jueves, 14 de junio de 2007

La Obra de la Propagación de la Fe en Santa Fe.
Difusión y desarrollo (1899-1912)
Pbro. Edgar G. Stoffel



Las misiones en los territorios de Africa y Asia ocupados por las potencias europeas, pueden contarse entre las grandes manifestaciones de la piedad cristiana en el siglo XIX, aún con la pesada carga que significaba el marco colonialista.
El fervor misionero renovó no solo la vida de las antiguas ordenes religiosas, sino que recibió un fuerte impulso del Papado y suscitó el surgimiento de una serie de congregaciones dedicadas total o parcialmente a la evangelización de los paganos.
El pueblo cristiano no quedaría exento de este movimiento, y en su seno surgirían diversas asociaciones cuya finalidad sería apoyar la tarea misional con la oración y la limosna.
Para Angel Santos Hernandez, esta idea sería originaria de Monseñor Du Bourg, Obispo de Nueva Orleans (USA) quien la habría lanzado hacia 1816 en Lyon (Francia) para recoger subsidios destinados a las misiones de la Loussiana , lo cual es corroborado por una antigua crónica de principios de siglo publicada en nuestro Boletín Eclesiástico .
A partir de entonces florecieron estas obras, al punto que entre 1818 y 1830 se registran cuatro; desde 1830 a 1840, cinco; de 140 a 1850, siete; de 1850 a 1860, 10; de 160 a 1870, 20 y de 1870 a 1900, 46 .
Estas asociaciones tenían como finalidad promover entre el pueblo el interés, la oración, la limosna y los sacrificios, con lo cual se ligaba estrechamente a la tarea misional, que si bien era de orden sobrenatural, necesitaba de recursos económicos para su difusión, desarrollo y estabilización.
Entre todas estas asociaciones, la que más se destacará no solo por ser la primera, ya que fue fundada en 1818, sino por la trascendencia de la misma será la Obra de la Propagación de la Fe.
Surgida de la iniciativa de una joven lyonesa, Paulina María de Jaricot, entre un grupo de trabajadores, rapidamente se extendió por el resto de los países europeos, y de allí pasó a nuestro continente, donde incluso llegó en 1858 a la colonia Esperanza a través de M. Grenón .
Fue tal el desarrollo y la importancia adquirida por la Obra, que en el año 1922, Su Santidad Pío XI, le otorgó el título de Pontificia.
La estructura de la Obra era en si misma, sinple ya que consistía en la congregación de diez personas que constituían una decena y entregaban a una de ellas denominada Colector/a o cabeza de decena una pequeña suma de dinero y rezaban cada día un Padre Nuestro .
La dedicación de la joven Jaricot “... cuya vida ejemplar recuerda las vírgenes cristianas de los primeros siglos de la Iglesia” permitió pasar de 15.579 francos en el año fundacional a 620.273,9 en 1899 recolectados en diversas partes del mundo .
Su vida y la de su obra, han merecido una serie de trabajos como los de M. A. Sadrain, “Les premieres annes de la Propagatión de la Foi” de 1939; F. Demartino: “Sinosi delle pier interesante notizia dell´Opera delle Propagazione della Fede” en 1893; E.Hickey: “The Society for the Propagation of the Faith” de 1922; D. Lathoud: “Marie-Pauline Jaricot” y P. Milesi Fanti: “Paolina Jaricot, fondatrice della propagazione della Fede”, ambas en 1937.



