sábado, 11 de octubre de 2008

GUADALUPE EN EL PROYECTO PASTORAL DE MONS. FASOLINO

Pbro. Edgar Stoffel


Mons. Nicolás Fasolino había nacido el 3 de enero de 1887 en el seno de una familia inmigrante y en el porteño barrio de Balvanera. Al sentir el llamado al sacerdocio ingresó al Seminario Metropolitano de Buenos Aires con sede en Villa Devoto. En vista de sus aptitudes, los superiores del mismo decidieron enviarlo a Roma al celebre Colegio Pío Latinoamericano y tras cursar en la afamada Pontificia Universidad Gregoriana obtuvo los títulos de Doctor en Derecho Canónico, Filosofía y Sagrada Escritura.
En la misma Ciudad Eterna recibió la ordenación presbiteral y de inmediato regresó nuestro país donde desempeñó importantes tareas pastorales que abarcaban desde el ejercicio de la docencia en la Universidad Católica y el Centro de Estudios Religiosos, la dirección y acompañamiento al laicado católico por entonces tan activo a través de los Círculos de Obreros y la Juventud Católica -especialmente los estudiantes- y a posteriori con la naciente Acción Católica y la colaboración ministerial primero como Tte. Cura en San José de Flores y a partir de 1922 Cura Párroco de Balvanera donde ejerció un importante apostolado y se preparó para su futuro ejercicio episcopal.
Además de estas tareas desde 1913 se desempeñaba en la Curia Arzobispal, se dedicaba a la investigación histórica, se encuentra entre los fundadores o colaboradores de diversas publicaciones católicas y en 1923 le toca acompañar a Mons. Boneo en la delicada tarea de administrar la Iglesia porteña en el marco del entredicho entre el Estado argentino y la Santa Sede, ocasión en que puso de manifiesto su tacto y capacidad ante situaciones difíciles.
Tras la muerte de Mons. Boneo, el 20 de agosto de 1932, el Papa Pío XI lo nombra segundo obispo diocesano de la sede santafesina, sucediendo Más tarde, al elevarse Santa Fe en 1934 al rango de Arquidiócesis, se convirtió en su primer Arzobispo.
Su episcopado

Dotado de singulares cualidades intelectuales y de gobierno Mons. Fasolino va a trascender nuestra Iglesia particular proyectándose de tal manera al plano nacional, que el investigador boloñés Loris Zanatta lo considera como uno de más activos protagonistas del reposicionamiento del catolicismo en la primera mitad del siglo XX y gestores de la construcción del imaginario de la ‘nación católica’.

Sin embargo hay que señalar que por encima de todas esas consideraciones, la labor pastoral fue su principal prioridad a lo largo de episcopado que estuvo marcado por las profundas transformaciones y crisis que vivieron el país y la Iglesia (a nivel mundial y local) entre los años cuarenta y sesenta y podemos señalar que se caracterizó por lo que L. Quintana denomina un nuevo estilo de gestión eclesial ya que alentaba y fortalecía los proyectos existentes al mismo tiempo que innovaba sobre otros.

Tocó a Mons. Fasolino realizar en 1934 la primera Visita pastoral a los entonces territorio nacionales de Chaco y Formosa cuya atención Mons. Boneo había confiado a los padres franciscanos y sentar las bases para la organización eclesiástica de esa región.

En cuanto a los desafíos pastorales que ante sí tenía el nuevo Arzobispo podemos citar la creación de nuevas diócesis en el territorio del Obispado comenzado por Rosario en 1934 y siguiendo por Chaco (1939), Reconquista (1957) y Rafaela (1963). Junto a esto el crecimiento acelerado de los barrios mas allá los bulevares en la ciudad sede, extendiéndose sobre todo hacia el norte pero también al este y al oeste, con calles de tierra, mal iluminadas y carentes de la estructura socializadora básica que requerían presencia sacerdotal. En este marco no se puede obviar la presencia elocuente de la ‘Obra de Barrios’ a partir de 1941, que de la mano de Antonio Rodríguez e integrada por una verdadera elite de militantes cristianos en su mayoría universitarios tenía como finalidad de evangelizar y promover socialmente a los vecinos asentados en las zonas periféricas de nuestra ciudad.

