Pbro. Edgar Stoffel
Hacia 1974 gracias a las investigaciones del Pbro. Américo Tonda aparece un nuevo personaje en relación con la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe hasta entonces desconocido y que cumpliría un papel bastante importante en orden a la financiación de la construcción de la capilla que llevaba adelante el ermitaño Francisco Javier de la Rosa.
Se trata de Juan Ventura Díaz a quién en 1994 el padre Trucco le dedica varias páginas en la revista Guadalupe y también es objeto de análisis por parte de María Elena Barral en su trabajo ‘Limosneros de la Virgen, cuestores y cuestaciones. La recolección de limosnas en la campaña rioplatense, siglo XVIII y principios del XIX’ del año 1998.
Juan Ventura Díaz pertenecía al vecindario santafesino al menos desde el año 1764 en que bautiza a su hijo Ventura Florentín y estaba casado con Francisca Portales. Había nacido en Chile y en 1774 reclama a esa Gobernación certificación de no tener ‘mala raza’ (suponemos no ser de ascendencia judía) la cual presentó al Cabildo local. En otra documentación aparece como vecino de Corrientes. En 1775 el mismo Cabildo la concede la concesión de una cancha de bolos y en 1777 vuelve a presentar certificación de limpieza de sangre. Poseía además algunas propiedades en Santa Fe de cuyas rentas vivía. Al parecer tenía cierta amistad con Francisco Javier de la Rosa, razón por la cual éste le recomienda para el cargo de ‘cuestor’.
En 1779 el Obispo Malvar y Pinto que se encontraba de Visita Pastoral en Santa Fe le concede licencia para que por si o por otro pueda recoger limosna para la capilla que se intentaba construir en la lonja de María Rosa González de Setúbal de de la Rosa, lo cual cumplió a conciencia tal como se desprende de los testimonios del Pbro. Francisco Vera y Múxica.
La recolección de limosna que canónicamente era denominada ‘cuestación’ era una práctica habitual en el Río de la Plata, ya sea por la regularidad con que una institución eclesial (orden religiosa, cofradía, hermanad) llevaba adelante la misma o por la variedad de instituciones que al mismo tiempo llevaban adelante esta práctica.
En el caso de Juan Ventura Díaz la ‘cuestación’ se convirtió en una verdadera ‘empresa’ espiritual y económica ya que junto a la divulgación del culto a la Virgen había estructurado todo un sistema contable que le permitía tener actualizado los ingresos y egresos ya que por el tipo de bienes que se recibían y los gastos del personal que le acompañaba continuamente se debían realizar operaciones comerciales.
Este último aspecto no era de menor importancia ya que sin la recolección de estos fondos hubiese sido imposible concluir la capilla de Guadalupe que estaba parada por la falta de recursos, a la par que no podemos dejar de transcribir el aspecto religioso que rodeaba la solicitud de limosna:
‘a cualquier paraje adonde llegaban ponían la virgen sobre un altar y toda la noche la velaban llevándola con gran cuidado y cuando llegaban a paraje donde se podía le mandaban decir si misa cantada con la solemnidad debida (...) que /Juan Ventura Díaz/ contaba muchos milagros que había hecho aquella imagen en distintos parajes y ocasiones (...) .... se practicaba todo con gran creencia veneración ofreciendo incienso y olores al culto de María Santísima que rezaban el rosario con mucha devoción (...) que cuando llegaban a paraje donde hubiese casas inmediatas mandaba convidar a los dueños para que viniera a rezar y velar la virgen Santísima (...) /y/ que en todas partes en donde llegaban con dicha Señora tiraban tiros con armas que son de la Virgen...’
Toda esta actividad se corta en 1785 cuando a raíz de la denuncia del Capellán de Lujan, Juan Ventura Díaz es detenido y los bienes que había recogido, confiscados. Solo el capitán de Dragones de Colonia, Fermín de Riglos deja mal parada la persona de nuestro ‘cuestor’, pero en el juicio realizado no se puede comprobar ni prácticas idolátricas ni malversación de los fondos obtenidos.
Tal vez si haya sido objetable –y esto motiva la denuncia- presentar a la veneración la imagen de Luján aunque para esto Díaz podía argumentar el texto episcopal donde se lee ‘.... Nuestra Señora del Ugán título de Guadalupe’.
Tras haber purgado prisión en la Banda Oriental fue liberado por el Gobierno interino de Buenos Aires quién consideró que su único delito era ‘... haber hechos las questaciones sin las competentes licencias del Gobierno, contentándose con la del Eclesiástico, porque creió que con este le bastaba...’.
A partir de entonces perdemos su rastro...
sábado, 11 de octubre de 2008
GUADALUPE EN EL PROYECTO PASTORAL DE MONS. FASOLINO
Pbro. Edgar Stoffel
Mons. Nicolás Fasolino había nacido el 3 de enero de 1887 en el seno de una familia inmigrante y en el porteño barrio de Balvanera. Al sentir el llamado al sacerdocio ingresó al Seminario Metropolitano de Buenos Aires con sede en Villa Devoto. En vista de sus aptitudes, los superiores del mismo decidieron enviarlo a Roma al celebre Colegio Pío Latinoamericano y tras cursar en la afamada Pontificia Universidad Gregoriana obtuvo los títulos de Doctor en Derecho Canónico, Filosofía y Sagrada Escritura.
En la misma Ciudad Eterna recibió la ordenación presbiteral y de inmediato regresó nuestro país donde desempeñó importantes tareas pastorales que abarcaban desde el ejercicio de la docencia en la Universidad Católica y el Centro de Estudios Religiosos, la dirección y acompañamiento al laicado católico por entonces tan activo a través de los Círculos de Obreros y la Juventud Católica -especialmente los estudiantes- y a posteriori con la naciente Acción Católica y la colaboración ministerial primero como Tte. Cura en San José de Flores y a partir de 1922 Cura Párroco de Balvanera donde ejerció un importante apostolado y se preparó para su futuro ejercicio episcopal.
Además de estas tareas desde 1913 se desempeñaba en la Curia Arzobispal, se dedicaba a la investigación histórica, se encuentra entre los fundadores o colaboradores de diversas publicaciones católicas y en 1923 le toca acompañar a Mons. Boneo en la delicada tarea de administrar la Iglesia porteña en el marco del entredicho entre el Estado argentino y la Santa Sede, ocasión en que puso de manifiesto su tacto y capacidad ante situaciones difíciles.
Tras la muerte de Mons. Boneo, el 20 de agosto de 1932, el Papa Pío XI lo nombra segundo obispo diocesano de la sede santafesina, sucediendo Más tarde, al elevarse Santa Fe en 1934 al rango de Arquidiócesis, se convirtió en su primer Arzobispo.
Su episcopado
Dotado de singulares cualidades intelectuales y de gobierno Mons. Fasolino va a trascender nuestra Iglesia particular proyectándose de tal manera al plano nacional, que el investigador boloñés Loris Zanatta lo considera como uno de más activos protagonistas del reposicionamiento del catolicismo en la primera mitad del siglo XX y gestores de la construcción del imaginario de la ‘nación católica’.
Sin embargo hay que señalar que por encima de todas esas consideraciones, la labor pastoral fue su principal prioridad a lo largo de episcopado que estuvo marcado por las profundas transformaciones y crisis que vivieron el país y la Iglesia (a nivel mundial y local) entre los años cuarenta y sesenta y podemos señalar que se caracterizó por lo que L. Quintana denomina un nuevo estilo de gestión eclesial ya que alentaba y fortalecía los proyectos existentes al mismo tiempo que innovaba sobre otros.
Tocó a Mons. Fasolino realizar en 1934 la primera Visita pastoral a los entonces territorio nacionales de Chaco y Formosa cuya atención Mons. Boneo había confiado a los padres franciscanos y sentar las bases para la organización eclesiástica de esa región.
En cuanto a los desafíos pastorales que ante sí tenía el nuevo Arzobispo podemos citar la creación de nuevas diócesis en el territorio del Obispado comenzado por Rosario en 1934 y siguiendo por Chaco (1939), Reconquista (1957) y Rafaela (1963). Junto a esto el crecimiento acelerado de los barrios mas allá los bulevares en la ciudad sede, extendiéndose sobre todo hacia el norte pero también al este y al oeste, con calles de tierra, mal iluminadas y carentes de la estructura socializadora básica que requerían presencia sacerdotal. En este marco no se puede obviar la presencia elocuente de la ‘Obra de Barrios’ a partir de 1941, que de la mano de Antonio Rodríguez e integrada por una verdadera elite de militantes cristianos en su mayoría universitarios tenía como finalidad de evangelizar y promover socialmente a los vecinos asentados en las zonas periféricas de nuestra ciudad.
También hay que señalar que durante su episcopado la Iglesia santafesina creció en clero propio, varios seminaristas o sacerdotes fueron enviados a realizar estudios en Roma y otras partes de Europa, algunos sacerdotes como Vicentín, Marengo, Di Stefano, Blanchoud, Príncipe y Marozzi alcanzaron la dignidad episcopal y el ingreso de seminaristas llevó a tomar la determinación de construir un nuevo Seminario que reemplazara al edificado por Mons. Boneo que para entonces se había vuelto obsoleto, el cual nunca fue utilizado ya que no se lo concluyó y una década después de haberse comenzado, las vocaciones comenzaron a menguar en virtud de la crisis sacerdotal y vocacional desatada tras el Concilio Vaticano II que arrastró a algunos en quienes había puesto su esperanza, y vació el Seminario.
Este punto preocupaba especialmente al entonces Cardenal en los últimos años de su episcopado ya que habiendo recibido el Seminario de manos de su predecesor con casi 150 seminaristas lo dejaba con unos pocos alumnos, a la par que confesaba con palabras quemantes ‘hace tantos años que no ordeno un solo sacerdote’ y responsabilizaba de este fracaso a los superiores de la casa.
El otro punto que le afectaba era la situación de desborde y crítica que se vivía en buena parte del clero no sólo en lo que se refiere a la Iglesia en general sino en lo tocante a su propia persona y a algunas de sus obras mas queridas como la Universidad Católica.
Hay que destacar en toda esta larga etapa el protagonismo del clero diocesano en el fomento de obras sociales (como Durán y la Casa Cuna), el periodismo (Corti con ‘La Mañana’ y Cerdán con ‘La Cruzada’), el acercamiento a los trabajadores en los años previos al peronismo (Giampaoli en Gálvez) y la presencia en los barrios con la fundación de Parroquias y Colegios (Genesio, Rodríguez, Dusso, Di Stefano, Blanchoud, Zanello, Pensato, Silvestrini, Günter, Espinosa y Gasparotto, entre otros).
No podemos pasar por alto la importancia que en su pastoral tuvieron las Congregaciones religiosas a las que le confió las nuevas barriadas situadas al norte de la ciudad como los salesianos (Parroquia Don Bosco), los Oblatos de María Inmaculada (Luján) y los Guanellianos (Nuestra Señora del Tránsito) y la consolidación de los Colegios católicos ya prestigiados desde comienzos de siglo y los nuevos que se iban estableciendo.
Otra obra de importancia entre las emprendidas por Mons. Fasolino fue la creación del diario ‘La Mañana’ que se extenderá desde 1935 hasta 195 y el desarrollo de la Acción Católica.
También hay que señalar que participó de las sesiones del Concilio Vaticano II y que en 1967 el Papa Pablo VI lo designó Cardenal de la Santa Iglesia Romana.
En el año 1968 el Santo Padre le designa un Coadjutor en la persona de Mons. Zazpe, y al año siguiente con fecha 14 de agosto entrega su alma al Creador.
Su interés por la historia
No menos importante ha sido su labor como historiador del campo eclesial, encontrándose entre los miembros mas activos de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina y de la Junta de Estudios Históricos de la Provincia de Santa Fe, contándose entre los fundadores de ambas y en las cuales ejerció también la Presidencia. También fue miembro de la Academia Nacional de la Historia.
Antes de llegar a Santa Fe ya había publicado su invalorable biografía sobre Antonio Saénz, primer rector de la Universidad de Buenos Aires y en buena medida su fundador y ya entre nosotros dio conocer una serie de biografías de sacerdotes que nacieron o actuaron en Santa fe durante la época colonia entre los que citamos ‘Actuación de cuatro clérigos santafesinos’; ‘Dr. José De Amenábar’; ‘El maestro D. Pedro Rodríguez; ‘Dos semblanzas (Francisco Javier Echagüe y Andía – Hernando Arias Mansilla)’; ‘Álvaro Gil ¿cura de Santa Fe en 1573-1576?’; ‘Sacerdotes santafesinos en Mendoza’; ‘Los sacerdotes Aguiar en Santa Fe’; ‘Los Presbíteros Crespo en Santa Fe’; ‘Juan Nepomuceno Caneto, 1773-1840’; ‘Neto y Silva Braga (Dos figuras santafesinas)’; ‘El Maestro Don Pedro Rodriguez’ y ‘Francisco J. Echagüe y Andía – José B. Reduello’.
Guadalupe
Apenas llegado a Santa Fe, Mons. Fasolino manifiesta su decisión de entroncarse con nuestra tradición guadalupana al punto que en su Primera Carta Pastoral del 29 de diciembre de 1932 hace referencia a ‘... la Virgen Santísima de Guadalupe, la Patrona y Reina de esta diócesis, centro espiritual de más de un millón de almas, la Virgen María cuya devoción la llevamos en el fondo del alma...’.
Al año siguiente y bajo el directo impulso del Pbro. Genesio se llevan adelante las reformas del Camarín –hasta entonces un rinconcito estrecho- que insumen trabajo y dinero y cambian por completo este sector del templo construido bajo del episcopado de Mons. Boneo y al que se accede por las amplias y bellas escalinatas de mármol que todavía hoy perduran y que reemplazan a las escalerillas angostas y empinadas que dificultaban el acceso de los peregrinos.
Finalizadas estas obras para la Peregrinación diocesana, el nuevo Obispo puso de manifiesto su espíritu guadalupano animando a la participación en la misma a tal punto que en la década del ’50 del siglo pasado se consideraba que había sido la mayor de todas, salvo la de 1928 con motivo de la Coronación.
