viernes, 24 de agosto de 2007

LA IGLESIA EN SANTA FE. ETAPA DE LA CRISIS INDEPENDENTISTA Y LA AUTONOMÍA PROVINCIAL (1810 – 1852)

Pbro. Edgar Gabriel Stoffel
estoffel@ucsf.edu.ar

________________________________________________________________________

INTRODUCCION

En las primeras década del siglo XIX entra en crisis el sistema de la cristiandad americana en su faz política ya que las elites criollas asentadas en las ciudades portuarias se consideran lo suficientemente maduras para el autogobierno.

Junto a este deseo legítimo de independencia que sin dudas en la cultura popular y en algunos dirigentes tenía raíces católicas ya que directa o indirectamente se habían nutrido en la teoría suareciana , implicaba en algunos grupos no solo un corte con España sino también una opción modernizadora que hacía ‘tabula rasa’ con los cuatro siglos precedentes y producía una fractura abismal entre pueblo y elite .

No cabe duda que en esto jugó un papel importante el ‘iluminismo’ que había cautivado a algunas de las mentes brillantes que llevaron a delante el proceso emancipador, aunque éste en la practica no llegó a una crítica seria de la religión como sucedió en los países de origen sino a actitudes antieclesiales, antieclesiásticas y laicistas .

Nuestros Obispos, en el Documento ‘Iglesia y Comunidad Nacional’ consideran que el ideal de la emancipación alimentado por nuestro pueblo era eminentemente cristiano y nutrido por la teología española de corte escolástico, aunque su formulación fue realizada con los conceptos propios de la modernidad y como, junto a la voluntad de incorporarse a las nuevas reglas de juego que se imponen en occidente a través de una nueva estructura política y económica, se nota el ensayo mas radical de darle una nueva inspiración a la cultura .

Todo esto impactará en la misma Iglesia –o en sus hombres- al punto que el Deán Gregorio Fúnes publicará en 1815 su ‘Ensayo histórico civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán’ en el cual toda referencia a la Iglesia y a su obra evangelizadora queda relegada, cuando no olvidada o negada .

La independencia nacional tuvo un alto costo para los pueblos interiores debido al ‘ideologismo’ de no pocos porteños que pusieron en riesgo la supervivencia de la misma, implicó en virtud de esta mentalidad la desmembración del antiguo Virreynato y un costo mucho mas alto para la vida de la Iglesia: corte de relaciones con la Iglesia universal, falta de Obispos, cierre de seminarios, expulsión o confinamiento de clérigos y religiosos de origen español o por diferencias políticas, politización de los sacerdotes que ocupaban cargos públicos, abandono de la cura de almas por servir a los ejércitos como capellanes y crisis vocacional.

Estas consideraciones generales, válidas para la mayor parte del continente tienen en nuestra provincia una de sus excepciones, ya que Santa Fe -al decir del padre Furlong sj-
‘... no entró ni poco ni mucho en el vértigo bonaerense de 1810, ni participó del ‘’porvenir maravilloso’’, a cuyas puertas se creyó llegar en Buenos Aires entre 1821 y 1827, antes se conservó sin claudicaciones, intacta, sin mancha y sin arruga, así en lo político como en lo social y en lo religioso’ .

MARCO SOCIO POLÍTICO Y ECLESIASTICO

El impacto de las transformaciones políticas en nuestra provincia

Al igual que en el resto del país también en nuestro territorio, especialmente en la
Capital, se vivía cierta efervescencia política ya que en 1809 algunos santafesinos –al parecer- se habían involucrado en una conjura de tinte ‘carlotista’ e iniciado el año ’10 debían elegir un diputado que representase a la ciudad ante la Junta Central Gubernativa de España e Indias, conocida como Junta de Sevilla, lo cual se concreta en los primeros días de mayo .

Apenas un mes después las autoridades santafesinas reciben comunicación oficial de lo acontecido en Buenos Aires lo cual –según algunos autores- es motivo de júbilo para los pobladores de esta jurisdicción , quienes además no generarán ningún movimiento de resistencia a la nueva Junta de Gobierno .

Instado por la Circular del 27 de mayo donde se convocaba a las ciudades interiores a elegir un diputado que las representase, el 2 de julio se procedió a dicha elección siendo favorecidos Francisco Tarragona y el Pbro. José de Amenábar , aunque el primero fue el diputado por Santa Fe a la Junta de Buenos Aires a la que se incorporó el 18 de diciembre de ese año, a quién casi un año después se le revocó el mandato .

Casi paralelamente a la elección del diputado desde el nuevo gobierno se le comunicaba al Tte de Gobernador Prudencio María de Gastañaduy que cesaba en su oficio y que sería reemplazado por el Coronel Manuel Ruiz, que respondía a los intereses de la Junta y no a las preferencias de los santafesinos, quienes si bien deseaban un vecino para ese cargo no estaban de acuerdo en torno a la persona .

Una de las medidas tomadas por el nuevo gobernador fue la de aplicar el decreto de la Primera Junta de Buenos Aires por la cual algunos vecinos de Santa Fe considerados refractarios al nuevos sistema -entre ellos el Cura y Vicario Francisco Antonio de Vera y Mújica- debían ser deportados y confinados en Famatina (La Rioja) .

En octubre el Ejército comandado por Belgrano que iba camino del Paraguay hace pié en Santa Fe donde intima la contribución de los vecinos, algunos de los cuales responden con bastante generosidad, y como contrapartida le concedió algunos arbitrios , lo cual no bastaba para equilibrar la pérdida que significaba la incorporación a su exigua tropa de los Blandengues destinados a la custodia y defensa de la frontera que a partir de entonces quedaría a merced de los montaraces .

Volviendo al ejercicio de gobierno hay que señalar que entre la llegada del Coronel Ruíz y el año 1815 hubo seis Ttes de Gobernador los cuales fueron nombrados por los ‘porteños’ en desmedro de los deseos locales y en ocasiones acompañaron las fluctuaciones que tuvo la política de aquellos tiempos ya que en escasos cinco años tuvimos Junta Grande, I y II Triunvirato y Directorio .

En este contexto y bajo el gobierno del Coronel Antonio Berutti se procedió a la elección de un diputado por Santa Fe para participar de la Asamblea que se llevó a cabo en 1813 , siendo favorecido en esta ocasión el Pbro. José de Amenabar de modo prácticamente unánime .

Hacia 1815 podría decirse que Santa Fe entra en crisis debido a la doble amenaza que significan por un lado el atrevimiento de los montaraces que al ver las fronteras desguarnecidas irrumpen con sus correrías en las vecindades de la ciudad donde no solo saquean sino que dejan un a estela de víctimas que para entonces rondaban el centenar y por el otro el avance de las tropas artiguistas que habían ocupado la otra banda del Paraná y sus ideales federalistas que parecían entusiasmar a la mayoría de los santafesinos .

Gobernando la ciudad el coronel Eustoquio Díaz Vélez se produce la revuelta pro-artiguista que cuenta con el favor de los santafesinos aunque esta es posible por la decidida intervención de las tropas que respondían al caudillo oriental bajo la conducción de Hereñú, la cual a la postre traerá no pocos males ya que a los indios que habían acompañado aquella campaña se les deja el terreno libre para el saqueo .

De todos modos este acontecimiento es el que permite a Santa Fe constituirse en un estado autónomo que se extenderá hasta la sanción de la Constitución del año 1853 en que delegará su soberanía y sus principales atributos a favor de la Nación que venía a constituirse en virtud de los pactos preexistentes de la cual nuestra provincia había sido activa protagonista y signataria.

En esta etapa que dura varias décadas podemos destacar tres momentos importantes: el que encarnan Francisco Antonio Candioti y Mariano Vera que se extiende hasta 1818, época en que es fuerte la influencia del artiguismo y Santa Fe debe afrontar las invasiones de Viamonte (1815) y Díaz Vélez (1816) enviadas desde Buenos Aires; la etapa hegemonizada por Estanislao López entre 1818 y 1838 en que la provincia vencerá una y otra vez a las tropas porteñas, se dará su Estatuto (1819), se enfrentará con otras provincias que se reivindicaban también federales, firmará tratados como el de Pilar (1820) y el de ‘El Cuadrilátero (1822), participará activamente en el Congreso de 1824 y se contará entre las firmantes del Pacto Federal (1831) y tras el interregno de Juan Pablo López –que debió afrontar la invasión de Lavalle y dictó una Constitución en 1841, el del gobierno de Pascual Echagüe que tal vez por su adhesión incondicional a Rosas no defendió la autonomía con tanta fuerza como sus predecesores y al igual que ellos le tocó enfrentar invasiones al territorio por parte de tropas enemigas a la par que desarrolló una extensa labor cultura para aquellos tiempos tan complejos y la economía provincial –a pesar de los bloqueos que imponían los europeos- experimentó cierta reactivación tras una postración de décadas.

En el plano nacional o al menos en lo que respecta a la política que se intentaba imponer desde Buenos Aires hasta 1820 habrá un Director Supremo, sistema que será aniquilado por la alianza de López y Ramírez poniéndose de manifiesto que las provincias rechazan el modelo unitario y centralista.

Obligada por las circunstancias Buenos Aires debió conformarse con elegir gobernador y acordar con las demás provincias a través de pactos su integración al resto del país , pero es también el comienzo del ascenso de Bernardino Rivadavia quién llevará adelante la llamada ‘Reforma eclesiástica’.

Un segundo momento de importancia lo constituye el ascenso de Rivadavia al gobierno en el año 1826 lo cual implica el intento mas acabado en aquel período de construir una país moderno según el entender de los ‘ilustrados’ a despecho del sentir de los pueblos interiores.

