martes, 14 de octubre de 2008

FE, VIDA E INSTITUCIONES CATÓLICAS EN EPERANZA, DESDE EL CENTENARIO HASTA NUESTROS DÍAS.

Pilar Inés Revello de Tschopp
(2006)
(Versión divulgación)

INTRODUCCIÓN

El tema que nos ocupa es indudablemente amplio y variado, razón por la cual se impone aclarar que, dada la extensión permitida al trabajo y a las directivas que se nos impartieran para su realización, sólo se plasmará en estas páginas una reseña donde queden apuntados procesos e instituciones fundamentales, señeros de la espiritualidad católica en el aquí de Esperanza y en el espacio temporal de este medio siglo.
A otros les corresponderá, más adelante, adentrarse en el mundo de las asociaciones o de los acontecimientos particulares y destacar quién es quién en esos escenarios.
Cabe precisar también que cuando se habla de los últimos 50 años, estamos aludiendo a un período aproximado, ya que es imposible una separación cronológica tan tajante si nos referimos al fluir de la vida misma.
Como punto de partida señalamos que la segunda mitad del siglo XX, para la realidad que nos ocupa, ofrece dos hechos fundamentales que conforman un marco dentro del cual se mueve la vida de Fe y sus diversas exteriorizaciones. Son ellos: el Concilio Vaticano II y la revolución cultural de posguerra cuyas manifestaciones llegan a América Latina, y por consiguiente a nuestro país, unos lustros después de su eclosión en Europa.
En qué medida la feligresía católica esperancina y sus pastores se sienten afectados y asumen nuevas actitudes dentro de este escenario, es lo que trataremos de mostrar, haciendo referencia a todas aquellas respuestas locales al aggiornamento que proponía el Concilio, así como a ciertas características propias, acordes con su idiosincrasia, que marcaron la fe de este pueblo diferenciándola un tanto de la de otras localidades de la región.
Por fin, y frente al panorama espiritual que se desplegará ante nosotros al finalizar el trabajo, señalaremos los carriles que se avizoran como caminos por donde la Iglesia Católica de Esperanza continuará andando en el siglo XXI.
La presente reseña va especialmente dirigida al pueblo interesado en conocer sus raíces, y tiene el propósito de destacar el aporte sencillo pero responsable y comprometido de tantos bautizados que fueron casi sin saberlo, humildes, y anónimos en su mayoría, dóciles instrumentos en las manos de Dios para realizar su designio salvífico en esta tierra, madre de trigales y esperanzas.
Aclaramos además que, dada la escasez del material de archivo del que pudimos disponer, nos hemos basado principalmente en el aporte, escrito u oral, recogido en entrevistas a personas representativas de las distintas asociaciones y movimientos, así como en el testimonio de algunos sacerdotes y religiosos que protagonizaron hechos relevantes relacionados con el tema.

I. PANORAMA ESPIRITUAL DE MEDIADOS DEL SIGLO XX

Al promediar el siglo XX, la Iglesia Católica esperancina aparece ya consolidada.
La parroquia de la Natividad de la Virgen, cuya extensa jurisdicción, abarcativa de la ciudad y la campaña, atienden los sacerdotes del Verbo Divino, cuenta con su templo definitivo, bendecido y consagrado; y sus esbeltas y elevadas torres proyectan sobre la colonia centenaria la sombra de su majestuosa arquitectura.
Dado que según el censo nacional de 1947 la población es de 10.035 habitantes, y en el de 1960, dicha cifra asciende a 17.226, se puede estimar que en la época del centenario, descontando los ciudadanos que profesan el protestantismo u otras confesiones religiosas, la feligresía católica no superaría los 12.000 bautizados en Esperanza. Pero desde esta ciudad reciben atención espiritual otras poblaciones aledañas: Cululú, Colonia Rivadavia, Cavour, Colonia Pujol, Larrechea, Pujato y Empalme San Carlos.
Capillas como Nuestra señora de la Merced de A.B.C., Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de la estancia El Timbó, San Lino del barrio La Orilla, así como el barrio Nueva Pompeya de la ciudad de Santa Fe, son centros que periódicamente acogen la visita de los verbitas, generalmente acompañados por laicos colaboradores que, además de prestarse para trasladarlos en sus coches, ofrecen otros servicios desempeñándose como catequistas, sacristanes o monaguillos.
El decreto 1841/43, firmado por el presidente Pedro P. Ramírez, pero inspirado por su Ministro de Justicia e Instrucción Pública Gustavo Martínez Zuviría, más conocido como Hugo Wast, inaugura un periodo de once años durante el cual se enseña obligatoriamente Religión y Moral en las escuelas oficiales. Unos años más tarde, Juan Domingo Perón, ya a cargo de la presidencia, concede al decreto carácter de ley, hasta que el 13 de mayo de 1955, también por ley, se proscribe la asignatura, debido al conflicto desatado entre el Gobierno Nacional y la Iglesia.
Este lapso genera la posibilidad de que sacerdotes como el Padre Pedro Dieser y el Padre José Rau, ambos pertenecientes a la S.V.D., y catequistas seglares como las profesoras de Religión María Leticia Mijno y Julia García Pérez, entre otros, se contacten con niños y jóvenes de las escuelas Normal Mixta, Industrial de Señoritas (hoy Gregoria Matorras), de Artes y Oficios (hoy E.E.T. Gral. Don José de San Martín), Aarón Castellanos, San Martín, Mercedes Zavalla de Iriondo y, desde 1953, año en que nacen, Jorge Newbery y Carlos Gadda. Como consecuencia, muchos alumnos se insertan en instituciones parroquiales, que, de esa manera, crecen en número y pujanza espiritual.
Por ese entonces florece la Acción Católica con sus cuatro ramas: Hombres (A.H.A.C.), Mujeres (A.M.A.C.), Señoritas (A.J.A.C.) y jóvenes varones (J.A.C.), estas dos últimas con sus dos secciones preparatorias de niños y aspirantes; la Cofradía del Santísimo Sacramento impulsa la piedad eucarística; continúa vigoroso el Apostolado de la Oración, institución para esa época ya cincuentenaria; la Asociación de Madres y esposas Católicas, nacida en 1947, nuclea a mujeres que buscan proyectar su acción solidaria y benéfica más allá de las paredes del hogar; los obreros católicos se reúnen desde el año 1946 en su propio Círculo; el Magisterio Católico organiza y completa la formación de los docentes más comprometidos con su fe; las inquietudes sociales y deportivas de los jóvenes encuentran cauce en el Ateneo de la Juventud, fundado en 1950; obreras de la fábrica Ciclar, empleadas del servicio doméstico y costureras se congregan bajo la dirección de mujeres de Acción Católica; crece la congregación de Hijas de María; se afianza la Congregación de Santa Rita; las Damas Vicentinas se ocupan de la asistencia a las familias y barrios necesitados; la Tercera Orden Franciscana recauda fondos para sostener los lugares santos en Palestina; y asociaciones como Coro de Ángeles, para las niñas, y Los Luises, para los varoncitos, nuclean a la infancia católica de la ciudad.
Se cultiva la piedad mariana y eucarística. La feligresía, alentada por sus pastores, centra su vida espiritual en la misa dominical y la recepción de los sacramentos.
Frecuentemente, la imagen de María recorre los barrios, deteniéndose un día en cada hogar, donde se reza el rosario entre vecinos por la noche, antes de despedirla para un nuevo destino, ceremonia que se acompaña con el canto “Adiós Reina del Cielo”.
Como la ciudad crece, y muchas familias viven lejos de los centros de culto, se inicia la construcción de los templos Sagrado Corazón de Jesús, en el Barrio Norte, y del Purísimo Corazón de María, en el Barrio Sur.
Estos logros en materia edilicia de algún modo expresan la pujanza espiritual proveniente de un período de la Iglesia Argentina que se caracterizó por la profunda formación del laicado, su organización sistemática en asociaciones especializadas y su participación intensa en la vida cultural, social y política de la época, como bien lo señala Néstor T. Auza, quien, al referirse al período comprendido entre 1930 y 1955 dice que fue la “meseta más alta de la vida de la Iglesia” en Argentina, entre los años 1914 y 1960.
Por otra parte, la existencia en Esperanza aún tiene por aquellos años, marcados matices pueblerinos: reuniones en las veredas por las tardes durante el verano, jardines abiertos, huertas, quintas y gallineros familiares, trato fluido entre vecinos y convivencia pacífica de ciudadanos que se sienten allegados por conocerse desde siempre.
La asistencia espiritual, en un ámbito de esas características, puede considerarse suficiente.
En la Parroquia, los sacerdotes generalmente no son más que tres, pero se cuenta con la participación habitual de los verbitas residentes en el Colegio San José en todos los eventos que se suceden a través del año litúrgico.
Diariamente, y sólo por la mañana (ya que hasta el año 1964 las misas vespertinas sólo se rezan en ocasiones especiales, para lo cual se debe pedir permiso al Obispo), en la Parroquia y en la Capilla del Colegio San José, se celebran varias misas, algunas simultáneas, aprovechando los altares laterales; y por lo menos una en la capilla del Colegio del Huerto, del Convento Cristo Rey, del Hospital Vecinal (luego S.A.M.C.O.), del Sanatorio Esperanza, y del Aspirantado Santa Catalina, este último convertido después en escuela y, posteriormente, en 1993, en casa de retiros.
Respecto de la simultaneidad de las celebraciones eucarísticas, vale aclarar que es posible hasta fines de 1963, ya que establece su prohibición la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia, desde el 4 de diciembre de ese año.
Lo cierto es que en los amaneceres de aquella época, es común ver desfilar a los sacerdotes del Verbo Divino, vestidos de rigurosa sotana, hacia los distintos centros, para comenzar, con la celebración del Sacrificio del Altar, su actividad diaria, lo que se complementa, si algún feligrés lo requiere, con la administración del sacramento de la Confesión (como se lo denomina todavía) antes o después de la misa.
Con la población rural los párrocos mantienen una fluida relación a través de la visita a los hogares campesinos, que culmina con la bendición de las casas, tierras y animales. En esto es recordado especialmente el Padre Antonio Wágner, párroco desde 1952 a 1962, quien, con las donaciones de los chacareros, especialmente de animales que luego se rematan, puede llevar adelante las obras que le valen el sobrenombre de “cura constructor”, las cuales no se hubieran podido completar con los restantes beneficios en los que tan generosamente participa toda la feligresía (kermeses, bonos de contribución, ferias de platos...). Según testimonio del señor Donisio Pilatti, acompañante del párroco en más de una de estas giras, recibir el pedido es considerado como una verdadera distinción por la gente del campo, que hasta llegan a ofenderse si por algún motivo se los deja de lado.
No es posible olvidar aquí la acción de las religiosas Siervas del Espíritu Santo, quienes cubren la atención de los enfermos, tanto en el hospital, desde 1929, como en el Sanatorio Esperanza, desde 1950, además de visitar y atender espiritualmente, con espíritu abnegado y admirable celo apostólico, el barrio La Orilla, recorrido que al principio hacen en volanta hasta que unos años más tarde Fraterna Ayuda Cristiana les consigue bicicletas.
Hacia la época del centenario de Esperanza, por lo tanto, en la Iglesia Católica domina la impresión de que la vida espiritual está bajo control, desde el nacimiento hasta la muerte, circunstancia ésta que es siempre acompañada por el sacerdote hasta la misma sepultura.
Las excepciones, como pueden ser algunos matrimonios de hecho, niños sin bautizar, o adultos que no hubieran recibido los sacramentos de la Confesión, la Eucaristía o la Confirmación, se regularizan en las Misiones, períodos fuertes de quince días, en los que se multiplican los actos de piedad, tanto en las iglesias como en las calles, se visita a las familias, y, a través de las charlas de los misioneros, destinadas por separado a hombres, mujeres, señoritas, muchachos y niños, se incorporan o se vuelven al redil las ovejas alejadas.
En gran medida, pues, en la década de 1950, la vida de Fe marca ritmos en la existencia de los esperancinos. Los días comienzan entre campanas que llaman a misa y se cierran al atardecer con el toque del Ángelus, que para muchos niños de entonces señala la hora de abandonar veredas y juegos y volver al hogar. Los veranos se alegran con las kermeses de los domingos, que se realizan en los patios adyacentes a los templos, cumpliendo la doble finalidad de recaudar fondos para las obras parroquiales y ofrecer una ocasión de sano esparcimiento compartido a los vecinos de la ciudad.
El comienzo de la Cuaresma marca el corte de bailes y otras fiestas mundanas que se reemplazan por el rezo del vía crucis en puntos estratégicos del conglomerado urbano, por lo menos desde el primer domingo de ese período litúrgico, y si bien se continúan realizando algunos asaltos y saraos, éstos no tienen el carácter público de los festejos carnavalescos y el grueso de la población católica ya no concurre a ellos.
La idea de Cuaresma como tiempo de oración y penitencia aún está firmemente arraigada en la sociedad y culmina con los actos profundamente religiosos de la Semana Santa en los que el pueblo participa masivamente.
Festividades como Corpus Christi, en el mes de junio, o la Natividad de la Virgen, en septiembre, convocan a exteriorizaciones populares de gran peso, con plena participación de los católicos, tanto del campo como de la ciudad, empezando por las autoridades civiles. Muy especialmente recordados son los bellísimos altares que se erigen en las esquinas de la plaza San Martín con motivo de la primera de las fiestas citadas, ocasión en que también ornamentan sus ventanales con motivos eucarísticos algunas familias frente a cuyas casas debe transcurrir la procesión, y bajan respetuosamente sus ventanas algunos bares cercanos.
La Navidad también se prepara de modo especial, y, aunque ya en esa época soplan otros aires, aún al finalizar la década de 1960, en los últimos días del Adviento, desde las torres de la Parroquia, antes de la misa vespertina, se propalan audiciones que convocan a la conversión y a la celebración cristiana de esa fiesta tradicional.
Pero este clima pacífico y armónico se verá de a poco perturbado.
El mismo Néstor Auza, en la obra citada, expresa: “La fe nunca es vivida fuera de una cultura, ni ésta le puede ser ajena”.
Pues bien, en la década de 1950 es la cultura la que está sufriendo un profundo proceso de cambio, conmovida en sus cimientos por un temblor que destrona valores establecidos y reivindica otros hasta entonces no reconocidos por las mayorías. En esto influye de manera decisiva la posguerra, con su carga de angustia, decepción, anhelos de recontrucción y búsqueda de nuevos ideales y esperanzas.
Y aunque la primera colonia agrícola organizada, por ser una ciudad aún pequeña, por provenir de europeos pacíficos y trabajadores, por encontrarse lejos de los grandes centros poblados y por no presentar serios problemas sociales que ya acusan otros puntos del país, no se pliega fácilmente a actitudes revolucionarias, lentamente van madurando en su seno manifestaciones que exigen nuevas respuestas, también en el campo religioso.