Presencia en Argentina

En su expansión desde el centro fundacional de Lyón hacia otras partes del mundo, la Obra llegó a Buenos Aires en los últimos años de la década del ´90 del siglo XIX, estando su representación a cargo de Monseñor Fernando Terrien, quien al parecer por lo que se desprende de las Relaciones, mucho no había podido realizar, mas allá de la Capital y cuatro centros en la nueva Diócesis de La Plata .
El 11 de noviembre de 1898 desembarcaban en la capital argentina los padres Eugene Cyprien y Juan María Barbé, quienes en octubre de ese año se habían embarcado en Burdeos, tras “... despedirse de Francia donde nacieron, y de África su patria adoptiva a donde esperan regresar para morir” .
Estos sacerdotes pertenecían a la sociedad “Misioneros de África” fundada por el Arzobispo de Argel, Cardenal Carlos Lavigerie en 1868 y conocidos como “Padres Blancos”, heroicos misioneros en suelo africano .
Los primeros tiempos de su estadía lo dedicaron, junto con la adaptación a las nuevas circunstancias, al trabajo en la jurisdicción del Arzobispado de Buenos Aires visitando Parroquias y Colegios para fomentar la Obra, pero con la mirada puesta en las extensas provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, en los cuales la Obra era desconocida .
No hemos podido recoger más datos sobre su labor en nuestro país, pero sí lo que se percibe es la existencia de algunas dificultades como lo pondrán de manifiesto en su nota presentación a Monseñor Boneo .
Junto al padre Cyprien, que firmará correspondencia hasta el año 1912, encontramos también al padre Marcelo Marlart, pero al parecer por un breve período .
Hemos considerado de suma importancia, aunque no tengan que ver con Argentina, extraer algunas expresiones de las cartas del padre Cyprien ya que ponen de manifiesto el sentido profundo de la acción misional de la Iglesia y que incluso echan por tierra aquellas acusaciones de convivencia o complicidad con las políticas de los estados colonialistas.
Respecto a lo primero, escribe en 1907:
Mas que nunca aumentan las necesidades en todas las misiones. Yo mismo he podido ver últimamente la miseria espantosa a que están reducidas poblaciones enteras recién salidas del paganismo. Otras muchas llaman a los misioneros para que vayan a instruirlos llevándoles a la par la luz del Evangelio, los beneficios de la civilización cristiana .
Acerca de la política de las potencias europeas, señala:
Las naciones europeas lo van invadiendo todo; de un polo a otro no hay ya tierras habitadas que descubrir ¡A esas invasiones se dan como pretexto la civilización de razas superiores! Pero el hecho, a ver como obran aquellos invasores, sea cual fuere su nombre, se diría más bien que se aplican a la desorganización de las familias cuyos vínculos son desde ya tan frágiles, a la desmoralización más completa del indígena, a su explotación bajo todas formas y por esto mismo a su extinción
La alternativa al colonialismo que destruye a los pueblos, es una civilización cristiana, ya que con ella “... se realizará la reunión de todos los hombres en una sola familia unidos por el amor, como fue el último voto de Jesucristo: “Que sean uno conmigo, como yo soy uno contigo”” .
El auxilio económico para construir esta civilización del amor debe surgir de los mismos fieles, ya que nada se puede esperar de los gobiernos, mayoritariamente en manos laicistas: “No solo no cooperan a esa obra tan humanitaria y civilizadora – señala – sino que en muchas partes despojan, por un robo sacrílego, los que deberían favorecer” .
En enero de 1907, el padre Cyprien fue recibido en audiencia por el Santo Padre Pío X, a quien informó sobre la marcha de la Obra en nuestro país y del apoyo que la misma recibía de parte de los Obispos, el clero y los fieles.
En esta ocasión, el Pontífice no solo envió una bendición para los socios y sus familias, sino que además escribió una pequeña nota de su puño y letra, en la que leemos:
A nuestros queridos hijos celadores y devotos de aquella obra de religión y caridad eminente impartimos con efusión de corazón la bendición apostólica .


