Pbro. Edgar Stoffel
Capellanes
PBRO. NATALIO BÉRTOLO
El primer Capellán de Guadalupe nombrado por Mons. Boneo había realizado sus estudios en el Colegio de la Inmaculada –donde funcionaba el Seminario- y el 21 de diciembre de 1898 era ordenado presbítero.
Su actuación en Guadalupe fue muy breve ya que solo estuvo al frente del mismo entre el 28 de febrero y el 6 de mayo de 1900 y le tocó recibir bajo inventario de manos de María Antonia Godoy los objetos existente en la capilla y sacristía, salvo la imagen de bulto que se reservó para ella.
El 20 de julio de ese mismo año era nombrado Cura Rector de la Parroquia del Carmen, bajo cuya jurisdicción estaba también Guadalupe, permaneciendo en el céntrico templo hasta el 26 de febrero de 1903 en se los destina como Cura Párroco a San Martín de las Escobas
Dos años después (4-4-1905) es trasladado como Cura Rector a Santa Rosa en la ciudad de Rosario donde se desempeñará durante muchos años.
Ocupó también diversos cargos diocesanos y fue confesor de religiosas en aquella ciudad.
En 1932, a raíz de la muerte de Mons. Boneo fue elegido Vicario Capitular, ocasión en que realizó una Visita de inspección por la mayoría de las Parroquias para constatar ‘in situ’ la situación de las mismas y a partir de 1933, ya con Mons. Fasolino como Obispo integró el cuerpo de consultores diocesanos.
Erigido el Obispado de Rosario en 1934, pasó a formar parte del clero de la nueva Diócesis.
PBRO. TOMAS DUTARI RODRIGUEZ
Al igual que el anterior estudió en el Seminario regenteado por los padres jesuitas y recibió la sagrada ordenación presbiteral el mismo día. Era originario de la provincia de Córdoba y varios de sus hermanos fueron también sacerdotes diocesanos.
Al cesar el Pbro. Bértolo se hace cargo del Santuario ‘... cuya excepcional importancia es notoria’ al decir de Mons. Boneo y a cuyo frente permanece hasta el 15 de febrero de 1901 y paralelamente se ocupaba de dirigir el naciente Boletín Eclesiástico en el cual se dio bastante cabida a todo lo referente a Guadalupe e incluso llega a escribir un artículo que se publica en el periódico ‘La Buena Prensa’ de Buenos Aires con el objeto de divulgar el culto.
El 4 de junio de 1901 fue designado Capellán de San Carlos Norte pero al mes solicitaba su ex cardinación al Obispado de Paraná, donde en 1915 se hallaba como Cura Rector de la Iglesia Catedral.
PBRO. JUAN GIL Y SANTA PAU
Originario de Valencia, había sido admitido en la Diócesis de Santa Fe en el año 1898 y enviado como Capellán de la colonia Lehmann en junio de ese mismo año, pero antes que éste finalizara se lo designa Cura Vicario de Coronda.
Al año lo encontramos como Cura Vicario de San Agustín y con fecha 15 de febrero de 1901 el Obispo lo nombra Capellán del Santuario de Guadalupe.
Con ocasión del conflicto suscitado en torno a la imagen entre el Obispo, los padres dominicos y María Antonia Godoy y del Barco se manifestará como un gran polemista y pondrá todo su empeño en llevar adelante las obras de la actual Basílica.
Al trasladarse el Seminario a su asentamiento de Guadalupe en 1907 es designado Director Espiritual del mismo, tarea que aprovechará además para fomentar entre los futuros sacerdotes una espiritualidad guadalupana.
Además de su tarea en el Seminario, durante algunos años dirigirá el Boletín Eclesiástico en reemplazo de Dutari Rodríguez, será consultor del Obispo y Fiscal Eclesiástico.
En 1912 decide incardinarse en el Obispado de La Plata (Pcia de Bs. As.) para lo cual se le conceden letras positivas, ejerciendo en aquel lugar en el que fallecerá como Capellán del Asilo Marín.
Capellán y Cura Párroco
PBRO. JOAQUIN GARCIA DE LA VEGA
Ingresado en 1900 al Seminario sito en el Colegio de la Inmaculada, se encontraba entre los alumnos de filosofía que en 1907 inauguraron el de Guadalupe. Era oriundo de Rosario y acolitaba en las Misas del Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones.
El 23 de diciembre de 1911 Mons. Boneo le confería el sacerdocio y poco después le designaba como profesor del Seminario.
Se desempeñó a partir de 1912 como Capellán del Santuario fomentando el culto de nuestra Patrona y al crearse en 1918 la Parroquia de Guadalupe, fue su primer Cura Párroco aunque no por mucho tiempo ya que en 1919 es trasladado a colonia Susana como Vicario Ecónomo. Cabe aquí señalar su preocupación por el conocimiento de la historia de Guadalupe, aportando datos valiosos aunque perdido en el fárrago de sus escritos muchas veces inentendibles y contradictorios.
A posterior fue nombrado Cura Párroco de El Trébol donde permaneció hasta su muerte.
El tradicional Himno a la Virgen de Guadalupe es de su autoría, y al parecer lo escribió en 1907 siendo seminarista, en 1912 se entonó en el Seminario para luego perderse, hasta que lo recuperó en 1917 y lo editó con música del maestro Patricio Legarra.
La versión de Joaquín de la Vega decía así:
‘Coro
A tu Reina inmortal, Guadalupe,
Entonemos un Himno de amor,
Y sus ecos triunfales resuenen
De la Patria en la inmensa extensión.
Guadalupe es tu alcázar, María,
Y tu Corte de honor Santa Fe,
Las ciudades, las villas y pueblos
Que hoy de flores coronan tu sien.
Solo
Tu Santuario glorioso, María
La corona en tu sien una Palma
Donde el aura sonriente murmura
Y las dulces calandrias te cantan.
Aquí fue do las hordas salvajes
Depusieron sus flechas y lanzas,
Y al oír: ‘Guadalupe’ los indios
Se postraban rindiendo sus armas.
A tus pies columpiándose suave,
La Laguna en sus ondas te aclama,
Y las flores que ven sus riberas
Con su aroma tu Templo embalsaman.
Ese Ombú que aún da sombra al Santuario
Hoy nos cuenta las nobles hazañas,
Del Caudillo que vino a la Ermita
A templar sus valientes espadas.
Aquí está sobre el Arco del Templo,
La prehistórica antigua campana,
De Francisco Javier de la Rosa
Que ha dos siglos a todos nos llama.
Aquí está en el Santuario Moderno
Nuestra Madre, la Virgen amada,
El Tesoro mas grande y mas noble
Que aquí tiene su Trono y su Alcázar.
Venid, vedla, aquí está en Guadalupe,
Esa Reina a quién todos ensalzan.
Que veneran los pueblos lejanos
Desde el Ande a la margen del Plata’
Durante su gestión en Guadalupe impulsa la ordenanza por la cual en 1915 se denomina Francisco Javier de la Rosa a la calle que pasa delante el Santuario y en 1917 Estela Berraz dona la Lámpara del Camarín dorada a oro de 18 kilates y Angela de Aufranc dona 300 pesos para la lámpara situada en el centro del Santuario que se había adquirido a la Parroquia del Carmen y se la había dorado también a 18 kilates.
CURAS PÁRROCOS
PBRO. PASCUAL CARAMUTO
Pertenecía al grupo de sacerdotes que habían iniciado sus estudios bajo la dirección de los jesuitas en 1905 y recibió la ordenación sacerdotal el 23 de diciembre de 1915.
Pocos días después, con fecha 27 es designado Capellán del Colegio del Calvario y del Cementerio Municipal, cargos que ocupa hasta el 19 de marzo de 1916 en que es trasladado como Tte Cura de la Concepción en Rosario.
El 28 de agosto de 1917 es destinado a Susana como Cura Vicario de esa colonia, el 22 de noviembre de 1918 pasa como Cura interino a Vera y el 10 de noviembre de 1919 se le nombra Vicario Ecónomo de Guadalupe, a la para que se debía ocupar de la confesión de los seminaristas.
En 1922 es designado Cura Vicario de Reconquista y confesor de las Hermanas que trabajan en dicha localidad, pero al años es trasladado a Coronda con el mismo cargo donde permanece hasta 1927 en que renuncia y se lo envía a Santo Tomé como Vicario Ecónomo.
PBRO. ÁNGEL RODRÍGUEZ ZÍA
Hijo de José y Manuela Zía, había nacido en Carrouba – Tor (Pcia de Lugo – España) el 18 de diciembre de 1884, emigrando a nuestro país e ingresando al Seminario el 2 de marzo de 1898.
Cuando el Seminario fue trasladado a Guadalupe en 1907 cursaba el último año de Teología, razón por la cual a finales del mismo (21 de diciembre) fue ordenado sacerdote.
En la primera quincena de enero de 1908 se le designó Tte Cura de la Concepción y Capellán de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Rosario, pero su trabajo pastoral en la ciudad del sur duraría poco ya que en marzo regresaba al Seminario para desempeñarse como Prefecto de disciplina y docente.
En julio de 1917 es nombrado Vicerrector del mismo y en 1920 Rector, cargo que va a desempeñar hasta 1935, y será durante esta etapa en que provisoriamente se va a hacer cargo del Santuario entre julio y diciembre de 1920.
En estos años tuvo diversos cargos diocesanos y en 1935 fue designado Provisor y Vicario General de Mons. Nicolás Fasolino, cargo que ocupará durante muchos años.
PBRO. ANICETO BIAGIONI
Oriundo de Las Tunas (Santa Fe) había nacido en 1881, aunque sus padres luego se trasladaron a Gálvez donde bajo el influjo del padre Rinaldi ingresó al Seminario en 1896, realizando bajo la dirección de los jesuitas todo su proceso formativo.
Ordenado por Mons. Boneo el 21 de diciembre de 1905, con fecha 211 de enero de 1906 éste le designó su Subsecretario Cámara y al año siguiente lo eligió como integrante del cuerpo de superiores del nuevo Seminario con el cargo de Prefecto de disciplina y docente de 1ro, 2do y 3ro de latín.
El Seminario ocupó una buena parte de su vida sacerdotal ya que en 1908 es nombrado Vicerrector y en 1917 asume como Rector, cargo en el que se desempeña hasta 1920.
A comienzos del año siguiente se hace cargo de la Parroquia de Guadalupe con los títulos de Capellán del Santuario y Vicario Ecónomo, permaneciendo en la misma hasta enero de 1924.
Hay que señalar que tanto en su etapa del Seminario como en la del Santuario, se le encomendaron diversas tareas diocesanas.
En 1926 se aleja de Santa Fe para hacerse cargo de la Capellanía del prestigioso Colegio Normal Católico dirigido por las Hermanas de la Misericordia en Rosario, falleciendo el 10 de agosto de 1937 en la localidad de San Carlos Norte.
PBRO. MIGUEL GENESIO
Nacido en Zenón Pereya fue de los sacerdotes formados integramente en el Seminario de Guadalupe, siendo ordenado como tal el 22 de octubre de 1922.
Su primer destino pastoral fue el de Vicario Cooperador de Rafaela (2-11-1922) pero a los dos años, en diciembre de 1924 es enviado como Vicario Ecónomo de Guadalupe. En esta actividad lo encontrará la Coronación Pontificia de Nuestra Señora del año 1928, donde su labor será encomiable.
El 31 de diciembre de ese mismo año es designado Cura Párroco de Guadalupe y a partir de allí su vida sacerdotal quedará ligada por una parte a esta feligresía que abarcaba un radio amplísimo y por otro a los millares de peregrinos que durante la procesión anual pero también durante otras épocas del año y diariamente se acercaban al Santuario a venerar la imagen de nuestra Patrona.
A él se deben la reforma del Camarín llevada adelante entre los años 1931-1932 al cual amplió alcanzando una superficie de 11.30 mts por 10 y al que se accede por dos escaleras de mármol; colocación de los vitrales en 1950 para lograr una mayor iluminación de la capilla de la Virgen y el Colegio parroquial en 1957, por citar solo algunas. En 1954, tuvo la alegría de que el Santuario recibiese el Título de Basílica.
Fue también un activo protagonista en el progreso social del Barrio promoviendo la ‘Plaza de las Rosas’ hoy lamentablemente desaparecida en lo que era el cementerio católico y el pavimento por Francisco Javier de la Rosa hasta Cullen y fomentando o acompañando a muchas de las instituciones que surgían en aquellas décadas como clubes y vecinales en la amplia jurisdicción.
En el año 1947 la celebración de su 25 aniversario de ordenación sacerdotal tuvo amplia repercusión ya que por entonces su persona y actividad era ampliamente reconocida tal como lo señala ‘El Litoral’ del 21 de octubre:
‘Le sorprende sus bodas de plata rodeado de las simpatías a las que supo hacerse merecedor, y que hoy se manifiestan elocuentemente en las numerosas adhesiones recibidas a los diversos actos que en su honor auspicia una comisión de damas y caballeros de la vecina villa’
El 18 de agosto de 1963 entregó su vida al Señor , en 1964 sus los restos fueron sepultados en la Basílica, a los pies de la Vírgen venerada y a posteriori la calle que pasa detrás del Santuario lleva su nombre
PBRO. EDGARDO JUAN TRUCCO
Edgardo Juan Trucco había nacido en la localidad de San Justo el 31 de mayo de 1932 siendo sus padres Juan y Tomasa Leiva, quienes el 4 de setiembre de ese mismo año lo introdujeron a través del bautismo en la vida de la Iglesia.
Habiendo realizado su quinto grado en el Colegio Urbano de Iriondo del Niño Jesús, ingresó en 1947 al Seminario Metropolitano donde realizó sus estudios de latín, filosofía y teología.
En 1956 recibirá el Ostiariado y el Lectorado y un año después el Subdiaconado y el Diaconado. El 21 de diciembre de 1957 fue ordenado presbítero.
De inmediato fue enviado a la Basílica donde se fogueó pastoralmente bajo la guía de uno de los Párrocos eminentes de entonces, el padre Miguel Genesio a quién sucederá en su cargo el 30 de agosto de 1963.
Como Párroco le tocará llevar adelante en el Santuario las reformas que impulsaba el Concilio Vaticano II e integrará la pastoral del mismo en la llamada ‘Pastoral Popular’ que impulsaban precisamente los equipos sacerdotales que trabajaban en estos ámbitos y que implicaba frente a la ‘ola secularista’, la revalorización de la fe del pueblo.
Paralelamente trató de participar siempre de las inquietudes de la vecindad de Guadalupe integrándose a diversas actividades que realizaban creyentes y no creyentes (Asamblea Barrial y Guadalupe Estratégico), lo que también realizó a nivel de ciudad por lo cual recibió diversos reconocimientos de instituciones laicas como por ejemplo la Universidad Nacional del Litoral, que poco antes de su muerte lo había designado miembro del Consejo Consultivo Social.
En el ámbito eclesiástico local a partir del año 1971 se desempeñó como Representante legal del Instituto ‘Nuestra Señora de Guadalupe’ sito en Padre Genesio y Patricio Cullen, en 1975 fue designado Presidente del Colegio de Párrocos, en 1977 integró la Vicaría Episcopal para la Educación, en 1985 profesor de la Escuela de Sagrados Ministerios y en diversas ocasiones integró el Consejo presbiteral.
A la muerte de Mons. Vicente Zazpe en 1984 fue elegido Administrador Arquidiocesano.
De sus actividades arquidiocesanas debemos resaltar –además del Santuario- la llevada adelante a partir de 1983 como Asesor del servicio sacerdotal de urgencia que se prolongó hasta poco antes de su muerte, ya que el 10 de mayo de 2002 presentaba su renuncia.
Tuvo también una activa participación a nivel de la organización zonal en el ‘Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo’ en la denominada región litoral sur.
En lo tocante a la Pastoral de Santuarios fue uno de sus grandes animadores tanto a nivel nacional como regional al punto que entre 1992-1994 presidirá junto con el equipo argentino la ‘Coordinadora de Confederaciones de Santuarios’ y en 1995 participa en Roma de la Reunión Mundial de Santuarios.
También hay que resaltar su tarea de difusión a través de diarios y revistas, tanto de circulación masiva como especializadas y la publicación de algunos opúsculos al servicio de la Liturgia y la devoción popular. Asimismo le cupo la tarea de restaurar la vieja revista ‘Guadalupe’, la cual se edita anualmente y con un formato totalmente renovado.
Cuando se disponía a iniciar sus actividades del día Domingo 16 de junio de 2002, el Señor quiso llamar a su Casa a este servidor suyo que desde el año 1958 en que fue nombrado Vicario Cooperador, desarrollaba su labor pastoral en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Sepultado como era su deseo en la entrada a la Basílica al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, la plaza aledaña conocida como del Folklore por disposición de la ordenanza 10883 pasó a llevar su nombre y lo mismo aconteció con el Centro de salud por él promovido.
sábado, 11 de octubre de 2008
martes, 7 de octubre de 2008
María Antonia Godoy y Del Barco
Pbro. Edgar Stoffel
Una calle con su nombre atraviesa el corazón de la Villa Guadalupe desde 1931.
En 1765, el sanjuanino Martín de Godoy contrajo matrimonio con María Rosa de la Rosa. Por ella, se entroncaría con la heredad de los Setúbal quienes ya desde fines del siglo XVII se asentaban en la zona de la actual Guadalupe.
Del matrimonio nacerían José María, Mario Gregorio y Buenaventura o José Buenaventura, el padre de María Antonia. Sobre Mario Gregorio no hay mayores datos y a José María se lo encontró en documentos sobre la realización de algunas transacciones de tierras en 1858 a favor de Tiburcio Aldao y beneficiándose de la venta del terreno destinado a cementerio en 1862. En 1875, aparece entre los vecinos de Guadalupe señalados en el Informe de Tomás Furno. Estaba casado con María Luisa del Barco, quien fue la donante de las palmeras en el año 1825 y durante 50 años fue custodio de la imagen de Guadalupe hasta su muerte en 1886.
Buenaventura Godoy, nacido en 1801, se casó en 1825 con Buenaventura Barco y Maydana, hija de Miguel y Simona Maydana ya nacida en 1804. En el censo provincial de 1887 todavía vivía, manifestando en aquella ocasión tener 87 años de edad, ser propietario, nacido en Santa Fe, profesar la fe católica, no saber leer ni escribir y ser jefe de la familia que entonces componían Ventura Barco (su esposa) y sus hijas Benita y Antonia Godoy. Ciertamente, la familia era más numerosa, ya que su esposa había declarado tener 12 hijos.
De Buenaventura se dice que traficaba con los indios a quienes a cambio de cueros de nutria y carpincho y plumas de ñandú les entregaba caña y otros elementos de uso corriente. Al testar, declarará que la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe estaba asentada sobre tierras de su propiedad, las que había acreditado judicialmente como tales en 1869, ya que la documentación pertinente había sido extraviada.
A su muerte en 1888, su esposa y su hija María Antonia se convierten en guardianas del santuario. Acerca de Ventura Barco, Vicente Fidel López nos deja una pobre imagen cuando señala: "Guardaba el santuario una pobre mujer, sin más tarea que mantener encendida la vela que alumbraba una diminuta imagen metida al fondo de un nicho, que parecía un árbol de navidad por la cantidad de reliquias y talismanes, y otras cosas colgadas en derredor. Otro encargo de la guardiana era recoger el sebo que corría de la vela, pues era creencia que no hay mejor untura para males del cuerpo, incluso para el coto. Ella misma tenía uno enorme; y estaba convencida de que iba sanándole".
Al testar en 1893, dona a la curia eclesiástica (entonces del Paraná) la parte del terreno en que se encontraba asentada la capilla, en el deseo de que tras su muerte y la de su hija se hiciese cargo el Pbro. Severo Echagüe. Tal donación será aceptada recién el 18 de septiembre de 1900 por la curia santafesina y a partir de ese momento y por poco tiempo se establece una especie de condominio con María Antonia. Así llegamos a María Antonia Godoy y del Barco, la última representante de la familia en la custodia del santuario a partir de la muerte de su madre acaecida en 1894.
Ella misma llega a escribir en marzo de 1900 que "ha construido el edificio que existe al lado del templo en el deseo de dedicar el resto de mi vida a la adoración de la Ssma. Virgen de Guadalupe y de habitar en la vivienda en que hace más de un siglo se han venido sucediendo mis mayores".
El edificio de marras permaneció en pie hasta 1915 en que fue derrumbado, sirviendo hasta ese momento como casa parroquial. Con la llegada de Mons. Boneo como obispo de Santa Fe y su deseo de ordenar la vida diocesana, toma una serie de medidas, entre las que se encuentra la de sujetar el santuario a su jurisdicción episcopal, lo cual motivará el rechazo de María Antonia primero en la prensa y luego ante nuncio apostólico.
Oportunamente, había comunicado al obispo que aceptaba la superioridad y jurisdicción del diocesano a quien le entregaría con gusto todos los ornamentos imágenes y demás objetos de culto que existían en la capilla pero que no le entregaría la imagen que ella llamaba "la chinita" y que consideraba le pertenecía y de la cual no pensaba desprenderse jamás. Tal decisión la cumple el 15 de marzo de 1900 ante el Pbro. Natalio Bértolo y durante algunos meses esta mujer "diminuta, jovial y serena" guardó la imagen en su habitación para luego llevarla al Convento de los PP Dominicos, lo cual será rechazado por el obispo, por Auto del 22 de enero de 1901, originándose un conflicto en el cual se involucraría al mismo Nuncio Apostólico.