También hay que señalar que durante su episcopado la Iglesia santafesina creció en clero propio, varios seminaristas o sacerdotes fueron enviados a realizar estudios en Roma y otras partes de Europa, algunos sacerdotes como Vicentín, Marengo, Di Stefano, Blanchoud, Príncipe y Marozzi alcanzaron la dignidad episcopal y el ingreso de seminaristas llevó a tomar la determinación de construir un nuevo Seminario que reemplazara al edificado por Mons. Boneo que para entonces se había vuelto obsoleto, el cual nunca fue utilizado ya que no se lo concluyó y una década después de haberse comenzado, las vocaciones comenzaron a menguar en virtud de la crisis sacerdotal y vocacional desatada tras el Concilio Vaticano II que arrastró a algunos en quienes había puesto su esperanza, y vació el Seminario.

Este punto preocupaba especialmente al entonces Cardenal en los últimos años de su episcopado ya que habiendo recibido el Seminario de manos de su predecesor con casi 150 seminaristas lo dejaba con unos pocos alumnos, a la par que confesaba con palabras quemantes ‘hace tantos años que no ordeno un solo sacerdote’ y responsabilizaba de este fracaso a los superiores de la casa.

El otro punto que le afectaba era la situación de desborde y crítica que se vivía en buena parte del clero no sólo en lo que se refiere a la Iglesia en general sino en lo tocante a su propia persona y a algunas de sus obras mas queridas como la Universidad Católica.

Hay que destacar en toda esta larga etapa el protagonismo del clero diocesano en el fomento de obras sociales (como Durán y la Casa Cuna), el periodismo (Corti con ‘La Mañana’ y Cerdán con ‘La Cruzada’), el acercamiento a los trabajadores en los años previos al peronismo (Giampaoli en Gálvez) y la presencia en los barrios con la fundación de Parroquias y Colegios (Genesio, Rodríguez, Dusso, Di Stefano, Blanchoud, Zanello, Pensato, Silvestrini, Günter, Espinosa y Gasparotto, entre otros).

No podemos pasar por alto la importancia que en su pastoral tuvieron las Congregaciones religiosas a las que le confió las nuevas barriadas situadas al norte de la ciudad como los salesianos (Parroquia Don Bosco), los Oblatos de María Inmaculada (Luján) y los Guanellianos (Nuestra Señora del Tránsito) y la consolidación de los Colegios católicos ya prestigiados desde comienzos de siglo y los nuevos que se iban estableciendo.

Otra obra de importancia entre las emprendidas por Mons. Fasolino fue la creación del diario ‘La Mañana’ que se extenderá desde 1935 hasta 195 y el desarrollo de la Acción Católica.

También hay que señalar que participó de las sesiones del Concilio Vaticano II y que en 1967 el Papa Pablo VI lo designó Cardenal de la Santa Iglesia Romana.
En el año 1968 el Santo Padre le designa un Coadjutor en la persona de Mons. Zazpe, y al año siguiente con fecha 14 de agosto entrega su alma al Creador.

Su interés por la historia


No menos importante ha sido su labor como historiador del campo eclesial, encontrándose entre los miembros mas activos de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina y de la Junta de Estudios Históricos de la Provincia de Santa Fe, contándose entre los fundadores de ambas y en las cuales ejerció también la Presidencia. También fue miembro de la Academia Nacional de la Historia.

Antes de llegar a Santa Fe ya había publicado su invalorable biografía sobre Antonio Saénz, primer rector de la Universidad de Buenos Aires y en buena medida su fundador y ya entre nosotros dio conocer una serie de biografías de sacerdotes que nacieron o actuaron en Santa fe durante la época colonia entre los que citamos ‘Actuación de cuatro clérigos santafesinos’; ‘Dr. José De Amenábar’; ‘El maestro D. Pedro Rodríguez; ‘Dos semblanzas (Francisco Javier Echagüe y Andía – Hernando Arias Mansilla)’; ‘Álvaro Gil ¿cura de Santa Fe en 1573-1576?’; ‘Sacerdotes santafesinos en Mendoza’; ‘Los sacerdotes Aguiar en Santa Fe’; ‘Los Presbíteros Crespo en Santa Fe’; ‘Juan Nepomuceno Caneto, 1773-1840’; ‘Neto y Silva Braga (Dos figuras santafesinas)’; ‘El Maestro Don Pedro Rodriguez’ y ‘Francisco J. Echagüe y Andía – José B. Reduello’.