Es interesante recordar algunos de sus conceptos en el Edicto de convocación del 4 de abril ya que allí podemos comprobar acerca de la importancia que Guadalupe tendrá en su proyecto pastoral: ‘Acercase una fecha grata para los católicos santafesinos: la fiesta de nuestra Patrona y Madre, la Virgen Santísima de Guadalupe, cuyo Santuario es el corazón de nuestra Diócesis’; ‘Deseamos que al presidir por primera vez esta Peregrinación, nos hallemos todos – Pastor, Clero y fieles- unidos íntimamente parea amarla siempre, para rogar por la cristianización de nuestra sociedad, para salir de allí más fortalecidos a luchar por Cristo y su Iglesia Santa’ y ‘Nos asociamos con la Peregrinación a Guadalupe al 80 aniversario de la Constitución Nacional, uniendo todas nuestras plegarias a los pies de la Virgen de Guadalupe a fin de que Dios ‘fuente de toda razón y justicia’, como lo aclamaron nuestros Padres, ilumine y dirija con los fulgores de su ciencia y virtud divina a nuestra Patria, y en particular, a nuestra Provincia, por el recto camino de la verdadera grandeza que se fundamenta en las eternas leyes del Creador’
El 29 de abril, vísperas de la tradicional peregrinación Mons. Fasolino rodeado de millares de fieles procedía a la bendición de la nueva obra cuya piedra fundamental había sido colocada y bendecida por Mons. Boneo y llevada adelante por el Ing. Bergamini.
Al regresar de su Visita Pastoral a Chaco y Formosa en agosto de 1934, tras la elevación de Santa Fe al rango de Arquidiócesis por la bula ‘Nobilis Argentinae Nationis’ del 20 de abril de 1934 fue recibido en el Puerto por una multitud de fieles que le aclamaban por su nueva dignidad, Mons. Fasolino le respondió :’Mañana nos encontraremos junto a la Virgen de Guadalupe en testimonio de su gratitud’.
En el año 1940 con motivo de llevarse a cabo el III Congreso Eucarístico Nacional en la ciudad de Santa Fe y que movilizó a millares de santafesinos y católicos de otras provincias entre el jueves 10 y el domingo 13 de octubre, fue colocado bajo el amparo protector de la Virgen de Guadalupe a pedido de Mons. Fasolino quién sin dudas hacía girar los acontecimientos religiosos de importancia que se suscitaban entre nosotros en torno a la Guadalupana.
Una ligera recorrida por los títulares de los diarios santafesinos reflejan la importancia que durante su episcopado cobra el culto a la Virgen de Guadalupe: ‘Hoy se realiza la peregrinación. Una vez ma slos fieles de Santa Fe se volcarán hacia el Santuario de Guadaliupe’ (El Orden, 1933), ‘La fe lleva su bandera. La gran peregrinación de hoy a Guadalupe’ (El Orden, 1934), ‘La peregrinación A Guadalupe de 1935, será recordada como una de las mas importantes’ (El Litoral), ‘Una multitud fue en peregrinación a Guadalupe. Inusitado aspecto ofrecía Santa Fe en la madrugada de ayer’ (El Orden, 1936), ‘Con animación y brillo se han celebrado hoy los festejos de la Virgen de Guadalupe (El Litoral, 1936), ‘Constantemente llegaban verdaderas multitudes hasta el Santuario’ (El Orden, 1937), ‘El mal tiempo no fue obstáculo para la manifestación de fe de esta mañana’ (El Litoral, 1939), ‘Adquirió contornos excepcionales la fiesta de Guadalupe’ (El Litoral, 1940), ‘Con gran afluencia de público se efectuó la tradicional peregrinación al Santuario de Guadalupe’ (El Litoral, 1941), ‘Se realizó la tradicional peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Fue presidida por el Arzobispo de Santa Fe y congregó a una numerosa concurrencia que se renovó durante el día’ (El Litoral, 1942), ‘Alcanzó singular brillo la peregrinación al Santuario de Guadalupe’ (El Litoral, 1945), ‘Cobraron singular brillo los festejos en Guadalupe’ (El Litoral, 1957), ‘Con renovada fe se realizó la peregrinación anual a la basílica de Guadalupe’ (El Litoral, 1967) y ‘Reiteración de profunda fe cristiana en la tradicional peregrinación a Guadalupe’ (El Litoral, 1969).
En el año 1952, con fecha 15 de abril abre el Año Jubilar Guadalupano preparando la recordación de las bodas de plata de la Coronación Pontificia de 1928 y elabora un vasto plan de actividades con el cual quiere poner en movimiento a toda la Diócesis.
De singular importancia será la Visita que la Virgen realizará a las Parroquias de la Arquidiócesis a partir del 3 de mayo y que además de los actos de piedad tradicionales y visita a instituciones de la comunidad, debía convertirse en una verdadera Misión de Penitencia, para lo cual gravaba de un modo especial a los Curas Párrocos.
Finalizada la Visita el impacto producida por ésta debía ser acompañada hasta la festividad del año siguiente que se realizaría el 19 de abril con el rezo del Santo Rosario, Novenas y Bendiciones, a lo que se agregaba el rezo de tres ave marías a las que debía añadirse la invocación ‘Virgen Santísima de Guadalupe, rogad por nosotros’. También los días 12 de cada mes debían dedicarse a la Virgen, para lo cual los responsables de templos y capillas podían determinar algún tipo de acto de piedad. No faltaba el pedido de oraciones por las vocaciones y la solicitud de ayuda para la construcción del nuevo Seminario.
En ese marco se realizaba el 8 de setiembre la consagración del Santuario y del Altar y a la par se elevaban súplicas para que el Santo Padre concediera el Título de Basílica que oportunamente El había solicitado, y que como sabemos es una distinción que la Iglesia concede a algunas iglesias ya sea por su historia, la veneración de alguna imagen con cierta raigambre y la participación masiva de los devotos.
Esta circunstancia nos permite también conocer cual era el pensamiento de Mons. Fasolino acerca del Santuario arquidiocesano y la imagen allí venerada de la que El se sentía deudor:
‘Bien sabemos que el Santuario de Guadalupe en nuestra ciudad, visitado de continuo, día a día, es también el sitio en donde tantas almas han hallado el camino, del cual, en día de tristes recuerdos, se desviaron y volvieron a Cristo; es el templo en donde tantos padres y madres de familia han rogado por la salud espiritual y material de sus hijos y por la santidad de sus hogares; en donde los jóvenes han hallado protección en la lucha viril por la blancura de sus corazones y amparo en las tareas intelectuales o en la labor de aprendizaje, respondiendo a la propia vocación; en donde la juventud que se encamina a los altares encontró a la dulce Madres que les infundió el valor de los elegidos a fin de que llegaran a ofrecer a su Divino Hijo y a reconciliar las almas con Jesús.
El Santuario de Guadalupe ha sido y es fuente de vida santa espiritual; es principio de salud para las almas; es hogar donde se consuelan las penas y se sobrenaturaliza el dolor; es la casa de María, en donde los hijos se solazan con las dulzuras y las misericordias prodigadas con maternal ternura; es la luz puesta bien alto, que ilumina a todas las parroquias y a todos los senderos de la Arquidiócesis para que ninguno de nosotros sobrelleve las dificultades en el camino de la vida, sin la mirada, el consuelo y el auxilio siempre presentes de María Santísima de Guadalupe’
Las celebraciones centrales comenzaron el sábado 18 de abril, ocasión en que Mons. Fasolino aplicó la Constitución Apostólica ‘Christus Dóminus’ en que se permitía el cumplimiento del precepto dominical en sus vísperas para alcanzar su punto culminante el día 19 en que a las 4hs se dio inicio a la ‘Aurora Mariana’ con el rezo del Santo Rosario y plática a cargo de un entonces joven Pbro. Hilmar Zanello.
Durante la mañana se celebraron misas en el altar mayor y en la galería del este, siendo la primera la del Pbro. Miguel Genesio (4.30 hs) y a continuación oficiaron los Pbros. Luis Massari, Moisés Blanchoud, José Serra, León Nani, Osvaldo Catena y Mauricio Stralla, a quienes se sumaron religiosos de las diversas órdenes y congregaciones asentadas en nuestra ciudad. La de la 7.30 hs. fue presidida por el Arzobispo. Por la tarde se celebró una sola Misa a las 17 hs, que fue predicada por el Pbro. Ernesto Leyendeker.
Mientras tanto a las 6 hs. habían repicado todas las campanas de los templos y capillas de la ciudad para dar inicio a la popular peregrinación que partía desde Boulevard Gálvez y Marcial Candioti, la cual a su llegada era recibida como era tradición desde fines del siglo XIX por el Capellán o Cura Párroco, en este caso el padre Genesio.
A las 9.45 hs. aproximadamente la imagen coronada era trasladada desde el interior del templo por un grupo de sacerdotes hasta el Altar que se había erigido en el centro de la Plaza ubicada frente al Santuario, en el cual a las 10 el Arzobispo de Córdoba Fermín Laffite presidiría el solemne pontifical, cuya predicación estaría a cargo de Mons. Fasolino.
A su finalización, parte de la multitud que se calculó cercana a 80000 peregrinos y que había participado del mismo acompañó en procesión a la sagrada imagen hasta el interior del templo.
Por la tarde, además de la misa de la que ya hicimos referencia, a las 15 hs. se rezó el Santo Rosario, se realizó el acto de consagración y se procedió a la bendición de los presentes.
Lo interesante de esta festividad es que no concluyó en dicho día sino que extendió hasta el jueves 23 de abril llevándose a cabo un profuso programa que comenzó al día siguiente con el recorrido de la Virgen por la laguna Guadalupe y el riacho Santa Fe a fin de preservar a la ciudad de posibles inundaciones y luego por el ejido urbano acompañada por todo tipo de vehículos hasta el entonces anfiteatro ‘Presidente Perón’, frente a la Legislatura donde se llevó a cabo el homenaje de la niñez y de allí prosiguió su marcha hasta retornar al Santuario; el martes 21 hubo una celebración en la Plaza destinada a los militares y fuerzas de seguridad por la mañana en que la Virgen fue saludada con una salva de 21 cañonazos y por la tarde concentración de las entidades católicas de la ciudad y poblaciones vecinas; el miércoles 22 – fecha de la Coronación- se realizó por la mañana un solemne pontifical a cargo de Mons. Manuel Marengo y se echaron a vuelo las campanas de todos los templos de la Arquidiócesis y por la tarde la concentración de los trabajadores con sus familias y herramientas de trabajo presidida por la santa imagen y al fin al una procesión de antorchas por la entonces ‘Villa de Guadalupe’. Finalmente, el ya citado día 23 fue de Acción de Gracias, celebrándose tres misas en las que se pidió por todos los difuntos que de cualquier manera hubiesen colaborado con la Coronación Pontifica; por quienes aún estaban vivos y por quienes habían colaborado en los presentes festejos.
Tras una serie de precisiones exigidas por la Sagrada Congregación de Ritos que Mons. Fasolino responde personalmente el 12 de junio de 1953, la Santa Sede concede en el año 1954 el Título de Basílica. También en ese año se le concede autorización para celebrar el 12 de diciembre como en el resto de América Latina y la Misa votiva ‘Beata María Virginis de Guadalupe’ en cualquier día de la semana cuando se trate de peregrinos.
Mons. Nicolás Fasolino había nacido el 3 de enero de 1887 en el seno de una familia inmigrante y en el porteño barrio de Balvanera. Al sentir el llamado al sacerdocio ingresó al Seminario Metropolitano de Buenos Aires con sede en Villa Devoto. En vista de sus aptitudes, los superiores del mismo decidieron enviarlo a Roma al celebre Colegio Pío Latinoamericano y tras cursar en la afamada Pontificia Universidad Gregoriana obtuvo los títulos de Doctor en Derecho Canónico, Filosofía y Sagrada Escritura.
En la misma Ciudad Eterna recibió la ordenación presbiteral y de inmediato regresó nuestro país donde desempeñó importantes tareas pastorales que abarcaban desde el ejercicio de la docencia en la Universidad Católica y el Centro de Estudios Religiosos, la dirección y acompañamiento al laicado católico por entonces tan activo a través de los Círculos de Obreros y la Juventud Católica -especialmente los estudiantes- y a posteriori con la naciente Acción Católica y la colaboración ministerial primero como Tte. Cura en San José de Flores y a partir de 1922 Cura Párroco de Balvanera donde ejerció un importante apostolado y se preparó para su futuro ejercicio episcopal.
Además de estas tareas desde 1913 se desempeñaba en la Curia Arzobispal, se dedicaba a la investigación histórica, se encuentra entre los fundadores o colaboradores de diversas publicaciones católicas y en 1923 le toca acompañar a Mons. Boneo en la delicada tarea de administrar la Iglesia porteña en el marco del entredicho entre el Estado argentino y la Santa Sede, ocasión en que puso de manifiesto su tacto y capacidad ante situaciones difíciles.
Tras la muerte de Mons. Boneo, el 20 de agosto de 1932, el Papa Pío XI lo nombra segundo obispo diocesano de la sede santafesina, sucediendo Más tarde, al elevarse Santa Fe en 1934 al rango de Arquidiócesis, se convirtió en su primer Arzobispo.
Su episcopado
Dotado de singulares cualidades intelectuales y de gobierno Mons. Fasolino va a trascender nuestra Iglesia particular proyectándose de tal manera al plano nacional, que el investigador boloñés Loris Zanatta lo considera como uno de más activos protagonistas del reposicionamiento del catolicismo en la primera mitad del siglo XX y gestores de la construcción del imaginario de la ‘nación católica’.
Sin embargo hay que señalar que por encima de todas esas consideraciones, la labor pastoral fue su principal prioridad a lo largo de episcopado que estuvo marcado por las profundas transformaciones y crisis que vivieron el país y la Iglesia (a nivel mundial y local) entre los años cuarenta y sesenta y podemos señalar que se caracterizó por lo que L. Quintana denomina un nuevo estilo de gestión eclesial ya que alentaba y fortalecía los proyectos existentes al mismo tiempo que innovaba sobre otros.
Tocó a Mons. Fasolino realizar en 1934 la primera Visita pastoral a los entonces territorio nacionales de Chaco y Formosa cuya atención Mons. Boneo había confiado a los padres franciscanos y sentar las bases para la organización eclesiástica de esa región.