No cabe dudas que su gobierno estuvo impulsado por una fuerte impronta ideológica donde predominó un puro afán imitativo, que terminó en una administración verdaderamente desastrosa y la profundización de las divisiones existentes como aseveraba el General José de San Martín con el agravante de que la Constitución que todos esperaban mereció el repudio de las provincias y se frustró la posibilidad de unidad nacional.

El tercer momento estará signado por la figura de Juan Manuel de Rosas, quién será mas condescendiente con las provincias interiores y mas respetuoso de la tradición religiosa, pero no menos centralista que los anteriores aunque bajo la divisa federal.

La Iglesia en el Río de la Plata y el nuevo estado de cosas

Conformado el primer gobierno patrio la relación de éste con la Jerarquía eclesiástica personificada en el Obispo Lué y Riega no fue para nada fácil debido a las prevenciones que los revolucionarios tenían para con el Obispo debido a su postura en el Cabildo Abierto del 22 de mayo donde se resistió al establecimiento de una Junta de Gobierno .

Para colmo de males el diocesano tenía una mala relación con el Cabildo eclesiástico y una parte de su feligresía no adhería a los principios revolucionarios sino que seguía fiel a la corona española.

De esta manera, cualquier iniciativa por parte del Obispo era recelada y la actividad pastoral entró en un verdadero estado de inmovilismo, a la par que el nuevo Gobierno trataba de imponer sus criterios en materia de disciplina eclesiástica e incluso pretendía que en las predicaciones se hiciese referencia a lo que se consideraba la sagrada causa independentista y que en la oración de la misa se incluyese la súplica ‘Pro pía et sancta nostrae libertatis causa’.

En lo que respecta a nuestro territorio, en 1811 el Obispo insiste ante el gobierno de la Junta que le permita realizar la Visita Pastoral que tenía programada desde las vísperas de los acontecimientos mayos y en la que pensaba tras visitar Rosario no ir mas allá de Santa Fe , pero el mismo es denegado con lo cual habrá que esperar varias décadas para que las feligresías de este Obispado y especialmente las zonas mas distantes tengan una Visita en regla.

El 22 de marzo de 1812 fallecía Mons. Benito Lué y Riega y quedaba la sede vacante en un contexto de ruptura con España y por ende con la Santa Sede hasta el año 1825 en que ésta designa un ‘Delegado Apostólico’ en la persona de Mariano Medrano y Cabrera .

A partir de entonces la iglesia rioplatense comenzará a ser gobernada por los Provisores, entremezclándose en este proceso estudiado profundamente por Américo Tonda , la política y los chismorreos clericales, con el agravante de que sino la nulidad de la elección de los Provisores porteños se dudaba de la canonicidad de los mismos al menos a partir de 1822.

La percepción de que algunas cosas habían cambiado en la administración de la Iglesia, pasándose de una época rigorista a una de mayor liberalidad se pone de manifiesto en una nota que el santafesino Isidoro Cabal –deseoso de unirse en matrimonio con una prima hermana- le envía al Provisor Achega donde recuerda los esfuerzos inútiles realizados con anterioridad los cuales considera que ahora serán correspondidos ya que ‘en el día reside la autoridad en un Americano, amante de sus paisanos, celoso de la moral, obviador del escándalo y deseoso de la tranquilidad de las conciencias’

Entre la muerte de Lué y Riega y la deposición de Mariano Medrano y Cabrera de dicho cargo, gobernaron la diócesis de Buenos Aires Diego Estanislao de Zavaleta (1812-1815), Domingo Victorio de Achega (1815-1817), Juan Dámaso Fonseca (1817-1819 y 1819-1821), José Valentín Gómez (1821-1822) y Mariano Medrano (1822).

Durante la gestión de Diego Estanislao de Zavaleta se lleva a cabo la llamada ‘Asamblea del año XIII’, en la cual a pesar de la participación de notables eclesiásticos se impusieron en la misma las tendencias regalistas y liberales, llegándose a decretar que los eclesiásticos que no se nacionalizaran perderían sus beneficios, acerca de la edad en que se había de emitir la profesión religiosa, la prohibición de dar sepultura en las iglesias, la reglamentación de los diezmos o la temperatura del agua para los bautismos, a la par que se elaboró un proyecto de ley que declaraba que las Provincias Unidas del Río de la Plata eran independientes de toda autoridad eclesiástica externa y lo mismo acontecía con los religiosos .

A comienzos de ese año y en el marco de la expulsión de españoles ordenada por el II Triunvirato se pone de manifiesto la sospecha del Gobierno sobre los frailes del Convento de San Carlos en San Lorenzo, ya que si bien tienen una buena opinión sobre los mismos quieren cerciorarse si es verdadero amor a la causa o hábil simulación .

La misma resulta infundada tal como se desprende de la misiva del Cura Párroco de Rosario ya que los frailes –salvo Juan Seinano Aragonés- habían adherido a la causa libertaria y del Informe elevado por Fray Cayetano Rodriguez donde se señala que ‘son plenamente adictos a la causa de América’ como tendrán ocasión de demostrarlo poco antes del mes con motivo del combate de San Lorenzo.

Un auxilio espiritual inesperado para los santafesinos lo va a constituir la presencia del Obispo Rodrigo Antonio de Orellana quién con fecha 10 de febrero de 1815 es enviando al convento de San Lorenzo en una conmutación de pena que debía cumplir en la Guardia de Lujan .

En el convento de los misioneros de Propaganda Fide el Obispo de Córdoba estuvo alrededor de veinte meses, tiempo que aprovechó para cartearse con las hermanas carmelitas de aquella sede episcopal a las que consideraba verdaderas hijas y a quienes trataba desde su ostracismo de ayudar a descubrir los designios del ‘Divino Esposo’ en los acontecimientos que les tocaba vivir .

Acechado por el Gobierno central, el Obispo encontró cierta benevolencia en Mariano Vera (1816-1818) quien desde hacía algunos meses gobernaba Santa Fe y estaba interesado en los servicios espirituales que Orellana podía prestar a la desvencijada iglesia santafesina ya que no había quién consagrara óleos, confirmara y ordenara sacerdotes.

Sin dudas que la tensión política existente con Buenos Aires ayudó aún más en esto, dado que era un modo de contradecir una política que buscaba por todos los medios de someter a los santafesinos .

Después de una serie de cavilaciones, a comienzos de diciembre de 1816 Orellana abandona el Convento de San Carlos para dirigirse a nuestra capital, pasando primero por Coronda donde es acogido cálidamente por la población que desde 1803 no veía un Obispo y era la tierra del Pbro. Juan Bernardo Alzugaray, uno de sus compañeros de infortunio .

Llegado a Santa Fe es recibido por el gobernador Vera y algunos vecinos en el ‘Paso’ de Santo Tomé y ya instalado en la ciudad administra el sacramento de la Confirmación y ordena a varios clérigos .

Deseoso de cumplir con los ‘corondinos’ se dirige hasta el pequeño poblado donde permanece un buen lapso de tiempo en el cual, además de confirmar a los vecinos del lugar se allega hasta el oratorio de Grondona en las inmediaciones del Carcarañá para administrar también dicho sacramento .

Pocos días después de regresar de Coronda a Santa Fe, el Obispo que ya sabía que había sido designado al frente de la Iglesia de Ávila en España y ante las noticias poco halagüeñas que circulaban en Buenos Aires sobre elección y consagración de Obispos sin institución pontificia, el 10 de julio de 1817 se pone en marcha hacia Brasil y en 1819 llega a su nueva sede .

Hay que señalar asimismo, que el mismo Mariano Vera que había tendido su mano al desterrado Obispo previamente había expulsado a varios religiosos que acompañaron a Viamonte cuando la invasión de 1815 y se habían levantado contra el Cabildo que intentaba elegir un gobernante santafesino .

Al respecto recuerda Urbano de Iriondo:

‘... luego que el Dr. Mariano Vera triunfó del general Viamon, echó desterrado al Paraná al Padre fray Agustín de los Santos, franciscano santafesino, fray Pedro Gómez, dominico de Córdoba y Dn. Pedro Neto, santafesino, cura de Coronda’ .

Es por demás evidente que en aquel tiempo la política y el ministerio eclesiástico se entremezclaban en demasía quizás por la falta de personas idóneas para los debates de aquella hora y así vemos como previamente al gobierno de Vera, en la elección del representante santafesino al Congreso de Tucumán en 1816 fue elegido el Pbro. Pedro José Crespo quién en esos momentos se desempeñaba al frente de la Parroquia de Baradero en la provincia de Buenos Aires y que al final no aceptó o como en 1817 el Pbro. José de Amenábar es elegido diputado a la Asamblea a la cual tendrá el alto honor de presidir.

Volviendo al gobierno de los Provisores diremos que –siendo bastante manosueltas en lo que a las dispensas matrimoniales se refería tal vez por la influencia jansenista que habían recibido a excepción de Medrano y también por las dificultades que ofrecía la incomunicación con Buenos Aires en virtud de los enfrentamientos políticos y militares-, habían facultado al Pbro. José de Amenábar para que actuase como delegado de ellos dispensando los impedimentos menores .

A partir de 1822 la vida eclesiástica va a experimentar un verdadero sacudón ya que Rivadavia comienza su ‘reforma’ que va a contar con la oposición del ortodoxo Medrano –quién si bien era consciente en que debían hacerse algunos cambios en este campo- negaba al Estado toda autoridad aún en los aspectos exteriores y secundarios.