La acogida de Monseñor Boneo

Embarcados en la tarea de difundir la Obra en el interior de la República Argentina, con fecha 19 de febrero de 1899 los padres Cyprien y Barbé se dirigen al Obispo de Santa Fe, de cuya personalidad seguramente ya habían recogido algunas noticias dado que hablan de sus luces, celo y sabias prescripciones y que habiéndolo conocido, no dudarán en llamarlo “el Santo Obispo de Santa Fe ...” .
La respuesta de Monseñor Boneo no se hizo esperar y con fecha 2 de marzo contestaba que le sería grato recibir a los delegados de la Propagación de la Fe y recomendarlos a los Curas y fieles de la Diócesis .
El apoyo del Prelado se concretaba en el Decreto que publica el 3 de abril, poco antes de partir a Buenos Aires con motivo del viaje a Roma para participar del Concilio Plenario de América Latina.
En la primera parte, Monseñor Boneo señala que la Obra resplandece entre las empresas de caridad cristiana que florecen en nuestros días y que su nobilísimo fin “... bastaría para hacerla simpática a todo noble corazón, que tenga amor a Jesucristo, que nutra algún sentimiento de compasión hacia sus hermanos sumidos en la sombra de la ignorancia y la abyección” .
Tras fundamentar la necesidad de colaborar en la Obra misionera, exhorta a prestar todo el apoyo posible a los padres Cyprien y Barbé, en la seguridad de que el Señor retribuirá con largueza cuanto se haga a favor de esta piadosa iniciativa.
El texto completo debía ser leído a partir del primer día festivo, después de recibido, en la hora de mayor concurso de fieles.
Por otra parte, el Obispo advertirá a los misioneros acerca de las dificultades que encontrarán ya que la provincia, y en especial las colonias agrícolas, estaban pasando por serios problemas, al punto que no duda en advertir: “En el campo, sobre todo, encontrarán una gran miseria” .
Es importante destacar que el fomento de la Obra por parte de Monseñor Boneo no quedará en estos gestos iniciales, sino que continuará alentándola en el tiempo, tal como se desprende de una nota dirigida por el Padre Cyprien a Rafael Canale, a la sazón Delegado diocesano, donde señala que su “... palabra apostólica ha sido siempre para nosotros el más poderoso aliento...” .


Difusión en la Provincia de Santa Fe

Ante el panorama descripto por el Obispo respecto a la situación de crisis que vive la región, los representantes de la Obra deciden que sea uno solo el que viaje a Santa Fe ya que, como se lee en los Anales, “... presentarse de a dos a la vez no solo era incómodo, sino en la mayoría de los casos, era imposible” debido a que era difícil “... a los pobres curas del campo dar hospitalidad siquiera a misioneros de Africa, poco exigentes en materia de lujo o bien estar” .
Así, recaída la elección en el Padre Cyprien, el 26 de abril parte para la capital santafesina, donde de acuerdo a lo dispuesto por el Diocesano antes de su partida será recibido en la vieja curia episcopal rodeándosele de las más delicadas atenciones, tanto en las Parroquias y demás lugares de culto se procedía a la lectura de la Carta Pastoral a la que hemos hecho referencia.
Sobre esta visita a nuestra provincia y el establecimiento de la Obra nos ha quedado un precioso documento, cuyo conocimiento debemos al Padre Fabio Baggio cs, y en el cual se nos ofrecen datos sobre la actividad propagandista y la visión del misionero sobre Santa Fe.
Para el padre Cyprien “... Santa Fe no es más que un llano sin fin”, agregando que “... nada hay más monótono como esta leguas y más leguas sembradas de maíz o de trigo, o cubiertas de millares y millares de carneros, bueyes, vacas, caballos, mulos, etc. .
A pesar de maravillarse de la fertilidad de nuestra “Pampa Gringa” y de los mejores pastos del mundo, la mirada del cronista se fatiga ya que sus ojos buscan una ondulación apreciable pero deben contentarse con los postes y los hilos del servicio telegráfico.
Respecto a los ferrocarriles, algunos de los cuales generosamente facilitan su viaje, le parecen demasiado lentos, según su parecer por la poca consistencia de la tierra, lo que viene a sumarse a la sensación de abrumación que siente frente a la vastedad de la llanura .
Una tierra rica, y a la vez, afectada por la langosta, epidemias entre el ganado, heladas e inundaciones, por no citar sino algunas de las desgracias que se abaten sobre la provincia .
Sobre la ciudad de Santa Fe, no deja ninguna descripción, salvo la afirmación de que “... es digna del nombre que lleva” .
Tocante a Rosario a la que llama “gran ciudad” y la considera un Buenos Aires en pequeño con sus 13000 habitantes, su comercio activo y floreciente y sus plazas y edificios, a contrario de lo que suelen señalar todos los cronistas, precisa que de día en día va mejorando el aspecto religioso, ya que se ama al sacerdote, los niños frecuentan las escuelas y clases de catecismo y los fieles llenan las iglesias .
En cuanto a las poblaciones del interior, si bien estuvo en varias de ellas solo se detiene a describir a Esperanza, a la que observa castigada desde hace varios años por la langosta y que si bien antes era floreciente, en ese momento había perdido mucho de su importancia económica.
En lo religioso resalta la atención de los padres del Verbo Divino y la que lo llama “dulce sorpresa”: la existencia de la Obra propagada por M. Grenón, a quien considera un celoso difusor, “... buen padre de familia, un buen suizo francés” .
De su presencia en Santa Fe recordará el ardor de los niños de las Colegios católicos, quienes cuando lo encontraban en la calle no dejaban de hacerle comentarios acerca de los frutos que iba produciendo la difusión de la obra, especialmente en lo que se refiere a la constitución de centros .
A comienzos de octubre culminaba la tarea del Padre Cyprien desarrolladas en templos parroquiales, capillas, comunidades religiosas, colegios y centros obreros a lo que se sumaban las conversaciones ocasionales con los fieles e incluso la visita a domicilios particulares.
Con fecha dos de dicho mes, escribía a Monseñor Boneo desde Rosario que casi había terminado su misión y si bien habían quedado algunas parroquias sin visitar, éstas no eran las más importantes, y confiaba en que los Curas Párrocos se encargaran de ésta difusión .