Previamente, con fecha 8 de enero de ese mismo año, María Antonia Godoy vendía la mitad de la manzana Nro 39 a Mons. Boneo, quien a su vez donaba dicho terreno hasta entonces litigioso a favor de la Diócesis de Santa Fe y para desarrollar el culto guadalupano.
Aquel conflicto generó una divisoria de aguas en la sociedad entre los que consideraban que el obispo abusaba de su poder frente a una persona mayor y sin demasiada instrucción, y por otra los que entendían que la defensa que hacía María Antonia tenía que ver con algún interés de tipo económico, ya que ella administraba las ofrendas que se le hacían a la Virgen. Lo cierto es que nadie puede dudar del amor a la Virgen que ambos profesaban.
En 1911, Mons. Boneo ratifica el Decreto de Mons. Gelabert y Crespo por el cual los restos de María Antonia Godoy y sus familiares deben ser sepultados en el santuario y ella, al testar en ese mismo año, deja 500 pesos para que se celebre anualmente una misa cantada a San Antonio en el Santuario y mil pesos al obispado para que el día de la fiesta de la Virgen, después de la misa principal se celebre una en su memoria.
El 31 de julio, entrega su alma conservando la frescura mental de una adolescente, a pesar de su vejez, como relata "Nueva Época" y al día siguiente era sepultada en el panteón de las Hermanas Terciarias Franciscanas con quienes había compartido los últimos años de su vida, previa Misa a los pies de su "chinita".
Muchos de los datos que conocemos sobre Guadalupe se lo debemos a su testimonio, aunque los mismos a veces son confusos o contradictorios o quienes los recogieron no siempre lo hicieron con fidelidad. Sus restos sepultados en el Cementerio Municipal esperan todavía su traslado al santuario.
Una calle con su nombre atraviesa el corazón de la Villa Guadalupe desde 1931.
En 1765, el sanjuanino Martín de Godoy contrajo matrimonio con María Rosa de la Rosa. Por ella, se entroncaría con la heredad de los Setúbal quienes ya desde fines del siglo XVII se asentaban en la zona de la actual Guadalupe.
Del matrimonio nacerían José María, Mario Gregorio y Buenaventura o José Buenaventura, el padre de María Antonia. Sobre Mario Gregorio no hay mayores datos y a José María se lo encontró en documentos sobre la realización de algunas transacciones de tierras en 1858 a favor de Tiburcio Aldao y beneficiándose de la venta del terreno destinado a cementerio en 1862. En 1875, aparece entre los vecinos de Guadalupe señalados en el Informe de Tomás Furno. Estaba casado con María Luisa del Barco, quien fue la donante de las palmeras en el año 1825 y durante 50 años fue custodio de la imagen de Guadalupe hasta su muerte en 1886.
Buenaventura Godoy, nacido en 1801, se casó en 1825 con Buenaventura Barco y Maydana, hija de Miguel y Simona Maydana ya nacida en 1804. En el censo provincial de 1887 todavía vivía, manifestando en aquella ocasión tener 87 años de edad, ser propietario, nacido en Santa Fe, profesar la fe católica, no saber leer ni escribir y ser jefe de la familia que entonces componían Ventura Barco (su esposa) y sus hijas Benita y Antonia Godoy. Ciertamente, la familia era más numerosa, ya que su esposa había declarado tener 12 hijos.
De Buenaventura se dice que traficaba con los indios a quienes a cambio de cueros de nutria y carpincho y plumas de ñandú les entregaba caña y otros elementos de uso corriente. Al testar, declarará que la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe estaba asentada sobre tierras de su propiedad, las que había acreditado judicialmente como tales en 1869, ya que la documentación pertinente había sido extraviada.
A su muerte en 1888, su esposa y su hija María Antonia se convierten en guardianas del santuario. Acerca de Ventura Barco, Vicente Fidel López nos deja una pobre imagen cuando señala: "Guardaba el santuario una pobre mujer, sin más tarea que mantener encendida la vela que alumbraba una diminuta imagen metida al fondo de un nicho, que parecía un árbol de navidad por la cantidad de reliquias y talismanes, y otras cosas colgadas en derredor. Otro encargo de la guardiana era recoger el sebo que corría de la vela, pues era creencia que no hay mejor untura para males del cuerpo, incluso para el coto. Ella misma tenía uno enorme; y estaba convencida de que iba sanándole".
Al testar en 1893, dona a la curia eclesiástica (entonces del Paraná) la parte del terreno en que se encontraba asentada la capilla, en el deseo de que tras su muerte y la de su hija se hiciese cargo el Pbro. Severo Echagüe. Tal donación será aceptada recién el 18 de septiembre de 1900 por la curia santafesina y a partir de ese momento y por poco tiempo se establece una especie de condominio con María Antonia. Así llegamos a María Antonia Godoy y del Barco, la última representante de la familia en la custodia del santuario a partir de la muerte de su madre acaecida en 1894.
Ella misma llega a escribir en marzo de 1900 que "ha construido el edificio que existe al lado del templo en el deseo de dedicar el resto de mi vida a la adoración de la Ssma. Virgen de Guadalupe y de habitar en la vivienda en que hace más de un siglo se han venido sucediendo mis mayores".
El edificio de marras permaneció en pie hasta 1915 en que fue derrumbado, sirviendo hasta ese momento como casa parroquial. Con la llegada de Mons. Boneo como obispo de Santa Fe y su deseo de ordenar la vida diocesana, toma una serie de medidas, entre las que se encuentra la de sujetar el santuario a su jurisdicción episcopal, lo cual motivará el rechazo de María Antonia primero en la prensa y luego ante nuncio apostólico.
Oportunamente, había comunicado al obispo que aceptaba la superioridad y jurisdicción del diocesano a quien le entregaría con gusto todos los ornamentos imágenes y demás objetos de culto que existían en la capilla pero que no le entregaría la imagen que ella llamaba "la chinita" y que consideraba le pertenecía y de la cual no pensaba desprenderse jamás. Tal decisión la cumple el 15 de marzo de 1900 ante el Pbro. Natalio Bértolo y durante algunos meses esta mujer "diminuta, jovial y serena" guardó la imagen en su habitación para luego llevarla al Convento de los PP Dominicos, lo cual será rechazado por el obispo, por Auto del 22 de enero de 1901, originándose un conflicto en el cual se involucraría al mismo Nuncio Apostólico.
Previamente, con fecha 8 de enero de ese mismo año, María Antonia Godoy vendía la mitad de la manzana Nro 39 a Mons. Boneo, quien a su vez donaba dicho terreno hasta entonces litigioso a favor de la Diócesis de Santa Fe y para desarrollar el culto guadalupano.
Aquel conflicto generó una divisoria de aguas en la sociedad entre los que consideraban que el obispo abusaba de su poder frente a una persona mayor y sin demasiada instrucción, y por otra los que entendían que la defensa que hacía María Antonia tenía que ver con algún interés de tipo económico, ya que ella administraba las ofrendas que se le hacían a la Virgen. Lo cierto es que nadie puede dudar del amor a la Virgen que ambos profesaban.
En 1911, Mons. Boneo ratifica el Decreto de Mons. Gelabert y Crespo por el cual los restos de María Antonia Godoy y sus familiares deben ser sepultados en el santuario y ella, al testar en ese mismo año, deja 500 pesos para que se celebre anualmente una misa cantada a San Antonio en el Santuario y mil pesos al obispado para que el día de la fiesta de la Virgen, después de la misa principal se celebre una en su memoria.
El 31 de julio, entrega su alma conservando la frescura mental de una adolescente, a pesar de su vejez, como relata "Nueva Época" y al día siguiente era sepultada en el panteón de las Hermanas Terciarias Franciscanas con quienes había compartido los últimos años de su vida, previa Misa a los pies de su "chinita".
Muchos de los datos que conocemos sobre Guadalupe se lo debemos a su testimonio, aunque los mismos a veces son confusos o contradictorios o quienes los recogieron no siempre lo hicieron con fidelidad. Sus restos sepultados en el Cementerio Municipal esperan todavía su traslado al santuario.
viernes, 3 de octubre de 2008
UN PORTERO, SIERVO DE DIOS. JOSE MARCOS FIGUEROA sj
P.Alejandro GAUFFIN SJ
Pbro. Edgar G. Stoffel
A lo largo de la obra sobre la Compañía de Jesús en Santa Fe publicada semanalmente en forma de fascículos por el diario ‘EL LITORAL’ no hemos podido sino admirarnos de la ingente tarea llevada adelante en nuestra tierra por parte de los hijos de San Ignacio de Loyola y que abarca los más diversos aspectos y quehaceres: desde la piedad hasta la explotación ganadera y desde la enseñanza cualificada de sus aulas hasta las reducciones de mocovíes y abipones.
Una empresa de envergadura, animada no por la búsqueda de gloria humana, sino por el deseo de santidad que ha animado a sus miembros a lo largo de estos cuatro siglos.
Es en éste marco en el cual debemos situar al Hno. Figueroa, quien sin ser autor ni mentor de fastos memorables, compartió con tantos otros compañeros destacados la búsqueda de la santidad, ya que ésta es la vocación de cada cristiano.
Al respecto nos recuerda el Concilio Vaticano II, que “todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (Lumen Gentium II).
Sus orígenes
Al realizar su ego al ingresar al noviciado de la Compañía en Córdoba, se presentaba como un “ ... labrador”, es decir un hombre acostumbrado al trabajo monótono y paciente que acompaña el crecimiento y desarrollo de la planta, hasta que ésta fructificada sirve a otros.
Había nacido en Tinajo, un pequeño poblado de la difícil geografía de la isla de Lanzarote, en Canarias, el 7 de octubre de 1865, siendo sus padres Nicolás y Rafaela Umpierrez.
Como tantos otros canarios pertenecientes a los estratos más humildes y empobrecidos de aquella sociedad, toda su familia (otra nota característica de ésa inmigración) partió hacia el Uruguay algunos años más tarde, ya que éste país junto con Cuba, fueron los más atractivos, al punto que constituían el 65% de los españoles y el 17% de los extranjeros.
Ya asentados en Santa Lucía en el Dpto. de Canelones, compartió con sus padres las labores agrícolas- como acontecía con la mayoría de sus coterráneos- hasta la edad de 20 años, tiempo en que la familia subsistía con cierta dignidad pero no lo suficiente ya que apenas pudo asistir cuatro meses a la escuela.
Su vida de piedad es simple y sencilla como su existencia cotidiana: rezo del Rosario y repetición de las verdades de la fe aprendidas en le catecismo y transmitidas a sus hermanos menores.
Ingreso a la Compañía de Jesús
Sin embargo esto no parecía conformar al joven José Figueroa, ya que su corazón aspiraba a algo superior y allí cuando “deseoso de mejor vida” no en el sentido corriente y materialista que se le da al término, decidió su ingreso a la Compañía de Jesús, no para alejarse de una vida dura y sin perspectivas que le ofrecía el campo uruguayo, sino para llevar una vida tan exigente como aquella desde una perspectiva más profunda.
Ingresado al noviciado de la Compañía en Córdoba el 12 de agosto de 1886, tras unos meses de aspirantado en Montevideo, realizó su profesión religiosa el 15 de agosto de 1888 en el Colegio de Santa Fe al cual había sido enviado algunos meses antes.
Durante este período en el cual no se destaca sobre los demás y sólo se registran las aptitudes fundamentales para alguien que quiere llevar adelante una vida de consagración plena, será afectado por la viruela, ocasión en que fue cuidad con solicitud amorosa por el hermano Rojas.
José Figueroa se sobrepondrá a la viruela, pero ésta se llevará al citado hermanos enfermero quién morirá agradeciendo al Señor su predestinación al Cielo, experiencia ésta que al parecer marcará profundamente al recuperado enfermo.
El portero de la Inmaculada
En una nota publicada por El Litoral del 14 de agosto de 1936, el Hno. José Figueroa recordaba al cronista: “Llegué a Santa Fe en 1888, siendo rector del Colegio el Padre Bustamante ... “ con lo cual comenzó su tarea silenciosa que perduraría a lo largo de 53 años, primero como ayudante y a partir de 1892 como portero del Colegio de la Inmaculada, por cuyas puertas ingresaban muchos de los futuros dirigentes de la sociedad santafesina, los hijos de los colonos de las feraz “pampa gringa” y los clérigos de la iglesia paranaense y luego santafesina hasta 1906 y hasta donde llegaban innumerables pobres solicitando una limosna y no pocos sacerdotes a comprar los libros que el hermano vendió hasta la mañana de su muerte.
Toda su vida consagrada podría resumirse en la expresión “cumplir con el deber de estado” iluminado por la máxima “en todo amar y servir”, que el hermano llevó hasta extremos heroicos.
En el fondo, el hermano Figueroa seguía siendo aquel mozalbete campesino, con la mirada elevada hacia Dios de quien le venía todo bien y hacia aquellos a quienes debía servir desde su humilde puesto de trabajo para que alcanzaran la meta propuesta.
En la portería recibía el llamado de tres teléfonos, atendiendo cada uno con solicitud, pasando mensajes, dando la hora exacta o los horarios de las misas en el tiempo en que la ciudad no contaba con relojes públicos, contestando infinidad de preguntas aún sobre las previsiones del tiempo emanadas del observatorio meteorológico que funcionaba en el colegio. Recibía a todas las personas que llegaban a la portería por diversos motivos y en cualquier momento del día, hasta en altas horas de la noche.
Respondía a los que golpeaban su ventana, en horas de reposo, pidiendo la extremaunción para algún familiar enfermo. Atendía los requerimientos de los alumnos y de todos con solicitud incansable.
Atendía además la librería que funcionaba en al portería del Colegio, se encargaba de la lavandería de la ropa de los pupilos. Se ocupaba de hacer sonar la campana en los horarios de la comunidad. A las nueve de la noche prendía las luces de la torre de la Inmaculada para señalarle la hora exacta a la vecina ciudad de Paraná.
Una piedad sencilla y acendrada
Si simple y trabajoso fue su quehacer cotidiano, no menos lo fue la oración en la que sostenía aquella existencia, razón por la cual a pesar de las diversas tareas que hemos reseñado siempre se hacía el tiempo para la misma.
Así era natural verlos transitar de un lado al otro del Colegio discurriendo las cuentas del Rosario entre sus dedos, concentrado a la vez en los misterios que meditaba y solícitos para las necesidades de quienes lo requerían.
Junto a esto, la oración solitaria en su cuarto ante el alta que había elevado en el mismo, centrado en Cristo crucificado, a quien acompañaban María Santísima con el Niño Jesús y el casto José, esposo de la Virgen y un texto sencillo, como sencillas eran las imágenes veneradas a través de las cuales entraba en intimidad con su Creador y gran capitán.
A esto debemos sumarle la mortificación de su cuerpo, espíritu que lo acompañó hasta su misma muerte, que no fue en el lecho de enfermo sino tendido al pie de su cama.
Su proverbial humildad
Como relatan los testigos de su muerte, pasó casi desapercibida, sin molestar a nadie como había sido su vida, al punto que no se ha dudado en llamarlo el santo de lo invisible.
Ésta característica del hermano Figueroa fue captada por el cronista del El Litoral que hemos citado más arriba al recordar su arribo a Santa Fe y que creemos es un testimonio valioso:
En ésa ocasión, tras recordar las circunstancias de su llegada a Santa Fe en 1888 el hermano guardó silencio, agregando la nota:
“Después el hermano Figueroa hace una pausa, ¡una pausa de cincuenta años! ¡una pausa que encierra una vida! ¡Una pausa que no cabe en un volumen de historia! Esa pausa nos obliga a enmudecer. Ni el más hondo afán del reportaje podría vencer la obstinada resistencia de un modesto hermano de la Compañía de Jesús que no quiere recordar, que no quiere decir. Y entonces, sólo entonces, comprendemos uno de los aspectos, tal vez el mínimo, del servicio de Dios: la reducción espiritual a la modestia, a la sublime modestia”.
No por conocido debemos dejar de resaltar aquel episodio con motivo de la recordación de sus cincuenta años de vida religiosa, en la cual siendo el centro de los homenajes trató de pasar desapercibido y habiendo recibido un pergamino recordatorio donde se exaltaban su servicio, tachó su nombre y dejó solo el de los firmantes.
Su paso al Padre
Iniciado el año 1942, el hermano Figueroa experimentó un fuerte quebranto de su salud, el segundo después de aquella viruela de los primeros años que lo dejó prácticamente sin fuerzas.
Destrozado su corazón continuó sin embargo prestando servicios a la comunidad e incluso llegó a restablecerse tras una neumonía que lo puso al borde de la muerte al punto que con mucha devoción y consuelo para su alma recibió los últimos sacramentos.
Así llegó al día de su muerte en la que fue precedido por su amigo, el hermano Bajetto y la agonía del padre Barrera, por lo cual la suya como ya señalábamos, pasó desapercibida.
Una vida santa
Tanto quienes estamos ligados al Colegio de la Inmaculada o a la Compañía de Jesús como quienes provenimos de otra historia eclesial hemos recibido un único testimonio acerca del hermano Figueroa: “ era una santo “.
Tal aseveración está preñada de admiración por una vida que no se ha destacado por las cosas hechas sino porque se ha edificado en el silencio del oficio de portero repetido siempre con la misma calidez humana como si no importase tanto para los demás y siempre tuviera el valor de lo infinito para Dios.
Fundamental en este sentido es el testimonio del Padre Cartillejo, quien señalaba: “Es necesario que los alumnos den un buen empujón a al causa de beatificación del Hermano Figueroa, que ejerció tantos años su cátedra en la portería del Colegio de la Inmaculada enseñándonos la lección de sus virtudes a todos los que formábamos la comunidad y a cuantos se acercaban a la Portería, El promotor de la Causa es el P. Carmelo Gangi, que está en Córdoba. Me he enterado que se ha tenido la suerte de registrar el testimonio de una hermana del Hno. Figueroa y que vivía en el Uruguay y que, a poco, falleció. No quisiera morir sin ver terminado el proceso diocesano, que es el de testimonios y comprobación de gracias ... ¡Fue un santo!. Todos los exalumnos lo dicen a una sola voz. Como rector, lo traté doce años de cerca; ¡si estaré convencido de su santidad!.”
entregado al Espíritu y fiel al carisma ignaciano hizo su Pascua y la testimonió diariamente al cumplir con heroísmo el deber de estado , seguro camino de santificación”.
Sin dudas, que el portero de la Inmaculada es un modelo vivo para un tiempo nuestro de muchas palabras, falta de cumplimiento de las obligaciones y dispersión espiritual, hablándonos con su silencio, el cumplimiento de un trabajo rutinario y su abandono en Dios.
Hitos de la Causa de Beatificación
Las gracias y favores que Dios concedió por el Hno. Figueroa, hace que en septiembre de 1950 se introduzca la causa de beatificación.
El 27 de septiembre de 1951, el Excmo. Sr. Arzobispo de Santa Fe, Monseñor Dr. Nicolás Fasolino nombra el tribunal delegado que ha de entender en la causa.
El día 8 de noviembre de 1952, ante incontable muchedumbre, fue trasladado el cadáver hasta la Iglesia de los Milagros.
Ese mismo día, al descubrirse el ataúd para reconocer el cadáver delante del tribunal eclesiástico, se encontró en perfecto estado, sano e incorrupto después de diez años de su fallecimiento.
El 9 de junio de 1992 el Postulador General de al Compañía de Jesús, nombra como Vice-Postulador de la causa de Canonización del Hermano José M. Figueroa al P. Alejandro Gauffin sj , para que continúe los trabajos necesarios para la marcha de éste proceso, contando con el total apoyo del Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Monseñor Edgardo Gabriel Storni.
El 19 de noviembre de 1992 se recordaron los 50 años del fallecimiento Hno. Figueroa para dar gracias a Dios por todos los beneficios que ha concedido por su intercesión.
El 19 de noviembre de 1994 se celebró una misa de acción de gracias por el cierre del proceso diocesano con gran afluencia de fieles.
El 9 de mayo de 1995 se celebró la sesión pública de Clausura del Proceso y se enviaron a Roma las Acta del Proceso. A tal efecto fue nombrado portador de las mismas el R. P. Alejandro Gauffin sj quien las entregó en la Congregación de los Santos.
Pbro. Edgar G. Stoffel
A lo largo de la obra sobre la Compañía de Jesús en Santa Fe publicada semanalmente en forma de fascículos por el diario ‘EL LITORAL’ no hemos podido sino admirarnos de la ingente tarea llevada adelante en nuestra tierra por parte de los hijos de San Ignacio de Loyola y que abarca los más diversos aspectos y quehaceres: desde la piedad hasta la explotación ganadera y desde la enseñanza cualificada de sus aulas hasta las reducciones de mocovíes y abipones.
Una empresa de envergadura, animada no por la búsqueda de gloria humana, sino por el deseo de santidad que ha animado a sus miembros a lo largo de estos cuatro siglos.
Es en éste marco en el cual debemos situar al Hno. Figueroa, quien sin ser autor ni mentor de fastos memorables, compartió con tantos otros compañeros destacados la búsqueda de la santidad, ya que ésta es la vocación de cada cristiano.
Al respecto nos recuerda el Concilio Vaticano II, que “todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (Lumen Gentium II).
Sus orígenes
Al realizar su ego al ingresar al noviciado de la Compañía en Córdoba, se presentaba como un “ ... labrador”, es decir un hombre acostumbrado al trabajo monótono y paciente que acompaña el crecimiento y desarrollo de la planta, hasta que ésta fructificada sirve a otros.
Había nacido en Tinajo, un pequeño poblado de la difícil geografía de la isla de Lanzarote, en Canarias, el 7 de octubre de 1865, siendo sus padres Nicolás y Rafaela Umpierrez.
