martes, 6 de noviembre de 2007

CEFERINO NAMUNCURÁ EN SANTA FE

Su devoción entre nosotros

Pbro. Edgar Stoffel
estoffel@ucsf.edu.ar

Desde el domingo 11 de noviembre, con la beatificación por parte de la Iglesia del ‘Lirio de las pampas’ o el ‘santito de la toldería’ tal como se lo ha llamado al hijo del Cacique Manuel Namuncurá, los fieles católicos pueden por fin –tras largos años de espera- rendirle culto público.

Hay que señalar que desde la década del ’40 por lo menos, la veneración por su persona generó un vasto movimiento especialmente entre los sectores humildes que iba mas allá de una actitud privada y que el carácter de público que en ocasiones tomaba se convertía en un obstáculo para el proceso de beatificación tal como lo señalaba la Conferencia Episcopal en 1976.

Sin dudas que ya desde el retorno de sus restos a nuestro país, los padres salesianos se dedicaron a resaltar su ejemplaridad y ya para 1925 le construían un mausoleo en el altar de la Iglesia de Fortín Mercedes.

En el año 1947 se da inicio al proceso de beatificación en la Diócesis de Viedma donde declaran 21 testigos pero será recién en 1972, que el Papa Paulo VI promulga el Decreto de heroicidad de las virtudes y lo declara Venerable.

La popularidad de Ceferino continúa en aumento al punto que en la mayoría de los hogares no falta una estampita que lo recuerde, lo cual trae aparejado el peligro de lo que se denomina ‘canonización popular’ (como las del ‘gauchito’ Gil, Evita, etc) y explica la advertencia de los Obispos argentinos a la que hicimos referencia.

Entre nosotros

La presencia de los padres salesianos a partir de la década del ‘40 en la zona norte de nuestra ciudad con su inserción en los sectores trabajadores en ascenso y una incipiente clase media a través de la Parroquia, el colegio y las obras para los jóvenes fue un elemento importante para el conocimiento de la figura de Ceferino.

En la primitiva Capilla, junto a otras imágenes, se encontraba una dedicada a Ceferino que perduró hasta la construcción del templo actual.

Actualmente se encuentra emplazado frente a la Iglesia Parroquial (F. Zuviría y E. Zeballos) un monumento de regulares dimensiones con las estatuas de Don Bosco y Ceferino, inaugurado en 1980.

Sin embargo su difusión y presencia mas elocuente vendría de la mano de un sacerdote diocesano -el padre Antonio Rodríguez- quién en 1941 había fundado la ‘Obra de Barrios’ (integrada por una verdadera elite de militantes cristianos) con la finalidad de evangelizar y promover socialmente a los vecinos asentados en las zonas periféricas de nuestra ciudad.

Uno de esos lugares fue el naciente ‘Barrio de Emergencia’ creado en 1953 por decreto gubernamental y conformado por familias provenientes de la ‘Boca del Tigre’ que habían sido trasladados allí con motivo de los desbordes del Salado, las cuales estaban sumidos en la mayor de las precariedades ya que a la lejanía del centro se le sumaba la ausencia de los servicios básicos.

Tal las características de este conglomerado humano que al decir de Sol Lauría y Mónica Ritacca en este mismo diario crecería ‘bajo la sombra de Ceferino Namuncurá’ y en buena parte gracias a la dedicación del padre Rodríguez.

El barrio, que en 1956 es denominado ‘Yapeyú’ por un cartel que promocionaba la venta de terrenos en la zona, comienza a identificarse con el ‘venerado mapuche’, al punto que la ordenanza municipal Nro 6474 del año siguiente al conceder en comodato los terrenos para el futuro complejo educativo, lo hace a nombre de la ‘Obra de Barrios Ceferino Namuncurá’.

Largo sería enumerar las gestiones realizadas por el padre Rodríguez a favor del progreso del Barrio y que llegaron a feliz término, pero hay una de particular importancia y tiene que ver con el servicio de colectivos que permitiría terminar con el aislamiento al que se encontraba sometido el sector.

Ante un panorama mas bien negativo, el empresario V. Rubino afronta el desafío poniendo en circulación la Línea 15, que a sugerencia del sacerdote es denominada ‘Ceferino Namuncurá’.