Establecimiento de la Obra en la Diócesis

En la ciudad sede, ya para mayo de 1899 se constituía la Obra en la Parroquia del Carmen bajo la dirección del Pbro. Luis Eggel, integrando la comisión Amelia P. de Videla, Rosa J. de Bruniard, Lucrecia Larguia y Angela V. de Beleno, sin embargo no aconteció lo mismo en la Matriz, donde el Párroco se hizo responsable logrando conseguir cinco socios a perpetuidad y 22 decenas personales.
Donde sí se erigieran centros, será en algunos Colegios católicos como el de la Inmaculada y su anexo el Seminario Conciliar, el del Huerto, el de las Esclavas y el de las Hermanas de San José .
En el caso de Rosario, la Obra se establece en la Matriz en el mes de julio, teniendo como Rector al Pbro. Nicolás Grenón – ponderado por el Padre Cyprien en su memoria – y a quien acompañan Restituta Legarza, Teresa de Otero, Ester Carles de Campos y Manuela Hertz entre otras muchas; en agosto se constituyen los centros de las Parroquias Santa Rosa, San José y Concepción bajo la dirección de sus respectivos Curas Párrocos: José Recalde, José Sanchez y Joaquín Zalazar.
Entre los Colegios e institutos que fundan centros debemos señalar a los del Huerto, Salesianos, Santa Unión, María Auxiliadora, Hospicio de Huérfanos y el de las Hermanas que residen en Alberdi .
En el interior se conforman los centros de Arroyo Seco, constituido por el Párroco, Pbro. Juan Mendí, Natalio Pagani, Vicente Echaurri, Eufemia Britos, María Ibarra y otros; el de Coronda presidido por el Cura Párroco e integrado por Febronia Torres, Rosa Santos e Higinio Sotelo; el de Elortondo donde solo se menciona al Capellán Alejandro Napolitano; el de Esperanza donde funciona a cargo de una Comisión de Señoras; el de Galvez, bajo la dirección del Pbro. Domingo Rinaldi, quien aparece acompañado de Bautista Gentile, Felix Garnero, Antonio Boero, Pablo Depetris y algunos más; el de Gessler con 44 suscriptores; el de Humboltd sin mayores datos; el de Las Rosas integrado por catalina Rolando, Cecilia Ferrero, Salustiana Santana, José La Cueva y Prudencia Leguizamón; el de Pilar con la participación del Pbro. Gabriel Gardois, Jorge Gianssetto, Máximo Minetti y José Rubiatti; el de Rafaela con Catalina Operti y María Simonazzi; el de San Carlos Centro integrado por Juna Landoni y Felix Frencia; el de San Carlos Norte integrado por Jorge Rey, Juan Bernardi, Eugenio y Fernando Favre; el de San Genaro; el de San Jerónimo Norte; el de San Jorge; el de San José de la Esquina con Bautista Giuliano, Petrona Rodriguez, Elvina Ermeriz, Angel Vidoret y Juan Branca; el de San Lorenzo; el de San Martín de la Escobas al que adhieren Ernestina de Signorino, Luisa de Lindero, Carlota Bessone y Carmen de Sanchez; el de San Urbano con 25 socios; el de Sunchales; el de Venado Tuerto; el de Villa Casilda con Eufemia Urrigoytía, Ana de Marchese, María de Fournier, Teresa Franchini, Cesarea de Huarte y Florencia de Tribivi; el de Santa Teresa; el de Villa Constitución y de Cañada de Gómez con Pío Molber, Floro Peralta, Martín Ghirardi, Samuel Pedro, Santiago Brescia y Josefa Brigani .