Guadalupe

Apenas llegado a Santa Fe, Mons. Fasolino manifiesta su decisión de entroncarse con nuestra tradición guadalupana al punto que en su Primera Carta Pastoral del 29 de diciembre de 1932 hace referencia a ‘... la Virgen Santísima de Guadalupe, la Patrona y Reina de esta diócesis, centro espiritual de más de un millón de almas, la Virgen María cuya devoción la llevamos en el fondo del alma...’.

Al año siguiente y bajo el directo impulso del Pbro. Genesio se llevan adelante las reformas del Camarín –hasta entonces un rinconcito estrecho- que insumen trabajo y dinero y cambian por completo este sector del templo construido bajo del episcopado de Mons. Boneo y al que se accede por las amplias y bellas escalinatas de mármol que todavía hoy perduran y que reemplazan a las escalerillas angostas y empinadas que dificultaban el acceso de los peregrinos.

Finalizadas estas obras para la Peregrinación diocesana, el nuevo Obispo puso de manifiesto su espíritu guadalupano animando a la participación en la misma a tal punto que en la década del ’50 del siglo pasado se consideraba que había sido la mayor de todas, salvo la de 1928 con motivo de la Coronación.

Es interesante recordar algunos de sus conceptos en el Edicto de convocación del 4 de abril ya que allí podemos comprobar acerca de la importancia que Guadalupe tendrá en su proyecto pastoral: ‘Acercase una fecha grata para los católicos santafesinos: la fiesta de nuestra Patrona y Madre, la Virgen Santísima de Guadalupe, cuyo Santuario es el corazón de nuestra Diócesis’; ‘Deseamos que al presidir por primera vez esta Peregrinación, nos hallemos todos – Pastor, Clero y fieles- unidos íntimamente parea amarla siempre, para rogar por la cristianización de nuestra sociedad, para salir de allí más fortalecidos a luchar por Cristo y su Iglesia Santa’ y ‘Nos asociamos con la Peregrinación a Guadalupe al 80 aniversario de la Constitución Nacional, uniendo todas nuestras plegarias a los pies de la Virgen de Guadalupe a fin de que Dios ‘fuente de toda razón y justicia’, como lo aclamaron nuestros Padres, ilumine y dirija con los fulgores de su ciencia y virtud divina a nuestra Patria, y en particular, a nuestra Provincia, por el recto camino de la verdadera grandeza que se fundamenta en las eternas leyes del Creador’

El 29 de abril, vísperas de la tradicional peregrinación Mons. Fasolino rodeado de millares de fieles procedía a la bendición de la nueva obra cuya piedra fundamental había sido colocada y bendecida por Mons. Boneo y llevada adelante por el Ing. Bergamini.

Al regresar de su Visita Pastoral a Chaco y Formosa en agosto de 1934, tras la elevación de Santa Fe al rango de Arquidiócesis por la bula ‘Nobilis Argentinae Nationis’ del 20 de abril de 1934 fue recibido en el Puerto por una multitud de fieles que le aclamaban por su nueva dignidad, Mons. Fasolino le respondió :’Mañana nos encontraremos junto a la Virgen de Guadalupe en testimonio de su gratitud’.

En el año 1940 con motivo de llevarse a cabo el III Congreso Eucarístico Nacional en la ciudad de Santa Fe y que movilizó a millares de santafesinos y católicos de otras provincias entre el jueves 10 y el domingo 13 de octubre, fue colocado bajo el amparo protector de la Virgen de Guadalupe a pedido de Mons. Fasolino quién sin dudas hacía girar los acontecimientos religiosos de importancia que se suscitaban entre nosotros en torno a la Guadalupana.