Como tantos otros canarios pertenecientes a los estratos más humildes y empobrecidos de aquella sociedad, toda su familia (otra nota característica de ésa inmigración) partió hacia el Uruguay algunos años más tarde, ya que éste país junto con Cuba, fueron los más atractivos, al punto que constituían el 65% de los españoles y el 17% de los extranjeros.
Ya asentados en Santa Lucía en el Dpto. de Canelones, compartió con sus padres las labores agrícolas- como acontecía con la mayoría de sus coterráneos- hasta la edad de 20 años, tiempo en que la familia subsistía con cierta dignidad pero no lo suficiente ya que apenas pudo asistir cuatro meses a la escuela.
Su vida de piedad es simple y sencilla como su existencia cotidiana: rezo del Rosario y repetición de las verdades de la fe aprendidas en le catecismo y transmitidas a sus hermanos menores.
Ingreso a la Compañía de Jesús
Sin embargo esto no parecía conformar al joven José Figueroa, ya que su corazón aspiraba a algo superior y allí cuando “deseoso de mejor vida” no en el sentido corriente y materialista que se le da al término, decidió su ingreso a la Compañía de Jesús, no para alejarse de una vida dura y sin perspectivas que le ofrecía el campo uruguayo, sino para llevar una vida tan exigente como aquella desde una perspectiva más profunda.
Ingresado al noviciado de la Compañía en Córdoba el 12 de agosto de 1886, tras unos meses de aspirantado en Montevideo, realizó su profesión religiosa el 15 de agosto de 1888 en el Colegio de Santa Fe al cual había sido enviado algunos meses antes.
Durante este período en el cual no se destaca sobre los demás y sólo se registran las aptitudes fundamentales para alguien que quiere llevar adelante una vida de consagración plena, será afectado por la viruela, ocasión en que fue cuidad con solicitud amorosa por el hermano Rojas.
José Figueroa se sobrepondrá a la viruela, pero ésta se llevará al citado hermanos enfermero quién morirá agradeciendo al Señor su predestinación al Cielo, experiencia ésta que al parecer marcará profundamente al recuperado enfermo.
El portero de la Inmaculada
En una nota publicada por El Litoral del 14 de agosto de 1936, el Hno. José Figueroa recordaba al cronista: “Llegué a Santa Fe en 1888, siendo rector del Colegio el Padre Bustamante ... “ con lo cual comenzó su tarea silenciosa que perduraría a lo largo de 53 años, primero como ayudante y a partir de 1892 como portero del Colegio de la Inmaculada, por cuyas puertas ingresaban muchos de los futuros dirigentes de la sociedad santafesina, los hijos de los colonos de las feraz “pampa gringa” y los clérigos de la iglesia paranaense y luego santafesina hasta 1906 y hasta donde llegaban innumerables pobres solicitando una limosna y no pocos sacerdotes a comprar los libros que el hermano vendió hasta la mañana de su muerte.
Toda su vida consagrada podría resumirse en la expresión “cumplir con el deber de estado” iluminado por la máxima “en todo amar y servir”, que el hermano llevó hasta extremos heroicos.
En el fondo, el hermano Figueroa seguía siendo aquel mozalbete campesino, con la mirada elevada hacia Dios de quien le venía todo bien y hacia aquellos a quienes debía servir desde su humilde puesto de trabajo para que alcanzaran la meta propuesta.
En la portería recibía el llamado de tres teléfonos, atendiendo cada uno con solicitud, pasando mensajes, dando la hora exacta o los horarios de las misas en el tiempo en que la ciudad no contaba con relojes públicos, contestando infinidad de preguntas aún sobre las previsiones del tiempo emanadas del observatorio meteorológico que funcionaba en el colegio. Recibía a todas las personas que llegaban a la portería por diversos motivos y en cualquier momento del día, hasta en altas horas de la noche.
Respondía a los que golpeaban su ventana, en horas de reposo, pidiendo la extremaunción para algún familiar enfermo. Atendía los requerimientos de los alumnos y de todos con solicitud incansable.
Atendía además la librería que funcionaba en al portería del Colegio, se encargaba de la lavandería de la ropa de los pupilos. Se ocupaba de hacer sonar la campana en los horarios de la comunidad. A las nueve de la noche prendía las luces de la torre de la Inmaculada para señalarle la hora exacta a la vecina ciudad de Paraná.
Una piedad sencilla y acendrada
Si simple y trabajoso fue su quehacer cotidiano, no menos lo fue la oración en la que sostenía aquella existencia, razón por la cual a pesar de las diversas tareas que hemos reseñado siempre se hacía el tiempo para la misma.
Así era natural verlos transitar de un lado al otro del Colegio discurriendo las cuentas del Rosario entre sus dedos, concentrado a la vez en los misterios que meditaba y solícitos para las necesidades de quienes lo requerían.
Junto a esto, la oración solitaria en su cuarto ante el alta que había elevado en el mismo, centrado en Cristo crucificado, a quien acompañaban María Santísima con el Niño Jesús y el casto José, esposo de la Virgen y un texto sencillo, como sencillas eran las imágenes veneradas a través de las cuales entraba en intimidad con su Creador y gran capitán.
A esto debemos sumarle la mortificación de su cuerpo, espíritu que lo acompañó hasta su misma muerte, que no fue en el lecho de enfermo sino tendido al pie de su cama.
Su proverbial humildad
Como relatan los testigos de su muerte, pasó casi desapercibida, sin molestar a nadie como había sido su vida, al punto que no se ha dudado en llamarlo el santo de lo invisible.
Ésta característica del hermano Figueroa fue captada por el cronista del El Litoral que hemos citado más arriba al recordar su arribo a Santa Fe y que creemos es un testimonio valioso:
En ésa ocasión, tras recordar las circunstancias de su llegada a Santa Fe en 1888 el hermano guardó silencio, agregando la nota:
“Después el hermano Figueroa hace una pausa, ¡una pausa de cincuenta años! ¡una pausa que encierra una vida! ¡Una pausa que no cabe en un volumen de historia! Esa pausa nos obliga a enmudecer. Ni el más hondo afán del reportaje podría vencer la obstinada resistencia de un modesto hermano de la Compañía de Jesús que no quiere recordar, que no quiere decir. Y entonces, sólo entonces, comprendemos uno de los aspectos, tal vez el mínimo, del servicio de Dios: la reducción espiritual a la modestia, a la sublime modestia”.
No por conocido debemos dejar de resaltar aquel episodio con motivo de la recordación de sus cincuenta años de vida religiosa, en la cual siendo el centro de los homenajes trató de pasar desapercibido y habiendo recibido un pergamino recordatorio donde se exaltaban su servicio, tachó su nombre y dejó solo el de los firmantes.
Su paso al Padre
Iniciado el año 1942, el hermano Figueroa experimentó un fuerte quebranto de su salud, el segundo después de aquella viruela de los primeros años que lo dejó prácticamente sin fuerzas.
Destrozado su corazón continuó sin embargo prestando servicios a la comunidad e incluso llegó a restablecerse tras una neumonía que lo puso al borde de la muerte al punto que con mucha devoción y consuelo para su alma recibió los últimos sacramentos.
Así llegó al día de su muerte en la que fue precedido por su amigo, el hermano Bajetto y la agonía del padre Barrera, por lo cual la suya como ya señalábamos, pasó desapercibida.
Una vida santa
Tanto quienes estamos ligados al Colegio de la Inmaculada o a la Compañía de Jesús como quienes provenimos de otra historia eclesial hemos recibido un único testimonio acerca del hermano Figueroa: “ era una santo “.
Tal aseveración está preñada de admiración por una vida que no se ha destacado por las cosas hechas sino porque se ha edificado en el silencio del oficio de portero repetido siempre con la misma calidez humana como si no importase tanto para los demás y siempre tuviera el valor de lo infinito para Dios.
Fundamental en este sentido es el testimonio del Padre Cartillejo, quien señalaba: “Es necesario que los alumnos den un buen empujón a al causa de beatificación del Hermano Figueroa, que ejerció tantos años su cátedra en la portería del Colegio de la Inmaculada enseñándonos la lección de sus virtudes a todos los que formábamos la comunidad y a cuantos se acercaban a la Portería, El promotor de la Causa es el P. Carmelo Gangi, que está en Córdoba. Me he enterado que se ha tenido la suerte de registrar el testimonio de una hermana del Hno. Figueroa y que vivía en el Uruguay y que, a poco, falleció. No quisiera morir sin ver terminado el proceso diocesano, que es el de testimonios y comprobación de gracias ... ¡Fue un santo!. Todos los exalumnos lo dicen a una sola voz. Como rector, lo traté doce años de cerca; ¡si estaré convencido de su santidad!.”
entregado al Espíritu y fiel al carisma ignaciano hizo su Pascua y la testimonió diariamente al cumplir con heroísmo el deber de estado , seguro camino de santificación”.
Sin dudas, que el portero de la Inmaculada es un modelo vivo para un tiempo nuestro de muchas palabras, falta de cumplimiento de las obligaciones y dispersión espiritual, hablándonos con su silencio, el cumplimiento de un trabajo rutinario y su abandono en Dios.
Hitos de la Causa de Beatificación
Las gracias y favores que Dios concedió por el Hno. Figueroa, hace que en septiembre de 1950 se introduzca la causa de beatificación.
El 27 de septiembre de 1951, el Excmo. Sr. Arzobispo de Santa Fe, Monseñor Dr. Nicolás Fasolino nombra el tribunal delegado que ha de entender en la causa.
El día 8 de noviembre de 1952, ante incontable muchedumbre, fue trasladado el cadáver hasta la Iglesia de los Milagros.
Ese mismo día, al descubrirse el ataúd para reconocer el cadáver delante del tribunal eclesiástico, se encontró en perfecto estado, sano e incorrupto después de diez años de su fallecimiento.
El 9 de junio de 1992 el Postulador General de al Compañía de Jesús, nombra como Vice-Postulador de la causa de Canonización del Hermano José M. Figueroa al P. Alejandro Gauffin sj , para que continúe los trabajos necesarios para la marcha de éste proceso, contando con el total apoyo del Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Monseñor Edgardo Gabriel Storni.
El 19 de noviembre de 1992 se recordaron los 50 años del fallecimiento Hno. Figueroa para dar gracias a Dios por todos los beneficios que ha concedido por su intercesión.
El 19 de noviembre de 1994 se celebró una misa de acción de gracias por el cierre del proceso diocesano con gran afluencia de fieles.
El 9 de mayo de 1995 se celebró la sesión pública de Clausura del Proceso y se enviaron a Roma las Acta del Proceso. A tal efecto fue nombrado portador de las mismas el R. P. Alejandro Gauffin sj quien las entregó en la Congregación de los Santos.
INMIGRACION, OCUPACION DEL TERRITORIO Y CATOLICISMO EN EL ACTUAL DEPARTAMENTO LAS COLONIAS . 1856 - 1900 (Versión de divulgación)
Pbro. Edgar Gabriel Stoffel
estoffel@ucsf.edu.ar
1) INTRODUCCIÓN
El proceso inmigratorio y la consecuente ocupación del territorio que se abre a partir de la fundación de la colonia ‘Esperanza’ en el año 1856 dió origen a una serie de estudios, en los cuales la religiosidad y las estructuras que ésta genera no han sido suficientemente tenidas en cuenta.
Consideramos que así como es importante que de un territorio prácticamente despoblado en 1858 ya que solo se registran 41.261 hbs se pasara a 220.332 hbs en 1887 y en 1895 a 339.500; que de una decena de centros poblados al comienzo del proceso a finales del siglo XIX se contase con mas de dos centenas y medias (ciudades, pueblos, colonias, establecimientos agrícolas) o que de 4 Departamentos en que se dividía originariamente el territorio santafesino se pasase a 17 en 1890, no es menos importante que de unos poquísimos templos y capillas se superase el centenar y de cinco Parroquias nos encontremos con 42 al final de esta etapa y esto sin contar lo que se refiere a otras confesiones religiosas.
No es intención de esta ponencia analizar las razones que llevan a soslayar el aspecto religioso en la problemática inmigratoria –aunque es justo reconocer que en los últimos tiempos se le ha prestado una mayor atención- ya que aún al margen de ella, no podría negarse el papel que cumplió la Iglesia Católica en lo que respecta al arraigo de los colonos y la estabilización de las villas por ellos fundadas .
2) INMIGRACIÓN Y OCUPACIÓN DEL TERRITORIO
La dirigencia política que toma en sus manos los destinos del país después de Caseros tenía entre sus objetivos la ocupación de los extensos espacios vacíos de nuestra llanura y dedicarlos a la explotación agrícola, previa colonización del territorio con inmigrantes de origen europeo.
En el ámbito santafesino, la clase política, encabezada por Domingo Crespo participaba de aquellos deseos de progreso y en este sentido, el nuevo gobernador ‘... produjo un gobierno altamente progresista que inicia la transición de la provincia criolla a la provincia moderna’ .
Una expresión de esta política fue el Contrato de Colonización firmado con A. Castellanos el 15 de junio de 1853, en el cual el gobierno de la Provincia se obligaba a brindar a cada una de las mil familias que en grupos de 200 llegarían a Santa Fe, un terreno de 20 cuadras cuadradas a cuya propiedad accederían luego de cinco años de ocupación real y cumplidas las condiciones fijadas, mas un rancho, alimentos, enseres y ganados varios .
En los primeros meses de 1856, cuando Crespo ya había sido reemplazado por José María Cullen, llegan las primeras 200 familias que Castellanos había reclutado en Suiza, Francia y Alemania las cuales son instaladas en las cercanías del cantón ‘Iriondo’, al oeste del Salado.
De esta manera comenzaba el asentamiento de extranjeros en el territorio que luego devendría Departamento Las Colonias y que en ese momento estaba bajo la jurisdicción de La Capital y en el cual ya había núcleos de población criolla o mestiza .
Las concesiones se distribuirán de acuerdo al idioma de los colonos, tocándole a los franceses la mitad oriental de la colonia y a los alemanes la parte oeste, y a la vez, agrupando a católicos por una parte y a protestantes por la otra .
Los primeros años de esta colonia fueron difíciles ya que muchos de los inmigrantes no eran labriegos y debieron acostumbrarse a este tipo de trabajo y afrontar una geografía distinta a la de sus lugares de origen y la amenaza de merodeadores y montaraces.
A pesar de estos y otros problemas, la población de la colonia crece rápidamente y ya para 1858 se censan 1236 habitantes, todos extranjeros .
Hacia 1861 –según De Moussy- la colonia contaba con 1800 almas que se distribuían cuatro leguas cuadradas y el futuro parecía alentador ya que se experimentaba cierta prosperidad, continuaba la llegada de inmigrantes, aumentaba el precio de las concesiones y el indio se había sido alejado .
En ese ínterin (1858) se habían fundado dos nuevas colonias: San Jerónimo Norte y San Carlos, las cuales junto con la anterior ‘... fueron las pioneras, las que mediante la perseverancia en el duro esfuerzo cotidiano, abrieron las primeras brechas en un frente de difícil penetración, tan amplio como el horizonte mismo’ .
Por casi una década estas serán las únicas colonias de la región ya que el proceso de ocupación de la zona se detiene dado que nadie quiere arriesgar, hasta que una década después y tal vez por la supervivencia de estas tres comunidades, comienza una nueva etapa de fundaciones en las que los inmigrantes de origen suizo, alemán y saboyano comenzarán a ser superados por los de origen italiano.
Así en los últimos años de la década del ’70 se fundan Humboltd chico (1867-68), Las Tunas (1868), Unión (1868), Cavour, Humboltd, Santa María y Grütly (1869) en las que se nota aún una fuerte presencia de suizos y alemanes, aunque la excepción es Cavour donde predomina el elemento italiano.
En la década siguiente surgen una decena de colonias que se sitúan hacia el norte y el este y el oeste de las pioneras en las cuales es dable observar el incremento de inmigrantes italianos, tal el caso de San Agustín fundada en 1870 donde la mayoría de sus pobladores son de ese origen o de Franca surgida en el mismo año en que sobre 162 hbs. , 105 son italianos, 35 suizos y 22 franceses .
Las restantes colonias de esta etapa son Pujado (1872), Matilde (1874), Pilar, Nueva, Pujol y Nuevo Orino (1875), San José y Rivadavia (1876) y Delicia (1877).
Tal incremento de colonias tanto en el ámbito del entonces Departamento La Capital como en el de los otros antiguos Departamentos obligó al Gobierno provincial a que en 1883 estos se elevaran a nueve, entre los que se encontraba el de Las Colonias que abarcaba una jurisdicción extensa en la que los centros de colonización surgían por doquier y años tras años.
De hecho, al momento de crearse el Departamento citado ya se habían fundado las colonias Progreso (1881), Sarmiento y Providencia (1882) y María Luisa (1883) y en los años posteriores surgirían otras mas como Soutomayor (1884-85), Santa Clara de Buena Vista (1884-86), Hiparía (1886), Arrechea y Jacinto Araos (1887) y SA Pereyra y Elisa (1888) ocupando zonas mas alejadas del área de influencia de las colonias primigenias o espacios que iban quedando entre algunas de mayor antigüedad.
En 1890 la estructura departamental de la Provincia debe ser nuevamente reformada para lo cual se crean nueve mas y en el caso de Las Colonias se recorta su jurisdicción, la cual terminará de ser ocupada con la fundación de Santo Domingo (1891) e Ituzaingo, La Pelada y San Mariano en 1892.
Demás está decir que para entonces, aún cuando en comparación con otras zonas como Castellanos o San Martín el número de suizos y alemanes todavía seguía siendo importante, los italianos habían tomado definitivamente la delantera en el aspecto poblacional.
La mayoría de ellos se abocaron al trabajo agrícola a través de la llamada ‘colonización espontánea’ la que le permitió acceder mayoritariamente a la propiedad de la tierra por lo cual un buen porcentaje de la población del Departamento hasta comienzos del siglo XX podía ser calificada como rural, en tanto se posicionaban como centros urbanos de importancia Esperanza, San Carlos, San Jerónimo y Pilar .
Para 1887 la población había aumentado a algo mas de 24000 Hbs y en 1895 se aproximaba a los 35000 Hbs de los cuales 10514 se asentaban en el área urbana y el resto en las zonas rurales .
Hacia 1900 –fecha tope de este trabajo- la población del Departamento se calculaba en 40000 Hbs, conservando su lugar central Esperanza como cabecera con unos 8000 Hbs y algunas industrias que respondían a las necesidades de la zona y le siguen en orden de importancia San Carlos con sus tres centros de población que albergan unos 5000 Hbs y Pilar con 2300 Hbs y el ferrocarril que la une a Córdoba y Rafaela.
Humboltd y San Géronimo Norte se aproximan a los 1500 Hbs y los restos de las colonias y campos colonizados no superan los 600 .
3) LAS ESTRUCTURAS ECLESIÁSTICAS
Al comenzar el proceso colonizador, la provincia de Santa Fe pertenecía eclesiásticamente al Obispado de Buenos Aires, circunscripción que se encontraba en una estado calamitoso a lo que había que sumarle las largas distancias que separaban a la sede episcopal de los curatos asentados en nuestro territorio y a estos entre sí y el hecho de que desde 1803 ningún Obispo había realizado una Visita Pastoral en regla.
En 1858, Mons. Marino Marini –delegado apostólico ante el gobierno de la Confederación- expide un decreto por el cual se constituye el Vicariato Apostólico Paranaense (integrado por Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe) sobre cuya base se erigirá al año siguiente el Obispado del Litoral.
Hasta 1858 solo existían en la provincia tres parroquias –Santa Fe, Rosario y Coronda- y una Vice Parroquia –San José del Rincón- y en ese año se le agregan las de San Lorenzo y Puerto Piedras (actual Villa Constitución).
A estas había que agregarle la existencia de algunas reducciones indígenas, las cuales tras un período de decadencia –expulsión jesuitas y crisis independentista- habían comenzado a restaurarse, al mismo tiempo que se creaban otras nuevas.
Finalmente, no pude dejarse de hacer referencia al Convento de San Carlos en San Lorenzo, cuyos frailes recorrían parajes y estancias de nuestro territorio supliendo a los curas que eran escasos o administrando los sacramentos para lo que estaban autorizados.
Esta estructura pastoral que se recostaba fundamentalmente sobre la zona ribereña y que contaba con escasos ministros se manifestará muy pronto como obsoleta e incapaz para responder a los desafíos que le planteaba el fenómeno inmigratorio, lo cual demandó a la Iglesia un esfuerzo enorme que le permitió arribar al siglo XX renovada y pujante.
Hay que señalar que la principal afectada por el fenómeno inmigratorio era la Iglesia católica ya que las comunidades separadas carecían de historia en la región y estaban demasiado ligadas a la nacionalidad de origen, además de ser menos numerosa la nueva población que profesaba que adhería a estas confesiones.
El crecimiento poblacional presentaba al catolicismo los siguientes desafíos:
a) la presencia de una masa inmigrante que mayoritariamente adhería a esta confesión, requería de templos para sus prácticas cultuales –especialmente la dominical- y sacerdotes que los atendiesen y entendiesen.
b) La existencia de otras confesiones, implicó la búsqueda de nuevas formas de relación.
c) La llegada de elementos anticlericales o irreligiosos entre los inmigrantes que se establecían por lo general en los centros urbanos, introducía una cuestión hasta entonces desconocida.
d) El hecho de que los inmigrantes accedieran a la tierra, se establecieran en la misma y formaran familias, implica la necesidad de renovar las estructuras pastorales.
