martes, 3 de julio de 2007

EL PADRE DURAN EN ALTO VERDE

Pbro. Edgar Gabriel Stoffel
estoffel@ucsf.edu.ar


Gracias a la ‘Fundación Internacional Raoul Wallemberg’ el nombre del Pbro Alfonso Durán ha trascendido nuestras fronteras ya que esta entidad ha decidido designar con su nombre el emprendimiento educativo que patrocina y de lo cual se ha informado al mismo Sumo Pontífice Benedicto XVI en una audiencia concertada el 26 de setiembre de 2006.

En esta nota abordamos un aspecto de la vida de este santafesino de adopción apenas citada, que es su dedicación a la atención espiritual de los vecinos de Alto Verde entre los años 1917 y 1918 y si bien es cierto que se trata de un periodo relativamente corto consideramos que no por eso es menos importante tanto para el conocimiento del padre Durán como el de los orígenes del catolicismo en dicho lugar.

Como todos sabemos, al construirse el nuevo puerto de Santa Fe en la primera década del siglo XX hubo de realizar un canal de derivación para lo cual el río fue dragado y lo extraído del mismo depositado en su costado oeste.

Esa lengua de tierra que dependía de la Dirección del Puerto de Santa Fe se convirtió pronto en un asentamiento humano compuesto por personas de escasos recursos ligados al trabajo portuario, a la pesca o desplazados de otros lugares que encontraban allí la posibilidad de construir su humilde vivienda.

El panorama era de una pobreza absoluta en el mas amplio sentido de la palabra y movidas por su espíritu apostólico y caritativo llegaron hasta el sitio un grupo de ‘vicentinas’ lideradas por Manuela Funes de Cullen quienes en noviembre de 1916 adquirieron el rancho de Bruno Pérez sobre el citado canal para llevar adelante su tarea y tras ellas, el Pbro. Alfonso Durán.

Para esta época, Alfonso Durán con apenas 10 años de sacerdocio ya era ampliamente conocido por sus cualidades ejerciendo la docencia, la oratoria sagrada y la capellanía del ‘San José’ de Adoratrices lo que le permitía una fácil llegada a las familias tradicionales santafesinas, lo cual nunca utilizó para su bienestar personal sino para comprometerlas en la tarea cristianizadora.

Cabe consignar que las Conferencias de San Vicente de Paúl (de allí la denominación de ‘vicentinas’) en sus ramas masculinas y femeninas existían en Santa Fe desde el año 1876 en que se fundó la primera de ellas en la Iglesia Matriz y tiempo después en el Carmen y en 1905 habían tenido una destacada actuación socorriendo a las victimas de la inundación que afectó a la ciudad y en 1908 habían inaugurado el Asilo de Mendigos.

Es así que instaladas en el sitio adquirido a Bruno Pérez, de inmediato se abocan a la enseñanza del Catecismos a los niños y jóvenes y a la promoción humana de los adultos fundamentalmente con la enseñanza de costura y economía hogareña a las mujeres y será en el marco de esta labor, que el padre Durán advertirá la necesidad de contar con un lugar de culto.

En enero del año siguiente el Director del Puerto les manifiesta a las apostólicas mujeres que pueden disponer de un predio para construir una Capilla con la sola condición de que se planten árboles que es lo que se obligaba a todos los pobladores.

Obtenido el sitio el Pbro. Durán y sus colaboradoras de sus propios fondos y con la ayuda de una suscripción pública levanta una capilla de madera con techo de zinc y cielo raso de madera, que medía 18 mts de largo por 5 de ancho y contaba con galerías a ambos lados.

Además contaba con una pieza para sacristía y otra para la guarda de utensillos y en su interior estaba provista de todos los elementos necesarios para el culto y las prácticas piadosas destacándose las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, la Dolorosa, Virgen del Carmen, San José y la Inmaculada y cuadros de Santa Ana y Nuestra Señora del Huerto.

La misma es colocada bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, título que perdura durante varias décadas hasta que es sustituido por el de ‘Jesús Resucitado’.

El 23 de setiembre Mons. Juan Agustín Boneo cruzó el río acompañada de una importante comitiva integrada por sacerdotes, religiosos, miembros de asociaciones laicales y funcionarios para proceder a la bendición de la flamante capilla y celebrar allí por primera vez la Eucaristía.

Aquel día fue de fiesta para el vecindario mayoritariamente pobre, ya que además de los actos religiosos y la actuación de la Banda de Policía fueron auxiliados con bolsones de yerba, azúcar y pan.

Al mes siguiente para ‘... el bien espiritual de los habitantes del paraje’ se colocaba el Vía Crucis.

En julio de 1918 en orden a profundizar la evangelización del vecindario dado ‘su increíble grado de ignorancia de las verdades cristianas’ el padre Durán impulsó una Misión popular que se extendió a lo largo de diez días y estuvo a cargo de los padres redentoristas Petriella y Baucken a los que no detenían ni las heladas de esos días ni ‘el río alteradísimo por los vendavales’

A pesar de que la Misión no dio los resultados esperado según los criterios de entonces (160 confesiones, 137 comuniones, 5 bautismos y 8 matrimonios regularizados) Durán consideraba que había sido importante ya que el terreno quedaba roturado para la siembra.

Asimismo era consciente que antes se debía cubrir la desnudez de sus cuerpos con ayudas materiales y allanar los problemas legales que los afligían especialmente a la hora de regularizar los matrimonios, para poder vestir luego sus almas con la gracia divina.

También estaba convencido que la misma Iglesia debía facilitar la integración de estos vecinos trasladándolos de la jurisdicción parroquial de San Juan Bautista a la que pertenecían a la de la Iglesia Catedral, ya que esta última -río por medio- solo distaba tres cuadras.

La iniciativa fue bien recibida por el Párroco de la Catedral y no hubo oposición por parte del Cura de San Juan Bautista por lo cual Mons. Boneo accedió a su pedido con fecha 12 de setiembre de ese año.

Días antes, acompañado por Manuela Funes de Cullen, Carolina A. de Perez y Adelaida Larguía , hace donación al Obispado de la capilla y sus dependencias como así también de todos los ornamentos, imágenes y demás objetos religiosos existentes en ellas, lo cual es aceptado por el Obispo quien a la par les agradece por ‘... esta obra de tanta gloria a Dios y bien de las almas...’.

Finalmente y tras una serie de trabajos realizados en la capilla y con un fondo de 200 pesos para las actividades de la misma el padre Durán presenta a Mons. Boneo su renuncia como Director de esta obra ya que considera que gracias a Dios la misma está consolidada y porque él se siente cansado y agotado material y mentalmente por sus numerosas ocupaciones y así se lo ha prescripto el médico que lo atiende.

En la misiva al Obispo sostiene que no se ha entibiado su abnegación y se compara con el centinela cansado que pide el relevo.

Asimismo le manifiesta al Obispo su preocupación respecto al acompañamiento espiritual de aquellas laicas tan comprometidas a cuya trabajo apostólico se había asociado, para que les designara un Director.

Mons. Boneo acepta los argumentos del padre Durán que al decir del Obispo no menoscaban su obra y designa al Pbro. Antonio Torres a cargo de la Iglesia Catedral para su reemplazo, finalizando así lu labor pastoral en ese vecindario tan querido.