domingo, 24 de agosto de 2008

Colonización y vida religiosa en Guadalupe

Pbro. Edgar Stoffel

El residencial barrio de Guadalupe era -hacia 1860- un vasto territorio situado a unos 6 kilómetros del centro de la ciudad de Santa Fe y que se extendía desde la laguna Setúbal hasta el río Salado. Estaba escasamente poblado y tenía como centro de referencia la capilla que, hacia 1779, había erigido el ermitaño Francisco Xavier de la Rosa.
En 1864 comenzaba el proceso de colonización, ya que desde Brasil llegaba un grupo de alemanes, integrado por Juan Blum, José y Juan Koch, Federico Bock y Enrique Hassing y sus respectivas familias, y José Ode, que era soltero.
Sobre esta base surgió la colonia Guadalupe que tendría como ventaja su cercanía con Santa Fe y como inconveniente, la estrechez de las tierras entregadas en concesión.
A pesar de la ayuda otorgada por el gobierno, los primeros tiempos fueron difíciles por lo limitado de las parcelas no demasiado aptas para la agricultura, por lo cual algunos de los primeros colonos emigraron a colonias vecinas.
Los que permanecieron en la zona debieron trocar sus deseos de ser agricultores por el oficio de quinteros. Para 1871, la situación había mejorado y Wilckens destaca que estaba poblada por 97 familias, existía una escuela con 25 alumnos y las chacras estaban cercadas en su mayoría con alambres y postes de ñandubay.
¿Quiénes eran algunos de estos vecinos cuya laboriosidad es reconocida en diversos informes, que estaban asentados en lo que hoy sería Aristóbulo del Valle?. Algunos pertenecían a viejas familias de origen criollo que desde hacía siglos habitaban la zona, como Stanislada Méndez, José María Godoy, José María Quintana, Rosa Torres, Tomás Cullen y Pío Sequiera. Pero en su mayoría eran extranjeros como José y Juan Koch, Lorenzo, Carlos Claus, Miguel Yungues, Ignacio Heymo, José Geiser, Bock y Blum, Pedro Verat, Melchior Montara, Elias Albrecht, Jorge Hilgert, Ignacio Escher, Francisco Esper, Cristian Hillmann y Guillermo Beckmann.
El informe de Aragón de 1881 habla ya de 596 habitantes y el de Bouchard de 1883 señala la existencia de 69 familias, en las cuales 180 eran varones, 123 mujeres y 219 niños. En cuanto al origen étnico, Bouchard indica 22 son alemanas, 2 brasileñas, 22 italianas, 5 suizas, 8 argentinas, 6 francesas y 4 españolas.

Jardines de diamelas
Con el correr del tiempo, como sucedió en todo el proceso colonizador en nuestra provincia, los italianos irán superando a suizos y alemanes, aunque unos y otros sustituirán definitivamente el sustrato criollo.
Esto volverá revertirse hacia la década del "50 del siglo XX, con la construcción de barrios obreros especialmente en el sector oeste y a posteriori con las migraciones del norte santafesino, del Chaco y Formosa.
Hacia 1890, R. Lassaga realizaba un análisis preciso de aquel proceso de cambio: "Hoy ese sitio desierto se ha convertido en una colonia floreciente. La selva impenetrable de otro tiempo ha sido talada totalmente, y en su lugar la vista se deleita al contemplar las quintas cultivadas con sus jardines de diamelas y de rosas y sus bosques de nogales, naranjos y limoneros, con sus cerco de pita o eucaliptus y sus océanos de trigo que mece la brisa perfumada, imprimiéndole al verde tallo ondulaciones suavísimas".
Y continuaba: "A la guarida del salvaje, ha reemplazado la hermosa y sencilla casa de campo suiza o alemana, con su rojo tejado y su nítida blancura, en cuya puerta el colono, ayer pobre y enriquecido hoy con su trabajo, se sienta rodeado de sus rubios hijos a los que cuenta la historia de la libre Helvecia o la ilustrada Germania, mientras ellos lo interrumpen con infantil imprudencia, para repetirle la narración de las campañas argentinas, de las glorias de su patria americana, que aprenden en la vecina escuela, en esa casita rústica pero alegre, sombreada por frondosos paraísos y perfumadas con flores campesinos. Todo ha cambiado, ítodo! . La transformación llega desde la casa al que la habita. El traje pintoresco del gaucho ha desaparecido con sus hábitos nómades y sus aventuras sangrientas y sus juegos caballerescos".