4) ATENCIÓN PASTORAL DE LOS INMIGRANTES
La falta de lugares de culto y de ministros idóneos será una de las grandes carencias que experimentarán los inmigrantes que se asienten en nuestra zona, lo cual se sintió mas vivamente en Esperanza por ser la primera colonización, la presencia de colonos de otras confesiones cristianas y la dificultad idiomática.
Según una tradición recogida por el padre Grenón sj, Juan Grenón en su segundo viaje de 1856 habría venido acompañado desde París por un sacerdote mas un baúl con ornamentos y utensillos para el culto, aunque el citado clérigo habría preferido quedarse en Santa Fe en lugar de continuar camino hacia Esperanza .
La atención pastoral en los primeros tiempos fue mas que precaria y seguramente provino de Santa Fe, aunque la única información del año 1857 que es brindada por Sommer Geis es mas bien crítica ya que señala que desde este Curato no quiso venir nadie a celebrar la Misa para no perder las que tenía en la ciudad capital .
A partir de ese año los padres franciscanos que atendían la reducción de San Jerónimo del Sauce se acercarán a la colonia naciente y en los años posteriores harán lo mismo con San Carlos y San Jerónimo Norte.
A partir de 1858 la colonia contará con un capellán, el abate J. A. Webber quién será luego sucedido por el Pbro. Mauricio Aymé a partir de 1860 en tanto él parte a San Carlos, lo que implica una mayor preocupación de la autoridad eclesiástica y también de la civil por la situación religiosa de los vecinos.
En estos primeros años tanto Esperanza como San Carlos estarán bajo la jurisdicción parroquial de Coronda, tal como se desprende de la nota que el Pbro Miguel Vidal dirige al Párroco de la misma donde le señala que tanto los colonos de San Carlos como los de Esperanza ‘... por razón de su establecimiento en el Dpto. Coronda pertenecen a la feligresía de ese Curato’ .
Seis meses después –con fecha 15 de noviembre de 1860- el Pbro. Claudio Seguí escribe al Párroco de marras:
‘... el Sr. Obispo dispone que los atienda V. de la manera que le sea posible a los católicos de esta colonia y que procure como Párroco visitarle y celebrar allí la misa, siquiera cada vez’ .
El Obispo que ordena lo anterior –Mons. Segura y Cubas- es el mismo que con fecha 28 de julio de ese año se dirigirá al Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública en una extensa carta en la que le manifestará su preocupación por las colonias Esperanza y San Carlos, cuya situación ha llamado sus ‘... singulares cuidados de Pastor de toda la Diócesis, por sus especialísimas necesidades religiosas que lo son también civiles, y un incontestable argumento de altar providencia con que es preciso tratar el elemento inmigración, si es que ha de ser el principio regenerador de nuestros pueblos’, para agregar mas adelante que ‘si estas colonias quedasen abandonadas a sus propios esfuerzos, y a la vida del pueblo sin ningún elemento de unidad y progreso, ¿cuál sería el resultado?. Sin necesidad de alta comprensión ya puede preverse que la inmigración adquirida a tanto precio daría por todo fruto a las familias inmigrantes peor malestar que el de la pobreza que sufrían en sus países y a nuestros Pueblos ni cultura, ni industria, ni civilización porque todo eso germina en el seno del orden y haciendo posible el desarrollo de las facultades humanas’
Tras la primera experiencia de atención pastoral a través de sacerdotes diocesanos, la asistencia espiritual pasará a manos de los padres franciscanos que atenderán Esperanza, San Carlos, San Jerónimo Norte y Pilar en sus orígenes y de los jesuitas que reemplazaran a los hijos de San Francisco en virtud de su conocimiento del alemán en las colonias donde se imponía esta lengua.
A medida que avance el proceso de ocupación del territorio, los capellanes de estas colonias fundacionales atenderán a las nuevas comunidades aunque a partir de la década del ’80 se incrementará la presencia de sacerdotes diocesanos de origen italiano.
5) Creación y desarrollo de las Capellanías
El desarrollo de la población y la estabilización de los pueblos y colonias, y a la par la construcción de iglesias o capillas por parte de los vecinos en dichos asentamientos, fueron generando en los mismos pobladores el deseo de una atención religiosa más particularizada.
Este fenómeno que hemos denominado ‘el clamor de los pueblos’ era imposible de corresponder desde los antiguos curatos en que estaba dividida la Provincia de Santa Fe y la dinámica social y económica que vivía la región requería –en vistas al cuidado pastoral- una división de estas viejas jurisdicciones y la consecuente creación de nuevas Parroquias.
Mons. José María Gelabert y Crespo preferirá erigir en lugar de Parroquias, capellanias que no son sino iglesias no parroquiales aunque el papel que les asigne a las mismas superará con creces lo que la legislación canónica de aquellos tiempos permitía y si bien es cierto que debían guardarse de hacer la menor cosa contraria a los derechos parroquiales en la práctica funcionaban como si fuesen parroquias dado que los capellanes por lo general se comunicaban directamente con el Obispo obviando al Párroco, llevaban registros propios de los sacramentos administrados y usufructuaban de los beneficios que éstas producían .
La explicación de esta opción por parte del Obispo Gelabert y Crespo creemos que está dada por la imposibilidad de su parte de llenar los requisitos impuestos por el Patronato Nacional y la escasez de clero propio o ‘nacional’ que le llevaba aceptar sacerdotes europeos, los cuales muchas veces carecían de la idoneidad suficiente y que gracias a esta figura canónica podían ser removidos fácilmente, procedimiento que no era posible en el caso de los Párrocos.
Hasta el año 1880 el proceso de erección de capellanías fue mas bien lento al punto que hasta esa fecha solo se contaba con la de las tres colonias madres y San Agustín, pero a partir de ese momento adquirirá un gran dinamismo tal como podemos observar a continuación:
+ 1881: Pilar
+ 1885: Providencia
+ 1886: Progreso
+ 1887: Felicia
+ 1888: Franck
+ 1890: Sarmiento y Humboltd
+ 1891: San Carlos Norte
+ 1892: Jacinto Aráuz, Cavour y Santa Clara de Buena Vista
+ 1893: Grütly
+ 1894: Saa Pereyra
Los capellanes de estas colonias, además de atender sus lugares de residencia extendían su acción pastoral a las colonias vecinas tal como sucede con el de Esperanza, a quién en 1878 se le da jurisdicción sobre los vecinos de Humboltd y Pujol y en épocas determinadas sobre los de Emilia y Cayastacito y al año siguiente se le amplia a Grütly, Rivadavia y Larrechea .
En el año 1883, al capellán de San Agustín se le encomiendan las colonias San José, Francklin (Franck) y la parte de Las Tunas que no corresponde a San Jerónimo .
Un año de muchos cambios en las jurisdicciones de las capellanías es el de 1885 ya que se crea la de Providencia, dándosele como límite al N: la línea divisoria con el territorio nacional del Chaco y nuestra provincia,; al S. una línea recta que partiendo desde el extremo sur de la colonia Progreso llega hasta la frontera con Córdoba quedando comprendidas Grütly, Rivadavia, Felicia, Lehmann y Eguzquiza; al E. el río Salado, comprendiendo Emilia, San Justo y Cayastacito; y al O. la citada frontera cordobesa .
Esta erección recorta las jurisdicciones de Esperanza y Pilar, pero por razones que desconocemos esta nueva circunscripción dura muy poco ya que tres meses mas tarde algunas colonias (Rivadavia, Grütly, Emilia, Cayastacito, Sol de Mayo y San Justo) vuelven a la jurisdicción de Esperanza , en tanto a Providencia se le agregan algunas nuevas como María Luisa, Felicia y las colonias del Norte .
Antes que concluya el año nos encontramos con nuevos cambios ya que las colonias situadas en la margen este del Salado pasan a pertenecer a Cayastacito, en tanto Lehmann y Felicia quedan bajo el cuidado de Pilar en lugar de Providencia .
En 1886 con la creación de la Capellanía de Progreso se colocan bajo su jurisdicción a Sarmiento y Campo Deuer y al año siguiente, se le adjudican a Felicia, Bella Italia, Nuevo Torino y parte de Colonia Nueva .
La colonia Pilar, por su parte, estaba rodeada de colonias a su cargo, algunas de las cuales pasarían a nuevas jurisdicciones en meses posteriores: Santa María y parte de Colonia Nueva, Aurelia, Susana, Saguier, Santa Clara, Josefina, Clucellas, Iturraspe, Cello, Angélica, Argentina, Merediz, San Vicente, María Juana, Garibaldi, Eustolia, Gálvez (actual colonia Margarita) casi todas pertenecientes al actual Departamento Castellanos y por si fujera poco y tal vez por error, San Francisco, Luxado y Freyre en la provincia de Córdoba .
A partir de diciembre de 1887, Pilar quedará reducida a la colonia de ese nombre, Santa María, Nuevo Torino y Colonia Nueva ya que se erigen las capellanías de San Vicente y Susana .
En 1892 al capellán de Jacinto Aráuz se le da jurisdicción sobre las colonias Adolfo Albina, Colonizadora de Córdoba, Elisa y Clara .
6) El Obispado de Santa Fe y la creación de Parroquias
A comienzos del año 1887, desde el poder civil comienza a vislumbrarse la posibilidad de elevar a Obispado el territorio de la provincia de Santa Fe pero lamentablemente esta decisión que se correspondía con las necesidades espirituales de una buena parte de nuestra población no podría implementarse de inmediato ya que el mismo Gobierno que impulsaba esta política, había con anterioridad cortado las relaciones con la Santa Sede y en sus actos no ocultaba un espíritu que en el fondo buscaba someter a la Iglesia de acuerdo con algunas teorías en boga.
Tras una serie de intentos a lo largo de una década el 15 de febrero de 1897, el Papa León XIII expide la Bula ‘In Peri Cátedra’ por la cual se erigen tres nuevas sedes episcopales en nuestro país, ‘... la segunda en la ciudad de Santa Fe.
En un primer momento es designado Administrador Apostólico Mons. José María Gelabert y Crespo quién fallece poco después y en su lugar, con fecha 6 de enero de 1898 asume el Pbro. Gregorio Romero .
El nuevo Administrador toma una serie de disposiciones destinadas a ordenar la vida pastoral ya que en los últimos años –dada la limitada salud del Obispo Gelabert y Crespo- y el crecimiento de la población se había producido un cierto relajamiento.
Con fecha 24 de enero se dirige al clero comunicándole la organización de la Curia Eclesiástica y solicitándole que en el término de quince días respondan a un cuestionario cuyas preguntas apuntan a conocer el estado espiritual y canónico de las diversas poblaciones.
De las respuestas obtenidas que permitieron a Romero tener una visión general y casi pormenorizada de la situación de las diversas comunidades esparcidas por la campaña, nos detenemos en sintonía con nuestro trabajo en dos aspectos de las capellanías: límites y jurisdicción parroquial a la que pertenecían.
En el caso de Aráuz, el capellán Serafín Barberis señala que su acción ‘... se extiende a las cinco colonias, Aráuz, Albina, Elisa, Soledad y Colonizadora’ en tanto el de Esperanza especifica: ‘los límites de esta Parroquia /sic/ son al E. el Salado, en el S. las colonias Franck, Las Tunas y San Jerónimo, en el N. Progreso, Emilia y Lassaga’ .
El Capellán de Pilar –Pbro. Gabriel Gardois- alega que no existe ‘... nada ajustado sobre los límites oficiales de esta Capellanía; pero los límites naturales de su jurisdicción son sobre todo la colonia Pilar, Sud casi toda la colonia Santa María, Norte casi toda la colonia Nuevo Torino, Este mas de la mitad de Aurelia (inclusive su capilla), Oeste la mitad de la colonia Nueva y Pascual Scavelli de Saa Pereyra que los límites de esa Parroquia /sic/ no habían sido fijados por ninguna Curia y sus feligreses lo eran por necesidad .
La nota del Capellán de San Agustín nada indica al respecto en tanto la del Capellán de Providencia a la par que ilustra los cambios que con el correr del tiempo había sufrido esa capellanía desde su erección a medida que se abrían al servicio religioso las capillas erigidas en las colonias vecinas, refiere que en ese momento su jurisdicción se extendía a María Luisa, Soutomayor, San Miguel, Ituzaingo y La Pelada y provisoriamente a Progreso y Sarmiento que carecían de Capellán .
Si como podemos observar no siempre hay claridad respecto a los límites menos la hay en torno a la situación canónica ya que el Capellán de Saa Pereyra sostiene que ‘jamás dependió de ninguna parroquia y se sigue la práctica del anterior capellán’, el de Pilar que ‘... aunque no lo hayan escrito (...) es como las demás colonias capilla independiente de toda parroquia (...), lo positivo es que no hay constancia de que pertenezca a Parroquia alguna’, el de Aráuz que ‘es capellanía independiente de cualquier curato, el de San Agustín que ‘... antes dependía directamente de la Curia Eccla de Paraná y ahora de la de Santa Fe’, Providencia que es capellanía y nunca se oído decir que perteneciera a alguna Parroquia, Grütly que ‘... es simplemente capellanía y pertenece a la Parroquia de San Miguel en Paraná /sic/’ y San Jerónimo Norte que se considera Parroquia.
El 30 de abril asumía como primer Obispo de Santa Fe Mons. Juan Agustín Boneo quién se encontró que a pesar de los esfuerzos realizados por Mons. Romero, persistían las anomalías referentes al status canónico y jurisdiccional de las estructuras pastorales.
Ya hemos vistos que algunos sacerdotes consideraban que las iglesias a su cargo eran parroquias, aunque en verdad no existían decretos de erección de tales, por lo cual el nuevo diocesano dispuso –como bien dice el padre Bruno- a ‘... organizar desde los fundamentos la nueva Diócesis’ .
Con fecha 3 de diciembre de 1898, ‘... después de maduro examen y deliberación /y/ oído el parecer y consejo de varones eclesiásticos’ procede a dividir el extenso territorio diocesano en 46 Parroquias, la gran mayoría situada en la zona colonizada y sobre la base de las Capellanías .
En el Departamento Las Colonias se procede a las siguientes erecciones parroquiales que representan un 10 % del total, se fijan sus límites y se le asignan los pueblos y colonias (algunos de los cuales conservan el rango de Capellanía) tal como se puede apreciar a continuación:
A – San Carlos Centro
Límites: N.,Sud de las colonias Saa Pereyra, Sauce, Las Tunas, Franck y San José; S, Departamentos San Géronimo y San Martín; E, Departamento La Capital y O, Departamentos Castellanos y San Martín.
Jurisdicción sobre Matilde, Santa Clara de Buena Vista y San Agustín (Capellanías), San Carlos Norte y San Carlos Sud.
B – Esperanza
Límites: N, límite sud de colonias Santo Domingo y Progreso; S, límite norte de Franck y San José; E., río Salado y Departamento La Capital; O., línea del FFCC que va de Humboltd a Soledad desde el ángulo Sudoeste de Progreso hasta el Cululucito y siguiendo ésta hasta el ángulo S. O. de Rivadavia, el extremo este de Humboltd, San Gerónimo y Las Tunas.
Jurisdicción sobre Cavour, parte oeste de Grütly, Larrechea, Pujato, Rivadavia y Cululú.
C – San Gerónimo Norte
Límites: N., límite sur de colonia Rivadavia; S., límite norte de las colonias Las Tunas y Sauce; E., límite oeste de la Parroquia de Esperanza y O., límite del este de la colonia Nueva y su prolongación al Sud hasta el ángulo sudoeste de la colonia Sauce.
Jurisdicción sobre Humboltd (Capellanía), Las Tunas, Santa María vieja y Sauce.
D – Pilar
Límites: N., Cañada Corrales que partiendo en Galisteo termina en línea del FFCC de la Provincia (ramal de Soledad); S., límite norte de la Parroquia de San Carlos Centro; E., límite oeste de las Parroquias de Esperanza y San Gerónimo y al O., Departamento Castellanos.
Jurisdicción sobre Felicia (Capellanía), parte de Grütly, La Nueva, Nuevo Torino, Santa María y Saa Pereyra.
E – Providencia
Límites: N., Departamento San Cristóbal; S., Cañada Corrales y límite norte de la Parroquia de Esperanza; E., río Salado y O., Departamentos Castellanos y San Cristóbal.
Jurisdicción sobre Aráuz (Capellanía), A. Alsina, Hipatia, Ituzaingo, La Colonizadora, La Pelada, María Luisa, Progreso, Sarita, Sarmiento, Santo Domingo, San Miguel y Soutomayor.
Estas Parroquias, que comenzarían a funcionar como tales a partir del 1ro de enero de 1899, gozaban desde ese momento de todas las prerrogativas de Derecho y a las de la extensa campaña se les anexaban funciones vicariales.
También continuarían funcionando algunas Capellanías en colonias de cierta importancia, aunque ahora sí los capellanes se subordinarían realmente a los Párrocos de la jurisdicción en la que encontraban y la Curia ponía como exigencia a los vecinos de esos lugares el sostenimiento del Culto y del sacerdote quién sería nombrado por el Obispo, con lo cual se cortaba con la perniciosa costumbre que había facilitado las circunstancias del poblamiento y ocupación del espacio, en que los capellanes eran directamente contratados por los vecinos y luego el diocesano procedía a su designación.
Con fecha 19 de diciembre, Mons. Boneo procede al nombramiento de los sacerdotes que ejercerán la cura de almas en las nuevas Parroquias, correspondiendo a San Jerónimo Norte el padre Juan Voosen svd, a Pilar el Pbro. Gabriel Gardois, a Providencia el Pbro. Santiago Olessio, a San Carlos Centro el Pbro. Francisco Grimaldi y a Esperanza el padre Carlos Degenhardt svd .
La elección de los centros de población que serían elevados a Parroquias no dejó conforme a diversos vecindarios que reclamaban para sí este Título que era considerado una verdadera promoción tanto en lo eclesiástico como en lo civil y económico.
Una nota de los vecinos de Aráuz al Obispo, ilustra nuestra afirmación:
‘A los ojos del vulgo un capellán aunque tenga aptitudes y méritos iguales o superiores, nunca tiene el prestigio de un Párroco. Sabemos muy bien que estos conceptos dependen de un falso modo de razonar, pero nada o poco consiguen las pocas personas que emprendiendo algo se esfuerzan en destruirlo’
Los intereses económicos en torno a la erección de Parroquias queda de manifiesto en la nota que la Comisión de Iglesia de Felicia envía a Mons. Boneo donde se solicita ‘... se erija en Curia esta Capellanía /ya que/ la Comisión que suscribe ayudado por el vecindario ha construido un templo del que posee su título, el que está afectado en mas de ocho mil pesos de cuya deuda ha tenido que hacerse cargo la comisión que actúa en la localidad y que ve que siendo Capellanía jamás se podrá hacer la mas mínima amortización perjudicando a católicos deseosos del progreso de nuestra Santa religión’ .
Consultado al respecto el Párroco de Pilar, de quién dependía la Capellanía, responde:
‘... no merece ser erigida en parroquia por su poca importancia, por ser nulo su porvenir y por ser inconsistentes los motivos en que los firmantes fundan su pedido’
Fracasado este intento, en los últimos meses de 1900, los vecinos de Felicia acompañados por los de Grütly vuelven a insistir ante el Obispo , pero no serán correspondidos en sus deseos aún cuando la argumentación parece ser más acorde a lo solicitado .
Mejor suerte correrán los vecinos de San Agustín ya que su elevación a Parroquia fue la única excepción hecha ante la marea de pedidos realizados desde diversos puntos de la provincia.
Al extenso alegato de aquella feligresía y tras el parecer favorable del Párroco de San Carlos a cuya jurisdicción pertenecía la colonia, con fecha 27 de octubre de 1899 el Obispo procede a la erección canónica como Parroquia asignándosele la atención pastoral de Franck y San José y los límites siguientes: N., sud de la colonia Pujato y límite norte de la colonia San José; S., límite norte de la colonia Matilde, O., límite este de San Carlos Centro y San Carlos Norte y E., Departamento La Capital .
La crisis posterior que vive la colonia muestra lo desacertado de la erección en ese momento y lo acertado que había sido la política de no ceder a los reclamos antes señalados.
Con esta nueva Parroquia se elevan a seis las establecidas en el departamento Las Colonias igualando a Castellanos y ocupando junto con éste el primer lugar en cantidad de las mismas y a la par se reforma la jurisdicción de la Parroquia de San Carlos cuyos límites pasan a ser por el N., límite sud de Saa Pereyra, Sauce, Las Tunas, n Agustín, S., Departamento San Jerónimo y San Martín; E., Departamento La Capital y límite oeste de San Agustín y O., Departamentos Castellanos y San Martín
Acerca del estado de los templos y capillas al finalizar el siglo XIX debemos señalar que en este Departamento se encontraban las construcciones más antiguas, destacándose la de San Carlos Centro con tres naves y una superficie de 42 mts por 18,20; la de San Jerónimo Norte considerada ‘... la iglesia coqueta de la Diócesis’ con su estilo gótico y sus 35 mts de largo por 9,50 de ancho; la de Esperanza construída por el padre Auwellier de tres naves, mas bien baja, bien pintada y aseada y de 30 mts por 16 y la de San Carlos Norte de 35 mts por 10,40 y 11 mts de altura, asentada sobre cuatro manzanas.
Otras colonias con templo son Santa Clara de Buena Vista, de 28 mts de largo por 10 de ancho; la de Humboltd de 25 mts por 11; Cavour sin mayores precisiones al igual que las dos capillas de Grütly y Saa Pereyra con su construcción de 26 mts por 9, con una de sus paredes laterales bastante deteriorada.
La de Pilar era una construcción de 35 mts por 12, la cual por su gran anchura y alguna falla o defecto se había visto afectada en el techo que era de tejas y en una de las paredes laterales .