En el plano religioso pronto el barrio contó con una pequeña Capilla puesta bajo la advocación de origen belga de la ‘Virgen de los pobres’, en cuyo interior se colocó una cerámica con la imagen de Ceferino.

En 1962 bajo el patrocinio del nuevo beato se ponen en marcha la Escuela Técnica Particular Nro 25 (carpintería – corte y confección – tejido) y la Escuela Primaria Nocturna Particular Incorporada Nro 159 que serán la base del actual Complejo Educativo y que no creemos exagerar si afirmamos que ha sido el gran ‘milagro’ de Ceferino entre nosotros dada la realidad a la que hemos hecho referencia.

La identidad del barrio con Ceferino era tal que en una Asamblea de la que participó buena parte del vecindario se decidió cambiar el nombre de ‘Yapeyú’ por éste siendo la propuesta desechada por las autoridades municipales, aunque estas en 1976 denominaron así a la Asociación Vecinal.

En 1974 con ocasión del 64 aniversario del fallecimiento de Ceferino Mons. Zazpe inauguraba la nueva Parroquia y en 1980 se bendecía el templo actual en cuyo atrio se emplazó un busto del para entonces Venerable hijo de esta tierra.

Paralelamente en los meses de mayo y agosto, la comunidad de ‘Virgen de los pobres’ realizaba actos religiosos, culturales y recreativos en recordación de Ceferino de los cuales participaban los vecinos y sus devotos, ocasión en la que de un modo especial se pedía por su beatificación.

También hay que hacer referencia a la puesta en funcionamiento de una Propaladora denominada ‘Chimpay’ en obvia referencia al lugar de nacimiento de Ceferino.

Mons. Antonio Rodríguez

Sin la presencia de este apostólico sacerdote ni ‘Yapeyú’ sería lo que es ni la devoción a Ceferino habría alcanzado en Santa Fe la resonancia y palpabilidad que tiene a través de las obras puestas bajo su protección.

Había nacido en 1922 en Orense ( Galicia – España) y siendo niño emigró junto con sus padres a nuestro país en busca de un futuro mejor residiendo en Buenos Aires hasta 1916 en que ingresa al Seminario de Santa Fe.

En 1925 es ordenado sacerdote por Mons. Boneo, quién a los pocos días lo designa su Secretario Privado en la delicada tarea de Administrador Apostólico del Arzobispado de Buenos Aires que le había encomendado el Papa Pío XI, tarea en la que continuara hasta la muerte de nuestro primer Obispo en 1932.

Al mismo tiempo se desempeñará como Maestro de Ceremonias de la Catedral (1926), Director de la Cruzada Eucarística y Capellán del Asilo Sagrada Familia (1926).

Ya con Mons. Fasolino como Obispo es designado al frente de la Parroquia de Laguna Paiva (1932 – 1937) donde realiza una intensa tarea apostólica a pesar del anticlericalismo propio del ambiente ferrocarrilero y desde 1933 integra el Cuerpo de Consultores.

Dadas sus cualidades desde 1927 se desempeñaba como Director – Censor del ‘Boletín Eclesiástico’ y a partir de 1937 se le encomienda la tarea de organizar un diario católico que se llamaría ‘La Mañana’ y que debía constituirse en una pieza clave de la pastoral de Mons. Fasolino.

Capellán del Asilo de las Hermanas Dominicas durante largas décadas fue también miembro del Cabildo Eclesiástico local e impulsor de las obras del nuevo Seminario que nunca logró concluirse.

En el año 1945 fue designado Supervisor General de Enseñanza Religiosa para todo el país, cargo que ejercerá hasta 1952.

Paralelamente va consolidando la obra que bajo el lema ‘el bien no hace ruido y el ruido no hace bien’ insertaría a la Iglesia en las barriadas humildes y sus centros apostólicos estarían en la base de varias Parroquias y Capillas que florecen a partir de la década del ’70, lo cual le valdría el reconocimiento no solo eclesial sino de la sociedad santafesina.

Conclusión

La mayoría de los vecinos de ‘Yapeyú’ y de los devotos del modélico patagónico han construido buena parte de su identidad religiosa y social en íntima relación con Ceferino, en gran medida ya que sus características suscitan admiración porque manifiestan la obra divina en su persona y a la vez reflejan sus propias historias de sufrimiento y marginación, que a la par que se aceptan con paciencia entrevén la posibilidad de la superación.