Esta oposición le valdrá la destitución de su cargo y su reemplazo por Mariano Zavaleta que no solo comulgaba con los objetivos propuestos por Rivadavia en su ‘reforma’ sino que estaba dispuesto a acatar el menor de sus deseos al punto que estando de paso en Buenos Aires Mons. Muzi –enviado Pontificio a Chile- le recriminó haber venido a perturbar la paz de la Iglesia local y le prohibió el ejercicio de su ministerio .

La política eclesiástica llevada adelante por Rivadavia constituyó -al decir de Faustino Legón- el primer intento serio de instaurar una ‘Iglesia Nacional’ poniendo a Buenos Aires al borde del cisma , tal como lo creían entre otros los miembros del Cabildo civil de Santa Fe, quienes en 1825 manifestaban al citado Vicario Apostólico:

‘... por cuanto esta Provincia, en lo eclesiástico, está sujeta a Buenos Aires, y la Iglesia Bonaerense, si no es ya cismática, está próxima a serlo...’

Entre las disposiciones emanadas de la pluma de Rivadavia se encontraba la prohibición de entrada a todo eclesiástico que no contara con el ‘placet’ previo del gobierno, los religiosos quedaban desligados de la obediencia que debían a sus superiores provinciales y solo se la debían al de la Casa en la que habitaban, la autoridad política era la responsable de conceder permiso para salir de los conventos a quienes lo solicitaran, confiscación del Santuario de Luján que para entonces ya era un lugar importante de peregrinación, el convento de la Recoleta es convertido en cementerio, la vicaría general del Ejercito es suprimida, el Seminario es abolido, secularización de los hospitales en manos de los betlehemitas y apropiación de sus casas, se limita el número de miembros de los conventos y se intenta la supresión de los mismos y otras del mismo estilo y tenor inspiradas en el mas craso regalismo .

Salvo las provincias de Cuyo la reforma fue verdaderamente impopular y no tuvo eco en el resto del interior, y en el caso de Santa Fe la desgracia que se abatió sobre los religiosos de Buenos Aires fue beneficiosa para Santa Fe ya que en nuestra provincia y tras padecer varios destierros, en 1823 se asentó el brioso fraile Francisco de Paula Castañeda.

Si bien parece que el Gobernador Estanislao López hubiese deseado que Castañeda se estableciera en la ciudad de Santa Fe este se trasladó al Rincón de San José donde casi todo estaba por hacerse y allí puso de manifiesto su genio y habilidad.

En una carta que dirige en el año 1826 a una persona de su amistad, le informa:

‘... en esta parte bien considerable del mundo ha fundado el padre Castañeda una iglesia, un pueblo, una escuela, un colegio que consta ya de cincuenta y seis alumnos, que viven a sus expensas; aquí el padre Castañeda de noche maneja la pluma; de día, el arado, la azada, las redes, el espinel, para mantenerse, mantener a sus colegiales, mantener también el pueblo que ha fundado; aquí lo llaman al padre Castañeda a una Confesión, y camina a pié y descalzo cuatro leguas por campos espinosos, pasando cañadas con agua, y vuelve a su capilla en el mismo día tan sin cansancio, que se siente capaz de repetir la jornada, si lo volviesen a llamar.
Además tiene fundada una sociedad teofilantrópica’

Aunque impreso en Córdoba, en esta etapa publica ‘Derechos del Hombre o Discursos históricos místico-político-crítico-dogmático sobre los principios del derecho político’. La publicación de este periódico que al parecer era un compromiso que tenía con López se extiende desde octubre de 1825 a setiembre de 1826.

También publicará, pero en su propia imprenta –que era la de José Miguel Carreras y el acondiciona- ‘El santafesino a las otras provincias de la antigua unión. Población y rápido crecimiento del Gran Chaco’ (1825) .

En 1827 ya se encontraba en Paraná, lugar donde lo encontró la muerte en 1832 .

Sobre su estadía en Santa Fe, nos parece acertado el juicio del Dr. Néstor Auza, quién precisa:

‘Su paso por esa provincia no ha de ser en vano, ya que ni la lejanía ni lo reducido del escenario son obstáculos para que Castañeda realice una original tarea de periodista, de misionero, de educador y ejecutor de obras de progreso’

En cuanto a los Gobernadores eclesiásticos de Buenos Aires, especialmente tras la asunción de Zavaleta, comienza a ser cuestionada su legitimidad y entre quienes los hacen se encuentra nuestro Cura y Vicario José de Amenabar, quién durante el Provisoriato de José León Banegas (1824-1829) le escribe a Mons. Muzi:

‘Creo no se ocultará a S. S. Ilma en que conflictos se hallan las conciencias por el ejercicio de la autoridad eclesiástica que emana de Prelados cuia legitimidad en su elección se trepida, como también por la amplia e ilimitada extensión que se advierte en sus funciones’ .

Este enviado apostólico rechazado y maltratado por Rivadavia y tratado con mucha simpatía por el General San Martín era esperado por el gobierno y el clero de Santa Fe donde pensaban expresarle su adhesión a la Santa Sede y manifestar su disidencia con la política porteña tal como se desprende las cartas que en febrero de 1825 elevan a Mons. Muzi , pero éste, tras atravesar Rosario al llegar a la Guardia de la Esquina en la frontera con Córdoba, se encaminó hacia esa provincia .

Sin embargo, el día 21 de enero de 1824 a pedido del Cura Párroco de Rosario, Don Pascual Silva Braga procedió a la administración del Sacramento de la Confirmación, acontecimiento del cual Giovanni María Mastai Ferretti nos ha dejado el siguiente testimonio:

‘Resultó tan concurrida, con tantos chillidos de las criaturas y la gente que se echaba encima, que fue grande fatiga para Monseñor y para quién lo asistía’

Con tono más crítico, el Abate Sallusti describe el mismo acto de la siguiente manera:

‘Cuando el Vicario Apostólico empezó a confirmar en público en la Iglesia del Rosario, pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe, hizo la imposición de las manos a unas cincuenta personas; y luego, sin renovarla más, confirmó a más de un millar, terminando al fin la sagrada función con una treintena de confirmados, habiéndose marchado los otros’

Hay que señalar que esta década y media en la cual tantas mentes se habían confundido los santafesinos a la par que deseaban la independencia de España y la constitución de un estado soberano no tenían ningún interés de renegar de su tradición religiosa y contra toda tendencia regalista afirmaban aquí y allá no solo su rechazo a las nuevas modas filosóficas sino también su fidelidad al Papa.

En carta a Mons. Muzi los miembros del Cabildo le suplican que ‘... se digne a asegurar a nuestro Santísimo Padre León XII que en toda esta Provincia de Santa Fe no hay un solo filósofo impío, ni recelo alguno de que la falsa filosofía nos separe un punto del centro de la unidad católica, ni de la obediencia debida al Vicario de Jesucristo y que no pretende mas que ‘... una justa y legítima emancipación, para cuyo logro hemos procurado siempre evitar la infame nota de rebeldes y apostatas, convencidos de que podemos muy bien ser libres e independientes sin ser ingratos para con nuestros antiguos Monarcas, ni desobedientes al Padre Común de todos los fieles’ .

Dada la duda sobre la legitimidad de los Provisores a la que hicimos referencia, el Gobernador López, el Cabildo y el mismo Amenábar le solicitarán se arbitren los medios para que si llega el momento de cortar vínculos con la Iglesia bonaerense debido a los errores que en ella han grasado , el Cura y Vicario tenga las facultades pertinentes para el ejercicio de tan delicado ministerio.

Como sabemos, este pedido llegó a manos de Mons. Muzi cuando se alistaba a partir de retorno a Roma y ya con fecha 5 de febrero había procedido al nombramiento del Dr. Mariano Medrano como Delegado Apostólico en la Diócesis de Buenos Aires con las facultades de las que gozaba un Vicario Capitular en sede vacante, por lo cual la petición de marras se volvía innecesaria .

Pero si la ‘reforma eclesiástica’ le había costado a Rivadavia bastante dolores de cabeza y una cerrada oposición, mejor no le irá a sus seguidores en el Congreso de 1825 donde junto a la organización unitaria del país se propone la libertad de Cultos en ligazón con el tratado con Inglaterra.

Delegado por Santa Fe había sido designado el Pbro. José de Amenábar quién entre otras Instrucciones llevaba la siguiente:

‘Siendo la Religión Católica, Apostólica, Romana, la única y exclusiva de los habitantes de esta América, deberá ante todos establecer su protección, conservando pureza e inviolabilidad, como el primero y principal deber de la Representación Nacional, que no podrá permitir en todo el territorio ningún otro culto ni privado, ni doctrina contraria a la de Jesucristo, entablándose con la Silla Apostólica las relaciones consiguientes al nuevo orden político, como las que deban promoverse con los Prelados diocesanos, dando por nulo todo lo innovado en estas materias’

El Pbro. Amenábar tuvo una importante actuación en este Congreso y quizás haya vislumbrado el fracaso al que estaba destinado el mismo ya que la Constitución promulgada el 24 de diciembre iba a cosechar el repudio de los pueblos interiores, entre ellos los santafesinos cuya Junta de Representantes la rechazó por que organizaba al país unitariamente y no presentaba la menor garantía a la libertad ni a la inmunidad y pureza de la Religión Católica, Apostólica y Romana a la que se consideraba la única verdadera .

Tal postura era congruente con el artículo 2 del Estatuto Provisorio de 1819 donde se señala que la Religión de la Provincia es la Católica y quién ofende su culto es reputado enemigo del país , una afirmación que es mas elocuente aún si se acepta la hipótesis de que los eclesiásticos no tuvieron demasiada influencia en el citado Estatuto y que perdurará aún en la de 1841 dictada bajo el gobierno de Juan Pablo López, a pesar de las influencias liberales e iluministas que se observan en la misma .

