jueves, 14 de junio de 2007

LOS JESUITAS EN LAS COLONIAS SANTAFESINAS

LOS JESUITAS EN LAS COLONIAS SANTAFESINAS

Los cuatrocientos años de historia de la Compañía de Jesús en nuestra región, las labores y testimonios apostólicos de sus misioneros – especialmente en la época hispana-, el Milagro, la irradiación cultural de su Colegio y su impacto en la sociedad santafesina, han dejado como en un segundo plano un aspecto de su historia, que habiéndolo estudiado diversos autores, no ha sido destacado suficientemente.
Nos referimos a la acción apostólica de los jesuitas en las colonias suizo – alemanas del centro de la provincia de Santa Fe, en un período verdaderamente fundacional de nuestra cultura regional y en la cual los inmigrantes de ése origen, no solo no contaban con suficientes pastores que los atendieran sino que además, carecían de quienes los entendieran en su propia lengua.
La idea de que en América se podía perder la fe, como se intuía en las iglesias de origen, no era descabellada por lo cual se hace necesario resaltar aún más el esfuerzo llevado adelante por sacerdotes como Auwellier, Niemann y Tewes para preservar la religiosidad de los mismos, tal como tempranamente lo hiciese el padre Pablo Hernández sj en su “Reseña histórica de la Misión de Chile – Paraguay de la Compañía de Jesús desde su origen en 1836 hasta el centenario de la restauración de la Compañía en 1914”.

Las primeras colonias

Es conocido por todos, que a partir de Caseros comenzará en nuestra provincia un proceso, que en cuatro décadas la transformará en su faz poblacional, económica y cultural , encontrando en los inmigrantes de origen europeo a sus protagonistas fundamentales.
Tal vez por la mentalidad que animaba a la clase dirigente, los primeros inmigrantes provenían del norte de los Cevennes y de los Alpes, aunque paradójicamente eran quienes experimentaban situaciones de gran pobreza.
Así con suizos, alemanes, saboyanos y otros surgían las colonias de Esperanza en 1856 y las de San Jerónimo Norte y San Carlos en 1858.
La primera y la última tendrán una población de origen variado y pertenecientes a diversas confesiones cristianas, en tanto los de la segunda provendrán del Valais y profesarán el catolicismo.
Los primeros años de la vida de las colonias fueron difíciles tanto en lo material como en lo espiritual, lo cual se agravaba por la diversidad idiomática.
Lejos de los centros parroquiales (Santa Fe y Coronda), los colonos comenzarán a dirigirse a la Reducción de San Jerónimo del Sauce a cargo de los padres franciscanos del Convento de San Carlos ( que eran de origen italiano), y desde allí serán socorridos espiritualmente en diversas ocasiones, pero sin solucionarse el problema de la lengua.
En 1866, los colonos alemanes de Esperanza escriben al Obispo, recordando que en varias oportunidades han reclamado la presencia de un sacerdote que hablase su idioma por lo cual le solicitan autorice a un padre del Colegio de la Inmaculada a que los asista cada quince días.
Veinte años después, Francisco Gossponer solicitaba una carta de presentación para el Obispo de Valais, con la intención de traer clérigos de ese cantón para atender a sus paisanos.

La acción de los jesuitas

La “Historia misionis en coloniis provinciae Sancta Fidei” precisa que enterado el padre José Repetti (Visitador de la Compañía en Brasil) de la angustia que experimentaban los colonos germano – parlantes por falta de sacerdotes “idóneos” y conociendo él mismo tal situación, dispuso el envío del personal que pudiese colaborar en ésta tarea.
Con éste fin fueron incorporándose al Colegio de Santa Fe los padres Auwellier, Tewes y Niemann entre los más importantes, a quienes debemos agregarle Matías Sabels, José Krieg, Guillermo Groegger y Francisco Hermann, quienes también atendieron las colonias asentadas en la vecina provincia de Entre Ríos.
La importancia de esta singular labor apostólica es resaltado bajo el título “ministerio en colonias” en las diversas “Litterae annua Collegio Sancta Fidei” y en un Memorial del Padre Superior de 1870, leemos: “Mucho consuelo me ha dado el fervor con que los PP que están en las colonias de Santa Fe trabajan en la santificación de aquellos colonos ...”.