En cuanto a los desafíos pastorales que ante sí tenía el nuevo Arzobispo podemos citar la creación de nuevas diócesis en el territorio del Obispado comenzado por Rosario en 1934 y siguiendo por Chaco (1939), Reconquista (1957) y Rafaela (1963). Junto a esto el crecimiento acelerado de los barrios mas allá los bulevares en la ciudad sede, extendiéndose sobre todo hacia el norte pero también al este y al oeste, con calles de tierra, mal iluminadas y carentes de la estructura socializadora básica que requerían presencia sacerdotal. En este marco no se puede obviar la presencia elocuente de la ‘Obra de Barrios’ a partir de 1941, que de la mano de Antonio Rodríguez e integrada por una verdadera elite de militantes cristianos en su mayoría universitarios tenía como finalidad de evangelizar y promover socialmente a los vecinos asentados en las zonas periféricas de nuestra ciudad.
También hay que señalar que durante su episcopado la Iglesia santafesina creció en clero propio, varios seminaristas o sacerdotes fueron enviados a realizar estudios en Roma y otras partes de Europa, algunos sacerdotes como Vicentín, Marengo, Di Stefano, Blanchoud, Príncipe y Marozzi alcanzaron la dignidad episcopal y el ingreso de seminaristas llevó a tomar la determinación de construir un nuevo Seminario que reemplazara al edificado por Mons. Boneo que para entonces se había vuelto obsoleto, el cual nunca fue utilizado ya que no se lo concluyó y una década después de haberse comenzado, las vocaciones comenzaron a menguar en virtud de la crisis sacerdotal y vocacional desatada tras el Concilio Vaticano II que arrastró a algunos en quienes había puesto su esperanza, y vació el Seminario.
Este punto preocupaba especialmente al entonces Cardenal en los últimos años de su episcopado ya que habiendo recibido el Seminario de manos de su predecesor con casi 150 seminaristas lo dejaba con unos pocos alumnos, a la par que confesaba con palabras quemantes ‘hace tantos años que no ordeno un solo sacerdote’ y responsabilizaba de este fracaso a los superiores de la casa.
El otro punto que le afectaba era la situación de desborde y crítica que se vivía en buena parte del clero no sólo en lo que se refiere a la Iglesia en general sino en lo tocante a su propia persona y a algunas de sus obras mas queridas como la Universidad Católica.
Hay que destacar en toda esta larga etapa el protagonismo del clero diocesano en el fomento de obras sociales (como Durán y la Casa Cuna), el periodismo (Corti con ‘La Mañana’ y Cerdán con ‘La Cruzada’), el acercamiento a los trabajadores en los años previos al peronismo (Giampaoli en Gálvez) y la presencia en los barrios con la fundación de Parroquias y Colegios (Genesio, Rodríguez, Dusso, Di Stefano, Blanchoud, Zanello, Pensato, Silvestrini, Günter, Espinosa y Gasparotto, entre otros).
No podemos pasar por alto la importancia que en su pastoral tuvieron las Congregaciones religiosas a las que le confió las nuevas barriadas situadas al norte de la ciudad como los salesianos (Parroquia Don Bosco), los Oblatos de María Inmaculada (Luján) y los Guanellianos (Nuestra Señora del Tránsito) y la consolidación de los Colegios católicos ya prestigiados desde comienzos de siglo y los nuevos que se iban estableciendo.
Otra obra de importancia entre las emprendidas por Mons. Fasolino fue la creación del diario ‘La Mañana’ que se extenderá desde 1935 hasta 195 y el desarrollo de la Acción Católica.
También hay que señalar que participó de las sesiones del Concilio Vaticano II y que en 1967 el Papa Pablo VI lo designó Cardenal de la Santa Iglesia Romana.
En el año 1968 el Santo Padre le designa un Coadjutor en la persona de Mons. Zazpe, y al año siguiente con fecha 14 de agosto entrega su alma al Creador.
Su interés por la historia
No menos importante ha sido su labor como historiador del campo eclesial, encontrándose entre los miembros mas activos de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina y de la Junta de Estudios Históricos de la Provincia de Santa Fe, contándose entre los fundadores de ambas y en las cuales ejerció también la Presidencia. También fue miembro de la Academia Nacional de la Historia.
Antes de llegar a Santa Fe ya había publicado su invalorable biografía sobre Antonio Saénz, primer rector de la Universidad de Buenos Aires y en buena medida su fundador y ya entre nosotros dio conocer una serie de biografías de sacerdotes que nacieron o actuaron en Santa fe durante la época colonia entre los que citamos ‘Actuación de cuatro clérigos santafesinos’; ‘Dr. José De Amenábar’; ‘El maestro D. Pedro Rodríguez; ‘Dos semblanzas (Francisco Javier Echagüe y Andía – Hernando Arias Mansilla)’; ‘Álvaro Gil ¿cura de Santa Fe en 1573-1576?’; ‘Sacerdotes santafesinos en Mendoza’; ‘Los sacerdotes Aguiar en Santa Fe’; ‘Los Presbíteros Crespo en Santa Fe’; ‘Juan Nepomuceno Caneto, 1773-1840’; ‘Neto y Silva Braga (Dos figuras santafesinas)’; ‘El Maestro Don Pedro Rodriguez’ y ‘Francisco J. Echagüe y Andía – José B. Reduello’.
Guadalupe
Apenas llegado a Santa Fe, Mons. Fasolino manifiesta su decisión de entroncarse con nuestra tradición guadalupana al punto que en su Primera Carta Pastoral del 29 de diciembre de 1932 hace referencia a ‘... la Virgen Santísima de Guadalupe, la Patrona y Reina de esta diócesis, centro espiritual de más de un millón de almas, la Virgen María cuya devoción la llevamos en el fondo del alma...’.
Al año siguiente y bajo el directo impulso del Pbro. Genesio se llevan adelante las reformas del Camarín –hasta entonces un rinconcito estrecho- que insumen trabajo y dinero y cambian por completo este sector del templo construido bajo del episcopado de Mons. Boneo y al que se accede por las amplias y bellas escalinatas de mármol que todavía hoy perduran y que reemplazan a las escalerillas angostas y empinadas que dificultaban el acceso de los peregrinos.
Finalizadas estas obras para la Peregrinación diocesana, el nuevo Obispo puso de manifiesto su espíritu guadalupano animando a la participación en la misma a tal punto que en la década del ’50 del siglo pasado se consideraba que había sido la mayor de todas, salvo la de 1928 con motivo de la Coronación.
Es interesante recordar algunos de sus conceptos en el Edicto de convocación del 4 de abril ya que allí podemos comprobar acerca de la importancia que Guadalupe tendrá en su proyecto pastoral: ‘Acercase una fecha grata para los católicos santafesinos: la fiesta de nuestra Patrona y Madre, la Virgen Santísima de Guadalupe, cuyo Santuario es el corazón de nuestra Diócesis’; ‘Deseamos que al presidir por primera vez esta Peregrinación, nos hallemos todos – Pastor, Clero y fieles- unidos íntimamente parea amarla siempre, para rogar por la cristianización de nuestra sociedad, para salir de allí más fortalecidos a luchar por Cristo y su Iglesia Santa’ y ‘Nos asociamos con la Peregrinación a Guadalupe al 80 aniversario de la Constitución Nacional, uniendo todas nuestras plegarias a los pies de la Virgen de Guadalupe a fin de que Dios ‘fuente de toda razón y justicia’, como lo aclamaron nuestros Padres, ilumine y dirija con los fulgores de su ciencia y virtud divina a nuestra Patria, y en particular, a nuestra Provincia, por el recto camino de la verdadera grandeza que se fundamenta en las eternas leyes del Creador’
El 29 de abril, vísperas de la tradicional peregrinación Mons. Fasolino rodeado de millares de fieles procedía a la bendición de la nueva obra cuya piedra fundamental había sido colocada y bendecida por Mons. Boneo y llevada adelante por el Ing. Bergamini.
Al regresar de su Visita Pastoral a Chaco y Formosa en agosto de 1934, tras la elevación de Santa Fe al rango de Arquidiócesis por la bula ‘Nobilis Argentinae Nationis’ del 20 de abril de 1934 fue recibido en el Puerto por una multitud de fieles que le aclamaban por su nueva dignidad, Mons. Fasolino le respondió :’Mañana nos encontraremos junto a la Virgen de Guadalupe en testimonio de su gratitud’.
En el año 1940 con motivo de llevarse a cabo el III Congreso Eucarístico Nacional en la ciudad de Santa Fe y que movilizó a millares de santafesinos y católicos de otras provincias entre el jueves 10 y el domingo 13 de octubre, fue colocado bajo el amparo protector de la Virgen de Guadalupe a pedido de Mons. Fasolino quién sin dudas hacía girar los acontecimientos religiosos de importancia que se suscitaban entre nosotros en torno a la Guadalupana.
Una ligera recorrida por los títulares de los diarios santafesinos reflejan la importancia que durante su episcopado cobra el culto a la Virgen de Guadalupe: ‘Hoy se realiza la peregrinación. Una vez ma slos fieles de Santa Fe se volcarán hacia el Santuario de Guadaliupe’ (El Orden, 1933), ‘La fe lleva su bandera. La gran peregrinación de hoy a Guadalupe’ (El Orden, 1934), ‘La peregrinación A Guadalupe de 1935, será recordada como una de las mas importantes’ (El Litoral), ‘Una multitud fue en peregrinación a Guadalupe. Inusitado aspecto ofrecía Santa Fe en la madrugada de ayer’ (El Orden, 1936), ‘Con animación y brillo se han celebrado hoy los festejos de la Virgen de Guadalupe (El Litoral, 1936), ‘Constantemente llegaban verdaderas multitudes hasta el Santuario’ (El Orden, 1937), ‘El mal tiempo no fue obstáculo para la manifestación de fe de esta mañana’ (El Litoral, 1939), ‘Adquirió contornos excepcionales la fiesta de Guadalupe’ (El Litoral, 1940), ‘Con gran afluencia de público se efectuó la tradicional peregrinación al Santuario de Guadalupe’ (El Litoral, 1941), ‘Se realizó la tradicional peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Fue presidida por el Arzobispo de Santa Fe y congregó a una numerosa concurrencia que se renovó durante el día’ (El Litoral, 1942), ‘Alcanzó singular brillo la peregrinación al Santuario de Guadalupe’ (El Litoral, 1945), ‘Cobraron singular brillo los festejos en Guadalupe’ (El Litoral, 1957), ‘Con renovada fe se realizó la peregrinación anual a la basílica de Guadalupe’ (El Litoral, 1967) y ‘Reiteración de profunda fe cristiana en la tradicional peregrinación a Guadalupe’ (El Litoral, 1969).
En el año 1952, con fecha 15 de abril abre el Año Jubilar Guadalupano preparando la recordación de las bodas de plata de la Coronación Pontificia de 1928 y elabora un vasto plan de actividades con el cual quiere poner en movimiento a toda la Diócesis.
De singular importancia será la Visita que la Virgen realizará a las Parroquias de la Arquidiócesis a partir del 3 de mayo y que además de los actos de piedad tradicionales y visita a instituciones de la comunidad, debía convertirse en una verdadera Misión de Penitencia, para lo cual gravaba de un modo especial a los Curas Párrocos.
Finalizada la Visita el impacto producida por ésta debía ser acompañada hasta la festividad del año siguiente que se realizaría el 19 de abril con el rezo del Santo Rosario, Novenas y Bendiciones, a lo que se agregaba el rezo de tres ave marías a las que debía añadirse la invocación ‘Virgen Santísima de Guadalupe, rogad por nosotros’. También los días 12 de cada mes debían dedicarse a la Virgen, para lo cual los responsables de templos y capillas podían determinar algún tipo de acto de piedad. No faltaba el pedido de oraciones por las vocaciones y la solicitud de ayuda para la construcción del nuevo Seminario.
En ese marco se realizaba el 8 de setiembre la consagración del Santuario y del Altar y a la par se elevaban súplicas para que el Santo Padre concediera el Título de Basílica que oportunamente El había solicitado, y que como sabemos es una distinción que la Iglesia concede a algunas iglesias ya sea por su historia, la veneración de alguna imagen con cierta raigambre y la participación masiva de los devotos.
Esta circunstancia nos permite también conocer cual era el pensamiento de Mons. Fasolino acerca del Santuario arquidiocesano y la imagen allí venerada de la que El se sentía deudor:
‘Bien sabemos que el Santuario de Guadalupe en nuestra ciudad, visitado de continuo, día a día, es también el sitio en donde tantas almas han hallado el camino, del cual, en día de tristes recuerdos, se desviaron y volvieron a Cristo; es el templo en donde tantos padres y madres de familia han rogado por la salud espiritual y material de sus hijos y por la santidad de sus hogares; en donde los jóvenes han hallado protección en la lucha viril por la blancura de sus corazones y amparo en las tareas intelectuales o en la labor de aprendizaje, respondiendo a la propia vocación; en donde la juventud que se encamina a los altares encontró a la dulce Madres que les infundió el valor de los elegidos a fin de que llegaran a ofrecer a su Divino Hijo y a reconciliar las almas con Jesús.
El Santuario de Guadalupe ha sido y es fuente de vida santa espiritual; es principio de salud para las almas; es hogar donde se consuelan las penas y se sobrenaturaliza el dolor; es la casa de María, en donde los hijos se solazan con las dulzuras y las misericordias prodigadas con maternal ternura; es la luz puesta bien alto, que ilumina a todas las parroquias y a todos los senderos de la Arquidiócesis para que ninguno de nosotros sobrelleve las dificultades en el camino de la vida, sin la mirada, el consuelo y el auxilio siempre presentes de María Santísima de Guadalupe’
Las celebraciones centrales comenzaron el sábado 18 de abril, ocasión en que Mons. Fasolino aplicó la Constitución Apostólica ‘Christus Dóminus’ en que se permitía el cumplimiento del precepto dominical en sus vísperas para alcanzar su punto culminante el día 19 en que a las 4hs se dio inicio a la ‘Aurora Mariana’ con el rezo del Santo Rosario y plática a cargo de un entonces joven Pbro. Hilmar Zanello.
Durante la mañana se celebraron misas en el altar mayor y en la galería del este, siendo la primera la del Pbro. Miguel Genesio (4.30 hs) y a continuación oficiaron los Pbros. Luis Massari, Moisés Blanchoud, José Serra, León Nani, Osvaldo Catena y Mauricio Stralla, a quienes se sumaron religiosos de las diversas órdenes y congregaciones asentadas en nuestra ciudad. La de la 7.30 hs. fue presidida por el Arzobispo. Por la tarde se celebró una sola Misa a las 17 hs, que fue predicada por el Pbro. Ernesto Leyendeker.