En cuanto a Mariano Medrano, sacerdote sin dudas grato a la Sede Apostólica, en 1830 sería consagrado Obispo aunque no para ejercer en carácter de residencial sino como Vicario Apostólico, con lo cual –de alguna manera- la Iglesia rioplatense podría comenzar un lento proceso de recuperación.

Al respecto escribía Mons. Ostini, Nuncio en Brasil:

‘El día 26 del cte. Pude consagrar a Medrano /.../. Mi corazón inmerso en la amargura a causa del lúgubre aparato de las circunstancias presentes encontró un momento de alivio y de consuelo /.../; la reflexión de que el Venerable Hermano /en el Episcopado/ que estaba delante de mi, era un seguro instrumento del cual quiere servirse la Providencia para remediar tantos males, la idea de sus virtudes, de su piedad y de la insigne adhesión a la Santa Sede, unidos a una capacidad suficiente; el presentimiento de un mejor porvenir para la Iglesia de Buenos Aires; la esperanza de semejantes ventajas espirituales para los fieles de otras regiones del país argentino; todo ha contribuido a hacerme gustar un instante de alegría en el Señor y a hacerme sentir en el físico el peso de la ceremonia menos de lo que me podía prometer mi presente estado de salud’

Por otra vía, el Nuncio solicita una relación de la situación de la Diócesis en la que se hace referencia a Santa Fe, en los siguientes términos:

‘Nella cittá di Santa Fe, non si sono due o tre preti inclusovi il Parroco. Vi ha un convento di Domenicani, in cui vi saranno 7 religiosi; un altro di francescani che ne conterná siccome sospetto cinque, ed un terzo di PP della Mercede in cui ve ne sono tre. Nella campagna di Santa Fe avvi un convento di PP Missionario Francescani, ma in esso vi sono appena 3 sacerdoti, dei quali uno ha 91 anni ed un altro che ne conta 80. In Santa Fe non vi sono studi ecclesiastici ne possibilitá di averli benché in governo favorisca la cause della religione’

Recuperada la relación con la Santa Sede, ésta procede el 2 de julio de 1832 a nombrar a Medrano como Obispo titular de Buenos Aires y el 24 de marzo de 1834 se hace público el ‘pase’ por parte del Gobierno , por lo cual pocos días después le comunica la buena nueva al Gobernador Estanislao López .

En esta misiva llena de alabanzas al Brigadier y de reconocimiento por su política de inspiración cristiana, señala la posibilidad de una Visita Pastoral que finalmente nunca realizó .

Respecto a la relación con Santa Fe no hemos encontrado demasiada documentación que haga referencia a su preocupación por esta parte del rebaño, salvo los reclamos elevados al gobierno provincial en los años 1835 y 1836 por los diezmos que no se habían enviado , la ratificación en 1835 del patronazgo menor de San Roque sobre la ciudad y Provincia , la posibilidad de traer algunos sacerdotes para que sirvieran en nuestro territorio en 1836, cuyos gastos de traslado corrían a cargo del gobierno y la determinación del Arancel que debía observarse en todo el territorio provincial .

En el año 1842 con motivo de una Misión en San Nicolás, numerosos vecinos del sur santafesino se dirigirán a aquella población para recibir los sacramentos .

Los vecinos de la ciudad capital por su parte habían tenido al menos dos ocasiones de recibir el Sacramento de la Confirmación tal como lo refleja el Libro de Confirmaciones de la Iglesia Matriz (1829 – 1879), la primera el 21 de setiembre de 1829 de manos del Obispo chileno José Ignacio Cienfuegos y la segunda en junio de 1833 con motivo del paso del cordobés Benito Lazcano.

Ya en el ejercicio de su ministerio episcopal Medrano no colmará todas las expectativas que la Sede Apostólica tenía acerca de él, quizás por su demasiada sujeción a Juan Manuel de Rosas del cual tenía el mas alto de los conceptos ya que de alguna manera a él se le debía la restauración de la religión que se había visto amenazada en la etapa anterior.

A Juan Manuel de Rosas se le debe la moralización de la campaña a través del fomento de misiones populares, la consolidación de las poblaciones rurales a las cuales se las dotó de Párrocos y se impulsó a los vecinos a la reconstrucción de templos y capillas, el afianzamiento de las relaciones con la Santa Sede, el regreso de la Compañía de Jesús y el haber puesto freno a la propaganda anticatólica pero a la par gobernó con mano férrea no solo los intereses del país sino también los de la Iglesia, profundizando según algunos autores –aunque con una perspectiva ideológica distinta- lo iniciado por Rivadavia .

En el fondo, Rosas consideraba que la Iglesia debía estar al servicio del Estado.

Volviendo a Santa Fe debemos señalar que aquellas ansias de convertirse en Iglesia particular durante la reforma rivadaviana para preservar la catolicidad, vuelve a reaparecer en 1837 cuando el Gobernador Estanislao López por razones que sin dudas exceden lo anterior, solicita a Rosas la posibilidad de que nuestra provincia sea erigida en Obispado y como diocesano propone a Amenabar.

El intento terminó no solo en el fracaso sino que además, Rosas habría humillado a López y a Amenabar .

El 5 de abril de 1851 fallece el Obispo Medrano quien prácticamente se hallaba inhabilitado desde 1847 quedando de esta manera Buenos Aires como sede vacante hasta 1854 en que se hace cargo Mons. José de Escalada quién ya era Obispo desde el año 1835 .

Tras la muerte del Obispo, el pbro. Amenábar que se desempañaba como Delegado Eclesiástico cesa en sus funciones y es reemplazado por José María Gelabert y Crespo .

VIDA DE LA IGLESIA EN SANTA FE


Acción pastoral de José de Amenábar

A la muerte del anciano Cura y Rector Francisco Vera y Mújica y tras el intento de creación de dos Parroquias en la ciudad para lo cual se reivindicaba la existencia de los Curatos de Españoles y Naturales , como no podía ser de otra manera dado su prestigio social y adhesión a la causa americana se nombrará Cura Párroco al Pbro. José de Amenábar.

El 7 de noviembre de 1814 el Provisor Diego Estanislao de Zavaleta convoca al nuevo Titular de la Matriz de Santa Fe para recibir la colación canónica la cual se hace efectiva al día siguiente , aunque recién se hará cargo de la misma recién en setiembre de 1815 ya que en esos momentos se encontraba participando como diputado en la Asamblea General Constituyente.

Una descripción de la jurisdicción parroquial que le tocaría administrar y pastorear al Pbro. Amenabar, la encontramos en el Acta del Cabildo de Santa Fe del 24 de setiembre de 1814, en la cual, en orden a justificar la existencia de dos beneficios parroquiales, se señala:

‘... su territorio (separado de los Partidos de su jurisdicción) que corresponde al N. 25 leguas, al S. los arrabales de la misma /ciudad/, de E. a O. entre el Paraná y Salado de 8 a 9 leguas, en el cual se contienen los Pagos del Rincón y Calcines divididos por los Saladillos que impiden el pronto acceso a los auxilios que necesiten: el de Ascochingas con las costas del Salado, y Añapiré, y la Frontera...’

Sin embargo y a pesar de que ya desde fines del siglo XVIII se consideraba como algo necesario la erección de otro Curato, esta jurisdicción permanecerá inalterable durante toda la gestión de Amenábar y hasta 1889 en que se erija la Parroquia del Carmen.

La sede parroquial que seguía siendo la Iglesia Matriz se encontraba bastante deteriorada, lo cual se venía arrastrando desde varias décadas atrás según el peritaje de los maestros Barquero y López Arretegui y en 1823 Amenabar se va a dirigir a la Junta de Representantes manifestándoles que el templo necesitaba de no pocos arreglos en especial el techo que debía ser renovado por completo .

Dentro de la jurisdicción parroquial existían también desde el siglo anterior las capillas de Guadalupe situada a poco más de una legua hacia el noreste de la ciudad y la de San Antonio en lo que por entonces eran los arrabales de la ciudad, la cual a partir de 1818 funcionaría como Vice- Parroquia .

En el caso de Rincón, como ya señalamos a partir de 1824 contará con su propia capilla.

La ‘cura de almas’ que llevará adelante el Pbro. Amenabar en la jurisdicción descripta tenemos que entenderla en el marco de la ‘civitas christiana’ que era la Santa Fe de aquel tiempo, donde podríamos decir se era naturalmente cristiano.

Esta realidad no le aseguró un apostolado bucólico ya que las convulsiones políticas y las periódicas invasiones de los montaraces del Chaco y del ejércitos porteños lo colocaban en la primera línea del peligro, y a la par, la accidentada geografía del curato, dificultaban su acción apostólica.

Ya al comienzo de su curato y posiblemente en base a la experiencia que había tenido como Cura Excusador en 1810 , manifiesta su preocupación por los feligreses mas alejados de la sede parroquial –especialmente los de Rincón – ya que entre la sede y aquellos ‘... median unos ríos caudalosos y varios arroyos que creciendo, son muy peligrosos y difíciles de transitarse’ .

En carta al Director Supremos Gervasio Posadas, precisa:

‘Con semejante obstáculos ya puede V .E. graduar cuán pocos o ningunos serán los auxilios religiosos para estos habitantes, cuando para disfrutarlos deben bajar a la ciudad.
................................................................................................................................................
Se resiente la piedad cristiana al contemplar el desamparo en que de necesidad terminan sus días esos miserables, infundiendo igualmente grandes conflictos ver administrado el Sacramento del Bautismo por individuos legos, por defecto de los recursos legítimos’ .

