lunes, 3 de marzo de 2008

Sacerdotes diocesanos españoles en Santa Fe

Inmigrantes con una misión especial


Pbro. Edgard Stoffel

Determinar las razones por las cuales un buen número de clérigos (sacerdotes y seminaristas) dejaron su tierra natal para trabajar pastoralmente en nuestra provincia -salpicada de colonias donde predominaban los italianos- es de fundamental importancia para comprender la incidencia que tuvieron en la vida de las comunidades que les fueron confiadas.

Ha sido un lugar común sostener que, por lo general, mientras los curas italianos eran enviados a las colonias, los españoles recalaban en Santa Fe o Rosario. Esto es cierto relativamente, ya que sobre 105 sacerdotes que actuaron en nuestra provincia, 54 destinos pastorales corresponden a ambos ciudades y a algunos centros de regular importancia y 145 a la zona de colonias.

También se ha considerado que la mayoría de estos clérigos se trasladó a nuestras regiones en busca de cierto bienestar material que se le negaba en sus tierras de origen y no por razones apostólicas, como tal vez pueda observarse en los integrantes de las congregaciones religiosas.

Hay tantas motivaciones como sacerdotes dejaron sus lugares de origen para desembarcar en Santa Fe, aunque esto no es óbice para precisar algunas constantes. No cabe dudas que la gran mayoría se trasladó para poder ejercer el ministerio pastoral que en su lugar de origen se les negaba -ya que eran muchos más los sacerdotes que los cargos a cubrir- y vivir de él, lo cual es perfectamente comprensible en el clero diocesano, pero no exclusivamente por puro interés material como alguna veces se ha insinuado.

Entre ellos podemos señalar a Gumersindo Arias (Oviedo), con 33 años de servicio a la Diócesis de Santa Fe; Antonio Bergas y Fons (Mallorca) que actuó entre 1904 y 1946; José Costa Riera (Ibiza) quién llegó a ser prosecretario del Obispado y Párroco de la Catedral; Mateo Llodrá (Mallorca), ingresado en 1904 y fallecido en el ejercicio de su ministerio en Cañada de Gómez; Juan Planells y Planells (Ibiza) sepultado en Clucellas; Monserrat Servera y Nabot (Mallorca) capellán y luego Párroco de Chabás durante 53 años; Antonio Torres (Ibiza) con 23 años de ministerio en Santa Fe; Francisco Azpiri (Vitoria) que llegó a ser Rector del Seminario en Guadalupe; Juan Gil y Santa Pau, propagador de la devoción a nuestra Patrona y retirado luego a La Plata; Rafael Boninn y Fuster (Mallorca) misionero en la Diócesis de Trujillo y luego Párroco de San Justo; y Miguel Torres, quien llegó a ser Vicario General del Arzobispado.

También en la educación
El deseo de la vida de perfección se reflejará en algunos -como Secundino Lezaum (Pamplona) y los hermanos Antonio y Matías Crespí y Vidal (Mallorca)- quienes tuvieron varios años de ministerio parroquial e ingresaron en la Compañía de Jesús.

Para colaborar en la tarea educativa habían emigrado otros sacerdotes con cierta formación intelectual como José M. Sánchez (Salamanca), quien se instaló en Rosario para ejercer en el Colegio Nacional, y Fausto Sánchez Torres y Javier Sastre y Vidal, invitados por los jesuitas.

De algunos sacerdotes no hay mayor información pero traen buenas referencias, tal el caso de Antonio Martínez (Granada) o Juan Canellas (Vich), recomendado por los superiores jesuitas y claretianos de Barcelona.

Aparecen luego otras causas como la presencia de algún familiar emigrado, encontrándose entre ellos Felipe Alegre y Alegre (Burgos), Emilio Martínez Álvarez (Oviedo), Rafael Sánchez Díaz (Granada) y Antonio Sastre y Sastre (Mallorca), aunque la mayoría por poco tiempo y en otros caso por razones de salud, como Luciano Domezaín (Calahorra y La Calzada) y Antonio Carbó Chivelli (Lérida).

Además de sacerdotes también ingresaron cinco seminaristas, casi todos con estudios avanzados: Dimas Mateos (nacido en Almeida) llegado y ordenado en 1981 y por muchos años Párroco de Rafaela; Benito Rodríguez Fernández (León) arribado en 1897, Cura de San Urbano (1908-1925) y fallecido en Barcelona en 1928; Juan Oryazabal y Uranga llegado en 1896, quien se desempeñó como capellán del Buen Pastor en Rosario y por razones de salud volvió al país vasco en 1920; Justo Miranda y Tascón (León) que ingresa en 1899 y se desempeñará como secretario del Obispo y a partir de 1905 como Cura de Santo Tomé; y Florentín Álvarez (Orense-Astorga) que en virtud de sus escasos recursos no podía realizar los estudios en España y se desempeñará como Cura de Sastre, Serodino, El Trébol, San Martín de las Escobas y San Jorge, donde falleció en 1928.

Roces y remociones
De las regiones eclesiásticas en las que estaba dividida España en la época de la gran inmigración, las que más sacerdotes aportaron fueron la de Valencia (35,76%) y Burgos (17,62%). De los obispados fueron -sin dudas- el de Mallorca, Ibiza, León y Vitoria.