Mientras tanto a las 6 hs. habían repicado todas las campanas de los templos y capillas de la ciudad para dar inicio a la popular peregrinación que partía desde Boulevard Gálvez y Marcial Candioti, la cual a su llegada era recibida como era tradición desde fines del siglo XIX por el Capellán o Cura Párroco, en este caso el padre Genesio.
A las 9.45 hs. aproximadamente la imagen coronada era trasladada desde el interior del templo por un grupo de sacerdotes hasta el Altar que se había erigido en el centro de la Plaza ubicada frente al Santuario, en el cual a las 10 el Arzobispo de Córdoba Fermín Laffite presidiría el solemne pontifical, cuya predicación estaría a cargo de Mons. Fasolino.
A su finalización, parte de la multitud que se calculó cercana a 80000 peregrinos y que había participado del mismo acompañó en procesión a la sagrada imagen hasta el interior del templo.
Por la tarde, además de la misa de la que ya hicimos referencia, a las 15 hs. se rezó el Santo Rosario, se realizó el acto de consagración y se procedió a la bendición de los presentes.
Lo interesante de esta festividad es que no concluyó en dicho día sino que extendió hasta el jueves 23 de abril llevándose a cabo un profuso programa que comenzó al día siguiente con el recorrido de la Virgen por la laguna Guadalupe y el riacho Santa Fe a fin de preservar a la ciudad de posibles inundaciones y luego por el ejido urbano acompañada por todo tipo de vehículos hasta el entonces anfiteatro ‘Presidente Perón’, frente a la Legislatura donde se llevó a cabo el homenaje de la niñez y de allí prosiguió su marcha hasta retornar al Santuario; el martes 21 hubo una celebración en la Plaza destinada a los militares y fuerzas de seguridad por la mañana en que la Virgen fue saludada con una salva de 21 cañonazos y por la tarde concentración de las entidades católicas de la ciudad y poblaciones vecinas; el miércoles 22 – fecha de la Coronación- se realizó por la mañana un solemne pontifical a cargo de Mons. Manuel Marengo y se echaron a vuelo las campanas de todos los templos de la Arquidiócesis y por la tarde la concentración de los trabajadores con sus familias y herramientas de trabajo presidida por la santa imagen y al fin al una procesión de antorchas por la entonces ‘Villa de Guadalupe’. Finalmente, el ya citado día 23 fue de Acción de Gracias, celebrándose tres misas en las que se pidió por todos los difuntos que de cualquier manera hubiesen colaborado con la Coronación Pontifica; por quienes aún estaban vivos y por quienes habían colaborado en los presentes festejos.
Tras una serie de precisiones exigidas por la Sagrada Congregación de Ritos que Mons. Fasolino responde personalmente el 12 de junio de 1953, la Santa Sede concede en el año 1954 el Título de Basílica. También en ese año se le concede autorización para celebrar el 12 de diciembre como en el resto de América Latina y la Misa votiva ‘Beata María Virginis de Guadalupe’ en cualquier día de la semana cuando se trate de peregrinos.
GUADALUPE Y SU LAGUNA
Pbro. Edgar Stoffel
Cuando se habla de Guadalupe la mayoría de las personas relacionan el término con la Virgen y su Santuario o con la Laguna situada a pocas cuadras de este centro cultual en honor de la Madre de Jesús.
De hecho cuando alguien visita el Santuario, la Laguna es parte del periplo tanto en el siglo XIX como en nuestros días y lo mismos sucede a la inversa, por lo cual millares de familias y de escolares (ya que estas eran dos paradas inevitables) no han dejado de hacer dicho recorrido y esto incluso al margen de la fe profesada.
Lina Beck Bernard, mirando desde la capilla afirmaba que ‘algo mas lejos, entre las ondulaciones, divisamos la playa dorada de la Laguna Grande’ y en 1896 el cronista de la ‘Revista Santafesina’ señalaba que yendo de camino al Santuario se divisaba ‘al Oriente, la laguna de Guadalupe, que confunde allá a lo lejos el azul de su olas con el azul de los cielos’.
Ahora queremos referirnos a esta la llamativa y extensa cuenca lacustre ya que ella es un elemento referencial del contexto geográfico donde a partir del siglo XVIII se inició la devoción a nuestra Guadalupana.
De una superficie de 92 Km2 tiene una longitud (norte/sur) de 35 Km es alimentada permanentemente por los arroyos ‘Leyes’ y ‘Potreros’ y de modo intermitente por los Saladillos ‘dulce’ y ‘amargo’. En su margen éste la bordea un campo de médanos longitudinales mientras que en el oeste la ribera es más bien barrancosa.
Para muchos investigadores la zona en la que se inserta la Laguna es un área de transición ya que sobre ella convergen la llanura chaqueña, el ambiente pampeano, las tierras altas de Entre Ríos y Corrientes y la faja fluvial del Paraná y aventuran que en tiempos prehistóricos la misma Laguna fue una gran llanura.
Conocida como Laguna de los ‘Quiloazas’ por los españoles en virtud de la parcialidad nativa asentada a su vera pasó luego a llamarse ‘Grande de los Saladillos’ tal como puede observarse en el plano del repartimento de chacras efectuado en Santa Fe de la Vera Cruz en 1653 y que se conservaba todavía en 1774 cuando María Rosa González de Setúbal viuda de de la Rosa vende tres cuerdas de tierra de chacras a Pedro Hilario Vera.
Paralelamente comienza a denominarse ‘Zetúbal’ lo que no deja de llamar la atención ya que esta familia solo poseía una lonja de tierra de solo cuatro cuadras de ancho sobre la Laguna sobre un total de 35 Km por lo cual creemos que esta denominación está en relación a la Capilla de la cual dicha familia era propietaria y cuyo nombre también se daría a dicho espejo de agua tal como se puede observar en documentación del siglo XIX.
La Laguna era rica en peces como surubies, dorados, pacúes, sábalos, bogas, bagres, rayas y paties de los que se valían no solo los vecinos sino pescadores que provenían de Córdoba y la Rioja como lo atestigua el padre Paucke a mediados del siglo XVIII e incluso perlas a tenor de la información de W. Mac Can quien en 1847 habla de la abundancia de conchas de madreperla.
También es rica en leyendas como lo recuerda Lina Beck Bernard quién hace referencia a los globos de fuego que en ciertas noches bailan sobre el agua y que se apagan cuando algún curioso se acerca a examinarlos, al toro blanco como la nieve y con cuernos dorados aparentemente manso, pero que ante el intento de ser enlazado pone en riesgo la vida del jinete y del caballo salvo que se invoque a la Virgen y a la joven de rara belleza, blanca, de ojos azules y con largos cabellos rubios que la envuelven casi por entero y cuando el viento las agita desprenden una lluvia de finas perlas.
Su entorno hacia el oeste era ondulado y arenoso, asemejándose al mar por su vastedad y estaba poblado de una rica vegetación compuesta de aromitos, ombúes, chañares, algarrobos, talas, ñandubaes, duraznillos, seibos y cina – cina como también de pajonales y espartillos. En cuanto a la fauna no lo era menos, contándose entre la misma tortugas de río, escuerzos, ranas criollas, yararás, cascabel, algún yacaré overo y negro, comadrejas coloradas, ratas colorada, carpinchos, nutrias, gallaretas, chajaes, sirirís, chimangos, caracoleros, biguaes, garzas mora y blanca, vizcachas y cuises.
La ocupación del territorio por españoles y mestizos en los siglos XVI y XVII no introdujo demasiados cambios en el ecosistema, agregando a las especie existentes caballos, bueyes, ovejas, naranjos, duraznos, higueras y algo de trigo. Con la colonización a partir de 1863 a estas se le agregarán nuevas especies como lo deja ver el Informe de Víctor Bouchard de 1882: cebada, porotos, maní, lino, papas, alfalfa, manzanos, pies de parra, paraísos, álamos y nogales.
Cuando se habla de Guadalupe la mayoría de las personas relacionan el término con la Virgen y su Santuario o con la Laguna situada a pocas cuadras de este centro cultual en honor de la Madre de Jesús.
De hecho cuando alguien visita el Santuario, la Laguna es parte del periplo tanto en el siglo XIX como en nuestros días y lo mismos sucede a la inversa, por lo cual millares de familias y de escolares (ya que estas eran dos paradas inevitables) no han dejado de hacer dicho recorrido y esto incluso al margen de la fe profesada.
Lina Beck Bernard, mirando desde la capilla afirmaba que ‘algo mas lejos, entre las ondulaciones, divisamos la playa dorada de la Laguna Grande’ y en 1896 el cronista de la ‘Revista Santafesina’ señalaba que yendo de camino al Santuario se divisaba ‘al Oriente, la laguna de Guadalupe, que confunde allá a lo lejos el azul de su olas con el azul de los cielos’.
Ahora queremos referirnos a esta la llamativa y extensa cuenca lacustre ya que ella es un elemento referencial del contexto geográfico donde a partir del siglo XVIII se inició la devoción a nuestra Guadalupana.
De una superficie de 92 Km2 tiene una longitud (norte/sur) de 35 Km es alimentada permanentemente por los arroyos ‘Leyes’ y ‘Potreros’ y de modo intermitente por los Saladillos ‘dulce’ y ‘amargo’. En su margen éste la bordea un campo de médanos longitudinales mientras que en el oeste la ribera es más bien barrancosa.
Para muchos investigadores la zona en la que se inserta la Laguna es un área de transición ya que sobre ella convergen la llanura chaqueña, el ambiente pampeano, las tierras altas de Entre Ríos y Corrientes y la faja fluvial del Paraná y aventuran que en tiempos prehistóricos la misma Laguna fue una gran llanura.
Conocida como Laguna de los ‘Quiloazas’ por los españoles en virtud de la parcialidad nativa asentada a su vera pasó luego a llamarse ‘Grande de los Saladillos’ tal como puede observarse en el plano del repartimento de chacras efectuado en Santa Fe de la Vera Cruz en 1653 y que se conservaba todavía en 1774 cuando María Rosa González de Setúbal viuda de de la Rosa vende tres cuerdas de tierra de chacras a Pedro Hilario Vera.
Paralelamente comienza a denominarse ‘Zetúbal’ lo que no deja de llamar la atención ya que esta familia solo poseía una lonja de tierra de solo cuatro cuadras de ancho sobre la Laguna sobre un total de 35 Km por lo cual creemos que esta denominación está en relación a la Capilla de la cual dicha familia era propietaria y cuyo nombre también se daría a dicho espejo de agua tal como se puede observar en documentación del siglo XIX.
La Laguna era rica en peces como surubies, dorados, pacúes, sábalos, bogas, bagres, rayas y paties de los que se valían no solo los vecinos sino pescadores que provenían de Córdoba y la Rioja como lo atestigua el padre Paucke a mediados del siglo XVIII e incluso perlas a tenor de la información de W. Mac Can quien en 1847 habla de la abundancia de conchas de madreperla.
También es rica en leyendas como lo recuerda Lina Beck Bernard quién hace referencia a los globos de fuego que en ciertas noches bailan sobre el agua y que se apagan cuando algún curioso se acerca a examinarlos, al toro blanco como la nieve y con cuernos dorados aparentemente manso, pero que ante el intento de ser enlazado pone en riesgo la vida del jinete y del caballo salvo que se invoque a la Virgen y a la joven de rara belleza, blanca, de ojos azules y con largos cabellos rubios que la envuelven casi por entero y cuando el viento las agita desprenden una lluvia de finas perlas.
Su entorno hacia el oeste era ondulado y arenoso, asemejándose al mar por su vastedad y estaba poblado de una rica vegetación compuesta de aromitos, ombúes, chañares, algarrobos, talas, ñandubaes, duraznillos, seibos y cina – cina como también de pajonales y espartillos. En cuanto a la fauna no lo era menos, contándose entre la misma tortugas de río, escuerzos, ranas criollas, yararás, cascabel, algún yacaré overo y negro, comadrejas coloradas, ratas colorada, carpinchos, nutrias, gallaretas, chajaes, sirirís, chimangos, caracoleros, biguaes, garzas mora y blanca, vizcachas y cuises.
La ocupación del territorio por españoles y mestizos en los siglos XVI y XVII no introdujo demasiados cambios en el ecosistema, agregando a las especie existentes caballos, bueyes, ovejas, naranjos, duraznos, higueras y algo de trigo. Con la colonización a partir de 1863 a estas se le agregarán nuevas especies como lo deja ver el Informe de Víctor Bouchard de 1882: cebada, porotos, maní, lino, papas, alfalfa, manzanos, pies de parra, paraísos, álamos y nogales.
UNA CALLE PARA EL ERMITAÑO
Pbro. Edgar Stoffel
Hacia El año 1915 el Municipio de Santa Fe pensaba nominar la calle que pasaba frente al Santuario con el nombre de Leandro N. Além lo cual se presentaba propicio ya que el radicalismo gobernaba en nuestra provincia.
Sin embargo la rápida reacción del Capellán del Santuario Pbro Joaquín García de la Vega quién movilizó la voluntad de los vecinos, determino que dicha arteria fundamental de Guadalupe llevara el nombre del ermitaño.
Al parecer García de la Vega salió a recorrer el sábado 11 de julio las quintas de la colonia montado en un brioso caballo para convencer a los feligreses mas alejados y solicitar firmas de adhesión a favor de ‘Francisco Javier de la Rosa’.
En el texto redactado por García de la Vega se leía que los vecinos de Guadalupe consideraban un acto de justicia dar el nombre del ermitaño a dicha Avenida ya que él había sido el fundador de la capilla en cuyo entorno se había ido conformando ‘... esta pintoresca localidad’.
Así con fecha 5 de agosto unos 300 vecinos presentaron al Intendente Egidio Caffaratti el pedido, el cual en la misma fecha fue elevado en sentido por la Autoridad Municipal al Concejo Deliberante de la ciudad.
En la sesión del 13 de agosto bajo la Presidencia de Carlos Sarsotti el expediente es girado a la Comisión de Obras Públicas que integraban Domingo Tettamanti, Luis Reggiardo y Cándido Guisáosla.