Reconstruir la vida pastoral de Amenabar es tarea harto difícil ya que mucha documentación se ha extraviado y la mayoría de los trabajos que abordan su personalidad lo hacen desde la perspectiva política, pero de todos modos no es imposible ya que le caben las generales que el Concilio de Trento prescribía para los Curas Párrocos y que volvemos a recordar ligeramente: predicar al pueblo encomendado, exponer lo que se lee en la Santa Misa, instrucción previa a la celebración del matrimonio, enseñanza de la doctrina a los niños y catecismo mayor a los adultos especialmente acerca del valor y uso de los sacramentos antes de administrarlos, recomendar la observancia de los ayunos y fiestas, conocer a sus ovejas, ofrecer el sacrificio divino por ellas, administrarles los sacramentos y apacentarlas con el buen ejemplo, residir junto a su feligresía, tener al día, con diligencia y orden, los libros parroquiales, participar del Concilio diocesano y practicar la hospitalidad .

Junto a todo esto que consideramos vivió en plenitud, espigando en diversas fuentes –tanto eclesiásticas como oficiales o privadas- emergen recuerdos y testimonios de este aspecto de su intensa vida.

Así don Urbano de Iriondo evocando los acontecimientos de 1816 –cuando la invasión de Díaz Vélez y con los indios merodeando Santa Fe-, resalta su actuación:

‘Nuestro Cura Dr. Amenábar iba a caballo a Guadalupe a decir Misa a las familias y desde la orilla de la ciudad era acompañado de ida y vuelta’

Por su parte, Facundo Zubiría recordaba en 1856 el orden moral y religioso que había podido observar en el año 1819, época en que durante cuatro meses había residido en Santa Fe .

La carta que en 1825 dirige al Vicario Apostólico don Juan Muzi y a la que ya hicimos referencia además de manifestar su claridad en materia eclesiológica nos muestra su solicitud por la salvación de las almas, ya que muchos fieles estaban perplejos antes las directivas emanadas del Provisor Zavaleta de cuya legitimidad se dudaba.

A mediados de ese mismo año y encontrándose en misión oficial, solicita a la Honorable Junta de la Provincia para volver a Santa Fe y así poder atender las obras de la Iglesia Matriz, ámbito imprescindible para la labor pastoral .

En una nota que a fines del año siguiente eleva al Gobernador Estanislao López, hace una especie de recuento de lo obrado hasta ese momento, manifestando:

‘Habiendo tenido el honor de ser colocado Párroco de esta feligresía en 1814, consideré en mi deber, promover todos aquellos establecimientos por cuyos medios se facilitasen a mis feligreses los auxilios sagrados espirituales, esmerándome igualmente dar al Culto Divino el mayor esplendor y dignidad posible.
............................................................................................................................................................................ me dediqué con particularidad en 1816 y años sucesivos, de repetidas datas de Ejercicios de hombres y mujeres, consagrando muy gustoso a sus gastos cerca de 300 pesos de mi propiedad...’

En la misma nota le recuerda los esfuerzos realizados en orden a que se estableciera una Vice-Parroquia en San José del Rincón, frustrándose el intento por las convulsiones políticas .

Cuando la invasión de los montaraces a las chacras de la vecindad en el año 1832, Urbano de Iriondo recuerda que el respetable Cura Amenábar corría en su coche junto a otros sacerdotes auxiliando a los moribundos y heridos .

Su preocupación por la vida espiritual de los vecinos de Rincón no era una cuestión meramente jurídica sino pastoral, tal como lo refleja la nota que en 1836 remite a Mons. Medrano:

‘... me hallaba en el Rincón de San José en confesión y otros ejercicios del Ministerio. Grande ha sido el trabajo; pero Nuestro Señor me ha restituido con mayor fortaleza y grande consuelo’

La política llevada adelante por el Brigadier López con los indígenas había permitido la reducción de muchos de ellos en Calchines, sitio al que en 1843 acude Amenábar para poner óleo y crisma a varios niños que habían sido bautizados privadamente .

Facundo Zubiría –a quién ya hemos citado- se manifestaba asombrado que ‘... después de tantas revoluciones, guerras, saqueos y demás estragos de que ha sido víctima...’ , Santa Fe haya permanecido fiel a los principios cristianos y sin decaer en estos.

Para el prestigioso constituyente, la explicación residía en la calidad de Amenábar, lo que expresa sin ambages:

‘Sin disminuir la parte de mérito que en ello tenga su vecindario, forzoso es confesar que todo y quizá esa misma moralidad sea debida en su mayor parte a la virtud, celo, saber, austeridad, consagración y respeto que allí se merece su antiguo Párroco el eminente eclesiástico Dr. Don José de Amenábar...’

A la par de esto y mucho mas que no ha quedado documentado hay que señalar su preocupación por el estado de la Iglesia Matriz en la cual ya en 1816 construye un retablo en su Altar Mayor , insistiendo a partir de entonces y en muchas ocasiones en procura de ayuda para las refacciones necesarias .

Finalmente dichas obras se comienzan hacia 18342 y se concluyen en 1834, contando para las mismas con la ayuda del gobierno provincial .

En carta citada al Obispo de Buenos Aires, informa:

‘Llamo la atención principalmente de S.S.I sobre la reciente obra de nuestra Iglesia en que se ha consumido más de diez y seis mil pesos, para lo cual con la garantía del Gobierno ha tomado la Iglesia diez mil cuatrocientos pesos a interés debiendo esta sufragar sus réditos, que son mas de quinientos pesos, debiéndose también agregar a esto los gastos correspondientes a la decencia del Culto’

Junto a su preocupación por la sede parroquial, su mirada de pastor se dirigió hacia la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe -a la que denomina ‘Santuario’- y a favor de la cual inicia una campaña en 1822 para su reconstrucción .

Para los arreglos pertinentes, si bien se hizo una colecta en la ciudad y la campaña, hay que hacer notar que el fue el principal aportante tal como se observa en la planilla correspondiente y se lo recuerda al Gobernador López y al Obispo .

También la capilla de San Antonio mereció su atención, invirtiendo en ella una buena suma para su refacción y conservación , ya que al fallecer el devoto que se ocupaba de sus sostenimiento ésta había decaído.

Pero la obra de mayor importancia en la vida de Amenábar -ya que fue exclusiva suya- es la Casa de Ejercicios, la cual permitiría la realización de práctica tan importante para la vida cristiana.

Así escribía en 1826:

‘... penetrado de la importancia de esta obra, para su perpetuidad di principio en el año 1817 a la construcción de una casa en la que después de consumida toda la colecta de limosna, he invertido sobre 600 $’

Los trabajos se prolongaron largo tiempo ya que años después Amenábar escribe una carta a Rosas comunicándole que el sacerdote Dionisio López realizaría una colecta en Buenos Aires a favor de dicha casa y que probablemente sea la que alcanzó hasta los pagos de Azul en 1836 y tras la muerte del Brigadier, en 1842, Rosas le envió como homenaje a éste 6000 pesos metálicos para la obra .

La casa cumplió ampliamente con el cometido que se le había asignado ya que año a años se realizaban tandas de ejercicios espirituales , muchas de ellas predicada por el propio impulsor de la obra quién a su muerte dejó una estructura capaz que se convirtió en la base de la obra de las Hermanas del Huerto .

También afrontará la grave situación que significaba la falta de sacerdotes y vocaciones para el ministerio, en primer lugar tratando de no excusarse con las altas responsabilidades que le confiaba la provincia en el campo político, llegando a manifestar a la Junta representativa de la Provincia que su renuncia al cargo de diputado se fundada en lo poco que eran los miembros del clero local para las funciones sagradas y los mas intercadentes en la salud y en segundo, tratando de descubrir posibles candidatos.

Sobre este aspectos nos informa el Pbro. Américo Tonda:

‘Por unos renglones de Jacinto Viñas llegamos al conocimiento de que el Dr. Amenábar formaba algunos niños para el sacerdocio en el pequeño Seminario parroquial de la Iglesia Matriz. Este instituto en cierne dio a la Iglesia hombres como los hermanos Severo y Milcíades Echague, José Lassaga, Basilio Roldán, Claudio Seguí, José María Gelabert y otros ilustres presbíteros que viven en los infolios de tinta bermeja’

Facundo Zubiría hará referencia a esta preocupación de Amenábar cuando señala que ‘... había extendido su celo y religiosa previsión hasta formar un joven virtuosos que le sucediera en su sistema, orden y tareas parroquiales’ , en obvia alusión a José María Gelabert quién se haría cargo de este Curato en 1852 .

Situación de los otros Curatos

Al estallar la Revolución de Mayo, al frente del Curato de Rosario se desempeñaba el pbro. Julián Navarro quién se convirtió en uno de sus mas fervientes adictos .

En 1811 lo vemos enfrentado con el Alcalde Noguera a quién considera opuesto a la causa de Mayo, razón por la cual le impide ocupar el lugar asignado para la autoridad en los oficios religiosos y a posteriori instando a los vecinos a colaborar con los materiales posibles para la construcción de una batería que luego no se concretó por decisión de la Junta .

También el mismo San Martín testimoniará acerca de su adhesión a la causa libertaria, señalando en el parte del combate de San Lorenzo que ‘... se presentó con valor, animando con su voz y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla’ .

Navarro estaba al frente del Curato de Rosario de modo efectivo desde el año 1809 y permanecerá al frente del mismo alrededor de tres años más, hasta que en 1816 obtiene su traslado como Capellán de la ‘Artillería de la Patria’ desarrollando a partir de allí una carrera eclesiástica entremezclada con la guerra y la política que lo llevará a ser Canónigo y Rector del Seminario de Santiago de Chile y a obtener el reconocimiento de Bernardo O’Higgins a quién luego atacará crudamente .