Junto a estos nos encontramos con una serie de capillas particulares o privadas que por lo general eran utilizadas por los Párrocos o capellanes para prestar algunos servicios religiosos como la de Pirola en Felicia, la de Gasser en Nuevo Torino, la de Bonetti en La Pelada, la de Demonte en Soutomayor, la de Barlassina en Providencia, la de San Roque en Cavour y San Wendelino en San Jerónimo Norte .
En cuanto a la administración parroquial, la mayoría de las Parroquias y Capellanías del departamento cumplen con las disposiciones del Derecho y las emanadas de la Curia episcopal destacándose San Carlos Centro, San Jerónimo Norte, Esperanza, Humboltd y Pilar, en tanto Santa Clara de Buena Vista, San Carlos Norte y Saa Pereyra no contaban con el Libro de Fábrica .
Tocante a la congrua para el sostenimiento del sacerdote el Párroco de San Carlos Centro recibe 60 $ mensuales, a los que seguramente se le suman otros ingresos ya que ha logrado adquirir una suerte regular de campo en sociedad con un vecino; el Capellán de Santa Clara de Buena Vista 100 $ y el de San Carlos Norte 116,66 $ -que se conforman con la suma de 50 $ que le entregan los colonos y los intereses de un depósito de 8000 $ al 10 % anual bajo hipoteca-; el Párroco de Esperanza 120 $; el Capellán de Humboltd 100 $ y el de Saa Pereyra 50, en tanto el Párroco de Pilar percibe 100 $ .
7) VISITAS PASTORALES
Si bien es cierto que la creación de capellanías primero y parroquias luego surgieron como respuestas a las necesidades de las feligresías que se iban constituyendo, no debemos entender a estas como si fueran entidades autónomas sino como parte de una realidad mayor que es la Diócesis.
Por esta razón considero importante señalar que en la autocomprensión que de sí tiene la Iglesia católica, el lugar central lo ocupa la Diócesis de la que las Parroquias son parte, por lo cual el objeto de nuestro estudio –las estructuras pastorales- no podemos entenderlo desde sí mismo sino desde la Iglesia particular presidida por el Obispo, ya que no es la sumatoria de Parroquias lo que la constituye sino que por ser ella plenamente Iglesia es la que las origina.
Y en dicho proceso es de fundamental importancia el Obispo que no solo las erige como ya se ha señalado sino que además tiene la obligación de visitarlas para constatar su estado espiritual y material.
Tocará al Obispo Gelabert y Crespo llevar adelante estas Visitas Pastorales y que en la zona estudiada comienzan en el año 1871, cuando tras visitar Coronda se dirige a la cuna de la colonización santafesina, aunque primero hace escala en San Carlos, colonia que ya para 1864 contaba con una capilla bastante rústica y donde en 1870 los vecinos habían comenzado a construir una de mayor porte y dignidad .
Concluída la Visita a San carlos, en la cual confirma a numerosos hijos de extranjeros y deja una serie de instrucciones para la buena marcha de la comunidad naciente , el Obispo se establece en la colonia Esperanza donde realiza una serie de actos similares a los ejercidos en la precedente.
Teniendo a ésta como base se encaminará a las otras colonias –algunas situadas a varias leguas- para lo cual contará con la ayuda del padre jesuita Auwellier en lo que se podría considerar una verdadera misión.
Acerca de esta Visita, leemos en la ‘Crónica de la Parroquia de Esperanza’:
‘En el mes de abril del mismo año el Ilmo. Señor Obispo del Paraná deseando hacer la Visita pastoral por su Diócesis, llamó al padre Auwellier para que le acompañase. Dos meses duró esta Visita que bien puede llamarse una misión no interrumpida, puesto que por cada pueblo o colonia se establecía una especie de misión. Revalidaronse cerca de doscientos matrimonios, recibieron el pan de los Ángeles algunos millares de personas de ambos sexos, administrose el Sacramento de la Confirmación a un númedro todavía mayor de párvulos y en la Colonia Esperanza fue tal el fruto que se logró durante los ocho días que duró la misión, que sólo el número de comuniones accedió a las tres cuartas partes del número de sus habitantes’
En el año 1877 el Obispo vuelve a recorrer la zona visitando por segunda vez a Esperanza, pudiendo comprobar en la ocasión el progreso religioso y la piedad de los colonos, fruto de la acción del citado padre Auwellier, lo cual lo llena de profunda satisfacción .
Nuevamente retorna al Departamento Las Colonias en el año 1883, destacándose en esta oportunidad la Visita a Pilar ya que en esos momentos esta colonia se había convertido en un centro importante tanto en lo socioeconómico como en lo religioso para las colonias que se iban fundando hacia el oeste.
Consciente de esta importancia, en la disposición segunda del Auto de Visita dispone:
‘Que siendo de reconocida necesidad el construir una nueva Iglesia o por lo menos dar mayor extensión a la que actualmente existe, en vista de sus reducidas dimensiones para poder contener la multitud considerable de fieles que asisten a ella para cumplir sus deberes religiosos, SSI recomienda con el mayor encarecimiento al actual Capellán promuieva oportunamente la realización de dic ha obra por todos los medios a su alcance, ya sea levantando una suscripción mensual, o ya solicitando del vecindario en determinadas épocas algunos donativos con tal objeto’
A mediados del año siguiente Gelabert y Crespo encara la que podemos considerar su última Visita de cierta extensión a la Provincia de Santa Fe, para lo cual comenzará su recorrido por Esperanza donde no dejará de hacer una serie de puntualizaciones al Pbro Castronuovo –a la sazón Capellán del lugar- tanto en la faz administrativa como en la pastoral .
Desde Esperanza se llega hasta Cayastacito y Emilia que entonces dependían de esta Capellanía y posiblemente a Providencia, ya que en carta al Ministro Wilde le informa a principios del año siguiente que los vecinos han concluido el templo .
Aunque imposible de analizar las disposiciones del Obispo durante sus visitas a las diversas colonias debemos concluir de la lectura de las mismas que Gelabert y Crespo estaba convencido de que estos asentamientos no eran pasajeros sino que perdurarían en el tiempo y se integrarían a la sociedad argentina, y que en el plano canónico, en algún momento serían elevadas a Parroquias.
De allí su preocupación por la construcción de templos, su fomento y su apoyo a los vecinos y la exigencia de una buena administración y el cuidado con que debían de llevarse los libros de registros sacramentales.
Lamentablemente en el momento de mayor crecimiento poblacional su actividad se volverá prácticamente nula debido a su siempre frágil estado de salud y si bien los pueblos y colonias serán visitados por sacerdotes o religiosos delegados por él al efecto, estas no tendrán las características y los efectos de la Visita episcopal.
Si bien es cierto que el Obispo hacía esporádicas salidas, en la década que va desde 1887-1888 hasta la creación de la Diócesis se producirá un verdadero vacío que apenas asumido Mons. Boneo tratará de llenar razón por la cual, tras visitar Rosario y San Lorenzo, en los primeros días de setiembre de 1898 visita la Parroquia de Esperanza
Durante el año 1900 –término de este trabajo- con fecha 21 de abril visita la Parroquia de San Agustín que acababa de ser erigida donde a la par que aprecia el fervor de los fieles comprueba las deficiencias a causa de la pobreza y les exhorta a fin de colocar la nueva iglesia parroquial en las condiciones que reclama su dignidad .
De allí se dirige a San Gerónimo Norte, permaneciendo en la misma desde el 28 de ese mes hasta el 2 de mayo y experimentando la sólida piedad de los valesanos, acerca de la que escribe:
‘La buena fama que hasta nosotros había llegado de la fe y piedad de los moradores de esta colonia y Parroquia nos la confirmó la manifestación espléndida con que recibió al que venía a visitarlos en nombre del Señor’
A pesar de esto y del estado floreciente de la Parroquia, no deja sin embargo de hacer una precisión de mucha importancia: el Párroco no debe omitir la explicación del Evangelio en el idioma nacional, y ésta debe ser la lengua para la enseñanza del Catecismo a los niños ya que existía la práctica de hacerlo en el dialecto valesano o en el idioma alemán.
En el mes de setiembre vuelve el Obispo al Departamento Las Colonias donde Visita Providencia entre los días 18 al 21 y San Carlos Centro del 26 al 28.
En la primera puede comprobar las limitaciones surgidas como consecuencia de ‘... los exiguos rcursos de esta nueva Parroquia y los calamitosos años pasados, en que los piadosos colonos no han podido contribuir, como hubiera sido de desear a dotarlas de mayor ornato’ .
Allí tiene la oportunidad de administrar 1400 Confirmaciones y ordenar que se provean los objetos de culto necesarios y se organice una Comisión para favorecer la congrua sustentación del Párroco, ‘lo que constituye un deber de justicia’ .
Panorama mas alentador encuentra en San Carlos Centro, lugar en el cual la comunidad con muchos sacrificios había levantado ‘... una de las mas espaciosas y bien construídas Iglesias de la Diócesis .
Alentado por esto los invita a concluir completamente la obra y dotarla de un frontispicio que corresponda a su importancia, para luego realizar el ornato interior.
No menos complacido queda en San Carlos Norte por ‘... la cultura y el espíritu religioso de esta población’ en la cual también se había construido un templo de gran porte, en la que administrará el Sacramento de la Confirmación a un crecido número de fieles.
8) ORDENES Y CONGREGACIONES RELIGIOSAS
Si bien hemos mencionado la acción de franciscanos y jesuitas al comienzo del proceso colonizador es conveniente reasaltar no solo la actuación de los mismos sino también la del resto de congregaciones religiosas que se establecieron en los centros mas importantes del Departamento y ayudaron al proceso de consolidación del catolicismos y sus estructuras pastorales.
Respecto a los franciscanos, como señalamos mas arriba, ya se encontraban en la región al momento en que se inicia el proceso colonizador y la reducción de San Jerónimo del Sauce que estaba a su cargo será un centro de irradiación espiritual para aquellos primeros inmigrantes.
Los franciscanos se abocarán a la atención de los inmigrantes desde 1856-1858 hasta 1881, en una primera etapa los asentados en Esperanza, San Carlos y San Jerónimo Norte y en los últimos años a los de Pilar
Imposibilitados de una buena comunicación con los inmigrantes, especialmente los de lengua suizo-alemana , y acuciados por la necesidad de disponer misioneros para la atención del Chaco santafesino dejaron paso a los padres jesuitas conservando sólo la reducción de San Jerónimo del Sauce que también se iba despoblando ya que los varones integraban las fuerzas nacionales.
En este lugar permanecen hasta 1886.
A los franciscanos les suceden los padres de la Compañía de Jesús, que en virtud del conocimiento del idioma alemán podían tener un mejor entendimiento con una buena parte de la población de las colonias primigenias.
La acción pastoral del padre Auwellier, capellán de Esperanza entre 1867 y 1878, admiró a hombres como Sarmiento y Wilckens ya que se extendió a las diversas colonias vecinas y en la sede fomentó la construcción de un templo acorde a la localidad, la educación católica y el compromiso del laicado .
No menos importante fue la acción del padre Niemann -sucesor del padre Tewes- en San Jerónimo Norte entre 1871 y 1895 donde construyó el templo ya citado que era la admiración de propios y extraños y la del citado padre Tewes que atendió las colonias vecinas a Esperanza como Emilia y Cayastacito y entre 1873-1882 aproximadamente, San Carlos. También hay que mencionar al padre Hermann que se abocó a los colonos de Humboltd .
En el año 1883 se establecen en San Jerónimo Norte las Hermanas Josefinas, originarias de Francia quienes apenas llegadas abren una escuela para niñas en la cual también tropezarán con el problema idiomático ya que la mayoría de los habitantes del lugar hablaban el dialecto un tanto tosco del Alto Valés.
Dos años después, en 1885 se abre una escuela en la vecina San Carlos Centro aunque algunos mas tarde cerrará sus puertas.
En el año 1890 el Obispo Gelabert y Crespo va a conceder a los llamados Padres de Stely (Congregación del Verbo Divino) ‘... la facultad de establecer su casa de Misión y edificar también un templo en la colonia Esperanza, como en cualquier otra colonia’
De esta manera comenzaba una presencia que iba a marcar profundamente una buena parte de la pastoral en el Departamento Las Colonias ya que además de las Capellanías de Esperanza, Humboltd y San Jerónimo que se les confiarán a partir de mediados de la década del ’90, serán los guías espirituales de los colonos suizos alemanes asentados en colonias de mayoría italiana lo que se verá facilitado por la centralidad que para entonces ocupa la citada Esperanza y por las visitas que les realizaban en sus chacras.
En 1891 fundan el Colegio San José el cual comienza a funcionar modestamente, pero que fue creciendo con el tiempo hasta adquirir justa fama entre los colonos que enviaban allí a sus hijos como internos y entre los cuales se suscitarán decenas de vocaciones para la Congregación
Su labor educativa se extendió a la colonia Humboltd donde impulsaron la escuela parroquial .
En 1893 se les encomienda la atención espiritual de Esperanza por renuncia del Capellán Castronuovo, en 1895 de San Jerónimo Norte, dándose por terminada la actuación de los jesuitas en la zona quienes se habían encargado de introducirlos en esta realidad pastoral y en 1896 en Progreso.
Al producirse la erección canónica de las Parroquias en 1899, los Párrocos de Esperanza y San Jerónimo pertenecen a esta Congregación.
Desde el año 1895 también las mujeres tendrán oportunidad de recibir educación católica ya que se establecen las Hermanas de la Caridad de Nuestra Señora del Huerto gracias al esfuerzo puesto desde los orígenes por la familia Gernón.
El Colegio fue creciendo rápidamente y recibía alumnas de diversas extracciones sociales, a las cuales instruía según los programas oficiales de aquel tiempo y en diversos tipos de labores (bordado a máquina, tejido, dibujo y pintura, piano y violín, corte y confección, etc) .
Con la inauguración del Hospital de Caridad en Esperanza en los últimos años del siglo XIX, se asientan en el lugar las Hermanas de San Antonio de Padua que se dedicaban al cuidado de los enfermos .
Finalmente no se puede dejar de mencionar la presencia de los padres de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas), que aunque no residían en nuestra provincia eran famosos por sus misiones populares en las diversas colonias
9) A MODO DE CONCLUSIÓN
Al comenzar el siglo XX, cuando el proceso colonizador alcanzaba su plenitud y se estabilizaban definitivamente los pueblos y colonias, convirtiéndose en ejes de progreso zonal unos y comenzando su lenta decadencia otros la Iglesia Católica logra una discreta pero sólida organización de sus estructuras pastorales, lo cual había comenzado ya promediando los años ’80.
Así de una capilla que existía en 1856 en la reducción de San Jerónimo del Sauce nos encontramos con 15 en 1887 –lo que significa un 20 % del total provincial- y de la ausencia total de estructuras pastorales –ya que las Parroquias mas cercanas eran las de Santa Fe y Coronda situadas a varias leguas- para la época del Censo las Capellanías –que en la práctica tenían los atributos de aquella- alcanzaban el número de ocho.
Para una población que en 1900 se calcula en unas 40000 almas –de las que un 7-8 % adhieren a los llamados cultos disidentes-, la Iglesia Católica cuenta con seis jurisdicciones parroquiales y diez capellanías, lo que implica unos 2500 Hbs promedio, cifra que tiende a aumentar en los centros importantes y a disminuir en los pequeños poblados.
En el caso de la Parroquia de Esperanza a la que le podemos calcular unos 10000 habitantes, debemos señalar que además del Cura Párroco, se contaba para la atención de ese vecindarios con los sacerdotes de la misma Congregación que atendían el Colegio San José.
A esto hay que sumarle la presencia de las religiosas del Huerto que se ocupaban de las niñas y las familias de estas y las Hermanas de San Antonio que incidían a través de su trabajo en el Hospital tanto en los enfermos como en sus familias y en las personas que estaban ligadas a esta obra de caridad.
Lo mismo podría decirse en el caso de San Jerónimo Norte, donde las Hermanas josefinas trabajaban sobre las familias de las niñas que allí se educaban.
Respecto a la problemática idiomática esta se había encauzado definitivamente en el caso de las colonias suizo-alemanas con lo que podríamos llamar la pastoral sistemática llevada adelante por los padres verbitas, quienes además se preocuparon por fomentar la organización del laicado.
Las colonias donde la mayoría era italiana estaba atendida por sacerdotes diocesanos que por lo general eran de ese origen.
A la vez hay que señalar que siendo los templos y capillas lugares fundamentes para el culto católico, al finalizar el siglo XIX sobre un total de 32 centros urbanos y colonias se contaba con 25 templos y capillas y en el caso de Esperanza y San Jerónimo Norte, además del parroquial se contaba con el de los colegios católicos, lo cual arroja un porcentaje del 78 % y si nos referimos al número habitantes tenemos un promedio de uno cada 1480-1500 Hbs.
También se debe contabilizar como positivo las Visitas Pastorales ya que permitieron a los Obispos conocer de cerca la situación espiritual de estas feligresías y de ir proveyendo paulatinamente a las necesidades espirituales de las mismas como así también la presencia de misioneros volantes que ayudaban al sostenimiento de la religiosidad en aquellos lugares a los que no llegaba la atención pastoral de manera frecuente.
Es necesario puntualizar que aún siendo el catolicismo la religión del Estado argentino con lo que esto podría haber beneficiado el desarrollo de la Iglesia Católica, ésta respondió mas orgánicamente a los desafíos que le presentaban los inmigrantes y una ocupación tan rápida del territorio que los cultos llamados disidentes debido a las divisiones internas de los mismos, la falta de pastores y la identificación entre fe y origen étnico.
Sin negar que la cosmovisión protestante impactó profundamente en la región y fundamentalmente en aquellas colonias donde hubo una fuerte presencia de los mismos al menos en los tiempos fundacionales, no se puede negar la importancia que tuvo el catolicismo no solo en lo espiritual ya que la mayoría de los inmigrantes que poblaron este Departamento eran latinos y católicos sino también en lo estructural de las comunidades ya que como lo indicaba Carrasco en 1887 y lo reafirmaba el Censo nacional de 1895 los templos católicos eran elementos de progreso ya que en su torno se reunían los colonos el día domingo y se edificaban los edificios mas importantes de la población y las Parroquias que se erigieron definitivamente tras la experiencia de las capellanías ponían de manifiesto la importancia civil, social y económica que había adquirido la comunidad que era elevada a ese rango.
FUENTES
AAP Archivo Arzobispado Paraná
AASFVC Archivo Arzobispado Santa Fe de la Vera Cruz
ARGPS Archivo General Provincia de Santa Fe
APE Archivo Parroquial Esperanza
APSC Archivo Parroquial San Carlos
BEDSF Boletín Eclesiástico Diócesis de Santa Fe
Publicado por Edgar Stoffel en 16:43
estoffel@ucsf.edu.ar
1) INTRODUCCIÓN
El proceso inmigratorio y la consecuente ocupación del territorio que se abre a partir de la fundación de la colonia ‘Esperanza’ en el año 1856 dió origen a una serie de estudios, en los cuales la religiosidad y las estructuras que ésta genera no han sido suficientemente tenidas en cuenta.
Consideramos que así como es importante que de un territorio prácticamente despoblado en 1858 ya que solo se registran 41.261 hbs se pasara a 220.332 hbs en 1887 y en 1895 a 339.500; que de una decena de centros poblados al comienzo del proceso a finales del siglo XIX se contase con mas de dos centenas y medias (ciudades, pueblos, colonias, establecimientos agrícolas) o que de 4 Departamentos en que se dividía originariamente el territorio santafesino se pasase a 17 en 1890, no es menos importante que de unos poquísimos templos y capillas se superase el centenar y de cinco Parroquias nos encontremos con 42 al final de esta etapa y esto sin contar lo que se refiere a otras confesiones religiosas.
No es intención de esta ponencia analizar las razones que llevan a soslayar el aspecto religioso en la problemática inmigratoria –aunque es justo reconocer que en los últimos tiempos se le ha prestado una mayor atención- ya que aún al margen de ella, no podría negarse el papel que cumplió la Iglesia Católica en lo que respecta al arraigo de los colonos y la estabilización de las villas por ellos fundadas .
2) INMIGRACIÓN Y OCUPACIÓN DEL TERRITORIO
La dirigencia política que toma en sus manos los destinos del país después de Caseros tenía entre sus objetivos la ocupación de los extensos espacios vacíos de nuestra llanura y dedicarlos a la explotación agrícola, previa colonización del territorio con inmigrantes de origen europeo.
En el ámbito santafesino, la clase política, encabezada por Domingo Crespo participaba de aquellos deseos de progreso y en este sentido, el nuevo gobernador ‘... produjo un gobierno altamente progresista que inicia la transición de la provincia criolla a la provincia moderna’ .
Una expresión de esta política fue el Contrato de Colonización firmado con A. Castellanos el 15 de junio de 1853, en el cual el gobierno de la Provincia se obligaba a brindar a cada una de las mil familias que en grupos de 200 llegarían a Santa Fe, un terreno de 20 cuadras cuadradas a cuya propiedad accederían luego de cinco años de ocupación real y cumplidas las condiciones fijadas, mas un rancho, alimentos, enseres y ganados varios .
En los primeros meses de 1856, cuando Crespo ya había sido reemplazado por José María Cullen, llegan las primeras 200 familias que Castellanos había reclutado en Suiza, Francia y Alemania las cuales son instaladas en las cercanías del cantón ‘Iriondo’, al oeste del Salado.
De esta manera comenzaba el asentamiento de extranjeros en el territorio que luego devendría Departamento Las Colonias y que en ese momento estaba bajo la jurisdicción de La Capital y en el cual ya había núcleos de población criolla o mestiza .