En la sesión siguiente del 23 de agosto y estando presentes los Concejales Domingo Tettamanti, Mariano Villaba, Juan Lanteri, Cándido Guisáosla y Adolfo Ebrecht y bajo la Presidencia de Rómulo Pietranera, se vota y se aprueba por unanimidad la ordenanza Nro 1546 por la cual se establece que a partir de ese momento la calle de marras llevará el nombre del ermitaño.
Y desde entonces hasta nuestros días.
Hacia El año 1915 el Municipio de Santa Fe pensaba nominar la calle que pasaba frente al Santuario con el nombre de Leandro N. Além lo cual se presentaba propicio ya que el radicalismo gobernaba en nuestra provincia.
Sin embargo la rápida reacción del Capellán del Santuario Pbro Joaquín García de la Vega quién movilizó la voluntad de los vecinos, determino que dicha arteria fundamental de Guadalupe llevara el nombre del ermitaño.
Al parecer García de la Vega salió a recorrer el sábado 11 de julio las quintas de la colonia montado en un brioso caballo para convencer a los feligreses mas alejados y solicitar firmas de adhesión a favor de ‘Francisco Javier de la Rosa’.
En el texto redactado por García de la Vega se leía que los vecinos de Guadalupe consideraban un acto de justicia dar el nombre del ermitaño a dicha Avenida ya que él había sido el fundador de la capilla en cuyo entorno se había ido conformando ‘... esta pintoresca localidad’.
Así con fecha 5 de agosto unos 300 vecinos presentaron al Intendente Egidio Caffaratti el pedido, el cual en la misma fecha fue elevado en sentido por la Autoridad Municipal al Concejo Deliberante de la ciudad.
En la sesión del 13 de agosto bajo la Presidencia de Carlos Sarsotti el expediente es girado a la Comisión de Obras Públicas que integraban Domingo Tettamanti, Luis Reggiardo y Cándido Guisáosla.
En la sesión siguiente del 23 de agosto y estando presentes los Concejales Domingo Tettamanti, Mariano Villaba, Juan Lanteri, Cándido Guisáosla y Adolfo Ebrecht y bajo la Presidencia de Rómulo Pietranera, se vota y se aprueba por unanimidad la ordenanza Nro 1546 por la cual se establece que a partir de ese momento la calle de marras llevará el nombre del ermitaño.
Y desde entonces hasta nuestros días.
LAS DISPOSICIONES DE MONS. JOSÉ MARÍA GELABERT Y CRESPO EN TORNO AL SANTUARIO DE GUADALUPE
Pbro. Edgar Stoffel
Estudiando la personalidad del gran pastor que fue el santafesino José María Gelabert y Crespo no deja de llamar la atención de que en sus escritos pastorales nunca apareciese referencia a la Virgen de Guadalupe, ni se destacará su devoción como si sucede con su mentor José de Amenabar y con sus contemporáneos y coterráneos Doldán y Echague, ni tampoco se contara entre sus bienhechores y ni siquiera hay menciones a participación suya en la festividad. Solo conocemos que tras la muerte de Amenabar y en calidad de albacea entregó un misal al Santuario y que en 1896 –casi al final de sus días- bendijo unas medallas que llevaban esculpidas la imagen de la misma.
Lo que si aparecen son una serie de disposiciones limitativas u orientadas a la dignidad del culto lo cual puede explicarse por el hecho de que la situación canónica del Santuario era bastante ambigua ya que se trataba de un oratorio público perteneciente a particulares.
En el año 1863 siendo aún Vicario Foráneo de la Provincia llama al orden al padre franciscano Daniel Pcelei por que un grupo de sacerdotes seráficos habían celebrado en la capilla de Guadalupe a pesar de la normativa que las prohibía. Los franciscanos argumentaron en la ocasión que ignoraban estas disposiciones y que el Cura Párroco –por entonces Severo Echague- los había autorizado a celebrar misa cantada.
No sabemos a que disposiciones se refiere Gelabert ya que las únicas conocidas son las dictadas por el Obispo Lué y Riega en 1803 que prescribía la autorización del Párroco para celebrar misa en el lugar, por lo cual los franciscanos habrían actuado correctamente y llama la atención de Gelabert.
Dos años mas tarde y cuando apenas hacía dos meses que había asumido como Obispo del Litoral a través de Clemente San Martín –comisionado ad hoc- determina que ‘... bajo ningún pretexto ni consideración alguna permita a las personas tanto seculares como eclesiásticos que acostumbran a concurrir a la función principal de la Ssma. Virgen y otras fiestas particulares en el año, se sirvan de la sacristía del Coro y mucho menos de la Iglesia para otros actos que los exclusivamente religiosos: quedando por lo tanto absolutamente prohibido el que en atención de la estrechez o poca comodidad de las habitaciones contiguas a dicha Capilla, puedan disponer de los lugares mencionados antes, para los usos que le serían permitidos en aquello’, a la par que recuerda que no se puede celebrar ninguna Misa cantada sin previo permiso del Párroco.
Tal vez la razón de esta prohibición tenga que ver con algunos excesos que se hayan cometido en el recinto sacro, aunque en este sentido si bien Lina Beck Bernard resalta las actividades profanas el día de la Fiesta, no se encuentra menciones a perturbaciones en el desarrollo de las celebraciones cultuales.
En 1870 Mons. Gelabert y Crespo eleva una petición a la Santa Sede por la cual se troca la fecha del 26 de febrero por la del II Domingo de Pascua, aunque como ya dijimos desconocemos la motivación de decisión tan trascendente.
Su última disposición sobre Guadalupe la encontramos en las actas de la Santa Visita Pastoral que realiza a la ciudad de Santa Fe en el mes de julio de 1871, en el Capítulo que se refiere a las Capillas y Oratorios Públicos que se encuentran en la jurisdicción de la Iglesia Matriz.
Lo que señala para la Capilla de Guadalupe – a la cual individualiza-, vale para el resto a las que no se nombra precisando: ‘... que mientras no gocen de alguna excepción o tengan algún privilegio particular de la Superior Autoridad Eclesiástica, no puedan celebrar en ellas Misas cantadas en honor de algún Santo o festividad, muchos menos entierros ni misas de honras o funerales sin consentimiento y expresa licencia del mencionado Cura’, el que además debe cuidar de que no falte nada para la digna celebración de los oficios divinos de acuerdo a las rúbricas y disposiciones de la Sagrada Congregación , llamar la atención de los Capellanes cuando note algún descuido o deterioro y que se ocupe de revisar los libros de entradas y gastos que anualmente deberán presentarle.
A luz de estas intervenciones del apostólico Obispo se pone de manifiesto una práctica religiosa de cierta magnitud por parte del clero y de los fieles que en ocasiones desbordan la reglamentación vigente, su sincera preocupación por la dignidad del culto a María y su intento de encauzarlo de acuerdo a derecho, tal como lo recordará Mons. Boneo en 1901.
Estudiando la personalidad del gran pastor que fue el santafesino José María Gelabert y Crespo no deja de llamar la atención de que en sus escritos pastorales nunca apareciese referencia a la Virgen de Guadalupe, ni se destacará su devoción como si sucede con su mentor José de Amenabar y con sus contemporáneos y coterráneos Doldán y Echague, ni tampoco se contara entre sus bienhechores y ni siquiera hay menciones a participación suya en la festividad. Solo conocemos que tras la muerte de Amenabar y en calidad de albacea entregó un misal al Santuario y que en 1896 –casi al final de sus días- bendijo unas medallas que llevaban esculpidas la imagen de la misma.
Lo que si aparecen son una serie de disposiciones limitativas u orientadas a la dignidad del culto lo cual puede explicarse por el hecho de que la situación canónica del Santuario era bastante ambigua ya que se trataba de un oratorio público perteneciente a particulares.
En el año 1863 siendo aún Vicario Foráneo de la Provincia llama al orden al padre franciscano Daniel Pcelei por que un grupo de sacerdotes seráficos habían celebrado en la capilla de Guadalupe a pesar de la normativa que las prohibía. Los franciscanos argumentaron en la ocasión que ignoraban estas disposiciones y que el Cura Párroco –por entonces Severo Echague- los había autorizado a celebrar misa cantada.
No sabemos a que disposiciones se refiere Gelabert ya que las únicas conocidas son las dictadas por el Obispo Lué y Riega en 1803 que prescribía la autorización del Párroco para celebrar misa en el lugar, por lo cual los franciscanos habrían actuado correctamente y llama la atención de Gelabert.
Dos años mas tarde y cuando apenas hacía dos meses que había asumido como Obispo del Litoral a través de Clemente San Martín –comisionado ad hoc- determina que ‘... bajo ningún pretexto ni consideración alguna permita a las personas tanto seculares como eclesiásticos que acostumbran a concurrir a la función principal de la Ssma. Virgen y otras fiestas particulares en el año, se sirvan de la sacristía del Coro y mucho menos de la Iglesia para otros actos que los exclusivamente religiosos: quedando por lo tanto absolutamente prohibido el que en atención de la estrechez o poca comodidad de las habitaciones contiguas a dicha Capilla, puedan disponer de los lugares mencionados antes, para los usos que le serían permitidos en aquello’, a la par que recuerda que no se puede celebrar ninguna Misa cantada sin previo permiso del Párroco.
Tal vez la razón de esta prohibición tenga que ver con algunos excesos que se hayan cometido en el recinto sacro, aunque en este sentido si bien Lina Beck Bernard resalta las actividades profanas el día de la Fiesta, no se encuentra menciones a perturbaciones en el desarrollo de las celebraciones cultuales.
En 1870 Mons. Gelabert y Crespo eleva una petición a la Santa Sede por la cual se troca la fecha del 26 de febrero por la del II Domingo de Pascua, aunque como ya dijimos desconocemos la motivación de decisión tan trascendente.
Su última disposición sobre Guadalupe la encontramos en las actas de la Santa Visita Pastoral que realiza a la ciudad de Santa Fe en el mes de julio de 1871, en el Capítulo que se refiere a las Capillas y Oratorios Públicos que se encuentran en la jurisdicción de la Iglesia Matriz.
Lo que señala para la Capilla de Guadalupe – a la cual individualiza-, vale para el resto a las que no se nombra precisando: ‘... que mientras no gocen de alguna excepción o tengan algún privilegio particular de la Superior Autoridad Eclesiástica, no puedan celebrar en ellas Misas cantadas en honor de algún Santo o festividad, muchos menos entierros ni misas de honras o funerales sin consentimiento y expresa licencia del mencionado Cura’, el que además debe cuidar de que no falte nada para la digna celebración de los oficios divinos de acuerdo a las rúbricas y disposiciones de la Sagrada Congregación , llamar la atención de los Capellanes cuando note algún descuido o deterioro y que se ocupe de revisar los libros de entradas y gastos que anualmente deberán presentarle.
A luz de estas intervenciones del apostólico Obispo se pone de manifiesto una práctica religiosa de cierta magnitud por parte del clero y de los fieles que en ocasiones desbordan la reglamentación vigente, su sincera preocupación por la dignidad del culto a María y su intento de encauzarlo de acuerdo a derecho, tal como lo recordará Mons. Boneo en 1901.
SACERDOTES QUE ATENDIERON GUADALUPE EN EL SIGLO XX
Pbro. Edgar Stoffel
Capellanes
PBRO. NATALIO BÉRTOLO
El primer Capellán de Guadalupe nombrado por Mons. Boneo había realizado sus estudios en el Colegio de la Inmaculada –donde funcionaba el Seminario- y el 21 de diciembre de 1898 era ordenado presbítero.
Su actuación en Guadalupe fue muy breve ya que solo estuvo al frente del mismo entre el 28 de febrero y el 6 de mayo de 1900 y le tocó recibir bajo inventario de manos de María Antonia Godoy los objetos existente en la capilla y sacristía, salvo la imagen de bulto que se reservó para ella.
El 20 de julio de ese mismo año era nombrado Cura Rector de la Parroquia del Carmen, bajo cuya jurisdicción estaba también Guadalupe, permaneciendo en el céntrico templo hasta el 26 de febrero de 1903 en se los destina como Cura Párroco a San Martín de las Escobas
Dos años después (4-4-1905) es trasladado como Cura Rector a Santa Rosa en la ciudad de Rosario donde se desempeñará durante muchos años.
Ocupó también diversos cargos diocesanos y fue confesor de religiosas en aquella ciudad.
En 1932, a raíz de la muerte de Mons. Boneo fue elegido Vicario Capitular, ocasión en que realizó una Visita de inspección por la mayoría de las Parroquias para constatar ‘in situ’ la situación de las mismas y a partir de 1933, ya con Mons. Fasolino como Obispo integró el cuerpo de consultores diocesanos.
Erigido el Obispado de Rosario en 1934, pasó a formar parte del clero de la nueva Diócesis.
PBRO. TOMAS DUTARI RODRIGUEZ
Al igual que el anterior estudió en el Seminario regenteado por los padres jesuitas y recibió la sagrada ordenación presbiteral el mismo día. Era originario de la provincia de Córdoba y varios de sus hermanos fueron también sacerdotes diocesanos.
Al cesar el Pbro. Bértolo se hace cargo del Santuario ‘... cuya excepcional importancia es notoria’ al decir de Mons. Boneo y a cuyo frente permanece hasta el 15 de febrero de 1901 y paralelamente se ocupaba de dirigir el naciente Boletín Eclesiástico en el cual se dio bastante cabida a todo lo referente a Guadalupe e incluso llega a escribir un artículo que se publica en el periódico ‘La Buena Prensa’ de Buenos Aires con el objeto de divulgar el culto.
El 4 de junio de 1901 fue designado Capellán de San Carlos Norte pero al mes solicitaba su ex cardinación al Obispado de Paraná, donde en 1915 se hallaba como Cura Rector de la Iglesia Catedral.
PBRO. JUAN GIL Y SANTA PAU
Originario de Valencia, había sido admitido en la Diócesis de Santa Fe en el año 1898 y enviado como Capellán de la colonia Lehmann en junio de ese mismo año, pero antes que éste finalizara se lo designa Cura Vicario de Coronda.
Al año lo encontramos como Cura Vicario de San Agustín y con fecha 15 de febrero de 1901 el Obispo lo nombra Capellán del Santuario de Guadalupe.
Con ocasión del conflicto suscitado en torno a la imagen entre el Obispo, los padres dominicos y María Antonia Godoy y del Barco se manifestará como un gran polemista y pondrá todo su empeño en llevar adelante las obras de la actual Basílica.