Una ligera recorrida por los títulares de los diarios santafesinos reflejan la importancia que durante su episcopado cobra el culto a la Virgen de Guadalupe: ‘Hoy se realiza la peregrinación. Una vez ma slos fieles de Santa Fe se volcarán hacia el Santuario de Guadaliupe’ (El Orden, 1933), ‘La fe lleva su bandera. La gran peregrinación de hoy a Guadalupe’ (El Orden, 1934), ‘La peregrinación A Guadalupe de 1935, será recordada como una de las mas importantes’ (El Litoral), ‘Una multitud fue en peregrinación a Guadalupe. Inusitado aspecto ofrecía Santa Fe en la madrugada de ayer’ (El Orden, 1936), ‘Con animación y brillo se han celebrado hoy los festejos de la Virgen de Guadalupe (El Litoral, 1936), ‘Constantemente llegaban verdaderas multitudes hasta el Santuario’ (El Orden, 1937), ‘El mal tiempo no fue obstáculo para la manifestación de fe de esta mañana’ (El Litoral, 1939), ‘Adquirió contornos excepcionales la fiesta de Guadalupe’ (El Litoral, 1940), ‘Con gran afluencia de público se efectuó la tradicional peregrinación al Santuario de Guadalupe’ (El Litoral, 1941), ‘Se realizó la tradicional peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Fue presidida por el Arzobispo de Santa Fe y congregó a una numerosa concurrencia que se renovó durante el día’ (El Litoral, 1942), ‘Alcanzó singular brillo la peregrinación al Santuario de Guadalupe’ (El Litoral, 1945), ‘Cobraron singular brillo los festejos en Guadalupe’ (El Litoral, 1957), ‘Con renovada fe se realizó la peregrinación anual a la basílica de Guadalupe’ (El Litoral, 1967) y ‘Reiteración de profunda fe cristiana en la tradicional peregrinación a Guadalupe’ (El Litoral, 1969).

En el año 1952, con fecha 15 de abril abre el Año Jubilar Guadalupano preparando la recordación de las bodas de plata de la Coronación Pontificia de 1928 y elabora un vasto plan de actividades con el cual quiere poner en movimiento a toda la Diócesis.

De singular importancia será la Visita que la Virgen realizará a las Parroquias de la Arquidiócesis a partir del 3 de mayo y que además de los actos de piedad tradicionales y visita a instituciones de la comunidad, debía convertirse en una verdadera Misión de Penitencia, para lo cual gravaba de un modo especial a los Curas Párrocos.

Finalizada la Visita el impacto producida por ésta debía ser acompañada hasta la festividad del año siguiente que se realizaría el 19 de abril con el rezo del Santo Rosario, Novenas y Bendiciones, a lo que se agregaba el rezo de tres ave marías a las que debía añadirse la invocación ‘Virgen Santísima de Guadalupe, rogad por nosotros’. También los días 12 de cada mes debían dedicarse a la Virgen, para lo cual los responsables de templos y capillas podían determinar algún tipo de acto de piedad. No faltaba el pedido de oraciones por las vocaciones y la solicitud de ayuda para la construcción del nuevo Seminario.

En ese marco se realizaba el 8 de setiembre la consagración del Santuario y del Altar y a la par se elevaban súplicas para que el Santo Padre concediera el Título de Basílica que oportunamente El había solicitado, y que como sabemos es una distinción que la Iglesia concede a algunas iglesias ya sea por su historia, la veneración de alguna imagen con cierta raigambre y la participación masiva de los devotos.

Esta circunstancia nos permite también conocer cual era el pensamiento de Mons. Fasolino acerca del Santuario arquidiocesano y la imagen allí venerada de la que El se sentía deudor:

‘Bien sabemos que el Santuario de Guadalupe en nuestra ciudad, visitado de continuo, día a día, es también el sitio en donde tantas almas han hallado el camino, del cual, en día de tristes recuerdos, se desviaron y volvieron a Cristo; es el templo en donde tantos padres y madres de familia han rogado por la salud espiritual y material de sus hijos y por la santidad de sus hogares; en donde los jóvenes han hallado protección en la lucha viril por la blancura de sus corazones y amparo en las tareas intelectuales o en la labor de aprendizaje, respondiendo a la propia vocación; en donde la juventud que se encamina a los altares encontró a la dulce Madres que les infundió el valor de los elegidos a fin de que llegaran a ofrecer a su Divino Hijo y a reconciliar las almas con Jesús.