II. LA TRANSICIÓN

Para la Iglesia, la década que marca cambios profundos, quizá bruscos, es sin duda la de 1960, sobre todo desde 1962 en adelante, cuando se reúne el Concilio Vaticano II. Pero, imperceptiblemente, desde hace unos años se vienen produciendo algunas modificaciones, tanto en la Iglesia como en la sociedad, que serán significativas. Y en Esperanza, aunque se trate de un ámbito aferrado a la tradición, también aparecen.
Así, por ejemplo, algunas familias de clase media empiezan a enviar a sus hijos a la Universidad, privilegio reservado hasta el momento para los que gozan de un nivel cultural, social y económico bastante elevado.
Respondiendo a esta inquietud, y con el fin de satisfacer necesidades de la zona, eminentemente agrícola – ganadera, la S.V.D., a través del Padre Luís Kreder, misionero recién llegado de Filipinas, inicia las gestiones conducentes a la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, que abre sus puertas en 1961.
En los hogares humildes, también se busca para los hijos una formación intelectual y profesional que les permita luego ingresar al mundo laboral con mejores perspectivas.
El mismo sacerdote piensa entonces en una escuela secundaria mixta, orientada a la formación para el trabajo en comercios y oficinas. Y surge la Escuela Técnica Profesional Nº 27 José Manuel Estrada, que inicia sus actividades el 16 de marzo de 1965.
Estos hechos nos hablan ya de una Iglesia que empieza a mirar al hombre inserto en el mundo, sujeto a realidades temporales que es necesario contemplar si se busca la promoción integral de la persona.
Por otra parte, muy lentamente, las familias se abren también permitiendo a los jóvenes, especialmente a las niñas, mayor libertad en el campo de las diversiones. Las salidas no son obligadamente en familia, ni el lugar de reunión es siempre la casa, si bien faltan aún varios años para que aparezca el fenómeno revolucionario de las confiterías bailables. Y es posible ya encontrar a señoritas amantes del deporte por el deporte mismo, no sólo como factor de status.
Todo esto trae aparejado algunos cambios de costumbres que en el momento apenas se notan, pero ya plantean algunos desafíos. No es casual que en 1950, bajo el curato del padre Rubén González Alderete, S.V.D., surja el Ateneo de la juventud, que funciona en sus comienzos en las instalaciones parroquiales, pero que, después de deambular por el Circulo Católico de obreros y el patio de la Sociedad de Canto, llega a tener su propio predio en la esquina de Pueyrredón y Saavedra, con canchas de básquet, fútbol, tenis criollo, salón de entretenimientos y reuniones, sanitarios, oficina y cocina.
Es necesario ofrecer a la juventud ámbitos que faciliten la socialización y la recreación sana y actividades que interesen a sectores a los que la Acción Católica no llega. Por eso, de las filas de esta institución, surgen los fundadores del Ateneo, que presenta a todos los jóvenes de la ciudad propuestas deportivas y recreativas que les permiten competir con jugadores de otros clubes esperancinos. En su seno nace el primer equipo femenino de básquet de la ciudad.
En la línea ya iniciada, pero con una visión amplia y ambiciosa, siendo párroco el Padre Pedro Dieser, S.V.D., se origina el Movimiento Juvenil.
Su presencia no se extiende demasiado en el tiempo, pero el trabajo desarrollado especialmente en el año 1962, es de gran trascendencia y logra atraer a cientos de jóvenes.
El párroco los reúne semanalmente en la Misa de la Juventud, los domingos a las 10:30, y desde allí convoca para los actos sociales y formativos que organiza el movimiento. Conferencias, cine – debates, paseos, excursiones, convenientemente planificados, se suceden periódicamente, despertando por lo menos la curiosidad de los diversos sectores de la población. Como muestra puede citarse el Juicio a la Juventud realizado en el salón de la Sociedad de Canto, ámbito que en la oportunidad mencionada se colma de chicos y chicas que participan de la discusión acerca de los problemas y valores de la juventud de esa época.
Por otra parte, en el seno de la Iglesia también suceden novedades importantes y algunas tocan a la jerarquía.
El Papa Juan XXIII, que conduce la barca de Pedro desde 1958 a 1963, comienza a hablar de aggiornamento, proceso que obligará a la Iglesia a situarse de cara a la realidad con otros ojos, para encontrar nuevas vías de contacto con la sociedad que le hagan posible la evangelización en un mundo solicitado por el existencialismo ateo y el socialismo marxista. Y entre estos caminos se destaca el diálogo, aunque todavía no se tiene clara idea de las condiciones que lo hacen posible.
En Latinoamérica, los Obispos descubren la necesidad de coordinar acciones para enfrentar los problemas de la región, no sólo religiosos sino también sociales y políticos. Esto significa la valorización del principio de colegialidad que da origen a la Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en 1955, en Río de Janeiro.
En esa oportunidad, los Obispos, entre los cuales se encuentran los argentinos Eduardo Pironio y Antonio Quarraccino, coinciden, frente a la realidad de las sectas que se extiende por toda América Latina, en la necesidad de formar un laicado adulto capaz de promover urgentes transformaciones sociales, ya que la miseria y la marginación se consideran factores de cultivo del problema citado.
Surge de allí una sugerencia audaz: la de trabajar para lograr estos fines aún con quienes no comparten los principios de la Iglesia.
¿Qué consecuencias trae esta nueva visión para la Iglesia esperancina?
Con seguridad, salvadas las diferencias con zonas mucho más pobres del continente, en estas ideas se organiza F.A.C. (Fraterna Ayuda Cristiana), antecedente directo de Cáritas, institución que aún perdura.
Surge el 5 de junio de 1960, siendo párroco el P. Antonio Wágner, S.V.D. Ese día, por la tarde, se forma la primera Comisión Directiva e inmediatamente comienza a trabajar, coordinando los esfuerzos solidarios de toda la ciudad.
El primer aviso publicado para solicitar la colaboración de la comunidad dice así:
“F.A.C, Fraterna Ayuda Cristiana, necesita con urgencia: ropas, calzados, víveres, utensilios de cocina (cubiertos, ollas, platos, cacerolas, etc.), cajones de madera de cualquier medida. Envíenos su pronta adhesión. Colabore. Hágase socio.”
Al poco tiempo funcionan el banco de leche, el banco de lentes y el banco de sangre, y constituyen una buena fuente de ingresos las Coronas de Caridad, sistema paralelo al de coronas florales, implementado para llegar a las familias con ocasión de la muerte de un ser querido, y adoptado después por otras instituciones.
En esta época, según testimonio del señor Edgardo Cabaña, primer Director de la entidad, el Pastor de la Iglesia Evangélica de Esperanza, Otto Faber, comienza a apoyar la obra de F.A.C. con donaciones de la propia comunidad, lo que dura hasta que esa institución religiosa se organiza para su propio proyecto solidario.
Y cuando se inaugura la Unidad Sanitaria Ceferino Namuncurá del Barrio Sur creada por F.A.C, el 30 de agosto de 1964, la Comisión Directiva de la misma es presidida por el señor Emilio Geese, de religión protestante.
He aquí un claro trabajo ecuménico preconciliar que evidencia, por un lado, el espíritu conciliador de gran parte de la feligresía de ambas iglesias, tradicional en la ciudad, y, por otro, una respuesta a la recomendación de los obispos de unirse con quienes piensan de otra manera para lograr la promoción de las clases sociales más necesitadas.
En el sentido de esto último cabe aclarar, además, que en el equipamiento de la Unidad Sanitaria colaboran, generosa y anónimamente, numerosos profesionales de la ciudad no allegados a la Parroquia.