Esperanza

Todavía bajo la responsabilidad de los padres franciscanos, en 1866 el padre Francisco Tewes es destinado como teniente cura para colaborar en la atención de los alemanes, quienes como ya hemos señalado, reclamaban tal deferencia.
Poco tiempo después, en virtud del retiro de los frailes de Propaganda Fide, Mons. José Gelabert y Crespo – gran amigo de los jesuitas – consigue el envío del padre Juan José Auwellier, nacido en Alemania en 1832 y ordenado sacerdote en 1864.
Sus comienzos al frente de la capellanía no fueron los más auspiciosos ya que coincidieron con el conflicto entre el Gobernador Oroño y la Iglesia por la Ley de Matrimonio Civil, y su toma de posición le valió una orden de detención resistida por sus feligreses.
Desde su llegada a la colonia se mostró como un sacerdote celoso de la salud del rebaño, a tal punto que en 1875, el Inspector de Colonias Wilkens escribía que era “... un verdadero pastor por el estilo de los curas de las grandes aldeas de Francia”, el alma de la colonia..
Las memorias de la comunidad recuerdan su preocupación por los enfermos y moribundos, como aconteció con la peste de 1868 –ocasión en la que murieron cerca de 200 vecinos, la mayoría auxiliados espiritualmente -, el socorro prestado a las víctimas del ataque de los montaraces a Sunchales y el consuelo a los afectados por la viruela, que tuvo como consecuencia su propio contagio.
La educación cristiana de los niños estaba entre sus prioridades, por lo cual además del esfuerzo dedicado a la escuela ponía atención a los pequeños que asistían semanalmente al Catecismo en el templo, explicándole la doctrina en alemán o francés acorde a la lengua de sus progenitores.
Esta diferencia de lenguas, todavía fuerte en Esperanza por esos años, hacía que domingos y días festivos predicara a los fieles en los idiomas citados.
Tocante a la administración de los Sacramentos, una recorrida ligera por los Libros de Bautismos entre 1871 y 1878 pone de manifiesto la amplitud del campo pastoral, ya que además de los vecinos de la colonia nos encontramos con otros que provienen de Cululú, Grütly, Humboltd, Emilia, Franck, Cayastacito, Las Tunas, Larrechea, Pujol, Cavour, los pasos del Mihura y Vibla, Las Pursianas, Rincón de Ávila, Las Cañas, Estancia Iriondo, Laguna La Larga, Los Ramblones, Media Luna, Cantón Viejo, Campo Cabrera, Monte Crespo y Campo Anastasia entre otros.
Acerca de las correrías apostólicas en tan dilatado territorio, Isern señala: “... de ordinario quedaba todo el trabajo librado a sus únicas fuerzas e industrias y entonces sólo y a caballo –sobre un petizo colorado- o en un carrito, recorría aquellos interminables bosques sin caminos; que si los había, se paraban tan malos, por los baches y lagunas, que con frecuencia eran absolutamente intransitables. Estos viajes eran a las veces muy largos y sin descanso, tanto, que no era raro caérsele al suelo el caballo, abrumado por la fatiga; más él, de un modo u otro, proseguía su camino y nada era suficiente para impedir su misión sacerdotal. Así, de rancho en rancho y de choza en choza, encontrando en todas partes la misma ignorancia de las cosas de Dios y el mismo descuido de la salvación y repitiéndose por tanto, día a día y aún hora a hora las dificultades, que él como verdadero enviado de aquél Padre Celestial que es infinita caridad, vencía con la misma paciencia, las mismas instrucciones y la misma inalterable benignidad, esparcía semilla de la divina gracia, a tantos pobrecitos alejados de la corriente de la vida, que brota de los sacramentos de la Iglesia.
Respecto al templo, al cual en 1872 Wilken consideraba una construcción sólida, el padre Auwellier no se contentará con hacerle reparaciones, sino que encarará una serie de trabajos para ampliar el edificio, que puede hablarse de una iglesia nueva.
Sobre ella escribía el Inspector Coelho: “En la cuadra que mira al norte se encuentra un magnífico templo de tres naves con altas torres que se divisan a larga distancia”.
Creada la escuela católica hacia 1868, al poco tiempo, contaba con numerosos niños y su sala era de tal calidad que al visitar Sarmiento la colonia en 1870, el lugar elegido para la reunión fue precisamente ésta.
A pesar de las expresiones del Presidente de la Nación, que chocaban con la concepción católica de la vida y de la educación, al final el padre Auweiler logró cierta retractación de dichos juicios y la promesa de ayuda para su obra.
A pesar de sus humildes comienzos, Wilkens destaca la importancia de la misma y su crecimiento, siendo lo más observado el mobiliario que aunque completo se encontraba en mal estado.
Precisa el número de niños, que alcanza a 132, de los cuales 68 eran varones y 65 niñas, a quienes se les enseña Doctrina Cristiana, idiomas castellano, francés y alemán, escritura, aritmética y geografía, historia argentina, general y natural, y música vocal.
La escuela estaba bajo la dirección de Bernardo Risse, a quien ayudaban preceptores que atendían a los niños de la zona de chacras en sus respectivas secciones y una preceptora para niñas.