Al trasladarse el Seminario a su asentamiento de Guadalupe en 1907 es designado Director Espiritual del mismo, tarea que aprovechará además para fomentar entre los futuros sacerdotes una espiritualidad guadalupana.
Además de su tarea en el Seminario, durante algunos años dirigirá el Boletín Eclesiástico en reemplazo de Dutari Rodríguez, será consultor del Obispo y Fiscal Eclesiástico.
En 1912 decide incardinarse en el Obispado de La Plata (Pcia de Bs. As.) para lo cual se le conceden letras positivas, ejerciendo en aquel lugar en el que fallecerá como Capellán del Asilo Marín.
Capellán y Cura Párroco
PBRO. JOAQUIN GARCIA DE LA VEGA
Ingresado en 1900 al Seminario sito en el Colegio de la Inmaculada, se encontraba entre los alumnos de filosofía que en 1907 inauguraron el de Guadalupe. Era oriundo de Rosario y acolitaba en las Misas del Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones.
El 23 de diciembre de 1911 Mons. Boneo le confería el sacerdocio y poco después le designaba como profesor del Seminario.
Se desempeñó a partir de 1912 como Capellán del Santuario fomentando el culto de nuestra Patrona y al crearse en 1918 la Parroquia de Guadalupe, fue su primer Cura Párroco aunque no por mucho tiempo ya que en 1919 es trasladado a colonia Susana como Vicario Ecónomo. Cabe aquí señalar su preocupación por el conocimiento de la historia de Guadalupe, aportando datos valiosos aunque perdido en el fárrago de sus escritos muchas veces inentendibles y contradictorios.
A posterior fue nombrado Cura Párroco de El Trébol donde permaneció hasta su muerte.
El tradicional Himno a la Virgen de Guadalupe es de su autoría, y al parecer lo escribió en 1907 siendo seminarista, en 1912 se entonó en el Seminario para luego perderse, hasta que lo recuperó en 1917 y lo editó con música del maestro Patricio Legarra.
La versión de Joaquín de la Vega decía así:
‘Coro
A tu Reina inmortal, Guadalupe,
Entonemos un Himno de amor,
Y sus ecos triunfales resuenen
De la Patria en la inmensa extensión.
Guadalupe es tu alcázar, María,
Y tu Corte de honor Santa Fe,
Las ciudades, las villas y pueblos
Que hoy de flores coronan tu sien.
Solo
Tu Santuario glorioso, María
La corona en tu sien una Palma
Donde el aura sonriente murmura
Y las dulces calandrias te cantan.
Aquí fue do las hordas salvajes
Depusieron sus flechas y lanzas,
Y al oír: ‘Guadalupe’ los indios
Se postraban rindiendo sus armas.
A tus pies columpiándose suave,
La Laguna en sus ondas te aclama,
Y las flores que ven sus riberas
Con su aroma tu Templo embalsaman.
Ese Ombú que aún da sombra al Santuario
Hoy nos cuenta las nobles hazañas,
Del Caudillo que vino a la Ermita
A templar sus valientes espadas.
Aquí está sobre el Arco del Templo,
La prehistórica antigua campana,
De Francisco Javier de la Rosa
Que ha dos siglos a todos nos llama.
Aquí está en el Santuario Moderno
Nuestra Madre, la Virgen amada,
El Tesoro mas grande y mas noble
Que aquí tiene su Trono y su Alcázar.
Venid, vedla, aquí está en Guadalupe,
Esa Reina a quién todos ensalzan.
Que veneran los pueblos lejanos
Desde el Ande a la margen del Plata’
Durante su gestión en Guadalupe impulsa la ordenanza por la cual en 1915 se denomina Francisco Javier de la Rosa a la calle que pasa delante el Santuario y en 1917 Estela Berraz dona la Lámpara del Camarín dorada a oro de 18 kilates y Angela de Aufranc dona 300 pesos para la lámpara situada en el centro del Santuario que se había adquirido a la Parroquia del Carmen y se la había dorado también a 18 kilates.
CURAS PÁRROCOS
PBRO. PASCUAL CARAMUTO
Pertenecía al grupo de sacerdotes que habían iniciado sus estudios bajo la dirección de los jesuitas en 1905 y recibió la ordenación sacerdotal el 23 de diciembre de 1915.
Pocos días después, con fecha 27 es designado Capellán del Colegio del Calvario y del Cementerio Municipal, cargos que ocupa hasta el 19 de marzo de 1916 en que es trasladado como Tte Cura de la Concepción en Rosario.
El 28 de agosto de 1917 es destinado a Susana como Cura Vicario de esa colonia, el 22 de noviembre de 1918 pasa como Cura interino a Vera y el 10 de noviembre de 1919 se le nombra Vicario Ecónomo de Guadalupe, a la para que se debía ocupar de la confesión de los seminaristas.
En 1922 es designado Cura Vicario de Reconquista y confesor de las Hermanas que trabajan en dicha localidad, pero al años es trasladado a Coronda con el mismo cargo donde permanece hasta 1927 en que renuncia y se lo envía a Santo Tomé como Vicario Ecónomo.
PBRO. ÁNGEL RODRÍGUEZ ZÍA
Hijo de José y Manuela Zía, había nacido en Carrouba – Tor (Pcia de Lugo – España) el 18 de diciembre de 1884, emigrando a nuestro país e ingresando al Seminario el 2 de marzo de 1898.
Cuando el Seminario fue trasladado a Guadalupe en 1907 cursaba el último año de Teología, razón por la cual a finales del mismo (21 de diciembre) fue ordenado sacerdote.
En la primera quincena de enero de 1908 se le designó Tte Cura de la Concepción y Capellán de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Rosario, pero su trabajo pastoral en la ciudad del sur duraría poco ya que en marzo regresaba al Seminario para desempeñarse como Prefecto de disciplina y docente.
En julio de 1917 es nombrado Vicerrector del mismo y en 1920 Rector, cargo que va a desempeñar hasta 1935, y será durante esta etapa en que provisoriamente se va a hacer cargo del Santuario entre julio y diciembre de 1920.
En estos años tuvo diversos cargos diocesanos y en 1935 fue designado Provisor y Vicario General de Mons. Nicolás Fasolino, cargo que ocupará durante muchos años.
PBRO. ANICETO BIAGIONI
Oriundo de Las Tunas (Santa Fe) había nacido en 1881, aunque sus padres luego se trasladaron a Gálvez donde bajo el influjo del padre Rinaldi ingresó al Seminario en 1896, realizando bajo la dirección de los jesuitas todo su proceso formativo.
Ordenado por Mons. Boneo el 21 de diciembre de 1905, con fecha 211 de enero de 1906 éste le designó su Subsecretario Cámara y al año siguiente lo eligió como integrante del cuerpo de superiores del nuevo Seminario con el cargo de Prefecto de disciplina y docente de 1ro, 2do y 3ro de latín.
El Seminario ocupó una buena parte de su vida sacerdotal ya que en 1908 es nombrado Vicerrector y en 1917 asume como Rector, cargo en el que se desempeña hasta 1920.
A comienzos del año siguiente se hace cargo de la Parroquia de Guadalupe con los títulos de Capellán del Santuario y Vicario Ecónomo, permaneciendo en la misma hasta enero de 1924.
Hay que señalar que tanto en su etapa del Seminario como en la del Santuario, se le encomendaron diversas tareas diocesanas.
En 1926 se aleja de Santa Fe para hacerse cargo de la Capellanía del prestigioso Colegio Normal Católico dirigido por las Hermanas de la Misericordia en Rosario, falleciendo el 10 de agosto de 1937 en la localidad de San Carlos Norte.
PBRO. MIGUEL GENESIO
Nacido en Zenón Pereya fue de los sacerdotes formados integramente en el Seminario de Guadalupe, siendo ordenado como tal el 22 de octubre de 1922.
Su primer destino pastoral fue el de Vicario Cooperador de Rafaela (2-11-1922) pero a los dos años, en diciembre de 1924 es enviado como Vicario Ecónomo de Guadalupe. En esta actividad lo encontrará la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del año 1928, donde su labor será encomiable.
El 31 de diciembre de ese mismo año es designado Cura Párroco de Guadalupe y a partir de allí su vida sacerdotal quedará ligada por una parte a esta feligresía que abarcaba un radio amplísimo y por otro a los millares de peregrinos que durante la procesión anual pero también durante otras épocas del año y diariamente se acercaban al Santuario a venerar la imagen de nuestra Patrona.
A él se deben la reforma del Camarín llevada adelante entre los años 1931-1932 al cual amplió alcanzando una superficie de 11.30 mts por 10 y al que se accede por dos escaleras de mármol; colocación de los vitrales en 1950 para lograr una mayor iluminación de la capilla de la Virgen y el Colegio parroquial en 1957, por citar solo algunas. En 1954, tuvo la alegría de que el Santuario recibiese el Título de Basílica.
Fue también un activo protagonista en el progreso social del Barrio promoviendo la ‘Plaza de las Rosas’ hoy lamentablemente desaparecida en lo que era el cementerio católico y el pavimento por Francisco Javier de la Rosa hasta Cullen y fomentando o acompañando a muchas de las instituciones que surgían en aquellas décadas como clubes y vecinales en la amplia jurisdicción.
En el año 1947 la celebración de su 25 aniversario de ordenación sacerdotal tuvo amplia repercusión ya que por entonces su persona y actividad era ampliamente reconocida tal como lo señala ‘El Litoral’ del 21 de octubre:
‘Le sorprende sus bodas de plata rodeado de las simpatías a las que supo hacerse merecedor, y que hoy se manifiestan elocuentemente en las numerosas adhesiones recibidas a los diversos actos que en su honor auspicia una comisión de damas y caballeros de la vecina villa’
El 18 de agosto de 1963 entregó su vida al Señor , en 1964 sus los restos fueron sepultados en la Basílica, a los pies de la Vírgen venerada y a posteriori la calle que pasa detrás del Santuario lleva su nombre
PBRO. EDGARDO JUAN TRUCCO
Edgardo Juan Trucco había nacido en la localidad de San Justo el 31 de mayo de 1932 siendo sus padres Juan y Tomasa Leiva, quienes el 4 de setiembre de ese mismo año lo introdujeron a través del bautismo en la vida de la Iglesia.
Habiendo realizado su quinto grado en el Colegio Urbano de Iriondo del Niño Jesús, ingresó en 1947 al Seminario Metropolitano donde realizó sus estudios de latín, filosofía y teología.
En 1956 recibirá el Ostiariado y el Lectorado y un año después el Subdiaconado y el Diaconado. El 21 de diciembre de 1957 fue ordenado presbítero.
De inmediato fue enviado a la Basílica donde se fogueó pastoralmente bajo la guía de uno de los Párrocos eminentes de entonces, el padre Miguel Genesio a quién sucederá en su cargo el 30 de agosto de 1963.
Como Párroco le tocará llevar adelante en el Santuario las reformas que impulsaba el Concilio Vaticano II e integrará la pastoral del mismo en la llamada ‘Pastoral Popular’ que impulsaban precisamente los equipos sacerdotales que trabajaban en estos ámbitos y que implicaba frente a la ‘ola secularista’, la revalorización de la fe del pueblo.
Paralelamente trató de participar siempre de las inquietudes de la vecindad de Guadalupe integrándose a diversas actividades que realizaban creyentes y no creyentes (Asamblea Barrial y Guadalupe Estratégico), lo que también realizó a nivel de ciudad por lo cual recibió diversos reconocimientos de instituciones laicas como por ejemplo la Universidad Nacional del Litoral, que poco antes de su muerte lo había designado miembro del Consejo Consultivo Social.
En el ámbito eclesiástico local a partir del año 1971 se desempeñó como Representante legal del Instituto ‘Nuestra Señora de Guadalupe’ sito en Padre Genesio y Patricio Cullen, en 1975 fue designado Presidente del Colegio de Párrocos, en 1977 integró la Vicaría Episcopal para la Educación, en 1985 profesor de la Escuela de Sagrados Ministerios y en diversas ocasiones integró el Consejo presbiteral.
A la muerte de Mons. Vicente Zazpe en 1984 fue elegido Administrador Arquidiocesano.
De sus actividades arquidiocesanas debemos resaltar –además del Santuario- la llevada adelante a partir de 1983 como Asesor del servicio sacerdotal de urgencia que se prolongó hasta poco antes de su muerte, ya que el 10 de mayo de 2002 presentaba su renuncia.
Tuvo también una activa participación a nivel de la organización zonal en el ‘Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo’ en la denominada región litoral sur.
En lo tocante a la Pastoral de Santuarios fue uno de sus grandes animadores tanto a nivel nacional como regional al punto que entre 1992-1994 presidirá junto con el equipo argentino la ‘Coordinadora de Confederaciones de Santuarios’ y en 1995 participa en Roma de la Reunión Mundial de Santuarios.
También hay que resaltar su tarea de difusión a través de diarios y revistas, tanto de circulación masiva como especializadas y la publicación de algunos opúsculos al servicio de la Liturgia y la devoción popular. Asimismo le cupo la tarea de restaurar la vieja revista ‘Guadalupe’, la cual se edita anualmente y con un formato totalmente renovado.
Cuando se disponía a iniciar sus actividades del día Domingo 16 de junio de 2002, el Señor quiso llamar a su Casa a este servidor suyo que desde el año 1958 en que fue nombrado Vicario Cooperador, desarrollaba su labor pastoral en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Sepultado como era su deseo en la entrada a la Basílica al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, la plaza aledaña conocida como del Folklore por disposición de la ordenanza 10883 pasó a llevar su nombre y lo mismo aconteció con el Centro de salud por él promovido.
Capellanes
PBRO. NATALIO BÉRTOLO
El primer Capellán de Guadalupe nombrado por Mons. Boneo había realizado sus estudios en el Colegio de la Inmaculada –donde funcionaba el Seminario- y el 21 de diciembre de 1898 era ordenado presbítero.
Su actuación en Guadalupe fue muy breve ya que solo estuvo al frente del mismo entre el 28 de febrero y el 6 de mayo de 1900 y le tocó recibir bajo inventario de manos de María Antonia Godoy los objetos existente en la capilla y sacristía, salvo la imagen de bulto que se reservó para ella.