El Santuario de Guadalupe ha sido y es fuente de vida santa espiritual; es principio de salud para las almas; es hogar donde se consuelan las penas y se sobrenaturaliza el dolor; es la casa de María, en donde los hijos se solazan con las dulzuras y las misericordias prodigadas con maternal ternura; es la luz puesta bien alto, que ilumina a todas las parroquias y a todos los senderos de la Arquidiócesis para que ninguno de nosotros sobrelleve las dificultades en el camino de la vida, sin la mirada, el consuelo y el auxilio siempre presentes de María Santísima de Guadalupe’

Las celebraciones centrales comenzaron el sábado 18 de abril, ocasión en que Mons. Fasolino aplicó la Constitución Apostólica ‘Christus Dóminus’ en que se permitía el cumplimiento del precepto dominical en sus vísperas para alcanzar su punto culminante el día 19 en que a las 4hs se dio inicio a la ‘Aurora Mariana’ con el rezo del Santo Rosario y plática a cargo de un entonces joven Pbro. Hilmar Zanello.

Durante la mañana se celebraron misas en el altar mayor y en la galería del este, siendo la primera la del Pbro. Miguel Genesio (4.30 hs) y a continuación oficiaron los Pbros. Luis Massari, Moisés Blanchoud, José Serra, León Nani, Osvaldo Catena y Mauricio Stralla, a quienes se sumaron religiosos de las diversas órdenes y congregaciones asentadas en nuestra ciudad. La de la 7.30 hs. fue presidida por el Arzobispo. Por la tarde se celebró una sola Misa a las 17 hs, que fue predicada por el Pbro. Ernesto Leyendeker.

Mientras tanto a las 6 hs. habían repicado todas las campanas de los templos y capillas de la ciudad para dar inicio a la popular peregrinación que partía desde Boulevard Gálvez y Marcial Candioti, la cual a su llegada era recibida como era tradición desde fines del siglo XIX por el Capellán o Cura Párroco, en este caso el padre Genesio.

A las 9.45 hs. aproximadamente la imagen coronada era trasladada desde el interior del templo por un grupo de sacerdotes hasta el Altar que se había erigido en el centro de la Plaza ubicada frente al Santuario, en el cual a las 10 el Arzobispo de Córdoba Fermín Laffite presidiría el solemne pontifical, cuya predicación estaría a cargo de Mons. Fasolino.

A su finalización, parte de la multitud que se calculó cercana a 80000 peregrinos y que había participado del mismo acompañó en procesión a la sagrada imagen hasta el interior del templo.

Por la tarde, además de la misa de la que ya hicimos referencia, a las 15 hs. se rezó el Santo Rosario, se realizó el acto de consagración y se procedió a la bendición de los presentes.

Lo interesante de esta festividad es que no concluyó en dicho día sino que extendió hasta el jueves 23 de abril llevándose a cabo un profuso programa que comenzó al día siguiente con el recorrido de la Virgen por la laguna Guadalupe y el riacho Santa Fe a fin de preservar a la ciudad de posibles inundaciones y luego por el ejido urbano acompañada por todo tipo de vehículos hasta el entonces anfiteatro ‘Presidente Perón’, frente a la Legislatura donde se llevó a cabo el homenaje de la niñez y de allí prosiguió su marcha hasta retornar al Santuario; el martes 21 hubo una celebración en la Plaza destinada a los militares y fuerzas de seguridad por la mañana en que la Virgen fue saludada con una salva de 21 cañonazos y por la tarde concentración de las entidades católicas de la ciudad y poblaciones vecinas; el miércoles 22 – fecha de la Coronación- se realizó por la mañana un solemne pontifical a cargo de Mons. Manuel Marengo y se echaron a vuelo las campanas de todos los templos de la Arquidiócesis y por la tarde la concentración de los trabajadores con sus familias y herramientas de trabajo presidida por la santa imagen y al fin al una procesión de antorchas por la entonces ‘Villa de Guadalupe’. Finalmente, el ya citado día 23 fue de Acción de Gracias, celebrándose tres misas en las que se pidió por todos los difuntos que de cualquier manera hubiesen colaborado con la Coronación Pontifica; por quienes aún estaban vivos y por quienes habían colaborado en los presentes festejos.

Tras una serie de precisiones exigidas por la Sagrada Congregación de Ritos que Mons. Fasolino responde personalmente el 12 de junio de 1953, la Santa Sede concede en el año 1954 el Título de Basílica. También en ese año se le concede autorización para celebrar el 12 de diciembre como en el resto de América Latina y la Misa votiva ‘Beata María Virginis de Guadalupe’ en cualquier día de la semana cuando se trate de peregrinos.