III. LA CONMOCIÓN CONCILIAR

Se llega así a los tiempos de la transformación sustancial.
Desde junio de 1960 hasta septiembre de 1962, la Iglesia vive el período preparatorio del Concilio y las aguas comienzan a agitarse con el soplo del Espíritu y las expectativas de muchos sectores del pueblo católico y del mundo en general.
El 11 de octubre de ese mismo año, Juan XXIII preside la ceremonia de apertura de la primera etapa, que se clausura el 8 de diciembre sin promulgar ningún documento.
El 3 de junio de 1963 el Papa muere, el 21 es electo Pablo VI y, seis días después, el nuevo pontífice anuncia que la segunda etapa conciliar se iniciará el 29 de septiembre como efectivamente sucede. La misma dura hasta el 4 de diciembre y en su transcurso aborda el tema de la renovación litúrgica, que culmina con la promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium.
La tercera etapa abarca desde el 14 de septiembre hasta el 21 de noviembre de 1964. En ella se discuten temas muy importantes y se promulga la Constitución Lumen Gentium sobre la Iglesia y el Decreto sobre Ecumenismo, incidentes ambos en el tema que nos ocupa.
Por fin, la cuarta y última etapa (14 de septiembre a 8 de diciembre de 1965) da a luz, entre otros documentos, a los Decretos sobre la Vida Religiosa, la Formación Sacerdotal y el Apostolado de los Seglares; a la Declaración sobre la Libertad Religiosa, y a la Constitución Gaudium et Spes, sobre la Iglesia y el mundo moderno, todos influyentes en la Iglesia católica esperancina.
A raíz de ese amplio y profundo debate acerca de cuestiones que atañan a la Fe, a la vida y a las estructuras de la Iglesia, surge una falsa confrontación entre la necesidad de la evangelización y la promoción social (con fuerte acento en este último aspecto), por un lado, y la insistencia en la sacramentalización (administración y recepción de los Sacramentos), por otro.
Numerosos fieles entienden que a la Religión sólo le atañe una de las dos vertientes, y es así como los enfrentamientos entre conservadores y progresistas zanjan hondas heridas en la Iglesia. Por ser un pueblo pacífico, esta puja no genera demasiados problemas en Esperanza, pero también aparece. Así, por ejemplo, cuesta bastante imponer la reforma litúrgica, al principio incluso entre sacerdotes mayores; y son los párrocos Rubén González Alderete y su sucesor, Pedro Rothar, los que deben librar las batallas más duras al respecto.
Pero la conmoción eclesial generada por el Concilio es muy intensa y en pocos sucesos históricos se observa tan clara y fuerte como en éste la lucha entre las fuerzas del bien y del mal, que constituyen esencialmente la Historia según el concepto cristiano de la misma. Por eso, la tempestad se manifiesta de varias maneras:
• Sacerdotes y religiosos pierden la noción de su identidad y abandonan el ministerio, lo que supone una merma considerable de agentes evangelizadores.
• A raíz de lo anterior y del relajamiento de las costumbres, propio de la época, el ideal del sacerdocio y de la vida religiosa empalidece, y los seminarios y noviciados se ven despoblados en gran medida.
• Muchas congregaciones dedicadas a la educación, se cuestionan si deben continuar en esta misión o abrazar la “opción por los pobres”, propuesta de la que hablan con entusiasmo los Obispos Latinoamericanos reunidos en Medellín en el año 1968, quienes tratan de responder así al documento conciliar “Gaudium et Spes” y a la encíclica “Populoum Progressio”, dada en 1967 por Pablo VI.
Como consecuencia de la crisis, en Esperanza disminuye el número de sacerdotes, religiosos y religiosas.
La S.V.D. apenas si cuenta en el Colegio San José con el número de miembros que le permite la subsistencia de su obra educativa específica, y ya no puede colaborar como antes en la tarea parroquial.
Por el mismo motivo, dicho instituto y los colegios Nuestra Señora del Huerto y Santa Catalina cierran sus internados (si bien es necesario reconocer que en este sentido la demanda ya es menor por el surgimiento de escuelas secundarias en poblaciones de los alrededores).
En otro orden de cosas, y por citar sólo algunos de los factores generadores de cambios, la ciudad crece; nuevas y menos austeras costumbres dificultan cada vez más la llegada del mensaje evangélico a la sociedad, sobre todo a los jóvenes; las madres, en número creciente, trabajan fuera del hogar y prestan menos atención al cumplimiento de los deberes religiosos y a la preparación catequística de sus hijos; las sectas avanzan, especialmente en los barrios perisféricos; los problemas sociales se agudizan en algunos sectores...
Todo ello plantea desafios pastorales importantes en el campo del laicado, la familia, el ecumenismo, la juventud, la problemática social.
Desde entonces no es fácil determinar períodos, si bien hay fechas claves, como el año 1989, en que la Parroquia de la Natividad pasa a manos del clero secular y se crea la Parroquia San José, con la consiguiente división de territorio y responsabilidades; o el año 2000, por la trascendencia que tiene dentro de la Iglesia el año que completa el segundo milenio de la Redención. Es por eso que trabajaremos por campos, yendo y viniendo a lo largo de las aproximadamente cuatro décadas posteriores al Concilio, tratando de captar toda la vida espiritual de ese período, para terminar con un panorama de la realidad actual.

IV. LOS DIVERSOS CAMPOS PASTORALES DESDE 1950 HASTA 2006

IV.1. LA CATEQUESIS

En la década de 1950 la preparación catequística para Primera Comunión y Confirmación es aún totalmente tradicional, y se realiza sobre la base del catecismo de preguntas y respuestas que los catecúmenos memorizan durante ese período, aproximadamente de un año escolar.
Los niños reciben la Reconciliación (entonces: Confesión) y la Primera Comunión muy pequeños (alrededor de los seis o siete años) y allí termina la preparación catequística, porque para la recepción de la Confirmación no se hace ninguna catequesis especial.
En Esperanza, en esa época, los encargados de transmitir las verdades de la Fe son, generalmente, laicos de buena voluntad que trabajan supervisados en forma muy directa por el Párroco y, en muchos casos, lo hacen los religiosos o religiosas, sea en los Colegios del Huerto y San José, donde se forman los alumnos de dichas escuelas, o en capillas de los barrios o de los alrededores, como sucede con las Siervas del Espíritu Santo en La Orilla.
Luego, el Concilio no afronta este tema de modo propio o exclusivo. Si habla de la Catequesis lo hace tangencialmente.
Pero en América Latina, en 1968, el Documento de Medellín declara que en este campo se nota la “necesidad de una profunda renovación” y agrega que la “misión fundamental [de la Iglesia es] educar eficazmente la fe de los jóvenes y de los adultos, en todos los ambientes” .
Sin esperar esta imperiosa directiva, desde principios del año escolar 1968, en Esperanza, organizado desde la Parroquia, comienza un seminario catequístico que se dicta en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, al cual asiste un gran número de catequistas de la ciudad y de pueblos de los alrededores. Pero se produce con el tiempo una importante deserción y la mayoría de los que finalizan los estudios son religiosas .
Aunque se insiste en la necesidad de que los catequistas profundicen su formación en institutos especiales, en la práctica esto casi no ocurre.
En 1977 se lleva a cabo en la Iglesia el Sínodo de Catequesis, y el Documento de Puebla, algo más de un año después, acusa recibo de esos mensajes y reafirma lo que expresa Medellín, declarando que la Catequesis “debe ser tarea prioritaria en América Latina” .
En realidad, el Padre Brabander, para esa época, tiene plenamente organizada la Catequesis Familiar, con todo el equipo encargado en funcionamiento.
En esos años, los centros catequísticos para la preparación a la recepción de los Sacramentos pasan a ser exclusivamente la Parroquia o las Capillas de los barrios (no los colegios, pese a la insistencia de muchos padres que desean que sus hijos asistan a Catequesis en el colegio al cual concurren).
En cuanto a la preparación de adolescentes y adultos, es un trabajo que viene haciéndose desde siempre en la Basílica y desde su creación en la Parroquia San José.
Los aspirantes se reúnen en un grupo especial, y el catequista a cargo, generalmente, atiende por separado a adolescentes y adultos.
En estos casos el período de preparación para la Confirmación es similar al de los niños.
Respecto de la Comunión, los adultos acceden al sacramento cuando se los ve preparados.
Según informes obtenidos en la Secretaría de la Basílica, un factor determinante del buen número de catecúmenos adultos es la presencia en Esperanza de estudiantes que llegan de otras localidades y aquí, por la acción de compañeros de estudio, se acercan a la Iglesia y regularizan su vida sacramental.

IV.2. EL LAICADO

La presencia de los laicos en la Iglesia viene siendo significativa desde mucho tiempo antes que el Concilio Vaticano II revalorice oficialmente a este gran sector del pueblo de Dios y dé precisiones acerca de su vocación, sus campos de acción, su organización y su formación.
En nuestro país, los laicos desempeñan un papel relevante desde fines del siglo XIX, frente al ataque liberal, y en Esperanza es con la colaboración económica y la acción decidida de los laicos que se concretan importantes proyectos, como la instalación en la ciudad de las Hermanas del Huerto, fundadoras del colegio homónimo, y la construcción del templo hoy convertido en Basílica.
Luego, en 1933, respondiendo a un modelo nacido en Italia e instalado en Argentina en 1931, se organiza la Acción Católica, cuyo desempeño tiene en sus comienzos gran peso debido a la profunda formación que brinda a sus miembros y el fuerte compromiso que exige de ellos.
Por causas ya expresadas en este trabajo, esa institución decae desde 1960 en adelante, reflota en los años 80 y 90, especialmente en su rama joven, y subsiste en la actualidad con dos grupos: mujeres y juventud.
Nacida de sus filas, continúa pujante la Liga de Madres de Familia que, a pesar de cambiar varias veces su denominación a través de casi seis décadas de existencia, sigue firme en la defensa de sus ideales: la unidad y estabilidad familiar, el ejercicio generoso de la solidaridad, la participación dinámica en la sociedad con proyectos que saneen sus estructuras desde el amor.
Se destaca también la acción laical en las comisiones que surgen en diferentes sectores para la construcción de las capillas barriales, la mayoría verdaderos templos que nuclean una importante actividad religiosa, hasta entonces realizada en escuelas o clubes que generosamente se prestan pero no tienen las condiciones requeridas.
Generalmente, comienzan los trabajos por instancia de distintos párrocos, pero es siempre el clamor de la gente del barrio y, posteriormente, su decidido aporte, lo que impulsa estos emprendimientos y los hace realidad.
Así llegan a inaugurarse las capillas Sagrado Corazón de Jesús, en 1950; San Lino en 1954; Inmaculado Corazón de María (Cuasi Parroquia desde 1989, por Decreto 66/89 del Arzobispado), en 1961; San José Obrero, en 1968; Madre de la Iglesia, en 1982; San Cayetano, consagrada en 1999; María y el, por ahora, Salón de Usos Múltiples Virgen de Guadalupe, de barrio Los Troncos, en 2001.
Pero así como suman su esfuerzo para levantar paredes, los laicos construyen la comunidad bajo la dirección del clero de turno.
En este sentido, merece recordarse especialmente el trabajo desempeñado por ellos en las grandes misiones de la ciudad de los años 1968, 1980 y 2000, en las cuales tienen a su cargo la tarea premisional y el apoyo logístico a los misioneros durante la realización del evento.
Invitaciones, publicidad, organización de centros en casas de familia y en locales de diversas instituciones, dirección de reuniones y distintos actos de piedad, corren por cuenta de feligreses comprometidos y entusiastas, que, pasada la misión, en muchos casos continúan animando dichos centros convertidos en comunidades permanentes.
Como muestra del compromiso laical, podemos citar una expresión de Monseñor Zaspe perteneciente a una carta que le dirige al Párroco Pedro Rothar, el 5 de octubre de 1972, seguramente en respuesta a alguna confidencia de este sacerdote. Después de felicitarlo por su trabajo pastoral, manifiesta: “Es indudable que el mundo de los laicos y de las religiosas ha captado de manera más honda el problema de la Iglesia” .
Un párrafo aparte merecen los visitadores domiciliarios.
Son encargados de hacer llegar a los hogares las noticias o las convocatorias de La Parroquia y constituyen puentes que conectan a las familias con las diferentes áreas de la pastoral.
Llamados en un tiempo manzaneros, por tener a su cargo una o varias manzanas de la ciudad, reciben fuerte impulso de Monseñor Vicente Zaspe y del Párroco de entonces, P. Guillermo Brahander, S.V.D, cuando el Consejo Pastoral Parroquial decide adherir a la propuesta Movimiento por un Mundo Mejor (MMM), entre cuyos objetivos figura el de llegar, rápida y efectivamente, a todas las familias de la localidad.
Con el paso de los años y los cambios de Arzobispo y párrocos, la relación con el MMM se va debilitando, pero la organización de los visitadores continúa prestando sus servicios, especialmente en los tiempos fuertes de la Liturgia (Cuaresma, Fiesta Patronal, Navidad), con la distribución de las Cartas al Pueblo de Dios. A veces participan también en colectas que tienen que ver con necesidades eclesiales, como la realizada a favor del Seminario Arquidiocesano, en el año 2000.
En el campo de la Liturgia la intervención laical es permanente, sobre todo como lectores de la Palabra de Dios, desde el Concilio Vaticano II en adelante, y como miembros de los distintos coros, tanto en la Basílica y en la Parroquia San José como en las capillas, incluida la del Convento Cristo Rey.
En otro orden de cosas, la escasez de sacerdotes genera, en los últimos años, la formación de laicos como Ministros de Exequias y de la Eucaristía.
Desde que Monseñor Vicente Zaspe promoviera esta intervención laical, según averiguaciones realizadas a fines de 2005 en ambas secretarías parroquiales, el número de ministros ha ascendido hasta llegar a trece en la Basílica, a catorce en la Parroquia San José, y a cuatro en la Cuasi Parroquia.
Su importante acción no se limita al interior del templo y a las ceremonias litúrgicas, ya que por ellos llega la Sagrada Eucaristía a numerosos enfermos y el consuelo y la oración a muchas familias en duelo de la ciudad.
En cuanto al Diaconado, Esperanza sólo tiene un diácono en la década del 80, Raúl Blanchoud, fallecido el 4 de diciembre de 1987, después de diez años de ejercicio de su ministerio.