El 20 de julio de ese mismo año era nombrado Cura Rector de la Parroquia del Carmen, bajo cuya jurisdicción estaba también Guadalupe, permaneciendo en el céntrico templo hasta el 26 de febrero de 1903 en se los destina como Cura Párroco a San Martín de las Escobas
Dos años después (4-4-1905) es trasladado como Cura Rector a Santa Rosa en la ciudad de Rosario donde se desempeñará durante muchos años.
Ocupó también diversos cargos diocesanos y fue confesor de religiosas en aquella ciudad.
En 1932, a raíz de la muerte de Mons. Boneo fue elegido Vicario Capitular, ocasión en que realizó una Visita de inspección por la mayoría de las Parroquias para constatar ‘in situ’ la situación de las mismas y a partir de 1933, ya con Mons. Fasolino como Obispo integró el cuerpo de consultores diocesanos.
Erigido el Obispado de Rosario en 1934, pasó a formar parte del clero de la nueva Diócesis.
PBRO. TOMAS DUTARI RODRIGUEZ
Al igual que el anterior estudió en el Seminario regenteado por los padres jesuitas y recibió la sagrada ordenación presbiteral el mismo día. Era originario de la provincia de Córdoba y varios de sus hermanos fueron también sacerdotes diocesanos.
Al cesar el Pbro. Bértolo se hace cargo del Santuario ‘... cuya excepcional importancia es notoria’ al decir de Mons. Boneo y a cuyo frente permanece hasta el 15 de febrero de 1901 y paralelamente se ocupaba de dirigir el naciente Boletín Eclesiástico en el cual se dio bastante cabida a todo lo referente a Guadalupe e incluso llega a escribir un artículo que se publica en el periódico ‘La Buena Prensa’ de Buenos Aires con el objeto de divulgar el culto.
El 4 de junio de 1901 fue designado Capellán de San Carlos Norte pero al mes solicitaba su ex cardinación al Obispado de Paraná, donde en 1915 se hallaba como Cura Rector de la Iglesia Catedral.
PBRO. JUAN GIL Y SANTA PAU
Originario de Valencia, había sido admitido en la Diócesis de Santa Fe en el año 1898 y enviado como Capellán de la colonia Lehmann en junio de ese mismo año, pero antes que éste finalizara se lo designa Cura Vicario de Coronda.
Al año lo encontramos como Cura Vicario de San Agustín y con fecha 15 de febrero de 1901 el Obispo lo nombra Capellán del Santuario de Guadalupe.
Con ocasión del conflicto suscitado en torno a la imagen entre el Obispo, los padres dominicos y María Antonia Godoy y del Barco se manifestará como un gran polemista y pondrá todo su empeño en llevar adelante las obras de la actual Basílica.
Al trasladarse el Seminario a su asentamiento de Guadalupe en 1907 es designado Director Espiritual del mismo, tarea que aprovechará además para fomentar entre los futuros sacerdotes una espiritualidad guadalupana.
Además de su tarea en el Seminario, durante algunos años dirigirá el Boletín Eclesiástico en reemplazo de Dutari Rodríguez, será consultor del Obispo y Fiscal Eclesiástico.
En 1912 decide incardinarse en el Obispado de La Plata (Pcia de Bs. As.) para lo cual se le conceden letras positivas, ejerciendo en aquel lugar en el que fallecerá como Capellán del Asilo Marín.
Capellán y Cura Párroco
PBRO. JOAQUIN GARCIA DE LA VEGA
Ingresado en 1900 al Seminario sito en el Colegio de la Inmaculada, se encontraba entre los alumnos de filosofía que en 1907 inauguraron el de Guadalupe. Era oriundo de Rosario y acolitaba en las Misas del Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones.
El 23 de diciembre de 1911 Mons. Boneo le confería el sacerdocio y poco después le designaba como profesor del Seminario.
Se desempeñó a partir de 1912 como Capellán del Santuario fomentando el culto de nuestra Patrona y al crearse en 1918 la Parroquia de Guadalupe, fue su primer Cura Párroco aunque no por mucho tiempo ya que en 1919 es trasladado a colonia Susana como Vicario Ecónomo. Cabe aquí señalar su preocupación por el conocimiento de la historia de Guadalupe, aportando datos valiosos aunque perdido en el fárrago de sus escritos muchas veces inentendibles y contradictorios.
A posterior fue nombrado Cura Párroco de El Trébol donde permaneció hasta su muerte.
El tradicional Himno a la Virgen de Guadalupe es de su autoría, y al parecer lo escribió en 1907 siendo seminarista, en 1912 se entonó en el Seminario para luego perderse, hasta que lo recuperó en 1917 y lo editó con música del maestro Patricio Legarra.
La versión de Joaquín de la Vega decía así:
‘Coro
A tu Reina inmortal, Guadalupe,
Entonemos un Himno de amor,
Y sus ecos triunfales resuenen
De la Patria en la inmensa extensión.
Guadalupe es tu alcázar, María,
Y tu Corte de honor Santa Fe,
Las ciudades, las villas y pueblos
Que hoy de flores coronan tu sien.
Solo
Tu Santuario glorioso, María
La corona en tu sien una Palma
Donde el aura sonriente murmura
Y las dulces calandrias te cantan.
Aquí fue do las hordas salvajes
Depusieron sus flechas y lanzas,
Y al oír: ‘Guadalupe’ los indios
Se postraban rindiendo sus armas.
A tus pies columpiándose suave,
La Laguna en sus ondas te aclama,
Y las flores que ven sus riberas
Con su aroma tu Templo embalsaman.
Ese Ombú que aún da sombra al Santuario
Hoy nos cuenta las nobles hazañas,
Del Caudillo que vino a la Ermita
A templar sus valientes espadas.
Aquí está sobre el Arco del Templo,
La prehistórica antigua campana,
De Francisco Javier de la Rosa
Que ha dos siglos a todos nos llama.
Aquí está en el Santuario Moderno
Nuestra Madre, la Virgen amada,
El Tesoro mas grande y mas noble
Que aquí tiene su Trono y su Alcázar.
Venid, vedla, aquí está en Guadalupe,
Esa Reina a quién todos ensalzan.
Que veneran los pueblos lejanos
Desde el Ande a la margen del Plata’
Durante su gestión en Guadalupe impulsa la ordenanza por la cual en 1915 se denomina Francisco Javier de la Rosa a la calle que pasa delante el Santuario y en 1917 Estela Berraz dona la Lámpara del Camarín dorada a oro de 18 kilates y Angela de Aufranc dona 300 pesos para la lámpara situada en el centro del Santuario que se había adquirido a la Parroquia del Carmen y se la había dorado también a 18 kilates.
CURAS PÁRROCOS
PBRO. PASCUAL CARAMUTO
Pertenecía al grupo de sacerdotes que habían iniciado sus estudios bajo la dirección de los jesuitas en 1905 y recibió la ordenación sacerdotal el 23 de diciembre de 1915.
Pocos días después, con fecha 27 es designado Capellán del Colegio del Calvario y del Cementerio Municipal, cargos que ocupa hasta el 19 de marzo de 1916 en que es trasladado como Tte Cura de la Concepción en Rosario.
El 28 de agosto de 1917 es destinado a Susana como Cura Vicario de esa colonia, el 22 de noviembre de 1918 pasa como Cura interino a Vera y el 10 de noviembre de 1919 se le nombra Vicario Ecónomo de Guadalupe, a la para que se debía ocupar de la confesión de los seminaristas.
En 1922 es designado Cura Vicario de Reconquista y confesor de las Hermanas que trabajan en dicha localidad, pero al años es trasladado a Coronda con el mismo cargo donde permanece hasta 1927 en que renuncia y se lo envía a Santo Tomé como Vicario Ecónomo.
PBRO. ÁNGEL RODRÍGUEZ ZÍA
Hijo de José y Manuela Zía, había nacido en Carrouba – Tor (Pcia de Lugo – España) el 18 de diciembre de 1884, emigrando a nuestro país e ingresando al Seminario el 2 de marzo de 1898.
Cuando el Seminario fue trasladado a Guadalupe en 1907 cursaba el último año de Teología, razón por la cual a finales del mismo (21 de diciembre) fue ordenado sacerdote.
En la primera quincena de enero de 1908 se le designó Tte Cura de la Concepción y Capellán de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Rosario, pero su trabajo pastoral en la ciudad del sur duraría poco ya que en marzo regresaba al Seminario para desempeñarse como Prefecto de disciplina y docente.
En julio de 1917 es nombrado Vicerrector del mismo y en 1920 Rector, cargo que va a desempeñar hasta 1935, y será durante esta etapa en que provisoriamente se va a hacer cargo del Santuario entre julio y diciembre de 1920.
En estos años tuvo diversos cargos diocesanos y en 1935 fue designado Provisor y Vicario General de Mons. Nicolás Fasolino, cargo que ocupará durante muchos años.
PBRO. ANICETO BIAGIONI
Oriundo de Las Tunas (Santa Fe) había nacido en 1881, aunque sus padres luego se trasladaron a Gálvez donde bajo el influjo del padre Rinaldi ingresó al Seminario en 1896, realizando bajo la dirección de los jesuitas todo su proceso formativo.
Ordenado por Mons. Boneo el 21 de diciembre de 1905, con fecha 211 de enero de 1906 éste le designó su Subsecretario Cámara y al año siguiente lo eligió como integrante del cuerpo de superiores del nuevo Seminario con el cargo de Prefecto de disciplina y docente de 1ro, 2do y 3ro de latín.
El Seminario ocupó una buena parte de su vida sacerdotal ya que en 1908 es nombrado Vicerrector y en 1917 asume como Rector, cargo en el que se desempeña hasta 1920.
A comienzos del año siguiente se hace cargo de la Parroquia de Guadalupe con los títulos de Capellán del Santuario y Vicario Ecónomo, permaneciendo en la misma hasta enero de 1924.
Hay que señalar que tanto en su etapa del Seminario como en la del Santuario, se le encomendaron diversas tareas diocesanas.
En 1926 se aleja de Santa Fe para hacerse cargo de la Capellanía del prestigioso Colegio Normal Católico dirigido por las Hermanas de la Misericordia en Rosario, falleciendo el 10 de agosto de 1937 en la localidad de San Carlos Norte.
PBRO. MIGUEL GENESIO
Nacido en Zenón Pereya fue de los sacerdotes formados integramente en el Seminario de Guadalupe, siendo ordenado como tal el 22 de octubre de 1922.
Su primer destino pastoral fue el de Vicario Cooperador de Rafaela (2-11-1922) pero a los dos años, en diciembre de 1924 es enviado como Vicario Ecónomo de Guadalupe. En esta actividad lo encontrará la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del año 1928, donde su labor será encomiable.
El 31 de diciembre de ese mismo año es designado Cura Párroco de Guadalupe y a partir de allí su vida sacerdotal quedará ligada por una parte a esta feligresía que abarcaba un radio amplísimo y por otro a los millares de peregrinos que durante la procesión anual pero también durante otras épocas del año y diariamente se acercaban al Santuario a venerar la imagen de nuestra Patrona.
A él se deben la reforma del Camarín llevada adelante entre los años 1931-1932 al cual amplió alcanzando una superficie de 11.30 mts por 10 y al que se accede por dos escaleras de mármol; colocación de los vitrales en 1950 para lograr una mayor iluminación de la capilla de la Virgen y el Colegio parroquial en 1957, por citar solo algunas. En 1954, tuvo la alegría de que el Santuario recibiese el Título de Basílica.
Fue también un activo protagonista en el progreso social del Barrio promoviendo la ‘Plaza de las Rosas’ hoy lamentablemente desaparecida en lo que era el cementerio católico y el pavimento por Francisco Javier de la Rosa hasta Cullen y fomentando o acompañando a muchas de las instituciones que surgían en aquellas décadas como clubes y vecinales en la amplia jurisdicción.
En el año 1947 la celebración de su 25 aniversario de ordenación sacerdotal tuvo amplia repercusión ya que por entonces su persona y actividad era ampliamente reconocida tal como lo señala ‘El Litoral’ del 21 de octubre:
‘Le sorprende sus bodas de plata rodeado de las simpatías a las que supo hacerse merecedor, y que hoy se manifiestan elocuentemente en las numerosas adhesiones recibidas a los diversos actos que en su honor auspicia una comisión de damas y caballeros de la vecina villa’
El 18 de agosto de 1963 entregó su vida al Señor , en 1964 sus los restos fueron sepultados en la Basílica, a los pies de la Vírgen venerada y a posteriori la calle que pasa detrás del Santuario lleva su nombre
PBRO. EDGARDO JUAN TRUCCO
Edgardo Juan Trucco había nacido en la localidad de San Justo el 31 de mayo de 1932 siendo sus padres Juan y Tomasa Leiva, quienes el 4 de setiembre de ese mismo año lo introdujeron a través del bautismo en la vida de la Iglesia.
Habiendo realizado su quinto grado en el Colegio Urbano de Iriondo del Niño Jesús, ingresó en 1947 al Seminario Metropolitano donde realizó sus estudios de latín, filosofía y teología.
En 1956 recibirá el Ostiariado y el Lectorado y un año después el Subdiaconado y el Diaconado. El 21 de diciembre de 1957 fue ordenado presbítero.
De inmediato fue enviado a la Basílica donde se fogueó pastoralmente bajo la guía de uno de los Párrocos eminentes de entonces, el padre Miguel Genesio a quién sucederá en su cargo el 30 de agosto de 1963.
Como Párroco le tocará llevar adelante en el Santuario las reformas que impulsaba el Concilio Vaticano II e integrará la pastoral del mismo en la llamada ‘Pastoral Popular’ que impulsaban precisamente los equipos sacerdotales que trabajaban en estos ámbitos y que implicaba frente a la ‘ola secularista’, la revalorización de la fe del pueblo.
Paralelamente trató de participar siempre de las inquietudes de la vecindad de Guadalupe integrándose a diversas actividades que realizaban creyentes y no creyentes (Asamblea Barrial y Guadalupe Estratégico), lo que también realizó a nivel de ciudad por lo cual recibió diversos reconocimientos de instituciones laicas como por ejemplo la Universidad Nacional del Litoral, que poco antes de su muerte lo había designado miembro del Consejo Consultivo Social.
En el ámbito eclesiástico local a partir del año 1971 se desempeñó como Representante legal del Instituto ‘Nuestra Señora de Guadalupe’ sito en Padre Genesio y Patricio Cullen, en 1975 fue designado Presidente del Colegio de Párrocos, en 1977 integró la Vicaría Episcopal para la Educación, en 1985 profesor de la Escuela de Sagrados Ministerios y en diversas ocasiones integró el Consejo presbiteral.