Santuario y seminario
Entrado el siglo XX, la colonia continuará progresando gracias al esfuerzo de los vecinos, la llegada del ferrocarril en 1908 y el tranvía de la Línea 4, y surgirán diversas casas de comercio en los alrededores de la Estación Guadalupe. A partir de 1904, se suma la construcción del actual Santuario y, en 1907, el Seminario Metropolitano.
Los colonos de origen extranjero se encontrarán entre la mayoría de los firmantes que en 1918 elevan un petitorio a Mons. Boneo solicitándole que el Santuario se convierta en Parroquia, lo que es concedido el 10 de setiembre de ese año. Algunos de los solicitantes eran Zanuttini, Miglietta, Benassi, Virgolini, Elrech, Cantarutti, Hanel, Massara, Contini, Beckmann, Rica, Gigante, Colautti, Koch, Bock, Ferraro, Gesse, Meneghetti, Klein, Hagemann, entre otros.
También son de origen extranjero los primeros integrantes de la comisión que -en 1901- funda Mons. Boneo para el mantenimiento edilicio del Santuario y el sustento del capellán, y mayoritariamente extranjeros o sus hijos quienes acompañan al Pbro. Echagüe en la formación de una banda musical.
Comenzadas las obras del actual Santuario, los colonos fueron los encargados de transportar la arena donada por el vecino Rafael Funes desde su campo hasta el obrador, utilizando sus carros o alquilando cuando no tenían. Entre abril y junio de 1904 colaboraron con sus carros Domingo y José Pallero, Nicolás Pallero, Pompeyo Luraschi, Miguel Fuchi, Cesareo Heimo, Juan Beckmann, Pedro Forlano, José Geisser, Carlos Leaunvotti, Gaspar Berpen, Simón Lanza, Carlos Fregossi, Ángel Brambilla, José Brambilla, Fabio Armellini, Pedro Koch, Damián Luraschi, José Zottini, Ambrosio Albi y Pablo Armellini. Algún tiempo más tarde se registran donaciones en dinero de muchos de estos vecinos.

Dos tradiciones
En ocasión de la festividad de la Virgen, muchos de los colonos se convertían en anfitriones de los peregrinos que venían desde las colonias vecinas.
Estos colonos debieron también confrontar su religiosidad con las prácticas de los criollos, a las que don Augusto Kieffer no duda en calificar de extraño espectáculo ya que frente al Santuario había observado una treintena de tiendas con sus mesas y sillas donde se expendían bebidas y en los alrededores a una multitud de gente que había llegado en coches o caballos. Unos bebían, otros jugaban, otros iban a la Iglesia a participar de algunas de las Misas y luego de la Procesión y finalmente, no faltaban quienes jugaban con un hueso (la taba) apostando todo el dinero, el caballo y hasta la montura.
Los colonizadores de Guadalupe tuvieron el singular privilegio de ser no sólo testigos del culto a la Virgen -comenzado por el ermitaño de la Rosa en las tierras de los Setúbal- sino que se convirtieron en sus grandes difusores y contribuyeron al desarrollo y consolidación del mismo y si bien es cierto que transformaron costumbres y estilos de vida en que la tradición criolla pasó a un segundo plano, en la devoción a la Virgen encontraron un ámbito de comunión particular.
Con Lassaga podemos concluir diciendo que "Todo ha cambiado, todo (...) pero el colono extranjero, como el gaucho argentino, rinden culto a María en su poético Santuario y enseñan a sus hijos las santas oraciones que aprendieron éstos de sus padres y aquellos repitieron en reverencia de la Virgen del lugar".

Contención espiritual. Privilegiados
Los colonos de Guadalupe profesaban mayoritariamente el catolicismo y en el Santuario de Guadalupe encontraron el ámbito propicio para su vivencia religiosa.
Lina Beck Bernard escribe que "esta capilla se muestra deliciosa bajo el azul radiante del cielo, con sus muros blancos, su torre cuadrada, y el portal coronado por una cupulita árabe, de estilo entre cristiano y morisco. La circunda una galería sostenida por pilares de algarrobo, tallados caprichosamente. En el atrio se levanta una altísima palmera de las más bellas que he visto en el país. Hay algunos naranjos de un verde sobrio, que contrasta con el color blanco de la Iglesia, y el fondo azul inalterable de la escena. Está decorada al modo de las iglesias españolas del siglo XVIII, hay conjuntos esculpidos llamados retablos que representan frutas, flores, cabezas de serafines circundados de alitas doradas y columnas salomónicas ornadas con hojas de ocanto".
Entre los sacerdotes que atendían a los colonos se destacaron los Pbros. José Luis Doldán y Severo Echagüe, santafesinos, y ocasionalmente acudían algunos padres jesuitas de origen alemán como también del Verbo Divino, para los colonos que hablaban aquella lengua.
A partir de 1900, el Santuario contará con capellanes estables y -si bien los vecinos pertenecían a la Parroquia del Carmen y desde 1910 a la de San Juan Bautista para cumplir con los deberes parroquiales- muchas veces acudían a los servicios de éstos debido a la lejanía de las sedes parroquiales.