IV.3. FAMILIA

Hacia mediados del siglo XX, el tema de la Familia es abordado por la Iglesia Argentina sobre todo con el objetivo de organizar a los padres cristianos para resistir a problemas que vienen de otros espacios. Preocupa, por ejemplo, la libertad de enseñanza. Por ello, en 1948, se crea la Confederación de Uniones de Padres de Familia de la República Argentina (CUPFRA), y tres años después, en 1951, la Liga de Padres de Familia y la Liga de Madres de Familia.
No son organizaciones políticas, pero operan en el territorio de la opinión pública cuando lo creen necesario, actuando sobre todo desde los colegios confesionales para las familias que envían a sus hijos a estos establecimientos. Y así sucede en Esperanza.
No obstante conviene destacar también que, en el mismo año 1948, por iniciativa del sacerdote pasionista Pedro Richards, nace el Movimiento Familiar Cristiano, cuya finalidad tiene que ver con la realidad intrínseca de la familia, pues promueve la espiritualidad conyugal y el apostolado familiar.

Movimiento Familiar Cristiano

El Concilio, en “Gaudium et Spes”, dedica buen espacio a la consideración de las dificultades internas de la institución básica de la sociedad, y, probablemente a raíz de eso, en la década del 60, con el asesoramiento del Padre Pedro Rothar, S.V.D, quien en ese momento aún no es párroco sino cura teniente de la Parroquia de la Natividad, surge el Movimiento Familiar Cristiano en Esperanza, el cual llega a contar con tres grupos de matrimonios que, a veces por separado, y otras en reuniones generales, desarrollan temas de formación y realizan encuentros sociales y actividades apostólicas, como el dictado de los cursillos prematrimoniales.
Dicha institución está integrada al Movimiento Nacional, por lo que sus miembros comparten asambleas con otros de los niveles nacional y diocesano.
En la segunda mitad de la década del 70, quizás por la crisis que, según el historiador Norberto Padilla, concluye con la intervención al M.F.C. por parte del Episcopado en el año 1974, el centro esperancino se desintegra, sin que lo haya impedido el fuerte respaldo que dieciocho obispos dan nuevamente al Movimiento en la Asamblea de Cosquín, del año 1975 .
Desde entonces, en la Iglesia esperancina, el trabajo con las familias tomaría por otros carriles.

Cursillos de Cristiandad

En esa época está creciendo en la ciudad un movimiento nacido en España por obra de un dirigente de las peregrinaciones a Santiago de Compostela. Se trata de Cursillos de Cristiandad.
Dichos cursillos están dedicados a matrimonios, pero la pareja los vive por separado y no simultáneamente. Es una especie de encuentro o retiro, mediante el cual el que lo realiza se aparta por unos días del mundo y de su ambiente habitual para volver luego a él con una nueva visión enraizada en el Evangelio.
Los primeros esperancinos que participan en estos cursillos lo hacen a fines de la década de 1960, en la ciudad de Paraná o en el barrio rosarino de Fisherton.
Más adelante los encuentros se realizan en el convento Santa Catalina, luego en Guadalupe, en el Seminario viejo, y desde 1997 en su sede propia, en Recreo Sur.
En la época de Monseñor Vicente Zaspe, se halla en Esperanza el primer Secretariado Diocesano del Movimiento, lo que muestra la pujanza de Cursillos de Cristiandad en esta ciudad.
Efectivamente, desde 1968 en adelante, realizan la experiencia, que luego se continúa con reuniones periódicas de formación y espiritualidad, aproximadamente 250 matrimonios que se caracterizan por su fuerte adhesión a la Iglesia y decidida colaboración en el apostolado.
En este campo se pueden citar cursillos prematrimoniales y prebautismales, Catequesis, cruzadas de oración en familia, charlas formativas para laicos en pueblos vecinos, y hasta un trabajo intenso fuera del alcance de la Parroquia, en las islas del Paraná .

Catequesis Familiar

Cuando en 1977, asume como párroco el padre Guillermo Brabander, S.V.D, se encuentra con serias dificultades en lo referente a la preparación catequística de los niños que deben acceder a los Sacramentos de la Reconciliación, la Eucaristía y la Confirmación, principalmente porque, en esa época, por distintos factores, muchos padres se desligan de la formación religiosa de sus hijos y de su perseverancia en las prácticas de vida cristiana después de la Primera Comunión. Entonces decide encauzar la evangelización de las familias a través de la Catequesis Familiar, proyecto que el Consejo Pastoral respalda y es presentado al Arzobispo, Monseñor Vicente Zaspe, quien lo aprueba totalmente (recordemos aquí que el Consejo Pastoral Parroquial se crea en enero de 1975, bajo el Párroco Pedro Rothar, conforme a un decreto de Monseñor V. Zaspe de noviembre de 1973 ).
La parroquia esperancina pasa así a ser pionera, en el campo de la Catequesis, de una modalidad de trabajo que se extenderá luego a toda la Arquidiócesis.
En 1978 comienza la mentalización de la feligresía y al año siguiente se pone en marcha la experiencia.
Desde 1979 hasta 1986, inclusive, se desempeña como Coordinadora en esta área la Hermana Maria Felisa Manente, SSpS.
Ella misma cuenta que en el primer encuentro mantenido con los catequistas de los barrios, oportunidad en la que se les deben explicar los detalles del proyecto, de quince asistentes renuncian ocho, de modo que los restantes ni siquiera alcanzan para cubrir todos los centros.
En ese difícil momento, asumen la novedosa e inquietante misión los cursillistas, como matrimonios guías de la catequesis para padres de niños de Primera Comunión.
Al cabo de dos años, los catequistas ya surgen de los mismos grupos catequizados y en el año 1986 llegan a ser doscientos, sumando los de Primera Comunión (grupos de padres y niños) y Confirmación. Las familias beneficiadas en ese momento son aproximadamente mil.
Este sistema rige todavía en el año del sesquicentenario, en ambas parroquias, y son numerosos los padres que a través de los encuentros retoman el camino de la Fe, merced a ese proceso de misión permanente. Cabe aclarar que, en muchas ocasiones, los asistentes pertenecen a otra confesión religiosa debido a que se trata de matrimonios mixtos, pero la parte no católica se aviene a asistir con el fin de no entorpecer la educación de sus hijos en la Fe .

Movimiento de Encuentros Matrimoniales

Desde 1982, la Iglesia Católica argentina cuenta con el Secretariado de Pastoral Familiar, que coordina las actividades de este campo y lanza líneas precisas de trabajo.
Esto influye para que el Párroco Reinaldo Zbrun, S.V.D, que llega a la Parroquia de la Natividad en 1985, insista en la celebración de Encuentros de Matrimonios, que se concretan con éxito, pero son de carácter netamente parroquial.
Al crearse la Parroquia San José, a fines de 1989, por decreto nº 64/89 firmado por Mons. E. Storni, y separarse ambas jurisdicciones, el Padre Héctor Rucci, primer párroco del clero diocesano en la Parroquia de la Natividad, insiste en que este grupo local pase a depender del Movimiento de Encuentros de Matrimonios de la Arquidiócesis, existente desde 1976, lo que se hace realidad en 1991, después de vencer algunas resistencias de miembros que no entienden el porqué del cambio.
En ese año, del 28 al 30 de junio, se realiza el primer encuentro al que asisten veinticuatro matrimonios. En esa oportunidad predica el P. José Ceschi, y, desde entonces, el M.E.M. no sólo trabaja en la ciudad, sino que extiende su acción a pueblos vecinos, como Humboldt, Grutly, María Luisa, Progreso y Franck Entre sus proyectos inmediatos, figura la formación de un grupo de matrimonios separados y vueltos a unir en nuevas parejas, a fin de desarrollar con ellos una pastoral acorde a las directivas de la iglesia para estos casos, que arrancan ya de la exhortación apostólica Familiaris Consorcio de S.S. Juan Pablo II, dada en 1981 .

Planificación Familiar Natural

Por fin, en este campo debemos señalar también que, en dependencias de la Basílica, tiene su sede el Movimiento de Planificación Familiar Natural, difusor del Método de la Ovulación, más conocido como Billings, que asesora a las mujeres o parejas interesadas, desde la decada del 80, con charlas periódicas y posterior seguimiento.
A cargo de esta tarea se halla un pequeño grupo de mujeres formadas al efecto en los cursos de Planificación Familiar Natural organizados por la Arquidiócesis, el cual se dedica también a dar charlas para jóvenes sobre formación para el amor y la sexualidad .

IV.4. ASISTENCIA Y PROMOCIÓN SOCIAL

En este campo, los últimos 50 años de la Iglesia esperancina se caracterizan por la acción constante y decidida de Cáritas y por el trabajo organizado de grupos que se nuclean para el ejercicio de las Obras de Misericordia, sobre todo en relación con la promoción social y la Pastoral de la Salud y Penitenciaria.

Cáritas

Cáritas nace como la continuación natural de Fraterna Ayuda Cristiana, en mayo de 1966, cuando esta institución, por expreso pedido del Episcopado Argentino, debe cambiar su nombre para unificarse con aquel movimiento mundial.
Su labor privilegia siempre la asistencia a los barrios periféricos. Habiendo comenzado por La Orilla y el Barrio Sur, está presente en la medida de sus posibilidades en todo lugar donde la carencia de los hermanos reclama sus servicios. Su conocido lema Ayúdenos para ayudar expresa una forma de trabajo que, partiendo de donaciones, beneficios, tareas solidarias y cuotas societarias, provee de alimentos, ropa, medicamentos, vivienda a hermanos necesitados de la ciudad.
Dentro del vasto trabajo desarrollado merecen destacarse algunas iniciativas que se dan a través de los años, tendientes a generar recursos que se aplican luego a la labor asistencial, como la recolección, compactación y venta de cartones (todo realizado por directivos y socios de la entidad), el taller de fabricación de cepillos creado por el benemérito dirigente de Cáritas Esteban (“Tito”) Houriet, y la fabricación de ladrillones que se emplean en la construcción de viviendas en terrenos cedidos por la Municipalidad.
Si bien se trata de una labor asistencial, no brinda una ayuda indiscriminada, sino que, con el asesoramiento de asistentes sociales y otros profesionales, trata de apuntar a la promoción de la persona de diversas maneras.
A través de Cáritas, que tiene filiales en ambas parroquias y en las Capillas de los distintos barrios, todos los habitantes de la ciudad (no sólo católicos) pueden hacer realidad su colaboración y optimizarla, pues a través de la organización, la ayuda se multiplica.
Cabe señalar que todas las Cáritas de Esperanza, a través de sus representantes, se reúnen una vez por mes, lo que garantiza la coordinación del trabajo y el aprovechamiento integral de los medios y del esfuerzo .