Sobre su actuación debemos señalar que en 1811 fue separado del cargo por el Obispo Lué y Riega en lo que se cree una sanción por su patriotismo aunque un año después fue reintegrado en el mismo , atendió durante algún tiempo la escuela parroquial y según el testimonio del Comandante Vicente Lima –también patriota como él- su Iglesia era una de las que mejor estaban atendidas en la campaña y por supuesto que no dejaba pasar día festivo sin predicar acerca de la causa independentista .

Su sucesor en el Curato -salvo algunos interinatos de corta duración- será el pbro. Pascual Silva Braga –natural de Santa Fe- quién llegado en 1816, junto a su actividad pastoral tuvo también participación en la vida política.

Tras la invasión de Balcarce en 1819 y sospechado de ‘porteñizar’ a la feligresía rosarina, el Gobernador López lo separó de su cargo y lo envío al destierro .

En 1823 lo encontramos de nuevo participando en la política local ya que es comisionado por los vecinos para que solicite la elevación de la Capilla a la categoría de ciudad o Villa y se declare Patrona a la Virgen del Rosario.

Sus gestiones tienen éxito ya que se reúne con López en Rosario quién aprueba la idea y la coloca a consideración de la Junta de Representantes de la Provincia, la cual el 2 de diciembre de ese año proclama a Rosario Ilustre y fiel Villa de Rosario y como Patrona a Nuestra Señora del Rosario .

Durante la década que duró su gestión desplegó una celosa acción pastoral en la extensa jurisdicción de su parroquia para lo cual contó con la colaboración de algunos religiosos que actuaban como sus tenientes curas.

Así lo vemos en 1825 preocupado por la situación de los vecinos del confín sur de su parroquia en los límites del Arroyo del Medio y llegándose hasta el Oratorio de Morante para pasar de una atención esporádica a una más frecuente al punto que solía quedarse allí una quincena entera .

A tal punto se dedicará a esta vecindad que en 1825 comienza la construcción de una nueva capilla que reemplazaría a la que había edificado Antonia de Pereda y Morante, la cual se concluye en 1826 , con el agregado frente a la misma de un lugar destinado al alojamiento del cura .

También lo vemos activo cuando el paso del Delegado Apostólico Mons. Muzi en enero de 1824,a quién le solicita administre el Sacramento de la Confirmación a una multitud de vecinos que hacía años no veían a un Obispo .

La capilla que había sufrido los desmanes de la soldadesca ‘porteña’ en el año 1819 por entonces dejaba bastante que desear –al menos a los ojos de visitantes tan importantes y con tantos conocimientos de templos-, era excesivamente larga, los altares mal formados y tomados por los murciélagos como nidos y la imagen venerada poco agraciada .

A su fallecimiento en marzo de 1818 la Parroquia de Rosario quedó vacante ya que el religioso que ejercía el tenientazgo fue expulsado por López, aunque reemplazado por el padre Mellid y Bolaño del Convento de San Carlos .

Hacia mediados de ese año se hizo cargo de la Parroquia el Pbro. Nicasio Romero quién probablemente la regenteó hasta 1838 en que es suplantado por Nicolás Lucero. A posterior atiende el Curato el franciscano Diego Jiménez (1842) y Manuel Victorio de Andrade en el decenio que corre de 1842 hasta 1852 .

En 1834 se dan inicios a las obras de la nueva iglesia en el mismo sitio en que se encontraba la capilla en uso y mientras dura la misma se utiliza un lugar provisorio, procediéndose a la inauguración de la misma el 25 de mayo de 1836 .

Sus torres en 1840 serán tomadas como blanco por los artilleros de la marina francesa quienes según la tradición no pudieron acertarle por la intervención de la Virgen Patrona que desviaba los tiros y en 1847 Williams Mc Cann describe al templo como una construcción moderna, que cree imitación del de los ingleses que existe en Buenos Aires pero que las torres de marras faena su frontis griego .

Tocante al Curato de Coronda debemos señalar que éste estaba servido por el Pbro. Pedro Martir Neto quién también se complicó en los problemas políticos que afectaban a los santafesinos, aunque esto no le quitó tiempo para llevar adelante trabajos de reparación en el templo en el año 1811, aunque el hable de ‘... edificación de la iglesia’.

A partir de 1818 se observa un gran vacío a lo que registros sacramentales se refiere, lo que puede atribuirse al hecho de que por ser Coronda zona de paso de los ejércitos ‘porteños’ y de las milicias santafesinas –tanto si avanzaban como si retrocedían- y una atracción para los montaraces los responsables eclesiásticos los hayan retirado o que hayan sido destruidos .

Al padre Neto le sucedió temporariamente el Pbro. Bernardo Alzugaray y a partir de 1822 hasta 1837 se suceden diversos religiosos: José Gabriel Calderón ofm, Pedro José Crespo ofm, Nicasio Antonio Romero ofm, Nepomuseno José Chorroarín op, José Vicente Ortiz, op, Miguel de los Angeles Silva op, Miguel de Santo Tomás op, Pedro Pacheco o de m, José Norberto Aguirre op, Gregorio Abrego, Hermegildo Argañáraz y el propio Amenábar .

Fray Pedro José Crespo atendió durante un tiempo la escuela de primeras letras , el padre Nicasio Romero retomó las anotaciones regulares en los Libros sacramentales y la presencia discontinua de los sacerdotes obligó a que el Sacristán Francisco del Rosario Rodríguez fuese autorizado a bautizar en caso de necesidad .

En 1837 se hace cargo del Curato el Pbro. Miguel Vidal, quién tendrá una larga y destacada actuación en la región litoral especialmente con la creación del Obispado de Paraná, pero que por razones políticas deberá dejar la Parroquia dos años después.

Durante su actuación se lleva adelante la obra del templo que con modificaciones aún perdura, hecho sobre la base de los planos que confeccionara el Arquitecto Santos Gollán y quizás sobre algunos trabajos que venían desde 1835 .

La mayor parte de la obra fue costeada por el Gobierno de la Provincia y supervisada por Amenábar, quienes estuvieron presente en la fiesta de inauguración de la misma.

La ayuda de López no terminó allí sino que además asignó al Cura la suma de 100 pesos anuales para poder hacer frente a los gastos que demandaba la atención de la feligresía .

Tras la partida de Vidal vuelve a repetirse la situación anterior en cuanto a la poca permanencia de los sacerdotes, sucediéndose así José Damián Gómez (1839), Felipe Sevilla (1840), Manuel de los Dolores Castro ofm (1841)y Diego Jímenes de Propaganda Fide (1843) quién permanece prácticamente hasta el final del período y parece haberle dado bastante impulso a la vida parroquial .

Intentos de creación de Curatos y construcción de capillas

Al igual que en la etapa anterior, también en ésta hubo diversos intentos de erigir
Curatos pero todos y por variadas razones, terminaron en el fracaso.

El primero como ya señalamos fue el intento llevado adelante por el Cabildo de la ciudad de Santa Fe en el año 1814 quién reivindicaba que como Santa Fe había contado con dos parroquias (la de españoles y la de naturales) lo mismo sucedía con los Curas Rectores, aunque la propuesta no apuntaba a restaurar aquellos sino a dividir la feligresía santafesina.

Este proyecto encontró en el Pbro. Amenábar unos de sus más férreos y fundados opositores , quién como alternativa proponía la creación de dos Vice-Parroquias situadas la una en el pago del Rincón de San José y la otra en la medianía a las Fronteras para atender la una población dispersa sobre unas 30 leguas y que carecían de todo auxilio espiritual .

Finalmente, el Provisor de la Diócesis y tras un análisis mas contable que pastoral donde se muestra la imposibilidad de sostenimiento económico de los curatos propuestos por el Cabildo, determina con fecha 20 de octubre ‘... que al menos por ahora deben quedar las cosas en el estado en que se hallan’ .

Ni siquiera se logró un título de Vice-Parroquia para Rincón que ya para entonces contaba con cerca de un millar de habitantes quienes desde 1808 venían reclamando por la erección de la misma, obteniéndose solo un terreno para levantar en el futuro una capilla .

La que sí es erigida en Vice-Parroquia en 1818 es la de San Antonio, en el borde oeste de la ciudad que en ese entonces no sobrepasaba la actual Avda. Freyre colocándose a su frente a fray Pablo Julián Carrascosa de la orden de los predicadores .

En el sur provincial el Pbro. Silva Braga solicita en 1826 el nombramiento de un cura efectivo para atender una vasta feligresía que llegaba hasta el Arroyo del Medio y que ten dría como epicentro la llamada Capilla de Morante, pero aunque la respuesta fue positiva nunca se concretó la erección del lugar como Parroquia ni tampoco se nombró cura permanente .

Más aún, el entonces comandante de San Nicolás señalaba:

‘En vez de formar oratorio en lo del finado Morante, que es lo que agrada a los vecinos por hallarse en el centro de las haciendas, yo soy de opinión que la formásemos en Las Piedras (actual Villa Constitución)’ .

Volviendo a San José del Rincón si bien es cierto que en 1836 con motivo de la donación que el Gobierno de López hace de ‘... dos cuadras de a cien varas castellanas cada una a todos los vientos’ se habla de ‘la parroquial Iglesia...’ , en los libros de Sacramentos que se abren en 1837 el título que aparece es el de Vice-Parroquia de San José de Rincón .

La atención de los indígenas

La crítica situación producida en las reducciones por las razones que ya hemos
Señalado va a perdurar al menos hasta el año 1824 en que al disminuir la tensión que significaba el enfrentamiento con Buenos Aires le permitía al gobierno provincial volver sus ojos sobre la frontera norte y disponer de tropas para su vigilancia.