Desarrollo posterior

Designado Monseñor Genaro Silva como Director Diocesano, se aboca a la consolidación de los trabajos iniciados por el Padre Cyprien, especialmente en aquellos lugares donde la Obra carece de anclaje.
Por este motivo envía una Circular a todos los sacerdotes recordando “... cuan agradable es a Dios Nuestro Señor esta obra ...” y haciendo algunas precisiones para un mejor y efectivo funcionamiento de la misma y en el Boletín Eclesiástico del 1° de noviembre de 1900, se reproduce el Edicto de Monseñor Boneo sobre la importancia de la Obra.
Con este mismo espíritu, en la edición del 16 de noviembre se publica un artículo con consideraciones históricas, aprovechándose el mismo para informar que en la Diócesis se han recolectado 1839 pesos, y a la vez, exhortar a los fieles y al clero a adherir ya que “Quien da a las almas presta a Dios” .
En este esfuerzo se destacan los colegios del Huerto y de las Esclavas (Santa Fe) y la Parroquia Matriz y el Colegio de la Santa Unión (Rosario), en tanto de las poblaciones del interior el aplauso se lo llevan San Jerónimo Norte, Esperanza, Casilda, San Martín de la Escobas, San José de la Esquina, Avellaneda, San Vicente, Lehmann e Irigoyen .
El fruto de los aportes fue la suma de 12.924,45 pesos, lo cual colocaba a la Diócesis en el segundo lugar entre los Obispados de Argentina .
Al año siguiente, la crisis que azota la provincia ha generado una merma de los aportes, registrándose en Santa Fe la suma de 1267,5; en Rosario 2048,50 y en las colonias 3911,85 pesos destacándose nuevamente la Matriz de Rosario y los mismos colegios del año anterior a los que se les suma ahora Adoratices .
Sin embargo, esta situación podría mejorar si en poblaciones de cierta importancia se diera impulso a la Obra o se fundaran los respectivos centros .
En el año 1903, ya bajo la dirección de Rafael Canale se fundan los centros de Rufino, Carcarañá y Capilla San Patricio (irlandeses) en Rosario, en tanto desde otros lugares como Amstrong viejo (Cañada Rosquín) se envían aportes aunque no existan los centros .
A pesar de esto se experimenta una disminución más o menos notable en Parroquias como El Carmen de Santa Fe, San José de Rosario, San Martín de la Escobas, Esperanza y San Jerónimo Norte, aunque no deja de ser importante el aporte de algunos colegio, originado no en la riqueza de sus alumnos sino en pequeños sacrificios que algunos de ellos son capaces de imponerse .
Junto a la tarea del Director Diocesano, también los representantes de la Obra realizan periódicas visitas a las Parroquias y Colegios para animar a sacerdotes y fieles a un compromiso mayor con la misma, tal como se desprende de una carta que padre Marlart del año 1911 donde le comunica a aquel su deseo de llegarse a Carcarañá, Carlos Pellegrini y Cañada de Gomez, cuyos centros se hallaban sin ser visitados desde hacía cuatro años .
Así, con marchas y contramarchas, la Obra de la Propagación de la Fe se iba consolidando en la Diócesis, tal como lo asevera el Padre Eugene Cyprien, en una carta del año 1912, donde leemos:
“Al ver el resultado general, en algo superior al del año anterior, lo confieso ingenuamente haber quedado muy agradablemente sorprendido. En efecto, dada la crisis agrícola por la que atraviesan los pueblos de esta República y en particular en Santa Fe, era muy natural esperarse una disminución en las limosnas que suelen recolectarse. ¡Es todo lo contrario lo que ha sucedido!. Varios centros aparecen con un notable aumento, por ejemplo los de la Matriz de Rosario, Avellaneda, Esperanza, Reconquista, Sunchales y otros. Esto prueba palpablemente como la decía VS que la obra se ha arraigado definitivamente en la Diócesis; y lo acontecido es para el porvenir una garantía inequívoca de éxito más halagüeño todavía” .