Barrio Ceferino Namuncurá

Una mención especial en lo referente a la acción social merece la obra realizada en el barrio Ceferino Namuncurá (hasta 1970 Barrio “Las Latas”), en pleno corazón del Sur esperancino, bajo la inspiración y conducción de la Hna. Renilda Fóppoli, Sierva del Espíritu Santo.
Aproximadamente en ese año, se radican en la zona unas cuarenta familias provenientes de la Cuña Boscosa, quienes aprovechando materiales de construcción recogidos en una cava de las cercanías construyen ranchos totalmente precarios donde se vive en extrema pobreza.
La religiosa, llegada de España en 1968, y residente desde un año después en el Convento Cristo Rey, comienza a movilizar a distintos sectores. Así, con la dirección de Monseñor Vicente Zaspe, forma un grupo de hombres para asistir espiritualmente a pueblos de los alrededores carentes de sacerdotes, y otro de jóvenes, algunos estudiantes de la F.A.V.E, que se reúnen en la casa adyacente al Convento y conforman un centenar entre muchachos y chicas.
Estas dos agrupaciones, con las cuales la Hna. comienza en 1970, son las que colaboran en la limpieza y promoción del Barrio Ceferino Namuncurá.
En esa época, la Madre Provincial de las Siervas del Espíritu Santo, Hna. Devota Winckler, compra dos pequeños lotes en la zona. Allí se instala una capilla, se levanta un tapial y se edifican una cocina, una sala multiuso, y un baño, siempre con ayuda de la Municipalidad, donde el futuro diácono Raúl Blanchoud realiza las intermediaciones necesarias por trabajar como Secretario de Gobierno.
Posteriormente, para completar esa misma construcción y levantar un salón de mayor capacidad, llega un subsidio de Adveniat, institución de la Iglesia alemana de ayuda a iglesias de países en desarrollo.
La mencionada sala luego se habilita como Capilla ( en 1973, aproximadamente), y en ella se realizan tareas evangelizadoras (Catequesis, charlas) y celebraciones litúrgicas.
Más adelante, esas instalaciones permiten la concreción de misiones en el barrio, que se llevan a cabo con la colaboración de grupos juveniles del Colegio San José pertenecientes al movimiento REMAR (luego NAVEGAR) promovido por el Hno. Bonifacio Buet, S.V.D.
Monseñor Zaspe, consciente de la Obra realizada por la Hna. Renilda, quien visita periódicamente no sólo diferentes barrios de la propia ciudad sino también localidades vecinas, le regala un pequeño Citroën con el que la religiosa, durante varios años, se moviliza con mayor eficiencia en menos tiempo.
Lo cierto es que, con dificultades y altibajos, la obra del barrio mencionado llega hasta la actualidad. Funciona allí un comedor que tres veces por semana alimenta a una centena de niños, un costurero, un taller de cerámica, y grupos de Catequesis de Primera Comunión y Confirmación .

Comedor Infantil del Barrio Sur

A oídos del Párroco Guillermo Brabander llega la queja de algunos docentes acerca de que en ciertos barrios, particularmente al sur de la ciudad, algunos niños se desmayan en el aula por carecer de alimentación suficiente.
Sin demora, el sacerdote se dirige a la Escuela Aarón Castellanos y le ofrece a la Directora la posibilidad de tener en el establecimiento un comedor escolar que mantendrá la Parroquia con los aportes de la comunidad. Pero no se le otorga el permiso. Sin desalentarse, acostumbrado a luchar por la rápida concreción de sus objetivos, acude a la Municipalidad, donde ocupa la Intendencia el señor Roberto Hominal, quien lo escucha y, de inmediato, se dirige al Club Mitre para solicitarle sus instalaciones.
Las autoridades acceden, con la única condición de que el lugar quede libre por la tarde por las necesidades de la institución. Entonces la Municipalidad dispone cerrar el lugar, pues es una galería, y allí se ubican los artefactos y muebles necesarios, de tal manera que, en menos de quince días, el comedor comienza a funcionar.
Según testimonios del Padre Brabander, es extraordinariamente generosa la respuesta de la comunidad católica de Esperanza, y la mercadería que se consigue, gracias a la solidaria colaboración de personas e instituciones, permite alimentar seis días por semana (de lunes a sábado) a dos tandas de ochenta niños cada una.
Al llegar el gobierno democrático, el mismo sacerdote hace las gestiones ante el Ministerio de Educación para la edificación e instalación del comedor en la Escuela Aarón Castellanos, lo que se logra. Entonces la Parroquia entrega a dicha institución el mobiliario, los utensilios y un camión lleno de alimentos no perecederos. Incluso los empleados pasan al ámbito de la escuela.
Años después el Comedor se transforma en la Cocina Centralizada que llega a nuestros días .

Pastoral de la Salud

En otro orden de cosas, hacia fines de la década del 90, visita Argentina, y luego también Esperanza, el sacerdote camiliano Mateo Bautista, comisionado por el Vaticano para la organización y el desarrollo de la Pastoral de la Salud en el Cono Sur.
Como consecuencia, se forma en la Parroquia de la Natividad, bajo el asesoramiento del Padre Héctor Rucci, un equipo de laicos destinado al trabajo con los enfermos, dependiente del Equipo Arquidiocesano de Pastoral de la Salud.
Sus miembros participan en seminarios y encuentros en distintos lugares del país, y mensualmente asisten a una reunión organizada por la Arquidiócesis y a otra de carácter parroquial, en la cual se organiza el trabajo, que consiste en visitar semanalmente a los internos de los centros de salud y geriátricos de la ciudad para evangelizarlos y orar con ellos.
A veces también se llega a las familias.
Colaboran permanentemente en esta tarea las Hermanas Siervas del Espíritu Santo, sobre todo en lo referente a la distribución de la Eucaristía a los enfermos .
El equipo de la parroquia San José trabaja de modo similar, pero aproximadamente desde el año 2003, pasa a formar parte de la Familia Camiliana Laica, que tiene sus propios estatutos, basados en la espiritualidad de San Camilo de Lellis, cuya esencia puede sintetizarse como el llamado a vivir el compromiso bautismal a través del amor concreto por los enfermos, imitando el Corazón misericordioso de Cristo. En este momento el grupo se halla en franco crecimiento y ha incorporado a profesionales que aportan su saber y su tiempo al servicio de los hermanos que sufren .

Pastoral Penitenciaria

No es posible olvidar en esta sección al Equipo de Pastoral Penitenciaria que, aunque pequeño, desempeña, en el ámbito también reducido de la Alcaidía esperancina un trabajo oculto para la mayoría de la población pero de un profundo valor solidario.
La movilización comienza hacia 1998, cuando dos integrantes del Equipo de Pastoral Penitenciaria de Santa Fe visitan la Parroquia de la Natividad para invitar al Seminario anual que la arquidiócesis organiza sobre el tema.
Desde entonces, y hasta 2002, quienes sienten inquietud por ejercer la obra de misericordia de visitar a los presos deben integrarse al equipo santafesino y realizar visitas a la cárcel de Las Flores.
Pero desde ese año, dado que Esperanza posee una alcaidía con capacidad para quince internos, se crea el Equipo de Pastoral Penitenciaria dependiente de la actual Basílica.
El trabajo que realiza no tiene por fin el asistencialismo ni la apoyatura psicológica a los presos, sino la evangelización de los mismos que, a veces, se extiende hasta sus familias y ocasionalmente perdura después del cumplimiento de la condena.
También en este apostolado se cuenta con la valiosa colaboración de las Hermanas Siervas del Espíritu Santo .

El Aporte de la Liga de Madres

El trabajo de esta asociación ya citada en la presente reseña merece un lugar aquí, porque su labor, si bien no exclusivamente, es en su mayor parte asistencial y solidaria, tónica que mantiene desde su fundación por el Padre Pablo Steinki, en 1947.
La institución no trabaja sobre un proyecto determinado, pero acoge permanentemente los pedidos de personas, familias o instituciones necesitadas, lo que puede comprobarse a través de las actas que prolija y regularmente registran los pasos de la Liga hasta nuestros días .

IV.5. ECUMENISMO

Esperanza desarrolla una cultura ecuménica desde su nacimiento, debido a que desde entonces es lugar de convivencia de católicos y evangélicos, quienes comparten su destino ya en los puertos europeos de donde zarpan para América. Y si bien es cierto que no faltan desencuentros a lo largo de los 150 años, siempre predomina una intención de paz y de respeto entre ambas confesiones religiosas.
A esto contribuyen notablemente los numerosos matrimonios mixtos que se van concretando después de aquel primer trascendente eslabón Tabernig – Moritz, que sienta un decisivo antecedente de la ley de matrimonio civil en Argentina.
Pero es nuevamente el Concilio Vaticano II el que provoca un empuje decidido al trabajo ecuménico.
Para comprobarlo, hasta recordar las palabras con que comienza el proemio del Decreto sobre Ecumenismo: “Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio Ecuménico Vaticano II” .
A raíz de las orientaciones emanadas del documento citado, se intensifica la oración por la unidad, no sólo en el seno de la Iglesia, sino también en común, como lo corrobora la jornada de oración ecuménica que desde los últimos años de la década del 60 se viene realizando en cada novena patronal.
Un hecho aparentemente trivial pero que no deja de influir es la coexistencia, por unos años, del Pastor Juan Carlos Weiss y el Párroco Pedro Rothar, ambos nacidos en la localidad de Crespo (E. Ríos), asistentes a la misma escuela primaria aunque en distintas épocas, y coincidentemente a cargo de las respectivas feligresías en Esperanza.
En el campo social, según lo consignado al hablar de Fraterna Ayuda Cristiana (F.A.C.) en este mismo trabajo, también se producen acercamientos relevantes, a los que merecen agregarse los encuentros corales ecuménicos que se realizan con motivo de Navidad, así como la presencia del pastor evangélico en la Iglesia católica, durante la celebración de los matrimonios mixtos, oportunidad en que lee alguna lectura, eleva una plegaria, pronuncia alguna exhortación o bendice a los contrayentes .

Equipo Bíblico de la Parroquia San José

Es otro esfuerzo muy concreto orientado hacia el trabajo ecuménico.
Éste proviene de los talleres bíblicos que se inician en el año 1987, bajo la inspiración del Hno. Verbita Bonifacio Buet y de la Hna. Mariafelisa Manente, SSpS, según el carisma impreso por el fundador San Arnoldo Janssen a las dos congregaciones. La primera coordinación es ejercida por el Sacerdote Ángel Caputo, quien dicta los cursos iniciales.
Pero la organización ya definida del equipo se produce hacia 1994.
Entre sus objetivos figura como principal la interpretación de la vida desde la Biblia, confrontando a ésta con la realidad del pueblo.
A lo largo del tiempo son asesores de este equipo el Padre José Ferreira, SVD, el Padre Eduardo Félix Cisterna, la Hna. Margot Bremmer, de Paraguay, y el pastor Pablo Ferrer.
La participación de hermanos de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata es permanente, y merece destacarse el hecho de que los cristianos separados no sólo intervienen como miembros comunes sino que pueden constituirse en asesores o dictar cursos. Tal es el caso de la pastora metodista Ana Claudia Figueroa, de Brasil.
En 1997, el Equipo Bíblico auspicia en Esperanza la realización del 4º Encuentro Ecuménico Nacional de Promotores Bíblicos Populares.
Y así el grupo sigue creciendo y llega al año 2006 habiendo transpuesto los límites de la Parroquia de origen, ya que entre sus actividades se cuentan los talleres de lectura bíblica que se realizan en la Cuasi Parroquia del Inmaculado Corazón de María y en el Barrio los Troncos .

ENDEDIO

Otra iniciativa de envergadura la constituye el funcionamiento en Esperanza de la Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Arquidiócesis de Santa fe, aún no oficializada.
La misma, está presidida por el presbítero Omar Rohrmann como Delegado Arquidiocesano, y se halla abocada a la organización del Encuentro Nacional de Diálogo Interreligioso 2006 (ENDEDIO), que se realizaría entre el 22 y el 24 de septiembre de dicho año.
Entre sus valiosos objetivos se destacan, para el tema que nos ocupa, los siguientes:
• Vivenciar el ecumenismo dentro de cada identidad religiosa, ingresando en un auténtico diálogo ecuménico de conversión, que suscite recíproca ayuda fraterna.
• Promover en la zona caminos de diálogo, apuntando a la explosión de una conciencia ecuménica .