El laicado

Wilkens señala para 1872, la existencia de 228 familias católicas, y Coelho dos años después habla de 1371 habitantes que profesan ésta religión.
Son éstas familias las que como ya hemos visto, apoyan las obras de la escuela y del templo nuevo que impulsa el misionero jesuita.
De su seno salen los hombres que integran las Comisiones de Iglesia destinadas a sostener el Culto y todo lo refernte a la acción apostólica, los cuales ya habían colaborado con el padre Pezzini.
A su llegada a Esperanza escribe el padre Auweiler: “... encontré en ésta Iglesia un Consejo Fábrica constituido para eso (la administración de los bienes) y que integran Z. Zukol, M. Zilayunt, M. Lotzer, A. Schreiber, H. Risse, y B. Risse.
En enero del año 1781 aparecen integrando ésta Comisión Pierre Grenón, Javier Miserez y otros ya citados, quienes el 29 de enero invitaron a los fieles en dos lenguas para que verificaran las cuentas cuyo balance presentaban, no recibiendo en dicho acto ningún tipo de observación.
La formación del laicado también se contó entre sus preocupaciones y así en el año 1875 se funda la “Asociación Católica”, inspirada en experiencias similares en los países europeos e incluso el nuestro.
La razón que lo mueve es que “... los principios e intereses cristianos son muchas veces olvidados y hasta combatidos por varios adversarios” y es imposible remediar ese mal si los laicos permanecen aislados.
Entre sus miembros más destacados aparecen Pedro Grenon, Amado Aufranc, José Eggel, José Koch y Bernardo Risse.
La Asociación se extiende por las colonias, especialmente a San Jerónimo Norte y a Guadalupe, donde reclutan asociados, quienes hacia 1876 alcanzaban el número de 90.
También de ésta época es la Cofradía del Inmaculado Corazón de María y algunas Cofradías más que ayudaban a una mejor vivencia de la Fe y a la difusión de la buena lectura.
No le faltaron problemas durante su actuación en Esperanza, hasta su culminación en el enfrentamiento con la Municipalidad, que termina con el retiro del padre Auwelier a pesar de la protesta que elevan centenares de feligreses, ya que considera que su tiempo ha terminado.