APENDICE

Edicto Diocesano acerca de la Obra de la Propagación de la Fé.

NOS JUAN AGUSTÍN BONEO POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLCA, OBISPO DE SANTA FÉ.

Al Venerable Clero Secular y Regular y fieles todos de la Diócesis: Paz y salud en Nuestro Señor Jesucristo.

Entre las obras de caridad cristiana que florecen en nuestros días con la solemne aprobación y bendición de la Santa Iglesia, resplandece, por su excepcional importancia, la obra de la Propaganda de la fé.
El nobilísimo fin que se propone: ayudar por medio de oraciones y limosnas á los Misioneros católicos que van á llevar la fé y la civilización á los pueblos infieles, bastaría para hacerla simpática á todo noble corazón, que tenga algún amor á Jesucristo, que nutre algún sentimiento de compasión hácia sus hermanos sumidos en la sombra de la ignorancia y de la abyección.
La facilidad grande de cooperar á esta obra altamente benéfica, una vez establecida y organizada convenientemente, como es nuestro legítimo deseo, y las gracias extraordinarias con que la Santa Sede la ha enriquecido, queriendo de esta manera demostrar la estima grande en que la tiene por los muchos servicios que ha prestado y está llamada á prestar á la santa causa de la civilización católica, no pueden menos de hacerla aceptable á un pueblo que se gloria y se siente dichoso con la herencia preciosa de la fé, de ese don divino, el primero de todos los dones en orden á nuestra salvación, y el fundamento principal de todos ellos; por qué sin la fé, como dice el apóstol, es imposible agradar á Dios.
Fundados en estos motivos, Venerables Cooperadores y muy amados hijos nuestros, y aprovechando la visita que se proponen hacer á la Diócesis los respetables Misioneros RR. PP. Cyprien y Barbé, de la Obra de la Propagación de la Fé; hemos creído de nuestro deber exhortaros á tomar parte en esta obra preciosa, y recomendar á vuestra generosa piedad á tan dignos sacerdotes, celosos propagadores de tan digna institución.
Dios, rico en misericordia, principalmente para con los que se distinguen en promover la gloria de su Santo Nombre y el bien espiritual de las almas redimidas con la Sangre preciosísima de Jesucristo, os retribuya con largueza cuanto hicimos a favor de esta obra, mientras de todo corazón os bendecimos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
El presente edicto será leído en todas las Iglesias y Oratorios de la Diócesis, el primer día festivo, después de recibido, a la hora de mayor concurso.
Dado en nuestro Palacio Episcopal de Santa Fé, á los tres días del mes de Abril del año del Señor de mil ochocientos noventa y nueve.

U Juan Agustín
Obispo de Santa-Fé
Por mandato de S.S. I.

Francisco Rodríguez Avellón
Secretario