A pesar de que la mayoría de los sacerdotes era enviado a pequeñas poblaciones, algunos de ellos fueron destinados a parroquias importantes de Santa Fe y Rosario como Juan Bauzá (El Carmen), Joaquín Salazar (Inmaculada Concepción) y José Riera (Catedral).

Respecto a la relación que se generaba entre los sacerdotes españoles destinados a las colonias y sus feligresías -que por lo general no solo deseaban un pastor propio sino que hablasen su propia lengua o dialecto-, es común encontrar en el reclamo de los colonos, en particular italianos, de contar con sacerdotes para su atención espiritual, pero cuidándose de hacer notar a los Obispos de que debían ser italianos, preferentemente piamonteses. Más aún, no faltaron denuncias a la Nunciatura y a la misma Santa Sede en detrimento del Obispo.

El envío de sacerdotes que no reunían estas condiciones tenía su repercusión en las comunidades receptoras, algunas de las cuales entraban en conflicto con ellos o viceversa. El detonante era alguna cuestión relativa al idioma o actitudes consideradas anti italianas.

Sin embargo, deben haber obrado otros elementos (falencias de los sacerdotes o hipersensibilidad de la comunidad), ya que también nos encontramos con lugares en donde sus Párrocos o capellanes por lustros fueron españoles y no se conocen mayores conflictos.

Situaciones conflictivas encontramos en 1901 en Ataliva donde había sido destinado Mateo Llodrá, pero los vecinos reclamaron su traslado ya que su único defecto consistió en hablar castellano. El Obispo consintió y manifestó se malestar.

En Llambi Campbell también se pidió la remoción del Cura y no se le quería abonar su asignación mensual. El afectado (Benito Rodríguez Fernández) escribió al Obispo: "La madre del Cordero de todo lo pasado, ¿sabe dónde está?. Está en que quieren un Prebe o Pretes o como sea, que sea italiano".

Numerosos casos
Otra población en la que se produjeron conflictos fue El Trébol, en 1917: los vecinos italiano consideraron que el Pbro. Ramón Cervilla era germanófilo y empapelaron el pueblo con un afiche en el que invitaban a no pagarle la asignación mensual.

Este sacerdote no tenía demasiado espíritu apostólico y podría considerarse entre aquellos que -en virtud de sus necesidades económicas- había aceptado ese destino pastoral. En su favor hay que decir que, vuelto a España en 1919, el 17 de agosto de 1936 fue fusilado de rodillas por las milicias republicanas, en tanto rezaba pidiendo perdón por sus verdugos.

Por otra parte, existían buenas relaciones entre los sacerdotes españoles y sus feligresías italianas. Tal era el caso de Juan González Canseco, quien al referirse al pueblo de Centeno resaltaba la religiosidad de los italianos en detrimento de sus connacionales.

Otro caso paradigmático es el de Dimas Mateos quién actuó en colonias mayoritariamente italianas como María Juana, El Trébol y Susana y culminó su labor pastoral en Rafaela. Allí fue Párroco entre 1901 y 1935, cuando falleció. Tuvo el respeto de toda su feligresía y contó con el apoyo decidido de vecinos de apellidos Ripamonti, Abele, Lorenzatti, de Miccheli, Ferrero, Albrecht, Zimermann e Inwinkelried, entre otros.

Otros hacedores
En la localidad de El Trébol, donde en 1917 denostaban al sacerdote español, en 1900 los vecinos ante el anuncio de que el Pbro. Miguel Castilla sería trasladado a otra colonia escribieron al Obispo: "Si bien es cierto que en un principio debido a que la mayoría de los feligreses eran italianos, que poco entienden la lengua castellana, no se demostraban con dicho capellán, es también cierto que en breve tiempo y debido a las raras dotes de que va adornado el referido sacerdote, se adquirió las generales simpatías. Hoy verían con mucho pesar que se alejara de esta capilla".

Mención especial merece José Marí Scandell, quien tras ejercer el ministerio en diversas colonias mayoritariamente italianas, en 1906 fue destinado a Venado Tuerto, donde existía una fuerte y determinante comunidad irlandesa. Allí permaneció hasta 1925.

Al Pbro. Juan Gil y Santa Pau, capellán del Santuario de Guadalupe entre 1901 y 1912, Monseñor Boneo le encomendó la atención pastoral del vecindario (compuesto por colonos alemanes, italianos y criollos y de los peregrinos que hablaban diversidad de lenguas) y la administración de las obras de la actual Basílica, que se concluyeron en 1910.

Positivo aporte clerical
Podemos concluir que la actuación del clero diocesano español en nuestra provincia fue positiva ya que, en su gran mayoría, se dedicaron con ahínco a sus tareas pastorales, lo cual no siempre era posible en sus lugares de origen.

A pesar de algunas situaciones que dificultaron la actividad pastoral, ya sea por limitaciones de los clérigos o incomprensiones de las feligresías, hay que señalar que gracias a su presencia se pudo mantener viva la llama de la fe y la religiosidad católica en poblaciones y colonias que -sin su concurso- se hubiera cumplido el temor que existía en Europa ante la partida de los inmigrantes: "En América se pierde la fe".

Publicado en suplemento 'Nosotros', 'El Litoral', 1ro de marzo de 2008