Las concesiones se distribuirán de acuerdo al idioma de los colonos, tocándole a los franceses la mitad oriental de la colonia y a los alemanes la parte oeste, y a la vez, agrupando a católicos por una parte y a protestantes por la otra .
Los primeros años de esta colonia fueron difíciles ya que muchos de los inmigrantes no eran labriegos y debieron acostumbrarse a este tipo de trabajo y afrontar una geografía distinta a la de sus lugares de origen y la amenaza de merodeadores y montaraces.
A pesar de estos y otros problemas, la población de la colonia crece rápidamente y ya para 1858 se censan 1236 habitantes, todos extranjeros .
Hacia 1861 –según De Moussy- la colonia contaba con 1800 almas que se distribuían cuatro leguas cuadradas y el futuro parecía alentador ya que se experimentaba cierta prosperidad, continuaba la llegada de inmigrantes, aumentaba el precio de las concesiones y el indio se había sido alejado .
En ese ínterin (1858) se habían fundado dos nuevas colonias: San Jerónimo Norte y San Carlos, las cuales junto con la anterior ‘... fueron las pioneras, las que mediante la perseverancia en el duro esfuerzo cotidiano, abrieron las primeras brechas en un frente de difícil penetración, tan amplio como el horizonte mismo’ .
Por casi una década estas serán las únicas colonias de la región ya que el proceso de ocupación de la zona se detiene dado que nadie quiere arriesgar, hasta que una década después y tal vez por la supervivencia de estas tres comunidades, comienza una nueva etapa de fundaciones en las que los inmigrantes de origen suizo, alemán y saboyano comenzarán a ser superados por los de origen italiano.
Así en los últimos años de la década del ’70 se fundan Humboltd chico (1867-68), Las Tunas (1868), Unión (1868), Cavour, Humboltd, Santa María y Grütly (1869) en las que se nota aún una fuerte presencia de suizos y alemanes, aunque la excepción es Cavour donde predomina el elemento italiano.
En la década siguiente surgen una decena de colonias que se sitúan hacia el norte y el este y el oeste de las pioneras en las cuales es dable observar el incremento de inmigrantes italianos, tal el caso de San Agustín fundada en 1870 donde la mayoría de sus pobladores son de ese origen o de Franca surgida en el mismo año en que sobre 162 hbs. , 105 son italianos, 35 suizos y 22 franceses .
Las restantes colonias de esta etapa son Pujado (1872), Matilde (1874), Pilar, Nueva, Pujol y Nuevo Orino (1875), San José y Rivadavia (1876) y Delicia (1877).
Tal incremento de colonias tanto en el ámbito del entonces Departamento La Capital como en el de los otros antiguos Departamentos obligó al Gobierno provincial a que en 1883 estos se elevaran a nueve, entre los que se encontraba el de Las Colonias que abarcaba una jurisdicción extensa en la que los centros de colonización surgían por doquier y años tras años.
De hecho, al momento de crearse el Departamento citado ya se habían fundado las colonias Progreso (1881), Sarmiento y Providencia (1882) y María Luisa (1883) y en los años posteriores surgirían otras mas como Soutomayor (1884-85), Santa Clara de Buena Vista (1884-86), Hiparía (1886), Arrechea y Jacinto Araos (1887) y SA Pereyra y Elisa (1888) ocupando zonas mas alejadas del área de influencia de las colonias primigenias o espacios que iban quedando entre algunas de mayor antigüedad.
En 1890 la estructura departamental de la Provincia debe ser nuevamente reformada para lo cual se crean nueve mas y en el caso de Las Colonias se recorta su jurisdicción, la cual terminará de ser ocupada con la fundación de Santo Domingo (1891) e Ituzaingo, La Pelada y San Mariano en 1892.
Demás está decir que para entonces, aún cuando en comparación con otras zonas como Castellanos o San Martín el número de suizos y alemanes todavía seguía siendo importante, los italianos habían tomado definitivamente la delantera en el aspecto poblacional.
La mayoría de ellos se abocaron al trabajo agrícola a través de la llamada ‘colonización espontánea’ la que le permitió acceder mayoritariamente a la propiedad de la tierra por lo cual un buen porcentaje de la población del Departamento hasta comienzos del siglo XX podía ser calificada como rural, en tanto se posicionaban como centros urbanos de importancia Esperanza, San Carlos, San Jerónimo y Pilar .
Para 1887 la población había aumentado a algo mas de 24000 Hbs y en 1895 se aproximaba a los 35000 Hbs de los cuales 10514 se asentaban en el área urbana y el resto en las zonas rurales .
Hacia 1900 –fecha tope de este trabajo- la población del Departamento se calculaba en 40000 Hbs, conservando su lugar central Esperanza como cabecera con unos 8000 Hbs y algunas industrias que respondían a las necesidades de la zona y le siguen en orden de importancia San Carlos con sus tres centros de población que albergan unos 5000 Hbs y Pilar con 2300 Hbs y el ferrocarril que la une a Córdoba y Rafaela.
Humboltd y San Géronimo Norte se aproximan a los 1500 Hbs y los restos de las colonias y campos colonizados no superan los 600 .
3) LAS ESTRUCTURAS ECLESIÁSTICAS
Al comenzar el proceso colonizador, la provincia de Santa Fe pertenecía eclesiásticamente al Obispado de Buenos Aires, circunscripción que se encontraba en una estado calamitoso a lo que había que sumarle las largas distancias que separaban a la sede episcopal de los curatos asentados en nuestro territorio y a estos entre sí y el hecho de que desde 1803 ningún Obispo había realizado una Visita Pastoral en regla.
En 1858, Mons. Marino Marini –delegado apostólico ante el gobierno de la Confederación- expide un decreto por el cual se constituye el Vicariato Apostólico Paranaense (integrado por Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe) sobre cuya base se erigirá al año siguiente el Obispado del Litoral.
Hasta 1858 solo existían en la provincia tres parroquias –Santa Fe, Rosario y Coronda- y una Vice Parroquia –San José del Rincón- y en ese año se le agregan las de San Lorenzo y Puerto Piedras (actual Villa Constitución).
A estas había que agregarle la existencia de algunas reducciones indígenas, las cuales tras un período de decadencia –expulsión jesuitas y crisis independentista- habían comenzado a restaurarse, al mismo tiempo que se creaban otras nuevas.
Finalmente, no pude dejarse de hacer referencia al Convento de San Carlos en San Lorenzo, cuyos frailes recorrían parajes y estancias de nuestro territorio supliendo a los curas que eran escasos o administrando los sacramentos para lo que estaban autorizados.
Esta estructura pastoral que se recostaba fundamentalmente sobre la zona ribereña y que contaba con escasos ministros se manifestará muy pronto como obsoleta e incapaz para responder a los desafíos que le planteaba el fenómeno inmigratorio, lo cual demandó a la Iglesia un esfuerzo enorme que le permitió arribar al siglo XX renovada y pujante.
Hay que señalar que la principal afectada por el fenómeno inmigratorio era la Iglesia católica ya que las comunidades separadas carecían de historia en la región y estaban demasiado ligadas a la nacionalidad de origen, además de ser menos numerosa la nueva población que profesaba que adhería a estas confesiones.
El crecimiento poblacional presentaba al catolicismo los siguientes desafíos:
a) la presencia de una masa inmigrante que mayoritariamente adhería a esta confesión, requería de templos para sus prácticas cultuales –especialmente la dominical- y sacerdotes que los atendiesen y entendiesen.
b) La existencia de otras confesiones, implicó la búsqueda de nuevas formas de relación.
c) La llegada de elementos anticlericales o irreligiosos entre los inmigrantes que se establecían por lo general en los centros urbanos, introducía una cuestión hasta entonces desconocida.
d) El hecho de que los inmigrantes accedieran a la tierra, se establecieran en la misma y formaran familias, implica la necesidad de renovar las estructuras pastorales.
4) ATENCIÓN PASTORAL DE LOS INMIGRANTES
La falta de lugares de culto y de ministros idóneos será una de las grandes carencias que experimentarán los inmigrantes que se asienten en nuestra zona, lo cual se sintió mas vivamente en Esperanza por ser la primera colonización, la presencia de colonos de otras confesiones cristianas y la dificultad idiomática.
Según una tradición recogida por el padre Grenón sj, Juan Grenón en su segundo viaje de 1856 habría venido acompañado desde París por un sacerdote mas un baúl con ornamentos y utensillos para el culto, aunque el citado clérigo habría preferido quedarse en Santa Fe en lugar de continuar camino hacia Esperanza .
La atención pastoral en los primeros tiempos fue mas que precaria y seguramente provino de Santa Fe, aunque la única información del año 1857 que es brindada por Sommer Geis es mas bien crítica ya que señala que desde este Curato no quiso venir nadie a celebrar la Misa para no perder las que tenía en la ciudad capital .
A partir de ese año los padres franciscanos que atendían la reducción de San Jerónimo del Sauce se acercarán a la colonia naciente y en los años posteriores harán lo mismo con San Carlos y San Jerónimo Norte.
A partir de 1858 la colonia contará con un capellán, el abate J. A. Webber quién será luego sucedido por el Pbro. Mauricio Aymé a partir de 1860 en tanto él parte a San Carlos, lo que implica una mayor preocupación de la autoridad eclesiástica y también de la civil por la situación religiosa de los vecinos.
En estos primeros años tanto Esperanza como San Carlos estarán bajo la jurisdicción parroquial de Coronda, tal como se desprende de la nota que el Pbro Miguel Vidal dirige al Párroco de la misma donde le señala que tanto los colonos de San Carlos como los de Esperanza ‘... por razón de su establecimiento en el Dpto. Coronda pertenecen a la feligresía de ese Curato’ .
Seis meses después –con fecha 15 de noviembre de 1860- el Pbro. Claudio Seguí escribe al Párroco de marras:
‘... el Sr. Obispo dispone que los atienda V. de la manera que le sea posible a los católicos de esta colonia y que procure como Párroco visitarle y celebrar allí la misa, siquiera cada vez’ .
El Obispo que ordena lo anterior –Mons. Segura y Cubas- es el mismo que con fecha 28 de julio de ese año se dirigirá al Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública en una extensa carta en la que le manifestará su preocupación por las colonias Esperanza y San Carlos, cuya situación ha llamado sus ‘... singulares cuidados de Pastor de toda la Diócesis, por sus especialísimas necesidades religiosas que lo son también civiles, y un incontestable argumento de altar providencia con que es preciso tratar el elemento inmigración, si es que ha de ser el principio regenerador de nuestros pueblos’, para agregar mas adelante que ‘si estas colonias quedasen abandonadas a sus propios esfuerzos, y a la vida del pueblo sin ningún elemento de unidad y progreso, ¿cuál sería el resultado?. Sin necesidad de alta comprensión ya puede preverse que la inmigración adquirida a tanto precio daría por todo fruto a las familias inmigrantes peor malestar que el de la pobreza que sufrían en sus países y a nuestros Pueblos ni cultura, ni industria, ni civilización porque todo eso germina en el seno del orden y haciendo posible el desarrollo de las facultades humanas’
Tras la primera experiencia de atención pastoral a través de sacerdotes diocesanos, la asistencia espiritual pasará a manos de los padres franciscanos que atenderán Esperanza, San Carlos, San Jerónimo Norte y Pilar en sus orígenes y de los jesuitas que reemplazaran a los hijos de San Francisco en virtud de su conocimiento del alemán en las colonias donde se imponía esta lengua.
A medida que avance el proceso de ocupación del territorio, los capellanes de estas colonias fundacionales atenderán a las nuevas comunidades aunque a partir de la década del ’80 se incrementará la presencia de sacerdotes diocesanos de origen italiano.
5) Creación y desarrollo de las Capellanías
El desarrollo de la población y la estabilización de los pueblos y colonias, y a la par la construcción de iglesias o capillas por parte de los vecinos en dichos asentamientos, fueron generando en los mismos pobladores el deseo de una atención religiosa más particularizada.
Este fenómeno que hemos denominado ‘el clamor de los pueblos’ era imposible de corresponder desde los antiguos curatos en que estaba dividida la Provincia de Santa Fe y la dinámica social y económica que vivía la región requería –en vistas al cuidado pastoral- una división de estas viejas jurisdicciones y la consecuente creación de nuevas Parroquias.
Mons. José María Gelabert y Crespo preferirá erigir en lugar de Parroquias, capellanias que no son sino iglesias no parroquiales aunque el papel que les asigne a las mismas superará con creces lo que la legislación canónica de aquellos tiempos permitía y si bien es cierto que debían guardarse de hacer la menor cosa contraria a los derechos parroquiales en la práctica funcionaban como si fuesen parroquias dado que los capellanes por lo general se comunicaban directamente con el Obispo obviando al Párroco, llevaban registros propios de los sacramentos administrados y usufructuaban de los beneficios que éstas producían .
La explicación de esta opción por parte del Obispo Gelabert y Crespo creemos que está dada por la imposibilidad de su parte de llenar los requisitos impuestos por el Patronato Nacional y la escasez de clero propio o ‘nacional’ que le llevaba aceptar sacerdotes europeos, los cuales muchas veces carecían de la idoneidad suficiente y que gracias a esta figura canónica podían ser removidos fácilmente, procedimiento que no era posible en el caso de los Párrocos.
Hasta el año 1880 el proceso de erección de capellanías fue mas bien lento al punto que hasta esa fecha solo se contaba con la de las tres colonias madres y San Agustín, pero a partir de ese momento adquirirá un gran dinamismo tal como podemos observar a continuación:
+ 1881: Pilar
+ 1885: Providencia
+ 1886: Progreso
+ 1887: Felicia
+ 1888: Franck
+ 1890: Sarmiento y Humboltd
+ 1891: San Carlos Norte
+ 1892: Jacinto Aráuz, Cavour y Santa Clara de Buena Vista
+ 1893: Grütly
+ 1894: Saa Pereyra
Los capellanes de estas colonias, además de atender sus lugares de residencia extendían su acción pastoral a las colonias vecinas tal como sucede con el de Esperanza, a quién en 1878 se le da jurisdicción sobre los vecinos de Humboltd y Pujol y en épocas determinadas sobre los de Emilia y Cayastacito y al año siguiente se le amplia a Grütly, Rivadavia y Larrechea .
En el año 1883, al capellán de San Agustín se le encomiendan las colonias San José, Francklin (Franck) y la parte de Las Tunas que no corresponde a San Jerónimo .
Un año de muchos cambios en las jurisdicciones de las capellanías es el de 1885 ya que se crea la de Providencia, dándosele como límite al N: la línea divisoria con el territorio nacional del Chaco y nuestra provincia,; al S. una línea recta que partiendo desde el extremo sur de la colonia Progreso llega hasta la frontera con Córdoba quedando comprendidas Grütly, Rivadavia, Felicia, Lehmann y Eguzquiza; al E. el río Salado, comprendiendo Emilia, San Justo y Cayastacito; y al O. la citada frontera cordobesa .
Esta erección recorta las jurisdicciones de Esperanza y Pilar, pero por razones que desconocemos esta nueva circunscripción dura muy poco ya que tres meses mas tarde algunas colonias (Rivadavia, Grütly, Emilia, Cayastacito, Sol de Mayo y San Justo) vuelven a la jurisdicción de Esperanza , en tanto a Providencia se le agregan algunas nuevas como María Luisa, Felicia y las colonias del Norte .
Antes que concluya el año nos encontramos con nuevos cambios ya que las colonias situadas en la margen este del Salado pasan a pertenecer a Cayastacito, en tanto Lehmann y Felicia quedan bajo el cuidado de Pilar en lugar de Providencia .
En 1886 con la creación de la Capellanía de Progreso se colocan bajo su jurisdicción a Sarmiento y Campo Deuer y al año siguiente, se le adjudican a Felicia, Bella Italia, Nuevo Torino y parte de Colonia Nueva .
La colonia Pilar, por su parte, estaba rodeada de colonias a su cargo, algunas de las cuales pasarían a nuevas jurisdicciones en meses posteriores: Santa María y parte de Colonia Nueva, Aurelia, Susana, Saguier, Santa Clara, Josefina, Clucellas, Iturraspe, Cello, Angélica, Argentina, Merediz, San Vicente, María Juana, Garibaldi, Eustolia, Gálvez (actual colonia Margarita) casi todas pertenecientes al actual Departamento Castellanos y por si fujera poco y tal vez por error, San Francisco, Luxado y Freyre en la provincia de Córdoba .
A partir de diciembre de 1887, Pilar quedará reducida a la colonia de ese nombre, Santa María, Nuevo Torino y Colonia Nueva ya que se erigen las capellanías de San Vicente y Susana .
En 1892 al capellán de Jacinto Aráuz se le da jurisdicción sobre las colonias Adolfo Albina, Colonizadora de Córdoba, Elisa y Clara .
6) El Obispado de Santa Fe y la creación de Parroquias
A comienzos del año 1887, desde el poder civil comienza a vislumbrarse la posibilidad de elevar a Obispado el territorio de la provincia de Santa Fe pero lamentablemente esta decisión que se correspondía con las necesidades espirituales de una buena parte de nuestra población no podría implementarse de inmediato ya que el mismo Gobierno que impulsaba esta política, había con anterioridad cortado las relaciones con la Santa Sede y en sus actos no ocultaba un espíritu que en el fondo buscaba someter a la Iglesia de acuerdo con algunas teorías en boga.
Tras una serie de intentos a lo largo de una década el 15 de febrero de 1897, el Papa León XIII expide la Bula ‘In Peri Cátedra’ por la cual se erigen tres nuevas sedes episcopales en nuestro país, ‘... la segunda en la ciudad de Santa Fe.
En un primer momento es designado Administrador Apostólico Mons. José María Gelabert y Crespo quién fallece poco después y en su lugar, con fecha 6 de enero de 1898 asume el Pbro. Gregorio Romero .
El nuevo Administrador toma una serie de disposiciones destinadas a ordenar la vida pastoral ya que en los últimos años –dada la limitada salud del Obispo Gelabert y Crespo- y el crecimiento de la población se había producido un cierto relajamiento.
Con fecha 24 de enero se dirige al clero comunicándole la organización de la Curia Eclesiástica y solicitándole que en el término de quince días respondan a un cuestionario cuyas preguntas apuntan a conocer el estado espiritual y canónico de las diversas poblaciones.
De las respuestas obtenidas que permitieron a Romero tener una visión general y casi pormenorizada de la situación de las diversas comunidades esparcidas por la campaña, nos detenemos en sintonía con nuestro trabajo en dos aspectos de las capellanías: límites y jurisdicción parroquial a la que pertenecían.
En el caso de Aráuz, el capellán Serafín Barberis señala que su acción ‘... se extiende a las cinco colonias, Aráuz, Albina, Elisa, Soledad y Colonizadora’ en tanto el de Esperanza especifica: ‘los límites de esta Parroquia /sic/ son al E. el Salado, en el S. las colonias Franck, Las Tunas y San Jerónimo, en el N. Progreso, Emilia y Lassaga’ .
El Capellán de Pilar –Pbro. Gabriel Gardois- alega que no existe ‘... nada ajustado sobre los límites oficiales de esta Capellanía; pero los límites naturales de su jurisdicción son sobre todo la colonia Pilar, Sud casi toda la colonia Santa María, Norte casi toda la colonia Nuevo Torino, Este mas de la mitad de Aurelia (inclusive su capilla), Oeste la mitad de la colonia Nueva y Pascual Scavelli de Saa Pereyra que los límites de esa Parroquia /sic/ no habían sido fijados por ninguna Curia y sus feligreses lo eran por necesidad .
La nota del Capellán de San Agustín nada indica al respecto en tanto la del Capellán de Providencia a la par que ilustra los cambios que con el correr del tiempo había sufrido esa capellanía desde su erección a medida que se abrían al servicio religioso las capillas erigidas en las colonias vecinas, refiere que en ese momento su jurisdicción se extendía a María Luisa, Soutomayor, San Miguel, Ituzaingo y La Pelada y provisoriamente a Progreso y Sarmiento que carecían de Capellán .
Si como podemos observar no siempre hay claridad respecto a los límites menos la hay en torno a la situación canónica ya que el Capellán de Saa Pereyra sostiene que ‘jamás dependió de ninguna parroquia y se sigue la práctica del anterior capellán’, el de Pilar que ‘... aunque no lo hayan escrito (...) es como las demás colonias capilla independiente de toda parroquia (...), lo positivo es que no hay constancia de que pertenezca a Parroquia alguna’, el de Aráuz que ‘es capellanía independiente de cualquier curato, el de San Agustín que ‘... antes dependía directamente de la Curia Eccla de Paraná y ahora de la de Santa Fe’, Providencia que es capellanía y nunca se oído decir que perteneciera a alguna Parroquia, Grütly que ‘... es simplemente capellanía y pertenece a la Parroquia de San Miguel en Paraná /sic/’ y San Jerónimo Norte que se considera Parroquia.
El 30 de abril asumía como primer Obispo de Santa Fe Mons. Juan Agustín Boneo quién se encontró que a pesar de los esfuerzos realizados por Mons. Romero, persistían las anomalías referentes al status canónico y jurisdiccional de las estructuras pastorales.
Ya hemos vistos que algunos sacerdotes consideraban que las iglesias a su cargo eran parroquias, aunque en verdad no existían decretos de erección de tales, por lo cual el nuevo diocesano dispuso –como bien dice el padre Bruno- a ‘... organizar desde los fundamentos la nueva Diócesis’ .
Con fecha 3 de diciembre de 1898, ‘... después de maduro examen y deliberación /y/ oído el parecer y consejo de varones eclesiásticos’ procede a dividir el extenso territorio diocesano en 46 Parroquias, la gran mayoría situada en la zona colonizada y sobre la base de las Capellanías .