Entre las medidas tomadas por López se encuentra la de la fundación de la Reducción de San Jerónimo del Sauce precisamente en ese año con parte de los abipones que habían huido a Corrientes tras la destrucción de San Jerónimo del Rey.

Ubicada a unas diez leguas de la ciudad sobre el camino a Córdoba y con claras intenciones defensivas tanto para la ciudad como para esta vía de comunicación, la reducción consistió en un asentamiento de viviendas de pajo y barro en torno a una Plaza con una rústica capilla construida hacia 1826 en la que los abipones colocaron a su Santo Patrono, el cual los había acompañado en aquel verdadero éxodo que significó el traslado primero a Corrientes y luego al lugar asignado por el Gobierno Provincial .

La atención espiritual fue bastante pobre ya que en al menos hasta 1838 donde se le nombra un sacerdote estable, los indígenas eran visitados de vuelta en vuelta por el padre Ignacio Aizpurúa del Convento de San Carlos -que en esos momentos pasaba por una tremenda crisis vocacional- por lo cual recién en 1855 –a pesar de los refuerzos recibidos en 1837- los padres de Propaganda Fide podrán llevar adelante un trabajo de cierta fecundidad .

También la antigua reducción de San Javier había pasado por diversas vicisitudes y si bien la presencia sacerdotal había disminuido muchos indígenas conservaban la religiosidad recibida, lo cual fue aprovechado por el Gobernador López para abortar los movimientos de rebeldía como el del año 1834.

En el marco de la Semana Santa y ante el peligro de que los montaraces soliviantaran a los que aún permanecían reducidos el Brigadier López se dirigió al lugar y logró convencerlos de trasladarse hacia Calchines, lo cual es descripto en los siguientes términos por el padre De Aldearri:

‘Los indios, al ver las fuerzas militares, se encerraron y no querían abrir las puertas /de la capilla/, pero el General López trató de convencerlos de que no quería hacerles daño, sino que iba a favorecerlos. Los indios temiendo que los matasen allí mismo, colocaron todas las imágenes de los Santos en la puerta de la iglesia y abrieron ésta, procurando esconderse. López, al ver las estratagema, se postró de rodillas y oró un rato, lo mismo que sus tropas. Con esto consiguió inspirar confianza a los indios, que se entregaron sin resistencia y los llevó a Santa Rosa de Calchines, con el fin de liberarlos de la influencia de los montaraces y para tenerlos cerca, vigilarlos y atenderlos’

La de San Pedro había logrado mantenerse a duras penas y en 1834 son asistidos por el padre Amenábar pero todo debe haber sido muy transitorio –aunque contaban con una capilla de adobe y techo de paja- ya que un cuarto de siglo después a pesar de que los indios permanecían en el lugar el panorama era de total abandono .

Como acertadamente señala Federico Cervera, al finalizar este período el saldo era positivo pero magro ya que algunas reducciones habían desaparecido (Cayastá e Inspín) y las tres que se habían restaurado lo habían sido no en sus lugares originales sino a pocas leguas de la ciudad lo que quitaba cierta libertad de movimiento a los indios allí asentados , a lo que hay que agregarle la deficiente atención pastoral.

Religiosidad de los santafesinos

En líneas generales podríamos decir que las expresiones religiosas propias de la etapa anterior continuaron en ésta sin demasiadas modificaciones y a pesar de los profundos cambios ideológicos acontecidos en el país, los santafesinos permanecieron firmes en sus convicciones y prácticas religiosas al punto que al referirse Víctor Gálvez a la Santa Fe de los años ’50, anota:

‘No vi gente en las calles, y sí las vi en misa los domingos’

Detrás de este espíritu estaba sin dudas el trabajo pastoral de Amenábar quién durante mas de tres décadas había atendido a este rebaño evitando que las impiedad que campeaba en otros lugares se apoderara de su feligresía, lo cual es reconocido por el Obispo Medrano quién informaba en 1837:

‘La moralidad cristiana es la más completa y todo respira sino una simplicidad cristiana, que los hace recomendables a cuantos los tratan’

También en Rosario se imponía el respeto en torno al precepto dominical, al punto que en el ‘Reglamento de Policía’ del año 1826 se imponía que los comercios debían cerrar sus puertas los días festivos al tiempo de la Misa Mayor y en 1828 se publica un ‘Edicto’ en el que no solo se recuerda la disposición anterior sino que además precisa:

‘Ninguna persona, estante o habitante de este pueblo y su departamento blasfemará el Santo Nombre de Dios, so pena de ser castigado con todo el rigor de la Ley’

Continúa celebrándose la festividad del Corpus Christi y su octava, la que ni siquiera se suspendió en 1826 cuando en virtud de la escasez de fondos municipales, se decidió no realizar más que celebraciones que ésta y la de San Jerónimo .

Como en la época anterior las calles que debía recorrer la procesión se adornaban con ramas, colgajes y banderas simulando una alameda y aquí y allá se levantaban altares con sus tabernáculos, y de la misma participaban el pueblo, las Autoridades y los efectivos militares acompañados por el sonar de las campanas y música militar .

La novedad en torno a la devoción al Señor la constituye el culto al Sagrado Corazón, que se venía insinuando desde fines del siglo XVIII y que en Santa Fe había sido recomendado por el Obispo Lué y Riega durante su Visita Pastoral de 1803 .

Entre las actividades que se realizaban en su honor a partir de 1827 se destacan la celebración de los primeros viernes con Misa cantada y Ejercicios nocturnos y Misa solemne y cantada el día de la festividad, acompañada sin dudas por el respectivo sermón .

La devoción mariana no sufre mengua y hasta la muerte del padre Camacho en 1841 ocupa un lugar importante la festividad de la Virgen de la Merced que para esta época se veneraba en el templo de la Compañía.

En 1907 el Pbro. Jacinto Viñas, basado en el testimonio que había recibido de su madre –vecina de dicho templo- recordaba:

‘¡Como lloraba en ese viejo púlpito el santo y sabio comendador Plácido Camacho, cuando predicaba tu misterio de la Merced, Virgen bendita.
...............................................................................................................................................
Era preciso oír aquellos acentos, en especial cuando se aproximaba su muerte; y el lo sabía.
Más predicaban sus lágrimas que sus palabras’

Entre los devotos de esta advocación y uno de los principales aportantes para llevar a cabo su fiesta era el Coronel Santa Coloma –el hombre que Rosas había destacado en Santa Fe- quién en una ocasión llegó a vender los botones de oro de su casaca de gala ya que carecía del dinero necesario y en otra asistió con toda su oficialidad a participar de la misa a pesar de la lluvia torrencial que impedía a los santafesinos salir de sus casas .

También en esta etapa comienza a crecer la consideración de los santafesinos hacia la Virgen de Guadalupe registrándose en febrero de 1820 que fray Pablo Carrascosa que estaba a cargo de la Capilla de San Antonio reza un Novenario en su honor y probablemente haya realizado una procesión , en 1822 se llevan a cabo una serie de trabajos impulsados por Amenábar para su restauración y en 1825, cuando la ciudad queda cercada por las aguas el Gobierno Provincial dispone el traslado de la imagen en procesión desde la capilla hasta el centro de la misma .

Ligada a los dominicos, la devoción a la Virgen del Rosario los 7 de octubre, aunque cosechando adherentes en el resto de la feligresía.

Entre los santos se destaca el culto al Patrono San Jerónimo, el cual iba acompañado de la celebración de las Cuarentas horas y su respectiva indulgencia plenaria , el cual también se honraba en Coronda, donde en 1838 se habían gastado cuatro pesos plata en cera labrada para su función y novenario y a partir de la fundación de San Jerónimo del Sauce, en aquel lugar por parte de los abipones allí asentados.

Sobre la fiesta celebrada en 1830 y de la que participó el Brigadier López ha quedado la siguiente noticia:

‘En las dos noches que pasaron /el gobernador y su comitiva/, hubo baile sin desorden alguno y Misa cantada con sermón, a la que asistieron numerosos colonos. Por la noche las mujeres cantaron la Salve en tono de voz muy agudo y penetrante..’

Conserva también su importancia el culto a San Roque el cual en 1825 es declarado Patrono menor de la ciudad y de la Provincia, preceptuándose por la Autoridad eclesiástica que el 16 de agosto los fieles oigan Misa y luego pueden dedicarse al trabajo y los clérigos seculares recen en dicho día el Oficio Divino señalado para este Santo en el Breviario Romano del Orden franciscano .

Una festividad que aparece destacada es la del 29 de junio dedicada a San Pedro y San Pablo, ocasión en que además de la Misa que es celebrada con músicos y cantores y con Sermón para la ocasión se distribuye entre los concurrentes de toda edad que asisten a la misma chocolate, bizcochos y cigarros y en alguna ocasión se queman muñecos .

Tal vez de esta manera se quería resaltar el sentimiento de fidelidad hacia el Papa y la Sede de Pedro que en diversas ocasiones habían manifestado los santafesinos, a quienes anualmente se les leía desde el púlpito de la Matriz -¿quizás en esta festividad?- la carta que el Papa Pío VII había enviado en 1803 al entonces Cura Juan Antonio Guzmán .

Finalmente, entre los allegados a la orden seráfica el 4 de octubre era celebrado de modo solemne, tal como por ejemplo aconteció en 1827 donde la Misa cantada por los padres franciscanos fue acompañada por un organista y cantores y con gran repique de campanas .