A la muerte de Mons. Vicente Zazpe en 1984 fue elegido Administrador Arquidiocesano.
De sus actividades arquidiocesanas debemos resaltar –además del Santuario- la llevada adelante a partir de 1983 como Asesor del servicio sacerdotal de urgencia que se prolongó hasta poco antes de su muerte, ya que el 10 de mayo de 2002 presentaba su renuncia.
Tuvo también una activa participación a nivel de la organización zonal en el ‘Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo’ en la denominada región litoral sur.
En lo tocante a la Pastoral de Santuarios fue uno de sus grandes animadores tanto a nivel nacional como regional al punto que entre 1992-1994 presidirá junto con el equipo argentino la ‘Coordinadora de Confederaciones de Santuarios’ y en 1995 participa en Roma de la Reunión Mundial de Santuarios.
También hay que resaltar su tarea de difusión a través de diarios y revistas, tanto de circulación masiva como especializadas y la publicación de algunos opúsculos al servicio de la Liturgia y la devoción popular. Asimismo le cupo la tarea de restaurar la vieja revista ‘Guadalupe’, la cual se edita anualmente y con un formato totalmente renovado.
Cuando se disponía a iniciar sus actividades del día Domingo 16 de junio de 2002, el Señor quiso llamar a su Casa a este servidor suyo que desde el año 1958 en que fue nombrado Vicario Cooperador, desarrollaba su labor pastoral en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Sepultado como era su deseo en la entrada a la Basílica al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, la plaza aledaña conocida como del Folklore por disposición de la ordenanza 10883 pasó a llevar su nombre y lo mismo aconteció con el Centro de salud por él promovido.
martes, 7 de octubre de 2008
María Antonia Godoy y Del Barco
Pbro. Edgar Stoffel
Una calle con su nombre atraviesa el corazón de la Villa Guadalupe desde 1931.
En 1765, el sanjuanino Martín de Godoy contrajo matrimonio con María Rosa de la Rosa. Por ella, se entroncaría con la heredad de los Setúbal quienes ya desde fines del siglo XVII se asentaban en la zona de la actual Guadalupe.
Del matrimonio nacerían José María, Mario Gregorio y Buenaventura o José Buenaventura, el padre de María Antonia. Sobre Mario Gregorio no hay mayores datos y a José María se lo encontró en documentos sobre la realización de algunas transacciones de tierras en 1858 a favor de Tiburcio Aldao y beneficiándose de la venta del terreno destinado a cementerio en 1862. En 1875, aparece entre los vecinos de Guadalupe señalados en el Informe de Tomás Furno. Estaba casado con María Luisa del Barco, quien fue la donante de las palmeras en el año 1825 y durante 50 años fue custodio de la imagen de Guadalupe hasta su muerte en 1886.
Buenaventura Godoy, nacido en 1801, se casó en 1825 con Buenaventura Barco y Maydana, hija de Miguel y Simona Maydana ya nacida en 1804. En el censo provincial de 1887 todavía vivía, manifestando en aquella ocasión tener 87 años de edad, ser propietario, nacido en Santa Fe, profesar la fe católica, no saber leer ni escribir y ser jefe de la familia que entonces componían Ventura Barco (su esposa) y sus hijas Benita y Antonia Godoy. Ciertamente, la familia era más numerosa, ya que su esposa había declarado tener 12 hijos.
De Buenaventura se dice que traficaba con los indios a quienes a cambio de cueros de nutria y carpincho y plumas de ñandú les entregaba caña y otros elementos de uso corriente. Al testar, declarará que la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe estaba asentada sobre tierras de su propiedad, las que había acreditado judicialmente como tales en 1869, ya que la documentación pertinente había sido extraviada.
A su muerte en 1888, su esposa y su hija María Antonia se convierten en guardianas del santuario. Acerca de Ventura Barco, Vicente Fidel López nos deja una pobre imagen cuando señala: "Guardaba el santuario una pobre mujer, sin más tarea que mantener encendida la vela que alumbraba una diminuta imagen metida al fondo de un nicho, que parecía un árbol de navidad por la cantidad de reliquias y talismanes, y otras cosas colgadas en derredor. Otro encargo de la guardiana era recoger el sebo que corría de la vela, pues era creencia que no hay mejor untura para males del cuerpo, incluso para el coto. Ella misma tenía uno enorme; y estaba convencida de que iba sanándole".
Al testar en 1893, dona a la curia eclesiástica (entonces del Paraná) la parte del terreno en que se encontraba asentada la capilla, en el deseo de que tras su muerte y la de su hija se hiciese cargo el Pbro. Severo Echagüe. Tal donación será aceptada recién el 18 de septiembre de 1900 por la curia santafesina y a partir de ese momento y por poco tiempo se establece una especie de condominio con María Antonia. Así llegamos a María Antonia Godoy y del Barco, la última representante de la familia en la custodia del santuario a partir de la muerte de su madre acaecida en 1894.
Ella misma llega a escribir en marzo de 1900 que "ha construido el edificio que existe al lado del templo en el deseo de dedicar el resto de mi vida a la adoración de la Ssma. Virgen de Guadalupe y de habitar en la vivienda en que hace más de un siglo se han venido sucediendo mis mayores".
El edificio de marras permaneció en pie hasta 1915 en que fue derrumbado, sirviendo hasta ese momento como casa parroquial. Con la llegada de Mons. Boneo como obispo de Santa Fe y su deseo de ordenar la vida diocesana, toma una serie de medidas, entre las que se encuentra la de sujetar el santuario a su jurisdicción episcopal, lo cual motivará el rechazo de María Antonia primero en la prensa y luego ante nuncio apostólico.
Oportunamente, había comunicado al obispo que aceptaba la superioridad y jurisdicción del diocesano a quien le entregaría con gusto todos los ornamentos imágenes y demás objetos de culto que existían en la capilla pero que no le entregaría la imagen que ella llamaba "la chinita" y que consideraba le pertenecía y de la cual no pensaba desprenderse jamás. Tal decisión la cumple el 15 de marzo de 1900 ante el Pbro. Natalio Bértolo y durante algunos meses esta mujer "diminuta, jovial y serena" guardó la imagen en su habitación para luego llevarla al Convento de los PP Dominicos, lo cual será rechazado por el obispo, por Auto del 22 de enero de 1901, originándose un conflicto en el cual se involucraría al mismo Nuncio Apostólico.
Previamente, con fecha 8 de enero de ese mismo año, María Antonia Godoy vendía la mitad de la manzana Nro 39 a Mons. Boneo, quien a su vez donaba dicho terreno hasta entonces litigioso a favor de la Diócesis de Santa Fe y para desarrollar el culto guadalupano.
Aquel conflicto generó una divisoria de aguas en la sociedad entre los que consideraban que el obispo abusaba de su poder frente a una persona mayor y sin demasiada instrucción, y por otra los que entendían que la defensa que hacía María Antonia tenía que ver con algún interés de tipo económico, ya que ella administraba las ofrendas que se le hacían a la Virgen. Lo cierto es que nadie puede dudar del amor a la Virgen que ambos profesaban.
En 1911, Mons. Boneo ratifica el Decreto de Mons. Gelabert y Crespo por el cual los restos de María Antonia Godoy y sus familiares deben ser sepultados en el santuario y ella, al testar en ese mismo año, deja 500 pesos para que se celebre anualmente una misa cantada a San Antonio en el Santuario y mil pesos al obispado para que el día de la fiesta de la Virgen, después de la misa principal se celebre una en su memoria.
El 31 de julio, entrega su alma conservando la frescura mental de una adolescente, a pesar de su vejez, como relata "Nueva Época" y al día siguiente era sepultada en el panteón de las Hermanas Terciarias Franciscanas con quienes había compartido los últimos años de su vida, previa Misa a los pies de su "chinita".
Muchos de los datos que conocemos sobre Guadalupe se lo debemos a su testimonio, aunque los mismos a veces son confusos o contradictorios o quienes los recogieron no siempre lo hicieron con fidelidad. Sus restos sepultados en el Cementerio Municipal esperan todavía su traslado al santuario.
Una calle con su nombre atraviesa el corazón de la Villa Guadalupe desde 1931.
En 1765, el sanjuanino Martín de Godoy contrajo matrimonio con María Rosa de la Rosa. Por ella, se entroncaría con la heredad de los Setúbal quienes ya desde fines del siglo XVII se asentaban en la zona de la actual Guadalupe.
Del matrimonio nacerían José María, Mario Gregorio y Buenaventura o José Buenaventura, el padre de María Antonia. Sobre Mario Gregorio no hay mayores datos y a José María se lo encontró en documentos sobre la realización de algunas transacciones de tierras en 1858 a favor de Tiburcio Aldao y beneficiándose de la venta del terreno destinado a cementerio en 1862. En 1875, aparece entre los vecinos de Guadalupe señalados en el Informe de Tomás Furno. Estaba casado con María Luisa del Barco, quien fue la donante de las palmeras en el año 1825 y durante 50 años fue custodio de la imagen de Guadalupe hasta su muerte en 1886.
Buenaventura Godoy, nacido en 1801, se casó en 1825 con Buenaventura Barco y Maydana, hija de Miguel y Simona Maydana ya nacida en 1804. En el censo provincial de 1887 todavía vivía, manifestando en aquella ocasión tener 87 años de edad, ser propietario, nacido en Santa Fe, profesar la fe católica, no saber leer ni escribir y ser jefe de la familia que entonces componían Ventura Barco (su esposa) y sus hijas Benita y Antonia Godoy. Ciertamente, la familia era más numerosa, ya que su esposa había declarado tener 12 hijos.
De Buenaventura se dice que traficaba con los indios a quienes a cambio de cueros de nutria y carpincho y plumas de ñandú les entregaba caña y otros elementos de uso corriente. Al testar, declarará que la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe estaba asentada sobre tierras de su propiedad, las que había acreditado judicialmente como tales en 1869, ya que la documentación pertinente había sido extraviada.
A su muerte en 1888, su esposa y su hija María Antonia se convierten en guardianas del santuario. Acerca de Ventura Barco, Vicente Fidel López nos deja una pobre imagen cuando señala: "Guardaba el santuario una pobre mujer, sin más tarea que mantener encendida la vela que alumbraba una diminuta imagen metida al fondo de un nicho, que parecía un árbol de navidad por la cantidad de reliquias y talismanes, y otras cosas colgadas en derredor. Otro encargo de la guardiana era recoger el sebo que corría de la vela, pues era creencia que no hay mejor untura para males del cuerpo, incluso para el coto. Ella misma tenía uno enorme; y estaba convencida de que iba sanándole".
Al testar en 1893, dona a la curia eclesiástica (entonces del Paraná) la parte del terreno en que se encontraba asentada la capilla, en el deseo de que tras su muerte y la de su hija se hiciese cargo el Pbro. Severo Echagüe. Tal donación será aceptada recién el 18 de septiembre de 1900 por la curia santafesina y a partir de ese momento y por poco tiempo se establece una especie de condominio con María Antonia. Así llegamos a María Antonia Godoy y del Barco, la última representante de la familia en la custodia del santuario a partir de la muerte de su madre acaecida en 1894.
Ella misma llega a escribir en marzo de 1900 que "ha construido el edificio que existe al lado del templo en el deseo de dedicar el resto de mi vida a la adoración de la Ssma. Virgen de Guadalupe y de habitar en la vivienda en que hace más de un siglo se han venido sucediendo mis mayores".
El edificio de marras permaneció en pie hasta 1915 en que fue derrumbado, sirviendo hasta ese momento como casa parroquial. Con la llegada de Mons. Boneo como obispo de Santa Fe y su deseo de ordenar la vida diocesana, toma una serie de medidas, entre las que se encuentra la de sujetar el santuario a su jurisdicción episcopal, lo cual motivará el rechazo de María Antonia primero en la prensa y luego ante nuncio apostólico.
Oportunamente, había comunicado al obispo que aceptaba la superioridad y jurisdicción del diocesano a quien le entregaría con gusto todos los ornamentos imágenes y demás objetos de culto que existían en la capilla pero que no le entregaría la imagen que ella llamaba "la chinita" y que consideraba le pertenecía y de la cual no pensaba desprenderse jamás. Tal decisión la cumple el 15 de marzo de 1900 ante el Pbro. Natalio Bértolo y durante algunos meses esta mujer "diminuta, jovial y serena" guardó la imagen en su habitación para luego llevarla al Convento de los PP Dominicos, lo cual será rechazado por el obispo, por Auto del 22 de enero de 1901, originándose un conflicto en el cual se involucraría al mismo Nuncio Apostólico.
Previamente, con fecha 8 de enero de ese mismo año, María Antonia Godoy vendía la mitad de la manzana Nro 39 a Mons. Boneo, quien a su vez donaba dicho terreno hasta entonces litigioso a favor de la Diócesis de Santa Fe y para desarrollar el culto guadalupano.
Aquel conflicto generó una divisoria de aguas en la sociedad entre los que consideraban que el obispo abusaba de su poder frente a una persona mayor y sin demasiada instrucción, y por otra los que entendían que la defensa que hacía María Antonia tenía que ver con algún interés de tipo económico, ya que ella administraba las ofrendas que se le hacían a la Virgen. Lo cierto es que nadie puede dudar del amor a la Virgen que ambos profesaban.
En 1911, Mons. Boneo ratifica el Decreto de Mons. Gelabert y Crespo por el cual los restos de María Antonia Godoy y sus familiares deben ser sepultados en el santuario y ella, al testar en ese mismo año, deja 500 pesos para que se celebre anualmente una misa cantada a San Antonio en el Santuario y mil pesos al obispado para que el día de la fiesta de la Virgen, después de la misa principal se celebre una en su memoria.
El 31 de julio, entrega su alma conservando la frescura mental de una adolescente, a pesar de su vejez, como relata "Nueva Época" y al día siguiente era sepultada en el panteón de las Hermanas Terciarias Franciscanas con quienes había compartido los últimos años de su vida, previa Misa a los pies de su "chinita".
Muchos de los datos que conocemos sobre Guadalupe se lo debemos a su testimonio, aunque los mismos a veces son confusos o contradictorios o quienes los recogieron no siempre lo hicieron con fidelidad. Sus restos sepultados en el Cementerio Municipal esperan todavía su traslado al santuario.
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