En el Departamento Las Colonias se procede a las siguientes erecciones parroquiales que representan un 10 % del total, se fijan sus límites y se le asignan los pueblos y colonias (algunos de los cuales conservan el rango de Capellanía) tal como se puede apreciar a continuación:
A – San Carlos Centro
Límites: N.,Sud de las colonias Saa Pereyra, Sauce, Las Tunas, Franck y San José; S, Departamentos San Géronimo y San Martín; E, Departamento La Capital y O, Departamentos Castellanos y San Martín.
Jurisdicción sobre Matilde, Santa Clara de Buena Vista y San Agustín (Capellanías), San Carlos Norte y San Carlos Sud.
B – Esperanza
Límites: N, límite sud de colonias Santo Domingo y Progreso; S, límite norte de Franck y San José; E., río Salado y Departamento La Capital; O., línea del FFCC que va de Humboltd a Soledad desde el ángulo Sudoeste de Progreso hasta el Cululucito y siguiendo ésta hasta el ángulo S. O. de Rivadavia, el extremo este de Humboltd, San Gerónimo y Las Tunas.
Jurisdicción sobre Cavour, parte oeste de Grütly, Larrechea, Pujato, Rivadavia y Cululú.
C – San Gerónimo Norte
Límites: N., límite sur de colonia Rivadavia; S., límite norte de las colonias Las Tunas y Sauce; E., límite oeste de la Parroquia de Esperanza y O., límite del este de la colonia Nueva y su prolongación al Sud hasta el ángulo sudoeste de la colonia Sauce.
Jurisdicción sobre Humboltd (Capellanía), Las Tunas, Santa María vieja y Sauce.
D – Pilar
Límites: N., Cañada Corrales que partiendo en Galisteo termina en línea del FFCC de la Provincia (ramal de Soledad); S., límite norte de la Parroquia de San Carlos Centro; E., límite oeste de las Parroquias de Esperanza y San Gerónimo y al O., Departamento Castellanos.
Jurisdicción sobre Felicia (Capellanía), parte de Grütly, La Nueva, Nuevo Torino, Santa María y Saa Pereyra.
E – Providencia
Límites: N., Departamento San Cristóbal; S., Cañada Corrales y límite norte de la Parroquia de Esperanza; E., río Salado y O., Departamentos Castellanos y San Cristóbal.
Jurisdicción sobre Aráuz (Capellanía), A. Alsina, Hipatia, Ituzaingo, La Colonizadora, La Pelada, María Luisa, Progreso, Sarita, Sarmiento, Santo Domingo, San Miguel y Soutomayor.
Estas Parroquias, que comenzarían a funcionar como tales a partir del 1ro de enero de 1899, gozaban desde ese momento de todas las prerrogativas de Derecho y a las de la extensa campaña se les anexaban funciones vicariales.
También continuarían funcionando algunas Capellanías en colonias de cierta importancia, aunque ahora sí los capellanes se subordinarían realmente a los Párrocos de la jurisdicción en la que encontraban y la Curia ponía como exigencia a los vecinos de esos lugares el sostenimiento del Culto y del sacerdote quién sería nombrado por el Obispo, con lo cual se cortaba con la perniciosa costumbre que había facilitado las circunstancias del poblamiento y ocupación del espacio, en que los capellanes eran directamente contratados por los vecinos y luego el diocesano procedía a su designación.
Con fecha 19 de diciembre, Mons. Boneo procede al nombramiento de los sacerdotes que ejercerán la cura de almas en las nuevas Parroquias, correspondiendo a San Jerónimo Norte el padre Juan Voosen svd, a Pilar el Pbro. Gabriel Gardois, a Providencia el Pbro. Santiago Olessio, a San Carlos Centro el Pbro. Francisco Grimaldi y a Esperanza el padre Carlos Degenhardt svd .
La elección de los centros de población que serían elevados a Parroquias no dejó conforme a diversos vecindarios que reclamaban para sí este Título que era considerado una verdadera promoción tanto en lo eclesiástico como en lo civil y económico.
Una nota de los vecinos de Aráuz al Obispo, ilustra nuestra afirmación:
‘A los ojos del vulgo un capellán aunque tenga aptitudes y méritos iguales o superiores, nunca tiene el prestigio de un Párroco. Sabemos muy bien que estos conceptos dependen de un falso modo de razonar, pero nada o poco consiguen las pocas personas que emprendiendo algo se esfuerzan en destruirlo’
Los intereses económicos en torno a la erección de Parroquias queda de manifiesto en la nota que la Comisión de Iglesia de Felicia envía a Mons. Boneo donde se solicita ‘... se erija en Curia esta Capellanía /ya que/ la Comisión que suscribe ayudado por el vecindario ha construido un templo del que posee su título, el que está afectado en mas de ocho mil pesos de cuya deuda ha tenido que hacerse cargo la comisión que actúa en la localidad y que ve que siendo Capellanía jamás se podrá hacer la mas mínima amortización perjudicando a católicos deseosos del progreso de nuestra Santa religión’ .
Consultado al respecto el Párroco de Pilar, de quién dependía la Capellanía, responde:
‘... no merece ser erigida en parroquia por su poca importancia, por ser nulo su porvenir y por ser inconsistentes los motivos en que los firmantes fundan su pedido’
Fracasado este intento, en los últimos meses de 1900, los vecinos de Felicia acompañados por los de Grütly vuelven a insistir ante el Obispo , pero no serán correspondidos en sus deseos aún cuando la argumentación parece ser más acorde a lo solicitado .
Mejor suerte correrán los vecinos de San Agustín ya que su elevación a Parroquia fue la única excepción hecha ante la marea de pedidos realizados desde diversos puntos de la provincia.
Al extenso alegato de aquella feligresía y tras el parecer favorable del Párroco de San Carlos a cuya jurisdicción pertenecía la colonia, con fecha 27 de octubre de 1899 el Obispo procede a la erección canónica como Parroquia asignándosele la atención pastoral de Franck y San José y los límites siguientes: N., sud de la colonia Pujato y límite norte de la colonia San José; S., límite norte de la colonia Matilde, O., límite este de San Carlos Centro y San Carlos Norte y E., Departamento La Capital .
La crisis posterior que vive la colonia muestra lo desacertado de la erección en ese momento y lo acertado que había sido la política de no ceder a los reclamos antes señalados.
Con esta nueva Parroquia se elevan a seis las establecidas en el departamento Las Colonias igualando a Castellanos y ocupando junto con éste el primer lugar en cantidad de las mismas y a la par se reforma la jurisdicción de la Parroquia de San Carlos cuyos límites pasan a ser por el N., límite sud de Saa Pereyra, Sauce, Las Tunas, n Agustín, S., Departamento San Jerónimo y San Martín; E., Departamento La Capital y límite oeste de San Agustín y O., Departamentos Castellanos y San Martín
Acerca del estado de los templos y capillas al finalizar el siglo XIX debemos señalar que en este Departamento se encontraban las construcciones más antiguas, destacándose la de San Carlos Centro con tres naves y una superficie de 42 mts por 18,20; la de San Jerónimo Norte considerada ‘... la iglesia coqueta de la Diócesis’ con su estilo gótico y sus 35 mts de largo por 9,50 de ancho; la de Esperanza construída por el padre Auwellier de tres naves, mas bien baja, bien pintada y aseada y de 30 mts por 16 y la de San Carlos Norte de 35 mts por 10,40 y 11 mts de altura, asentada sobre cuatro manzanas.
Otras colonias con templo son Santa Clara de Buena Vista, de 28 mts de largo por 10 de ancho; la de Humboltd de 25 mts por 11; Cavour sin mayores precisiones al igual que las dos capillas de Grütly y Saa Pereyra con su construcción de 26 mts por 9, con una de sus paredes laterales bastante deteriorada.
La de Pilar era una construcción de 35 mts por 12, la cual por su gran anchura y alguna falla o defecto se había visto afectada en el techo que era de tejas y en una de las paredes laterales .
Junto a estos nos encontramos con una serie de capillas particulares o privadas que por lo general eran utilizadas por los Párrocos o capellanes para prestar algunos servicios religiosos como la de Pirola en Felicia, la de Gasser en Nuevo Torino, la de Bonetti en La Pelada, la de Demonte en Soutomayor, la de Barlassina en Providencia, la de San Roque en Cavour y San Wendelino en San Jerónimo Norte .
En cuanto a la administración parroquial, la mayoría de las Parroquias y Capellanías del departamento cumplen con las disposiciones del Derecho y las emanadas de la Curia episcopal destacándose San Carlos Centro, San Jerónimo Norte, Esperanza, Humboltd y Pilar, en tanto Santa Clara de Buena Vista, San Carlos Norte y Saa Pereyra no contaban con el Libro de Fábrica .
Tocante a la congrua para el sostenimiento del sacerdote el Párroco de San Carlos Centro recibe 60 $ mensuales, a los que seguramente se le suman otros ingresos ya que ha logrado adquirir una suerte regular de campo en sociedad con un vecino; el Capellán de Santa Clara de Buena Vista 100 $ y el de San Carlos Norte 116,66 $ -que se conforman con la suma de 50 $ que le entregan los colonos y los intereses de un depósito de 8000 $ al 10 % anual bajo hipoteca-; el Párroco de Esperanza 120 $; el Capellán de Humboltd 100 $ y el de Saa Pereyra 50, en tanto el Párroco de Pilar percibe 100 $ .
7) VISITAS PASTORALES
Si bien es cierto que la creación de capellanías primero y parroquias luego surgieron como respuestas a las necesidades de las feligresías que se iban constituyendo, no debemos entender a estas como si fueran entidades autónomas sino como parte de una realidad mayor que es la Diócesis.
Por esta razón considero importante señalar que en la autocomprensión que de sí tiene la Iglesia católica, el lugar central lo ocupa la Diócesis de la que las Parroquias son parte, por lo cual el objeto de nuestro estudio –las estructuras pastorales- no podemos entenderlo desde sí mismo sino desde la Iglesia particular presidida por el Obispo, ya que no es la sumatoria de Parroquias lo que la constituye sino que por ser ella plenamente Iglesia es la que las origina.
Y en dicho proceso es de fundamental importancia el Obispo que no solo las erige como ya se ha señalado sino que además tiene la obligación de visitarlas para constatar su estado espiritual y material.
Tocará al Obispo Gelabert y Crespo llevar adelante estas Visitas Pastorales y que en la zona estudiada comienzan en el año 1871, cuando tras visitar Coronda se dirige a la cuna de la colonización santafesina, aunque primero hace escala en San Carlos, colonia que ya para 1864 contaba con una capilla bastante rústica y donde en 1870 los vecinos habían comenzado a construir una de mayor porte y dignidad .
Concluída la Visita a San carlos, en la cual confirma a numerosos hijos de extranjeros y deja una serie de instrucciones para la buena marcha de la comunidad naciente , el Obispo se establece en la colonia Esperanza donde realiza una serie de actos similares a los ejercidos en la precedente.
Teniendo a ésta como base se encaminará a las otras colonias –algunas situadas a varias leguas- para lo cual contará con la ayuda del padre jesuita Auwellier en lo que se podría considerar una verdadera misión.
Acerca de esta Visita, leemos en la ‘Crónica de la Parroquia de Esperanza’:
‘En el mes de abril del mismo año el Ilmo. Señor Obispo del Paraná deseando hacer la Visita pastoral por su Diócesis, llamó al padre Auwellier para que le acompañase. Dos meses duró esta Visita que bien puede llamarse una misión no interrumpida, puesto que por cada pueblo o colonia se establecía una especie de misión. Revalidaronse cerca de doscientos matrimonios, recibieron el pan de los Ángeles algunos millares de personas de ambos sexos, administrose el Sacramento de la Confirmación a un númedro todavía mayor de párvulos y en la Colonia Esperanza fue tal el fruto que se logró durante los ocho días que duró la misión, que sólo el número de comuniones accedió a las tres cuartas partes del número de sus habitantes’
En el año 1877 el Obispo vuelve a recorrer la zona visitando por segunda vez a Esperanza, pudiendo comprobar en la ocasión el progreso religioso y la piedad de los colonos, fruto de la acción del citado padre Auwellier, lo cual lo llena de profunda satisfacción .
Nuevamente retorna al Departamento Las Colonias en el año 1883, destacándose en esta oportunidad la Visita a Pilar ya que en esos momentos esta colonia se había convertido en un centro importante tanto en lo socioeconómico como en lo religioso para las colonias que se iban fundando hacia el oeste.
Consciente de esta importancia, en la disposición segunda del Auto de Visita dispone:
‘Que siendo de reconocida necesidad el construir una nueva Iglesia o por lo menos dar mayor extensión a la que actualmente existe, en vista de sus reducidas dimensiones para poder contener la multitud considerable de fieles que asisten a ella para cumplir sus deberes religiosos, SSI recomienda con el mayor encarecimiento al actual Capellán promuieva oportunamente la realización de dic ha obra por todos los medios a su alcance, ya sea levantando una suscripción mensual, o ya solicitando del vecindario en determinadas épocas algunos donativos con tal objeto’
A mediados del año siguiente Gelabert y Crespo encara la que podemos considerar su última Visita de cierta extensión a la Provincia de Santa Fe, para lo cual comenzará su recorrido por Esperanza donde no dejará de hacer una serie de puntualizaciones al Pbro Castronuovo –a la sazón Capellán del lugar- tanto en la faz administrativa como en la pastoral .
Desde Esperanza se llega hasta Cayastacito y Emilia que entonces dependían de esta Capellanía y posiblemente a Providencia, ya que en carta al Ministro Wilde le informa a principios del año siguiente que los vecinos han concluido el templo .
Aunque imposible de analizar las disposiciones del Obispo durante sus visitas a las diversas colonias debemos concluir de la lectura de las mismas que Gelabert y Crespo estaba convencido de que estos asentamientos no eran pasajeros sino que perdurarían en el tiempo y se integrarían a la sociedad argentina, y que en el plano canónico, en algún momento serían elevadas a Parroquias.
De allí su preocupación por la construcción de templos, su fomento y su apoyo a los vecinos y la exigencia de una buena administración y el cuidado con que debían de llevarse los libros de registros sacramentales.
Lamentablemente en el momento de mayor crecimiento poblacional su actividad se volverá prácticamente nula debido a su siempre frágil estado de salud y si bien los pueblos y colonias serán visitados por sacerdotes o religiosos delegados por él al efecto, estas no tendrán las características y los efectos de la Visita episcopal.
Si bien es cierto que el Obispo hacía esporádicas salidas, en la década que va desde 1887-1888 hasta la creación de la Diócesis se producirá un verdadero vacío que apenas asumido Mons. Boneo tratará de llenar razón por la cual, tras visitar Rosario y San Lorenzo, en los primeros días de setiembre de 1898 visita la Parroquia de Esperanza
Durante el año 1900 –término de este trabajo- con fecha 21 de abril visita la Parroquia de San Agustín que acababa de ser erigida donde a la par que aprecia el fervor de los fieles comprueba las deficiencias a causa de la pobreza y les exhorta a fin de colocar la nueva iglesia parroquial en las condiciones que reclama su dignidad .
De allí se dirige a San Gerónimo Norte, permaneciendo en la misma desde el 28 de ese mes hasta el 2 de mayo y experimentando la sólida piedad de los valesanos, acerca de la que escribe:
‘La buena fama que hasta nosotros había llegado de la fe y piedad de los moradores de esta colonia y Parroquia nos la confirmó la manifestación espléndida con que recibió al que venía a visitarlos en nombre del Señor’
A pesar de esto y del estado floreciente de la Parroquia, no deja sin embargo de hacer una precisión de mucha importancia: el Párroco no debe omitir la explicación del Evangelio en el idioma nacional, y ésta debe ser la lengua para la enseñanza del Catecismo a los niños ya que existía la práctica de hacerlo en el dialecto valesano o en el idioma alemán.
En el mes de setiembre vuelve el Obispo al Departamento Las Colonias donde Visita Providencia entre los días 18 al 21 y San Carlos Centro del 26 al 28.
En la primera puede comprobar las limitaciones surgidas como consecuencia de ‘... los exiguos rcursos de esta nueva Parroquia y los calamitosos años pasados, en que los piadosos colonos no han podido contribuir, como hubiera sido de desear a dotarlas de mayor ornato’ .
Allí tiene la oportunidad de administrar 1400 Confirmaciones y ordenar que se provean los objetos de culto necesarios y se organice una Comisión para favorecer la congrua sustentación del Párroco, ‘lo que constituye un deber de justicia’ .
Panorama mas alentador encuentra en San Carlos Centro, lugar en el cual la comunidad con muchos sacrificios había levantado ‘... una de las mas espaciosas y bien construídas Iglesias de la Diócesis .
Alentado por esto los invita a concluir completamente la obra y dotarla de un frontispicio que corresponda a su importancia, para luego realizar el ornato interior.
No menos complacido queda en San Carlos Norte por ‘... la cultura y el espíritu religioso de esta población’ en la cual también se había construido un templo de gran porte, en la que administrará el Sacramento de la Confirmación a un crecido número de fieles.
8) ORDENES Y CONGREGACIONES RELIGIOSAS
Si bien hemos mencionado la acción de franciscanos y jesuitas al comienzo del proceso colonizador es conveniente reasaltar no solo la actuación de los mismos sino también la del resto de congregaciones religiosas que se establecieron en los centros mas importantes del Departamento y ayudaron al proceso de consolidación del catolicismos y sus estructuras pastorales.
Respecto a los franciscanos, como señalamos mas arriba, ya se encontraban en la región al momento en que se inicia el proceso colonizador y la reducción de San Jerónimo del Sauce que estaba a su cargo será un centro de irradiación espiritual para aquellos primeros inmigrantes.
Los franciscanos se abocarán a la atención de los inmigrantes desde 1856-1858 hasta 1881, en una primera etapa los asentados en Esperanza, San Carlos y San Jerónimo Norte y en los últimos años a los de Pilar
Imposibilitados de una buena comunicación con los inmigrantes, especialmente los de lengua suizo-alemana , y acuciados por la necesidad de disponer misioneros para la atención del Chaco santafesino dejaron paso a los padres jesuitas conservando sólo la reducción de San Jerónimo del Sauce que también se iba despoblando ya que los varones integraban las fuerzas nacionales.
En este lugar permanecen hasta 1886.
A los franciscanos les suceden los padres de la Compañía de Jesús, que en virtud del conocimiento del idioma alemán podían tener un mejor entendimiento con una buena parte de la población de las colonias primigenias.
La acción pastoral del padre Auwellier, capellán de Esperanza entre 1867 y 1878, admiró a hombres como Sarmiento y Wilckens ya que se extendió a las diversas colonias vecinas y en la sede fomentó la construcción de un templo acorde a la localidad, la educación católica y el compromiso del laicado .
No menos importante fue la acción del padre Niemann -sucesor del padre Tewes- en San Jerónimo Norte entre 1871 y 1895 donde construyó el templo ya citado que era la admiración de propios y extraños y la del citado padre Tewes que atendió las colonias vecinas a Esperanza como Emilia y Cayastacito y entre 1873-1882 aproximadamente, San Carlos. También hay que mencionar al padre Hermann que se abocó a los colonos de Humboltd .
En el año 1883 se establecen en San Jerónimo Norte las Hermanas Josefinas, originarias de Francia quienes apenas llegadas abren una escuela para niñas en la cual también tropezarán con el problema idiomático ya que la mayoría de los habitantes del lugar hablaban el dialecto un tanto tosco del Alto Valés.
Dos años después, en 1885 se abre una escuela en la vecina San Carlos Centro aunque algunos mas tarde cerrará sus puertas.
En el año 1890 el Obispo Gelabert y Crespo va a conceder a los llamados Padres de Stely (Congregación del Verbo Divino) ‘... la facultad de establecer su casa de Misión y edificar también un templo en la colonia Esperanza, como en cualquier otra colonia’
De esta manera comenzaba una presencia que iba a marcar profundamente una buena parte de la pastoral en el Departamento Las Colonias ya que además de las Capellanías de Esperanza, Humboltd y San Jerónimo que se les confiarán a partir de mediados de la década del ’90, serán los guías espirituales de los colonos suizos alemanes asentados en colonias de mayoría italiana lo que se verá facilitado por la centralidad que para entonces ocupa la citada Esperanza y por las visitas que les realizaban en sus chacras.
En 1891 fundan el Colegio San José el cual comienza a funcionar modestamente, pero que fue creciendo con el tiempo hasta adquirir justa fama entre los colonos que enviaban allí a sus hijos como internos y entre los cuales se suscitarán decenas de vocaciones para la Congregación
Su labor educativa se extendió a la colonia Humboltd donde impulsaron la escuela parroquial .
En 1893 se les encomienda la atención espiritual de Esperanza por renuncia del Capellán Castronuovo, en 1895 de San Jerónimo Norte, dándose por terminada la actuación de los jesuitas en la zona quienes se habían encargado de introducirlos en esta realidad pastoral y en 1896 en Progreso.
Al producirse la erección canónica de las Parroquias en 1899, los Párrocos de Esperanza y San Jerónimo pertenecen a esta Congregación.
Desde el año 1895 también las mujeres tendrán oportunidad de recibir educación católica ya que se establecen las Hermanas de la Caridad de Nuestra Señora del Huerto gracias al esfuerzo puesto desde los orígenes por la familia Gernón.
El Colegio fue creciendo rápidamente y recibía alumnas de diversas extracciones sociales, a las cuales instruía según los programas oficiales de aquel tiempo y en diversos tipos de labores (bordado a máquina, tejido, dibujo y pintura, piano y violín, corte y confección, etc) .