De las celebraciones litúrgicas que indica el Calendario, además de las relacionadas con Cuaresma, Semana Santa y Navidad, sobresalen las siguientes:
- Mes de enero: 1ro de Año y Epifanía
- Mes de Febrero: Candelaria y Cuarenta Horas coincidencia con Carnaval
- Mes de Marzo: Encarnación del Señor
- Mes de Abril: San Marcos con Rogativas
- Mes de Mayo: Santa Cruz
- Mes de Junio: San Juan Bautista y Santos Pedro y Pablo
- Mes de Agosto: Asunción de la Virgen, San Roque y Santa Rosa de Lima
- Mes de Setiembre: Natividad de Nuestra Señora, San Miguel Arcángel y San Jerónimo
- Mes de Noviembre: Todos los Santos

En cuanto a las Cofradías muchas de las que existían a fines del siglo XVIII o principios de éste habían desaparecido o pasaban por grandes dificultades, aunque todavía se hallaban vigentes las de San Benito de Palermo en el Convento de San Francisco, la de Nuestra Señora del Rosario en el Convento de los dominicos, la del Santísimo Sacramento, la de las Mercedes y la del Carmen, ésta última en la Iglesia Matriz y de la cual participaba –al menos entre 1826 y 1838- su Cura Párroco, el Pbro. Amenábar .

Como una consecuencia de las nuevas tendencias espirituales y asociativas, el mismo Amenábar establece la Congregación de la Pía Unión del Sacratísimo Corazón de Jesús que se ocupa de la divulgación de esta devoción a través de hojas impresas y de las celebraciones que tienen como centro al Corazón de Jesús .

La que si parece haber conservado e incluso acrecentado su importancia fue la Venerable Tercera Orden franciscana en la que siguieron profesando numerosos santafesinos, muchos de los cuales tuvieron destacada actuación como Pedro Tomás de Larrechea (quién reemplazó como alcalde de 1er voto a Gastañaduy tras los sucesos de Mayo), el Brigadier Estanislao López, el Pbro. Amenábar, José Elías Galisteo, el Brigadier y Dr. Pascual Echague, Urbano de Iriondo y otros militares, civiles y clérigos .

Las Ordenes religiosas

La crisis que experimenta la Iglesia en este período se vivirá de un modo especial en las ordene religiosas, las cuales si bien es cierto que en Santa Fe no son sometidas a la ola secularizante que se da en Buenos Aires verán descender el número de sus miembros por la falta de vocaciones o el corte de relaciones con España, y a la par el envejecimiento de los mismos limitará su acción espiritual.

Para colmo de males, en 1825 un tigre de las islas entró al Convento de los franciscanos y mató a un hermano lego y a un aspirante e hirió de muerte al padre Miguel Magallanes, quién pocos días después expiraría .

En este Convento de Santa Ana, cinco años después solo había cinco frailes quienes fundamentalmente atendían las necesidades espirituales de los miembros de la Tercera Orden y en ocasiones asistían a los vecinos de Coronda u otros lugares necesitados.

En su templo se enarboló por primera vez la enseña nacional y en el año 1828 se llevan a cabo una serie de trabajos para reparar la media naranja del templo .

Por lo que toca a los padres dominicos estos se encontraban en 1830 reducidos a siete miembros, quienes al igual que los anteriores y a pesar del poco número atendían a los seguidores de Santo Domingo y colaboraban pastoralmente en las Vice- Parroquias de San Antonio y San José del Rincón y en la Parroquia de Coronda.

En su Convento se acantonó Belgrano en su camino a Paraguay y en este período se abandonó la construcción de un templo que se había comenzado en 1805 para dar inicio a otro en 1821 que se concluyó en 1837 .

Los padres mercedarios ya a fines de la década del veinte apenas llegaban a tres y en 1848 se extinguen con la muerte del último de ellos, el ya citado Padre Plácido Camacho .

En San Lorenzo los padres franciscanos de Propaganda Fide aunque reducidos al máximo en su trabajo pastoral al punto que deben abandonar la atención permanente de las reducciones, continuarán sin embargo con la ayuda a los Curatos vecinos y confesando a los fieles que desde varias leguas se acercaban al Convento especialmente en tiempo de Cuaresma.

Un testimonio sobre el apostolado que ellos realizaban nos lo deja el padre Castañeda, quién decía haber escuchado de la boca de un oficial lopizta:

‘... nos dicen y repiten en sus misiones que la palabra divina debe ser venerada y adorada, no menos que el Ssmo Sacramento del Altar (...) son hospitalarios sobre toda ponderación, suaves en el trato, modestos en sus costumbres, amables por su vida ejemplar, humildes sin bajezas, castos sin repugnancia, devotos sin hipocresía, enérgicos en la cátedra de la verdad, y el único común consuelo de toda nuestra provincia’

En 1835, cuando apenas había dos o tres sacerdotes ya entrado en años, se concluirán las obras del templo que se habían comenzado tres décadas antes .

El Brigadier López

Al concluir este capítulo queremos dedicar un apartado a Estanislao López como laico católico a quién le tocó actuar en este difícil momento de la historia que hemos analizado y a la que marcó profundamente, para descubrir de que manera su religiosidad influyó en las decisiones tomadas .

Lo primero que hay que señalar que a lo largo de su vida el Brigadier mantendrá una incólume Fe en Dios a quién reconoce como Creador y Señor de la historia en una época en que la ‘Ilustración’ lo expulsaba de la historia, preocupado por la suerte del hombre, que quiere la felicidad y grandeza para los pueblos y de quién hay que esperar toda bendición.

Un Dios a quien no solo hay que invocar en la necesidad sino al que hay que glorificar y agradecerle por sus dones y ante el que habrá que presentarse al final del peregrinar terreno para ser juzgados entre otras cosas por los desvíos del orden y el incumplimiento de la justicia conmutativa.

Esto pone de manifiesto que su Fe en la divinidad no se limita al ámbito de la propia conciencia sino que tiene manifestaciones públicas y se vive en el seno de la Iglesia, razón por la cual a diferencia de los ‘ilustrados’ porteños proclamará su fidelidad a la Sede Apostólica, manifestará su intención y disposición para que nuestra Provincia permanezca en la ortodoxia católica, agradecerá con una Misa la paz alcanzada con indios rebeldes en 1818 y tras el triunfó que significó el Tratado de Pilar en 1820 ordenará no olvidar solemnizar este feliz suceso dando gracias al Altísimo con un Tedeum en la Iglesia Matriz.

Junto a este Fe personal y comunitaria, en su religiosidad ocupan un lugar importante la contemplación de Cristo en su misterio de dolor tan caro a la cultura de nuestros pueblos, la devoción a la Santísima Virgen a la que llevaba clavada en la parte delantera de su montura y elementos de la espiritualidad franciscana, cuyo lema ‘Paz y Bien’ aparece como marco de su acción gubernativa, amén de haber vestido el sayal de Francisco para presentarse ante quién es el Autor y Juez de nuestras vidas.

Ahora bien, como la vida cristiana no termina en la profesión de Fe y en las prácticas devocionales sino que se prolonga en las acciones cotidianas, hay que señalar que Estanislao López fue al parecer buen esposo y padre que educó a sus hijos en la sencillez y la austeridad a pesar de que durante buena parte de la vida de estos (especialmente en los primeros años en que se modela la mente y el corazón) el tenía la suma del poder y era el hombre mas importante en Santa Fe.

Como gobernante tuvo siempre conciencia de que su poder le venía del pueblo que lo había ungido su Caudillo y que mejor era un buen nombre que muchas riquezas, por lo cual al terminar su gobierno bajó pobre del mismo.

De hecho, los hombres de su tiempo y otros ligados por diversas razones al pasado santafesino lo presentan como honrado, sabio de costumbres, puro de intenciones y benevolente y no deja de llamar la atención en su modo de actuar el intenso deseo de paz para su pueblo continuamente agredido y para la Nación entera, más cuando su capacidad para la guerra era una de sus características mas sobresalientes .

A pesar de la bravura de sus soldados y de los excesos a veces cometidos por estos, la guerra será para López la ‘ultima ratio’ a la cual se llega cuando la dignidad de los pueblos es ofendida, sólo cuando la irracionalidad de los gobernantes porteños rompa los Pactos se pondrá al frente de los ejércitos provinciales diciendo:

‘Yo me consterno, pero no hallo otro remedio que marchar otra vez a mostrar con las armas el camino de la justicia, ya que no quieren verlo con la razón’

Mas llamativo aún es el hecho de que esta búsqueda de la paz no estará regida por una concepción pragmática, sino que como escribe a Rosas, por ser ésta un ‘... bien tan inestimable que la Iglesia católica clama diariamente...’ .

También debemos señalar que junto a estos aspectos luminosos de su conducta no faltaron las sombras que se manifiestan en la orden de colocar la cabeza del Supremo entrerriano a la vista del pueblo como perpetua memoria y escarmiento de los enemigos de la libertad de los santafesinos, los sucesos de Barranca Yaco donde es asesinado Quiroga que echan un manto de dudas sobre él o como señala Urbano de Iriondo, que fuera tan celoso del Gobierno que por meras sospecha cometiera algunas tropelías.

Sobre su relación con la Iglesia y la colaboración con la tarea evangelizadora no nos extendemos ya que consideramos que la misma ha quedado reflejada en los diversos puntos que hemos tratado.

Solo nos resta decir que Estanislao López fue un bautizado que vivió su fe en comunión con la Iglesia de la que se sentía parte y con un pueblo profundamente católico que lo hizo su Caudillo en un momento difícil para la vida de la Nación que intentaba nacer y para la Iglesia, tratando de permanecer fiel a la herencia recibida –y esto no sin contradicciones y sombras- y de sintetizarla con la vida cotidiana.