Como nota distintiva del trabajo de esta comisión puede citarse la preocupación permanente por responder a los lineamientos del Decreto conciliar sobre Ecumenismo, en total conformidad con el espíritu eclesial más germino.

IV.6. PASTORAL VOCACIONAL

Esperanza fue desde sus inicios un verdadero semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas, como bien lo consigna el Padre Edgar Stoffel, al escribir la historia de la Parroquia y del templo de la Natividad .
Y si bien en esta ciudad también se siente la crisis vocacional posconciliar, nunca dejan de surgir en su seno jóvenes inclinados a la vida y misión sacerdotal.
En este aspecto vale destacar especialmente el trabajo del Padre Pedro Rothar, quien, aun antes de ser cura párroco, manifiesta un fuerte interés por la pastoral vocacional, razón por la que promueve los grupos de monaguillos a los cuales organiza tanto en el aspecto formativo como recreativo. Como testimonio, varios entrevistados recuerdan los viajes tan gratificantes a Cabalango (provincia de Córdoba) que los monaguillos realizan en su compañía en tiempos de vacaciones.
Por su parte, desde la Arquidiócesis, Monseñor Vicente Zaspe, consciente de la urgente necesidad de numerosos y bien formados sacerdotes, impulsa la pastoral vocacional aun antes de que el Documento de Puebla, en el año 1979 la señale abiertamente como “deber de toda la Iglesia” , e insista en la necesidad de recurrir “ininterrumpidamente” a la oración personal y comunitaria para que el Dueño de la mies envíe obreros suficientes que la trabajen .
Como consecuencia, sobre todo entre las mujeres de Acción Católica, se intensifica la oración por las vocaciones y el trabajo tendiente a impulsarlas , y así surge, hacia 1977, una comisión provisoria provocaciones eclesiásticas que, el 29 de marzo de 1978, se transforma en permanente. La misma está integrada por un grupo de mujeres de la Parroquia, muchas pertenecientes a la AMAC.
En esa época, ya se cuenta con unos doscientos socios activos.
Según la aclaración previa que figura en el libro de actas de las primeras 57 reuniones, firmada por el padre Guillermo Brabander (párroco en ese momento), por cuestiones internas esa comisión se disuelve y se forma otra en marzo de 1981. No obstante, las reuniones y el trabajo se mantienen ininterrumpidos, con toda regularidad, durante los tres años intermedios , al servicio de los dos seminarios: el Metropolitano, y el del Verbo Divino, este último radicado en las instalaciones del Colegio San José hasta 1988.
Desde 1981, se hace cargo de la asesoría de la OVE el padre Delfino Lagger, SVD, en cuya compañía, miembros de la institución visitan pueblos aledaños (Franck, San Jerónimo, San Carlos y otros) con el fin de iniciar también allí la Obra de las Vocaciones Eclesiásticas, que en la actualidad continúa extendiéndose, floreciente y dinámica, por toda la Arquidiócesis. En esta difusión es decisivo el entusiasmo y el apoyo incondicional del Padre Pedro Rothar, apóstol infatigable de la OVE en toda la región.
En cuanto a la actividad desarrollada por la institución, desde los comienzos sus miembros asisten a reuniones en el Arzobispado y cultivan intensamente la oración por las vocaciones, organizando horas de adoración, rosarios, misas y retiros. Además promueven de diversas maneras el fortalecimiento de la vida familiar, donde las vocaciones nacen y maduran; visitan los seminarios, organizan charlas vocacionales, colectas y otros beneficios, sostienen becas para la formación de seminaristas menos pudientes y participan en importantes actos organizados por el Seminario de Guadalupe, sobre todo con motivo de las ordenaciones ministeriales .
Respecto a las vocaciones femeninas de consagración dentro de la Vida Religiosa, luego del Concilio, su número es inferior al de las vocaciones sacerdotales, aunque parecería estar dándose un resurgimiento, según testimonio del Padre Omar Rohrmann, párroco de la Basílica de la Natividad.

IV.7. VIDA DE PIEDAD

Si bien el amor a Dios y al prójimo definen la identidad del cristiano, no hay dudas de que siempre la Iglesia Católica consideró indispensable la oración y la práctica de los Sacramentos para alcanzar ese perfil.
La vida de piedad como camino al Padre y vínculo que desarrolla la filiación divina en el bautizado, permitiendo la identificación con Cristo, es cultivada intensamente entre la feligresía esperancina, desde siempre, especialmente a través de la devoción eucarística y la espiritualidad mariana.
Las instituciones o asociaciones a las que nos referiremos en este apartado son aquellas que, más allá del cultivo de la vida espiritual a través de ciertas prácticas y actos de culto, no imponen a sus integrantes ninguna actividad apostólica o benéfica específica, dejando en entera libertad a cada uno para vivir libremente el servicio según sus inclinaciones y posibilidades.
Con esas características, podemos registrar hacia mediados del siglo XX, el Apostolado de la Oración, las Hijas de María y la Congregación de Santa Rita.
La primera, ya centenaria, aún subsiste, siempre dedicada al cultivo de la oración y a honrar al Sagrado Corazón de Jesús, especialmente durante el mes de junio, consagrado a Él, y los primeros viernes de cada mes .
La Congregación de Santa Rita, nacida el 13 de noviembre de 1947, por iniciativa de la Sra. Emilia de Wart de Hessel, también persiste, con el propósito de difundir la vida de esta Santa “protectora de los imposibles” y de celebrar solemnemente su fiesta el 22 de mayo de cada año. Cabe aclarar que a ella se halla dedicado el único altar erigido para honrar a un santo, en la Basílica de la Natividad.
En cuanto a las Hijas de María, asociación integrada por jóvenes solteras, no nos es posible determinar el año de su desaparición. Según algunos, su última presidenta es la Srta. Alina Junges, quien ingresa a las Siervas del Espíritu Santo en 1956, conocida como Hna. María Amable . Según otros, la asociación aún existe en 1962, siendo presidenta, en ese entonces, la Srta. Otilia Manente .
En la época del centenario las Hijas de María, rigurosamente vestidas de blanco, escoltan la imagen de la Virgen Niña en la procesión de cada 8 de Septiembre.

El Culto eucarístico

Al promediar el siglo XX, tanto en la Parroquia de la Natividad como en las capillas, es frecuente la exposición del Santísimo Sacramento para la adoración de los fieles.
Se lleva a cabo los domingos por la tarde, los primeros viernes, diariamente durante el mes de junio, los primeros jueves, cuando se ora por las vocaciones sacerdotales y religiosas, y en fiestas importantes, especialmente Jueves Santo y Corpus Christi.
Muchas veces, sobre todo en la etapa anterior al Concilio, el objetivo de la adoración es la reparación de los pecados y la intercesión por los pecadores, como en los tres días principales de las fiestas de Carnaval.
Algunas de estas prácticas decaen después, cuando grandes sectores del clero y del pueblo católico prefieren volcarse a la acción y a las obras asistenciales antes que a los ejercicios de piedad.
Algo similar ocurre con el rezo del Rosario y otras devociones marianas, que pasan a considerarse como expresiones superadas de una Fe preconciliar, aun cuando oficialmente la Iglesia siempre defendió su valor.
Le corresponde al Párroco Héctor Rucci la iniciativa de organizar la práctica más intensa de la adoración eucarística, para lo cual establece dos días completos de la semana: jueves y viernes, desde las 8 hasta el horario de la misa vespertina.
Posteriormente, ya en épocas del Párroco Omar Rohrmann, los horarios se amplían. Al iniciarse el año 2006, todos los días se brinda algún tiempo para la exposición del Santísimo Sacramento, hasta llegar a la adoración permanente diurna, desde el comienzo de la Cuaresma de ese año.
Cabe destacar que gran parte de la feligresía responde a esta práctica de piedad, de manera que ininterrumpidamente se renueva la presencia de fieles en la Iglesia.
Aquí es necesario puntualizar que, también por intervención del Párroco Héctor Rucci, durante su desempeño se funda en Esperanza la Unión Eucarística Reparadora que, como lo indica su nombre, tiene por finalidad la práctica y la difusión de la adoración y la reparación.
Esta institución organiza retiros eucarísticos, periódicamente, por lo general cerca de la fiesta de Corpus, con la presencia de las Hermanas Eucarísticas de la ciudad de Santa Fe .
En cuanto a la parroquia San José, siendo Párroco el P. Pedro Rothar, el día dedicado a esta devoción es el jueves, al que se le agrega media hora de adoración, previa a la misa vespertina, los primeros viernes.
En la actualidad, esos espacios se reducen a media hora antes de la misa, el día jueves.

La Piedad mariana

“Fue el día de la Virgen.
No fue un día cualquiera” .
No por casualidad José Pedroni escribe estos versos.
El pueblo esperancino nace mariano, y desde la advocación de Guadalupe, que ya suscita peregrinaciones en el último cuarto del siglo XIX, hasta las más recientes de San Nicolás, Medjugorje o Desata Nudos, morenita o rubia, niña, joven o mujer adulta, es siempre la misma Madre de Jesús y de los creyentes, la patrona, quien motiva profundos sentimientos de amor y devoción en la mayoría del pueblo y provoca la erección de capillas, oratorios y monumentos en tantos rincones de la ciudad.
Los festejos religiosos del 8 de Septiembre han concitado siempre a multitudes, y a lo largo de todo el año los fieles acuden a la Virgen para impetrar favores o agradecer por los ya recibidos. Para corroborarlo basta prestar atención a las intenciones que se enuncian antes del comienzo de las misas, u observar la cantidad de fieles que diariamente desfilan ante las distintas imágenes marianas, tanto en las iglesias como en los lugares de oración dedicados a María.
Pero más allá de estas manifestaciones, surgen asociaciones cuyo objetivo primordial es la difusión del culto mariano, como la Legión de María y María Reina de la Paz.
La Legión entra en Esperanza entre los años 82 y 83, impulsada por la hermana Renilda, SSpS, unos dos años después de haber sido conocida en Córdoba, adonde llega en 1980.
En 1984, se funda un grupo que continúa aún en el año 2006, en la Capilla del Inmaculado Corazón de María, en el Barrio Sur.
Más adelante, en 1990, el P. Héctor Rucci organiza otra célula legionaria en la parroquia de la Natividad que también subsiste.
Si bien el objetivo prioritario es el cultivo de la espiritualidad, partiendo de la devoción a María, los legionarios se comprometen a dos horas de trabajo semanales, que ocupan para visitas domiciliarias de carácter evangelizador. Si en estas ocasiones los visitadores se encuentran con necesidades materiales las derivan a Cáritas, ya que la finalidad del movimiento no es asistencial.
Dichas visitas pueden realizarse también a centros de salud, geriátricos, etc. para orar con los internos. Es así como, de la Legión de María, surgen, en su momento, algunas fundadoras de la Pastoral de la Salud .
El movimiento María Reina de la Paz existe desde el año 2002 y se canaliza a través de grupos de oración que se reúnen semanalmente en distintos lugares de la ciudad. En ellos es considerable la participación de jóvenes. La espiritualidad que promueve revaloriza, fundamentalmente, la oración, la lectura de la Biblia, el ayuno, la Reconciliación y la Eucaristía y debemos decir que, desde la Basílica esperancina, el movimiento se extiende a localidades vecinas .