San Jerónimo Norte

Es en ésta colonia fundada por valesanos donde los misioneros jesuitas estuvieron por más tiempo (1867-1895) y seguramente se sentían más a gusto, dado que la religiosidad de éstos inmigrantes estaba profundamente ligada a la Compañía en la tierra de origen, al punto que el corresponsal de “El Colono del Oeste” del 10 de agosto de 1878 informaba: “Hoy estamos de fiesta y en éste momento está la plaza cuajada de gente y de carros se festeja a San Ignacio, patrón del cantón del Valais. Con éste motivo nuestros paisanos que en su mayor parte son Ignacios, suspenden sus tareas para tomar un trago en la plaza”.
Aquí también fue el padre Tewes quien primero atendió a los vecinos, ganándose pronto la simpatía y aprecio de la feligresía al punto que Oggier – Jullier conceptúan su actividad pastoral “... como prominente y extremadamente valiosa”.
En 1871 es reemplazado por el padre Enrique Niemann, natural de Münster, apostólico sacerdote preocupado por la salvación de las almas, desterrar la ignorancia a través de la educación y construir un lugar de culto digno de la majestad divina, quien el año anterior había sido destinado por sus superiores “a las colonias alemanas de la República Argentina”, se trataba de un apostólico sacerdote.
No cabe dudas que en todos los aspectos obtuvo buenos frutos, pero en este último el objetivo fue logrado con creces ya que dicho templo ha suscitado – desde su habilitación en 1875- elogiosos comentarios: “pulcherrimun templum” (Carta Anua de 1876), “.. el más hermoso que existe en las colonias” (Jonás Larguía en el mismo año), “bellísima Iglesia” (Gabriel Carrasco) y “la iglesia más coqueta de la Diócesis” (Canale Echeverría en 1899).

San Carlos

Tras la actuación de sacerdotes franciscanos y clérigos seculares, a partir de 1873 se hará cargo de la atención pastoral de ésta colonia el padre Federico Tewes, quien como ya hemos visto tuvo una destacada actuación en otras colonias.
Su labor pastoral fue intensa, abocándose a la continuación de las obras de una templo más digno que habían comenzado los vecino, habilitándose en 1876 la nave central y en 1881, una de las naves laterales.
Se caracterizó por la predicación ardientes e inteligente de la Palabra de Dios y una auténtica caridad pastoral, especialmente con los enfermos, al punto que Gschwind lo considera “... un sacerdote de los que hacen época en una colonia por sus virtudes y por su vida austera”.
Transitoriamente atendieron la colonia en el año 1886 los padres Niemann y Francisco Hermann, aunque ya desde 1883 la Capellanía estaba a cargo del clero secular.

Otros lugares

Además de éstos centros de singular importancia en el proceso colonizador, encontramos a los padres jesuitas actuando entre los colonos de Guadalupe (Rueda, Zeitlmeyer, Kürten y Auwelier), Cayastacito y Cayastá (Tewes) y Humboltd (Hermann), y a pesar de que la mayoría de los vecinos eran italianos, también en Galvez (Niemann y Tewes), a lo que hay que sumarle la atención de población dispersa y confesiones en colonias donde los suizos alemanes no eran mayoría, invitados por los capellanes para colaborar en ocasiones especiales.



ARCHIVOS

· Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz.
· General de la Provincia de Santa Fe
· Colegio Inmaculada Concepción de Santa Fe
· Parroquia de Esperanza

BIBLIOGRAFÍA

o FURLONG, Guillermo sj. Historia del Colegio de la Inmaculada de al Ciudad de Santa Fe, Tm II 1962.
o GSCHWIND, Juan Jorge. Historia de San Carlos, 3 edic., 1994, Tm II.
o HERNÁNDEZ, Pablo sj. Reseña histórica de la Misión de Chile-Paraguay de la Compañía de Jesús, Barcelona, 1914.
o ISERN, Juan José. El padre José Auwellier de la Compañía de Jesús.
o OGGIER, Gabriel svd y JULLIER, Emilio. Historia de San Jerónimo Norte, Tm I, Apis, 1984.
o SCHOBINGER, Juan. Inmigración y colonización suizas en la República Argentina en el siglo XIX, Bs. As. 1957.
o STOFFEL, Edgar. Historia de la Parroquia y del templo de la Natividad de la Santísima Virgen. Esperanza (Santa Fe), 1921-1996, Esperanza, 1996.