotidiana, se rezaba una oración especial, donde se decía entre otras: ‘Venimos a rendirte gracias por los señalados favores que incesantemente vienes prodigando a esta ciudad y Diócesis de Santa Fe. Gracias, sí, Madre Amada, porque en tu célebre santuario de Guadalupe has querido manifestar la misericordia de tu corazón enriqueciéndonos con esta prenda perpetua de tu amor para con nosotros’ .

Creería que al final de todo se cantaban o rezaban los ‘Gozos...’.

Sin querer dar una palabra definitiva, sin embargo me atrevo a adjudicarle provisoriamente la autoría ya que a los datos del padre Trucco hay que sumarle la edición de la misma en Rosario, lugar de residencia del Pbro Martegani y que no se conoce ningún otro sacerdote que haya incursionado en este ámbito.