Renovación Carismática

Desde 1975 en adelante, no es posible pensar el catolicismo esperancino independiente de este movimiento.
Más allá de la afinidad que se pueda sentir con los objetivos y prácticas de Renovación Carismática, necesario es reconocer su peso y alcance, dado que logra brindar asistencia espiritual a un gran sector de la feligresía en principio un tanto reacio o indiferente a las expresiones tradicionales de la Iglesia y es, sin duda una realidad eclesial que responde a aquel pedido de Juan Pablo II a los obispos del CELAM en 1983, de iniciar una “nueva evangelización”, nueva no por su contenido, sino nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión .
En el año 1974 visita el Convento Cristo Rey el sacerdote Alberto Ibáñez, de la Universidad del Salvador de Buenos Aires, donde el movimiento había nacido en 1970, bajo el nombre de Ain Karim.
Otra vez es la Hna. Renilda Fóppoli quien más se entusiasma con esta nueva forma de espiritualidad que destaca la acción del Espíritu Santo como artífice de la comunidad, actuante en la Iglesia a través de los carismas particulares, y promueve la oración de alabanza que los fieles realizan con mucha libertad, tratando de expresar la elevación del espíritu también a través del cuerpo.
La citada religiosa asiste, por invitación del P. Ibáñez, a las Jornadas de Vida en el Espíritu, seminario de tres días a través del cual se pueden comprender las líneas esenciales del movimiento. A dicho seminario continuarán retiros de seis días, destinados a profundizar la formación de los ya iniciados.
Cuando Monseñor Zaspe se entera del surgimiento de este grupo en Esperanza, lo alienta e impulsa porque ve en él un medio para contrarrestar la actividad de las sectas.
El primer encuentro de carismáticos se realiza en el Colegio San José, en 1975, época en que es Rector el P. Agustín Naab, SVD.
Mientras tanto la Hna. Renilda va formando laicos para la continuación y extensión de Renovación Carismática, y son ellos los que la difunden en la ciudad .
Actualmente, desprendido de ese movimiento pero con características similares, trabaja también en Esperanza la Comunidad de Convivencias, grupo eclesial que difunde su espiritualidad a través de retiros que se realizan en la ciudad o en localidades cercanas .



La Devoción de la Divina Misericordia

Nacida en la década de 1930 y reconocida por la Iglesia en 1978, esta devoción se difunde en Esperanza desde el año 1991, cuando el Padre Héctor Rucci, el domingo 7 de abril, entroniza la imagen de Jesús Misericordioso en el templo de la Natividad.
Desde allí se extiende a la parroquia San José y a todas las capillas, donde también se entroniza una réplica del cuadro que hiciera pintar la religiosa polaca Faustina Kowalska, en el convento de Vilna (Polonia).
Es común, tanto en la Basílica como en las otras Iglesias, ver fieles que, en grupos o aisladamente, rezan el rosario o coronita de la Divina Misericordia ante la citada imagen, sea en la novena previa al día de esa fiesta (segundo domingo de Pascua) o en cualquier época del año.
Por otra parte, en el ámbito allegado al convento Cristo Rey, la Hna. Renilda, después de conocerlo en Jujuy, introduce el Movimiento de las Almas Pequeñas de Jesús Misericordioso que abarca tanto a personas mayores como a jóvenes y niños, y difunde una espiritualidad basada en la doctrina de Santa Teresita del Niño Jesús.
El primer retiro del grupo, que se realiza en el año 2005, llega a reunir, aproximadamente, 150 personas .

Otros grupos de oración

Además de los grupos pertenecientes al movimiento María Reina de la Paz, en distintos puntos de la ciudad se reúnen periódicamente otros convocados para el rezo del Santo Rosario.
El nacimiento de los mismos, por lo general, guarda relación con la devoción a María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, espiritualidad muy difundida y cultivada a través de peregrinaciones a ese centro mariano.
Un párrafo aparte merece el culto a Nuestra Señora del Huerto, que, si bien se origina en el colegio que lleva su nombre, trasciende ampliamente los límites de esta institución y llega a tener, desde el año 2004, un oratorio en el parque de la Agricultura.


IV.8. MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL

La presencia de la Iglesia esperancina en el ámbito mediático tiene bastante relevancia en el campo de la prensa escrita, ya que desde el 10 de febrero de 1935, quincenalmente, aparece el boletín de la Parroquia de la Natividad, sin interrupción. Es su fundador el párroco de entonces, sacerdote verbita Guillermo Sklorz.
En épocas del Padre Guillermo Brabander, deja el tabloide para pasar a ser el folleto que se edita en la actualidad.
Por su parte, la Parroquia San José también imprime un boletín quincenal desde mediados de 1991 hasta marzo de 2002.
Aquí comienza siendo folleto y pasa a tabloide al iniciarse la gestión del Párroco Pedro Rothar, en 1995.
Además hay que destacar que la relación de la Iglesia con los medios de comunicación locales es positiva y, por lo tanto, cualquier institución eclesial puede expresarse desde ellos si lo necesita.
Así es como, habitualmente, la misa dominical de las 10.30 de la Basílica se transmite por video cable y la F.M 102.1 mhz. Pone en el aire la que se celebra a las 7.30 en el Convento Cristo Rey .
También llegan al pueblo por radio los microprogramas de asociaciones como AMAC, OVE, o Liga de Madres.
Las hermanas Siervas del Espíritu Santo, por otra parte, sostienen algún programa radial y editan la revista “Vida y Misión”, a través de la cual se difunde el ideal misionero.

IV.9. LA MÚSICA Y EL CANTO EN LAS CEREMONIAS LITÚRGICAS

Aun a riesgo de que incurramos en una digresión, nos parecería injusto olvidar este aspecto de la vida religiosa de la ciudad, a través del cual la Iglesia eleva a Dios su oración, con la conciencia de que “quien canta ora dos veces”.
Hacia 1950 se puede distinguir, en las ceremonias, la música y el canto solemne y las canciones religiosas populares.
La primera, de inspiración clásica y gregoriana, aparece en las misas o actos de los días festivos, a cargo de ejecutantes y coros de cuidada expresión.
En esas oportunidades, las celebraciones eucarísticas se cantan casi íntegramente, por supuesto en latín, como corresponde en la época preconciliar, acompañando las letras con la ejecución del órgano o del armonio. A eso se refiere José Pedroni en su poema Maternidad, cuando habla de “el día en que las madres y las recién casadas, vienen por los caminos a las misas cantadas...” .
Lo mismo ocurre con los Te Deum, los actos solemnes de adoración al Santísimo Sacramento y las exequias.
Generalmente también las ceremonias de esponsales se acompañan con música de autores clásicos, como el Ave María o la Marcha Nupcial.
Las canciones populares, en cambio, las domina la feligresía y se entonan en las celebraciones comunes, ya sean misas, rosarios, procesiones u otros actos de culto, piadosos pero sencillos y cotidianos.
En esa época, este repertorio es quizás más variado en Esperanza que en otros lugares por la mayor difusión de las composiciones del Padre Lichius, SVD, y por la cuidadosa búsqueda que realizan las encargadas del coro.
Con el Concilio, los himnos y canciones tradicionales, si bien no desaparecen, dejan paso a la reforma del cantoral, dentro de la cual merece recordarse la labor realizada por el P. Osvaldo Catena, del clero secular de la Diócesis, quien además de componer canciones litúrgicas, revitaliza los Salmos dándoles la forma y melodía con las que la mayoría se cantan en la actualidad.
Cabe decir también que el paso de la Parroquia de la Natividad al clero diocesano genera cambios en cuanto a las composiciones que se utilizan en las ceremonias, ya que en ese ámbito se exige un repertorio menos popular y decididamente litúrgico.
En cuanto a los órganos, la Parroquia San José lo tiene desde sus épocas de capilla (probablemente año 1929), mientras que la actual Basílica inaugura el suyo el 12 de mayo de 1963, después de un año de gestiones para adquirirlo. Estos instrumentos favorecen el brillo de las celebraciones y permiten, periódicamente, la realización, en los templos, de valiosos conciertos, tan caros al espíritu esperancino.
Para terminar, debemos mencionar la fidelísima presencia de pequeños coros que, con admirable constancia, acompañan aun diariamente, las misas que se celebran en todas las Iglesias .

IV.10. LA NIÑEZ

Para la atención de la niñez, el trabajo más intenso y sistemático se realiza, en todas las parroquias y capillas, desde la Catequesis, organizada a través de grupos preparatorios para la Primera Comunión y Confirmación.
Además funciona una sección de niños de Acción Católica dependiente de la Basílica y algunos grupos de Infancia Misionera en la Natividad, en las Capillas Sagrado Corazón de Jesús y San José Obrero y en la Cuasi Parroquia Inmaculado Corazón de María.
Los grupos de monaguillos, atendidos por los sacerdotes diocesanos, son también espacios de formación y contención.

IV.11. JUVENTUD

Antes de que se dispersen los Padres Conciliares, a fines de 1965, el Concilio lanza sus Mensajes a la Humanidad; y es entre ellos donde, como broche final, aparece el mensaje a los Jóvenes. En él se asevera: “La Iglesia os mira con confianza y Amor” .
Desde entonces, el Documento de Medellín les dedica un apartado especial ; el Documento de Puebla establece que la Iglesia debe hacer dos opciones preferenciales; la primera, por los pobres; la segunda, por los jóvenes ; el Documento de Santo Domingo la confirma, y agrega que la pastoral juvenil “debe tener siempre una dimensión vocacional” . Y podría seguirse la enumeración, pues son innumerables las declaraciones, exhortaciones y discursos sobre el tema, dados a diversos niveles.
La respuesta de la Iglesia esperancina a estos requerimientos aparece, pero quizás de manera no tan orgánica, continua y definida como en otros campos. Ya en 1972, en una reunión de los agentes de la Vicaría Centro Interior (luego Decanato), en el Convento Cristo Rey, el 8 de marzo, al analizar el tema de la evangelización, se concluye que el sector que más se “opone” a la misma es la juventud de las ciudades, secundaria y universitaria, y se reconoce que “no se dispone [de] suficientes formadores adecuados, con vocación, para [una] asistencia personalizadora” .

Acción Católica

Después de aquellos intentos de la época de transición, señalados en su momento se puede decir que el trabajo con los jóvenes sólo tuvo continuidad en la Acción Católica, cuya rama joven, a pesar de los cambios en su espíritu y estructura, transitó sin interrupciones los últimos 50 años.
En la actualidad, después de un período de subsistencia, comienza a recobrar fuerzas ante la inminente celebración de las Bodas de Diamante de la institución en la Argentina.

Juventud Universitaria

Pero volvamos a los años 60. Dado que crece la población estudiantil universitaria en la ciudad, la Iglesia empieza a inquietarse por la evangelización de esta franja poblacional.
En el año 1964 se intenta crear un centro de la Juventud Universitaria Católica que no llega a concretarse.
En cambio, los sacerdotes verbitas más relacionados con la FAVE (como se denomina entonces) enfocan el trabajo con la juventud desde el área humanística común a las carreras de Agronomía y Veterinaria, que incluye las asignaturas Teología, Filosofía y Sociología.
Sobre todo desde el espacio de Filosofía, a cargo del Profesor Máximo Chaparro, proveniente de la Universidad Católica de Santa Fe, se fomenta el interés de un importante grupo de jóvenes por reflexionar sobre la realidad a la luz de la filosofía cristiana y de la Doctrina Social de la Iglesia. La finalidad es lograr una cosmovisión trascendente que fundamente el compromiso cristiano de los futuros profesionales.
El desarrollo de los temas comenzados en el aula continúa por entonces en algunas casas de estudiantes, y, a menudo, se traen disertantes de prestigio para el dictado de conferencias abiertas a toda la juventud, no necesariamente universitaria. Tal es el caso de los Profesores Nimio de Anquín y Ernesto Leyendecker, entre otros.
Todo esto genera un ejercicio del pensamiento y una corriente de opinión que despierta desconfianza en algunos sectores, por considerar que esa formación orienta hacia el Marxismo.
Por otra parte, muchos alumnos se oponen al dictado de estas asignaturas, por no entender como necesaria una formación humanística en profesionales destinados al área agrícola-ganadera.
Así las cosas, en los primeros años de la década del 70, el movimiento pierde fuerza y desaparece .
Más tarde, en 1990, se crea el SAUC (Servicio de Apoyo Universitario Católico) asesorado en los primeros tiempos por el sacerdote diocesano Presbítero Lucio Ruiz, con el objetivo de brindar apoyo espiritual y técnico a los ingresantes y al estudiantado en general, contribuyendo a la formación integral del profesional futuro.
Las actividades que realiza el SAUC en sus inicios son relevantes: visitas a alumnos ingresantes para que conozcan el grupo, servicio de Gabinete, cursos de capacitación, a cargo de profesionales especializados, sobre temas variados (Ética profesional, Psicología, Amor y Sexualidad, Informática, Ecología), reuniones semanales de formación, misas mensuales (que se realizan en las instalaciones de la FAVE), encuentros de oración en la Parroquia de la Natividad, peñas folklóricas en el patio de la Facultad, y hasta visitas de carácter misional a casas de estudiantes.
Es el primer grupo católico que logra permiso para funcionar en las dependencias de una Universidad estatal, cuenta con el apoyo de Obispos de diferentes diócesis, e incluso tiene el reconocimiento y la bendición del Vaticano.
Durante los primeros 10 años, el estudiantado responde a todo lo que se organiza desde el SAUC. Posteriormente disminuye el número de integrantes y la actividad decae. En el año 2006, el grupo subsiste, abocado a las reuniones con los primeros años de ambas facultades y a las visitas a los ingresantes .

En la Actualidad

En el ámbito de la Basílica, algunas instituciones internas atienden pequeños grupos de jóvenes. Es el caso de Legión de María, Carismáticos, María Reina de la Paz.
Existe también una célula de Encuentristas, que constituye la rama joven del movimiento de cursillos. El grupo de monaguillos, que depende directamente de los sacerdotes de la Natividad, tiene su peso, más que por el número, por el compromiso de sus integrantes, entre los cuales frecuentemente surge alguna vocación al sacerdocio .
En Esperanza se realizan además, los Campamentos Espirituales Arquidiocesanos (CEA), cuyo asesor es el Párroco de la Basílica. Los mismos están destinados a adolescentes de toda la ciudad y de poblaciones vecinas, y continúan, después del evento central, con reuniones periódicas de oración y formación .

Parroquia San José

En cuanto a la Parroquia San José, tiene presencia activa el movimiento de Jornadistas durante el período del Párroco Pedro Rothar, su asesor, quien congrega de esa manera a jóvenes de Esperanza y de los alrededores.
En la actualidad allí funciona, dependiente de la congregación Verbita, un equipo de las misiones de verano del Verbo Divino, pero sus integrantes no pertenecen sólo a la Parroquia mencionada, sino que provienen de diferentes barrios de la ciudad. Este grupo realiza, como su nombre lo indica, misiones de verano en diversos puntos del país .







V. OTROS MOVIMIENTOS LAICALES

Antes de finalizar esta reseña, debemos referirnos a dos, que no se inscriben en la jurisdicción de ninguna Parroquia ni Capilla, pero que ejercen su influencia.
Son ellos: el movimiento Focolar y Comunión y Liberación, apenas naciente en Esperanza.
En cuanto a los focolares, existen en la ciudad desde la década del 80. Su profunda espiritualidad responde a las directivas de Chiara Lubich, fundadora del movimiento, quien lo inicia inmediatamente después de finalizada la segunda guerra mundial; y sus miembros se mantienen en profunda comunión con otros grupos del país y del extranjero, sobre todo de Italia, que es la cuna de los focolares.
La célula esperancina ha dado ya a la Iglesia cuatro vocaciones femeninas de total consagración. Estas jóvenes se forman en la Mariápolis de O’Higgins (Provincia de Buenos Aires) .
De Comunión y Liberación podemos decir que tiene en la ciudad unos pocos pero activos representantes, seguidores del sacerdote italiano Luigi Giussani, su fundador, fallecido el 22 de febrero de 2005.
Es muy estrecha la relación con miembros de otras ciudades, especialmente Santa Fe, Rafaela, Córdoba y Buenos Aires, donde el movimiento ya tiene fuerza y presencia, tanto entre los adultos como entre los jóvenes, a los cuales convence por la profundidad y la seriedad de su propuesta educativa .
Ambos movimientos son expresión de una Iglesia renovada y exigente, que busca, a través de la amistad, vivir la experiencia del encuentro con Cristo, única realidad que da sentido a la vida.






VI. EL NUEVO MILENIO. LA BASÍLICA.

Para toda la Iglesia, el ingreso al nuevo milenio y la celebración de los 2000 años de la Redención, con el gran jubileo al que convoca Su Santidad Juan Pablo II, supone indudablemente la conclusión de una etapa y el llamado a un renovado compromiso que adquiere características especiales.
Al pueblo católico de Esperanza, ese punto de inflexión lo sorprende en un momento de gran riqueza por la variedad de su actividad espiritual, manifestada en sus numerosas instituciones y movimientos, que ofrecen posibilidades de inserción a todos los feligreses, cualquiera sea su vocación, intereses, edad o condición.
“¡Duc in altum!” . El llamado del Papa en la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte urge y despierta conciencias, incitando a defender la paz y el derecho a la vida ; a cultivar el diálogo interreligioso, que no se basa en la “indiferencia religiosa” , y la actividad misionera; a “interrogarse sobre la acogida del Concilio” .
Nuestra andadura, al principio de este nuevo siglo debe hacerse más rápida... Los caminos por los que cada uno de nosotros... camina, son muchos, pero no hay distancias entre quienes están unidos por la única comunión, la comunión... de la mesa del Pan eucarístico y de la Palabra de vida .

Estas palabras sintetizan otras que el mismo Juan Pablo II ha escrito en 1988:
El vivo sentido de la Comunión eclesial, don del espíritu Santo... tendrá como fruto precioso la valoración armónica, en la Iglesia “una y católica”, de la rica variedad de vocaciones y condiciones de vida, de carismas, de ministerios y de tareas y responsabilidades, como también una más convencida y decidida colaboración de los grupos, de las asociaciones y de los movimientos... en el solidario cumplimiento de la común misión de la misma Iglesia .

Y en Esperanza, ese desafío del llamado a la unidad se condensa en un signo fuerte y claro que es la Declaración de la Parroquia de la Natividad como Basílica, cuyo decreto es leído por el Arzobispo José María Arancedo en la memorable jornada del 8 de septiembre de 2005, a los pies de la Virgen Niña, Patrona de la ciudad.
Las gestiones para llegar a ese momento son iniciadas más de 30 años antes, en 1974, por el párroco de entonces, Padre Pedro Rothar, bajo el obispado de Monseñor Vicente Zaspe, cuando en la ciudad existe una única Parroquia, a cargo del Verbo Divino.
Con su característico temperamento inquieto y batallador, el sacerdote insiste durante dos años ante el Vaticano, pero no obtiene el permiso, y es el mismo Obispo quien le aconseja posponer el proyecto hasta que se den condiciones más propicias .
Un cuarto de siglo más tarde, el Padre Omar Rohrmann, al poco tiempo de hacerse cargo de la Parroquia, reinicia los trámites y llega el momento esperado: el 6 de julio de 2005, el cardenal Francisco Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en nombre de su Santidad Benedicto XVI, firma el Decreto por el cual se le otorga el título de Basílica Menor a la Parroquia de la Natividad de la Santísima Virgen. El mismo figura para su identificación como Protocolo 18/05/L .
Ante la gozosa satisfacción que este hecho produce a Esperanza, se puede decir que la Basílica no pertenece a una jurisdicción espiritual de la ciudad, sino que es una gracia y un tesoro para todo el pueblo católico esperancino, heredero de quienes levantaron las paredes del templo y edificaron la comunidad.
Los tres escudos que ostenta el frontispicio, proclaman a las claras el compromiso en la construcción de la unidad eclesial; el del vaticano, expresa el sólido vínculo con Roma, y los emblemas del Papa y del Arzobispo dicen la humilde y filial sumisión a la jerarquía, que garantiza la eterna permanencia de la Barca de Pedro.
Desde esa unidad, la Iglesia Católica esperancina, en el marco gozoso del sesquicentenario, recibe la invitación a retomar el mandato misionero según la exhortación de Juan Pablo II: “Que Jesús resucitado... nos encuentre vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos, para llevarles el gran anuncio: “¡Hemos visto al Señor!” .








CONCLUSIÓN

Podemos señalar sin temor a equivocarnos que, desde el Centenario hasta el presente, Esperanza ha sostenido un desarrollo permanente en todos los aspectos: poblacional, edilicio, urbanístico, institucional, cultural. Y en el plano religioso, creemos que se puede descubrir también una dinámica de crecimiento...
¿Fue sólo en extensión? Quizás todas las opiniones no coincidan.
De una cosa sí estamos seguros, y este trabajo lo demuestra: durante el último medio siglo se ha construido la variedad... queda, ahora, por reafirmar, la unidad...
“Que todos sean uno... para que el mundo crea” Jn. 17,21.
“Vayan... y anuncien el Evangelio...” Mc. 16,15.
Hacer la unidad... Realizar la misión: he ahí los desafíos.
Si el pueblo de Esperanza, guiado por sus pastores, logró levantar un templo que por la magnificencia de su estructura y por la belleza de su estilo arquitectónico pudo convertirse en Basílica, la intensidad de su vida espiritual y la santidad de sus miembros deben hacer de la Iglesia esperancina un robusto pilar del Pueblo de Dios dentro de la Arquidiócesis de Santa Fe.
Y así, desde su propio fortalecimiento interior, como ya sucedió otras veces, esta comunidad católica sesquicentenaria será semillero para la región: a través de la oración generosa, del servicio comprometido, del florecimiento vocacional, de la salida más allá de las fronteras...
Que al llegar el segundo centenario, la memoria del pasado, celosamente custodiada, en los archivos y en los corazones, permita aseverar que el sueño se hizo realidad.


Bibliografía



• ARQUIDIÓCESIS DE SANTA FE DE LA VERA CRUZ. Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso. 2005. ENDEDIO 2006. Esperanza (Santa Fe), Argentina.
• AUZA, N. La Iglesia Católica (1914 – 1960) en ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA. 1997. Nueva Historia de la Nación Argentina. 8. La Argentina del Siglo XX. Buenos Aires, Argentina: Planeta p. 303 – 335.
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• CONFERENCIA EPISCOPAL LATINOAMERICANA. 1969. Documentos Finales de Medellín. Quisquizacate, Córdoba, Argentina: San Pablo.
• CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. 1979. La evangelización en el presente y en el futuro de América Latína. Buenos Aires, Argentina: San Pablo.
• CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. 1992. Santo Domingo. Conclusiones. La Florida (Stgo.), Chile: San Pablo.
• JUAN PABLO II. 1989. Christifideles Laici. Florida (Bs. As.), Argentina: Ediciones Paulinas.
• JUAN PABLO II. 2001. Novo Millennio Ineunte. Buenos Aires, Argentina: Paulinas.
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• PEDRONI, J. 1969. Obra Poética. Tomos I y II. Rosario, Argentina: Biblioteca Popular C. C. Vigil.
• PROVINCIA CRISTO REY. 2004. Historia de la Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo en la Argentina desde 1895 a 2004. Provincia Cristo Rey. Esperanza, Santa Fe.
• STOFFEL, E. 1996. Historia de la Parroquia y del Templo de la Natividad de la Santísima Virgen. Esperanza (Santa Fe). 1921 – 1996. Esperanza (Santa Fe), Argentina: Municipalidad de Esperanza.


Otras Fuentes

- Archivo Arzobispado Santa Fe de la Vera Cruz.
- Archivo Cáritas (Esperanza).
- Archivo Liga de Madres (Esperanza). Actas años 1970 – 2005.
- Archivo Obra Vocaciones Eclesiásticas (Esperanza). Actas I – 57.
- Archivo Basílica de la Natividad de la Santísima Virgen.
- Testimonios escritos y orales aportados por miembros de la comunidad católica esperancina.

1 comentario:

Anónimo dijo...

el nombre del padre Iannuzzi es Dionisio, no Domingo