Con la inauguración del Hospital de Caridad en Esperanza en los últimos años del siglo XIX, se asientan en el lugar las Hermanas de San Antonio de Padua que se dedicaban al cuidado de los enfermos .
Finalmente no se puede dejar de mencionar la presencia de los padres de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas), que aunque no residían en nuestra provincia eran famosos por sus misiones populares en las diversas colonias
9) A MODO DE CONCLUSIÓN
Al comenzar el siglo XX, cuando el proceso colonizador alcanzaba su plenitud y se estabilizaban definitivamente los pueblos y colonias, convirtiéndose en ejes de progreso zonal unos y comenzando su lenta decadencia otros la Iglesia Católica logra una discreta pero sólida organización de sus estructuras pastorales, lo cual había comenzado ya promediando los años ’80.
Así de una capilla que existía en 1856 en la reducción de San Jerónimo del Sauce nos encontramos con 15 en 1887 –lo que significa un 20 % del total provincial- y de la ausencia total de estructuras pastorales –ya que las Parroquias mas cercanas eran las de Santa Fe y Coronda situadas a varias leguas- para la época del Censo las Capellanías –que en la práctica tenían los atributos de aquella- alcanzaban el número de ocho.
Para una población que en 1900 se calcula en unas 40000 almas –de las que un 7-8 % adhieren a los llamados cultos disidentes-, la Iglesia Católica cuenta con seis jurisdicciones parroquiales y diez capellanías, lo que implica unos 2500 Hbs promedio, cifra que tiende a aumentar en los centros importantes y a disminuir en los pequeños poblados.
En el caso de la Parroquia de Esperanza a la que le podemos calcular unos 10000 habitantes, debemos señalar que además del Cura Párroco, se contaba para la atención de ese vecindarios con los sacerdotes de la misma Congregación que atendían el Colegio San José.
A esto hay que sumarle la presencia de las religiosas del Huerto que se ocupaban de las niñas y las familias de estas y las Hermanas de San Antonio que incidían a través de su trabajo en el Hospital tanto en los enfermos como en sus familias y en las personas que estaban ligadas a esta obra de caridad.
Lo mismo podría decirse en el caso de San Jerónimo Norte, donde las Hermanas josefinas trabajaban sobre las familias de las niñas que allí se educaban.
Respecto a la problemática idiomática esta se había encauzado definitivamente en el caso de las colonias suizo-alemanas con lo que podríamos llamar la pastoral sistemática llevada adelante por los padres verbitas, quienes además se preocuparon por fomentar la organización del laicado.
Las colonias donde la mayoría era italiana estaba atendida por sacerdotes diocesanos que por lo general eran de ese origen.
A la vez hay que señalar que siendo los templos y capillas lugares fundamentes para el culto católico, al finalizar el siglo XIX sobre un total de 32 centros urbanos y colonias se contaba con 25 templos y capillas y en el caso de Esperanza y San Jerónimo Norte, además del parroquial se contaba con el de los colegios católicos, lo cual arroja un porcentaje del 78 % y si nos referimos al número habitantes tenemos un promedio de uno cada 1480-1500 Hbs.
También se debe contabilizar como positivo las Visitas Pastorales ya que permitieron a los Obispos conocer de cerca la situación espiritual de estas feligresías y de ir proveyendo paulatinamente a las necesidades espirituales de las mismas como así también la presencia de misioneros volantes que ayudaban al sostenimiento de la religiosidad en aquellos lugares a los que no llegaba la atención pastoral de manera frecuente.
Es necesario puntualizar que aún siendo el catolicismo la religión del Estado argentino con lo que esto podría haber beneficiado el desarrollo de la Iglesia Católica, ésta respondió mas orgánicamente a los desafíos que le presentaban los inmigrantes y una ocupación tan rápida del territorio que los cultos llamados disidentes debido a las divisiones internas de los mismos, la falta de pastores y la identificación entre fe y origen étnico.
Sin negar que la cosmovisión protestante impactó profundamente en la región y fundamentalmente en aquellas colonias donde hubo una fuerte presencia de los mismos al menos en los tiempos fundacionales, no se puede negar la importancia que tuvo el catolicismo no solo en lo espiritual ya que la mayoría de los inmigrantes que poblaron este Departamento eran latinos y católicos sino también en lo estructural de las comunidades ya que como lo indicaba Carrasco en 1887 y lo reafirmaba el Censo nacional de 1895 los templos católicos eran elementos de progreso ya que en su torno se reunían los colonos el día domingo y se edificaban los edificios mas importantes de la población y las Parroquias que se erigieron definitivamente tras la experiencia de las capellanías ponían de manifiesto la importancia civil, social y económica que había adquirido la comunidad que era elevada a ese rango.
FUENTES
AAP Archivo Arzobispado Paraná
AASFVC Archivo Arzobispado Santa Fe de la Vera Cruz
ARGPS Archivo General Provincia de Santa Fe
APE Archivo Parroquial Esperanza
APSC Archivo Parroquial San Carlos
BEDSF Boletín Eclesiástico Diócesis de Santa Fe
Publicado por Edgar Stoffel en 16:43
jueves, 2 de octubre de 2008
EL PBRO. SEVERO ECHAGUE
Pbro. Edgar Stoffel
En estas líneas, nos detendremos en algunos aspectos de la vida sacerdotal, de quién tanta admiración suscitara en los santafesinos de su tiempo, por sus dotes oratorias, su amor a la Virgen de Guadalupe y su trabajo en favor de la educación pública, al punto que el padre Durán supo escribir refiriéndose a su muerte: “La ciudad se estremeció de pena. El Santuario se vistió de luto. Las campanas al doblar, tañían más tristes que nunca”
Primeros años y juventud
Severo Echagüe había nacido en el seno de la familia conformada por Cayetano y María, ambos naturales de nuestra ciudad, un 6 de noviembre de 1833 y al día siguiente recibía las aguas bautismales en la entonces Iglesia Matriz bajo el nombre de Severo Cayetano Ignacio, siendo apadrinado por Bernardo de Echagüe e Isabel Garmendia.
Educado en las virtudes humanas y religiosas de aquella cristiana Santa Fe que apacentaba el patriarcal José de Amenabar, emprenderá como otros jóvenes el camino a Buenos Aires para realizar los estudios de filosofía y teología necesarios para acceder al sacerdocio.
A comienzos de 1854, según se desprende de una carta de Esteban Rams y Rubert al Ministro General de la Provincia, había alcanzado las entonces llamadas primeras órdenes u órdenes menores. En dicha nota se hace referencia al apoyo que Echagüe recibía de parte del Gobierno provincial para sus estudios eclesiásticos, y su deseo de trasladarse a Montevideo para continuar dichos estudios bajo la guía de los padres jesuitas.
Con fecha 4 de marzo, Rams informaba que el referido joven se hallaba ya trasladado a aquella Ciudad/de Montevideo /, con todas las recomendaciones a que dicho joven se ha hecho acreedor; dejando así cumplido los deseos con que ese Excmo Gobierno propone con empeño e interés el logro de las virtuosas aspiraciones de dicho recomendado’
.
En Montevideo realizará la última parte de sus estudios, acompañado de otro santafesino: José Lassaga, agregándose tiempo después a ambos José Luis Doldán, que venía de los franciscanos, y sería su entrañable amigo.
Concluidos los estudios el 20 de marzo de 1858 recibe el sagrado orden del subdiaconado de Manos de Mons. Mariano José Escalada, Obispo de Buenos Aires y el 29 de mayo, de ese. mísmo año, el del diaconado. Finalmente, con fecha 1 8 de diciembre de 1858, el Obispo de Buenos Aires le confiere el sagrado orden del Presbiterado, que el nuevo sacerdote debería ejercer en el recientemente creado Vicariato Apostólico de Paraná.
Su actuación sacerdotal
Llegado a su ciudad natal es examinado en Rúbricas por el Pbro. Amenábar, con fecha 30 de enero de 1859, y aprobado es aceptado en la nueva circunscripción eclesiática. Los primeros tiempos de su ministerio pastoral lo ejerce bajo la mirada de Amenábar y, a partir del 25 de Julio de 1860, queda bajo las órdenes del Pbro. José María Gelabert.
Además de las tareas propias de la vida parroquial, a partir del mes de abril de 1861 acompaña al Pbro. José María Gelabert en una Misión por la entonces zona norte de la provincia, que se encontraba desatendida en el aspecto mora] y religioso. La Misión será exitosa y el Obispo Paranaense, Mons. Segura y Cubas felicitará al Párroco de Santa Fe, haciendo extensiva la misma ‘.. a los demás sacerdotes que le han acompañado con especialidad del Sr, Echagüe”.
No cabe dudas, que Mons. Segura y Cubas tenía gran aprecio por Echague y reconocimiento a su labor sacerdotal, ya que con fecha 23 de enero se le había designado Canónigo de Merced en el Coro de la Catedral de Paraná. Con motivo de esta designación, escribe una extensa nota al Secretario del Obispo, en la cual expresa: “Tan inmerecida distinción me honra sobremanera y obliga mi gratitud de un modo muy especial para con el Ilmo Sr. Obispo, cuyo rasgo de generosidad recordará toda mi vida”. Y agrega: “La dignidad, Señor Secrethrio, a que soy llamado está en oposición con mis convicciones. Jamás me he creído capaz de ocupar un puesto igual, pero sí uno inferior por carecer de aquellas cualidades indispensables que él exige”.
A comienzos de 1862, Gelabert renuncia al Curato de Santa Fe por razones de salud, y en su lugar es nombrado nuestro biografiado, quién tras un examen diligente de la situación de la Parroquia, toma posesión de su cargo con fecha de febrero, estampando en el Libro de Bautismos la siguiente nota: ‘Con esta fecha me hice cargo del Curato por nombramiento del Sr, Gob. del Obispado Dn. José María Velazco”. Entre otras actividades le tocará la bendición del templo de San Carlos Centro.
En noviembre de 1863, reasume el Curato de Santa Fe el Pbro. José María Gelabert, siéndonos desconocido si al Pbro. Echagüe se le encomienda alguna tarea particular.
En 1870, siendo ya Obispo de Paraná, Mons. José María Gelabert y Crespo, Echagüe renuncia a la Canongía de la Catedral de Paraná y a finales de esa década lo encontramos asistiendo a los colonos de la vecina Guadalupe. En ese mismo año, habiendo sido nombrado Capellán del Hospital de Caridad, se produce un conflicto con la autoridad eclesiástica y desde entonces no tendrá responsabilidades sacerdotales relevantes en nuestro medio.
La devoción a la Virgen de Guadalupe
Para Clementino Paredes, muchos fueron los sacerdotes que honraron a María Santísima en la vieja capilla que había construido el ermitaño Javier de la Rosa, pero ninguno superaba en fervor, acciones y difusión del culto guadalupano al Pbro. Severo Echagüe. Según este autor, Echagüe se ”... había impuesto un deber y una obligación; y esta obligación y este deber era la consagración de toda su persona a enaltecer y extender el culto a la Virgen de Guadalupe”. Su dedicación a este apostolado era tan elocuente, que los viejos santafesinos y los vecinos de Guadalupe recordarán por largos años su trajinar desde la ciudad hasta la colonia, y Ramón Lassaga le dedicará su historia sobre la Virgen de Guadalupe en Santa Fe, publicada el mismo año de su muerte. Su amor por la Virgen lo llevó a preocupase por la atención pastoral de aquellos colonos extranjeros que comenzaba a construir su historia en las inmediaciones del Santuario.
Así, cuando se encontraba en Guadalupe, Echagiie residía en una habitación que al efecto le había destinado la familia Godoy, pasando ahílos mejores días de su vida y dedicándose a la celebración del Santo Sacrificio de la Misa ya oír confesiones de aquellos colonos que presurosos concurrían en busca de ayuda espiritual.
Con los colonos organizó una banda de música que integraban aquellos vecinos que tras un fracaso colonizador en Brasil se habían asentado en estas tierras: Luis Berraz, Emilio Hegms, Josa y Francisco Koch, Juan y Guillermo Bock, los tres hermanos Beckinan, Enrique y Santiago Bar, Augusto Kieffer, Teodoro y Telmo Courtois, Augusto Udko y Cristián, Juan y José Yungues; a estos hay que sumaries, algunos criollos viejos como Ignacio Medrano y Ladislao Monje. Esta banda animaba los festejos de la Virgen y otros que matizaban los esforzados días de entonces llevando un poco de solaz y de alegría a aquellas familias trabajadoras.
A favor de los colonos daba periódicas misiones, enseñaba el Catecismo a niños y adultos y atendía a los enfermos y difuntos llegándose hasta las chacras más distantes, muchas veces en los carros de los propios colonos. Asimismo, celebrada con gran solemnidad los Cultos de Semana Santa, destacándose el Viernes Santo con la procesión del Sepulcro en torno a la Plaza de Guadalupe.
Al respecto recuerda Paredes:
“Los asistentes a esta manifestación de fe, llevaban velas y antorchas encendidas e indudablemente este espectáculo era conmovedor sobre todo en aquellas soledades de la vieja colonia de Guadalupe”
En lo tocante a la propagación del Culto guadalupano y su celebración, dejamos paso a los recuerdos de Paredes, quien afirma:
“Un mes antes, por lo menos, de la fiesta de la Virgen salía a pedir a varias personas de sus relaciones la limosna consiguiente para costear la Misa y el Sermón, pero el que más contribuía para el esplendor del Culto era Don Tiburcio Reyes, un buen santafesino, de esos caracteres formados a la antigua, muy honorable y creyente sincero. Las peregrinaciones de fieles organizadas por el Cngo Echagüe eran numerosas y muy piadosas, así como también las que dirigía el Cora del Carmen, Pbro. Gregorio Romero. Era tal la devoción que el Cngo Echagüe tenía por la Virgen de Guadalupe que no cesaba de continuo en hacer una propaganda intensiva para enaltecer el culto de María; consiguiendo que vecinos de Esperanza, Humboltd, San Gerónimo .y Las Tunas, viniesen en peregrinación al histórico Santuario.Cuando se avistaba la procesión de la ciudad, la Virgen de Guadalupe era sacada en andas por los vecinos de la villa acompañados del Cngo Echague quien revestido de capa pluvial recorría Javier de la Rosa hasta la intersección del camino real, esperaba a los peregrinos y volvía al frente de ellos hasta la ermita. Labanda de música que el Pbro. Echagüe había organizado tocaba marchas especiales, se quemaban cohetes y se disparaban bombas de estruendo anunciando el comienzo de las fiestas”.
La educación pública
Otra de las actividades que ocupó la vida de Echagüe, especialmente a partir de 1870, fue la preocupación por la educación pública, tarea que aquí y allá destaca Sergio Reinares en su “Reseña histórica de la Educación y sus escuelas en Santa Fe de la Vera Cruz”. En aquellos momentos, en que gobernaba la provincia Dn. Simón de Iriondo, la educación recibe un fuerte impulso en todo el territorio, el cual va acompañado por la acción del municipio santafesino que por entonces sostenía varias escuelas.
En ese contexto, y siendo Presidente del Municipio, Cándido Pujato, el Pbro. Echagüe se desempeña como Director de Enseñanza, y en cumplimiento de su función, en 1873 elabora un Reglamento de Escuelas Municipales que fue aprobado y puesto en vigencia. En el artículo 1° del mismo, prescribía:
“En toda escuela primaria elemental la enseñanza obligatoria será: la instrucción religiosa, la lectura, escritura, aritmética, elementos de gramática y la historia nacional. Un las escuelas de niñas se enseñará también bordado y costura”
En el artículo 2 se indican las horas de clases, las obligaciones de los preceptores, la clasificación de los alumnos, las tres secciones en que se dividían los cursos y las materias respectivas; el artículo 3, la edad mínima (7 años), el 6to. la prohibición de castigos corporales, 7mo. la importancia de la memoria para el aprendizaje y el 8vo. la duración de las vacaciones
Asimismo, durante esta etapa de su gestión se abrió una escuela nocturna para Artesanos, en la cual podrían matricularse sólo los mayores de 14 años, ya que su objetivo era la alfabetización de los jóvenes y adultos. En 1877 lo encontramos informando sobre la situación educativa de la Comuna, señalando que ... el estado escolar (es) satisfactorio en general supliendo algunas dificultades”, precisando que los alumnos son 597, de los cuales 174 son niñas, 233 varones y 198 artesanos.
Al final de ese año, junto con Jonás Larguía y Antonio Pizzorno examina el método de lectura primario elaborado por Isidro Aliau, obra que por entonces significa un verdadero avance pedagógico.
Junto con Larguía y Pizzorno, afirma que el expresado método ofrece grandes ventajas para instruir a la juventud, por cuánto a un mismo tiempo pueden ellos aprender la lectura de un método fácil y en muy corto tiempo.
El año 1879 es también de gran crecimiento en el campo educativo comunal, aunque Echagüe no deja de señalar carencias y deficiencias que parecen ser de nuestros días: escasez de útiles escolares, mobiliario, texto de enseñanza, indiferencia de algunos padres e inasistencia de los niños so pretexto de pobreza. Insiste en la importancia de la Historia nacional y el conocimiento de las Constituciones Argentina y provincial, y destaca que en la Escuela que dirigía Antonio Pizzorno se había incorporado Historia de Santa Fe.
En el año 1880, con Agustín Aragón integra la Comisión encargada de fiscalizar la marcha del llamado Colegio Superior que tenía como fin preparar a los jóvenes para el comercio u otras actividades, una vez concluida la enseñanza elemental.
Un informe del 1881, que firman el Pbro. Genaro Silva, Ramón Lassaga, José Peiteado y F. A. Esquivel, y que trascribimos, son la mejor descripción de su empeño en favor de la educación de sus conciudadanos:
‘Hace poco tiempo, señor Presidente, la ignorancia era el triste patrimonio de los hijos del pueblo y parecía que la educación estaba destinada únicamente para los hijos privilegiados de la fortuna, hoy gracias a los esfuerzos de la Municipalidad, es la herencia común de todos los que habitan este hermoso suelo, prometiéndonos, para mañana, claros y despejados días de paz y ventura. Hemos visto al artesano después de sus tareas, sacrificar las horas de descanso para buscar en la instrucción la luz de que por desgracia se viera privado en las horas sin noche de la ignorancia, para que su trabajo sea verdaderamente productivo, garantiendo su porvenir y el de la familia que formará mañana. ¡honor a ellos y gratitud eterna del pueblo para los que fomentan la educación primaria! El pobre elogio de un informe no puede reputarse jamás, como condigna recompensa al celo y abnegación del señor Inspector de escuela don Severo Echagüe, por más que los miembros que componen la comisión examinadora sean admiradores constantes de la labor y sacrificio. Complacidos hemos visto en él la gravedad de la edad viril enseñando la virtud, ¡a moral y saber humano, a la infancia sobre sus rodillas, ora infundiendo en sus tiernos corazones el temor que inspira la mano ensangrentada del crimen, ora la admiración y el amor a la serena frente de la virtud”
La oratoria sagrada
Una de las cualidades que se admiraba en los sacerdotes de la segunda mitad del siglo pasado era su capacidad para la predicación, ya que en muchos casos los clérigos solían caer en lugares comunes, con sermones repetitivos tomados de los Sermonarios tan en boga entonces. Por cierto que Severo Echagüe no se encontraba entre éstos, y como un gran predicador lo recuerdan Lassaga, Paredes y Durán. Al respecto, éste último señala:
”Orador, cuya palabra triunfa hazañosamente, corazón de virtud robustísima, todo él austeridad, elevación de espíritu y caridad cristiana, notábase en él, sin embargo, y como a pesar suyo, una emanación de majestad fluyendo del interior, cual si no pudiera desprenderse ni con fuerza prodigiosa de modestia, de lo que en él era ingénito: el atávico porte de familia”
Clementito Paredes recuerda su Sermón de Soledad que predicaba en Guadalupe y que congregaba a numerosos fieles, en tanto los Libros de Fábrica de la Parroquia de Coronda, registran su presencia al menos en las siguientes festividades en la que su verba encendida conmovía los corazones de los fieles corondinos:
15 de junio de 1860, Sermón de Corpus
Semana Santa de 1864, Predicación de cuatro sermones
Semana Santa de 1865, Predicación de varios sermones
15 de junio de 1865, Sermón de Corpus
8 de diciembre de 1865, Sermón de la Purísima Concepción.
Para apreciar su estilo oratorio, nos han quedado sus palabras frente a la tumba de su dilectísimo amigo, el Pbro. José Luis Doldán, que Lassaga transcribe en la biografía de este sacerdote fallecido a temprana edad. El citado autor, contextúa así las palabras de Echague en esa oportunidad, que transcribimos ya que nos permiten comprender la atmósfera que suscita entre sus contemporáneos:
Entonces rompiendo el silencio solemne, se levantó una voz armoniosa, como se levanta en medio de la selva callada, al caer la tarde, el canto armonioso del zorzal; era el canónigo don Severo Echagüe, el amigo íntimo del presbítero Doldán que iba allí, bañado en lágrimas a dar el adiós eterno al hermano del alma, al fiel compañero de la edad infantil y de la hermosa juventud”.
Su paso al Padre
Muy poco es lo que sabemos de los últimos tiempos del Pbro. Severo Echague, aunque lo suponemos rodeado de la estima de sus conciudadanos, ya que en la obra de Lassaga sobre el Santuario de Guadalupe, escrita poco tiempo antes de su muerte, nos dice:
vive aún para alivio de los pobres y edificación del pueblo.
Un 7 de febrero de 1895, adviene la muerte a través de una congestión cerebral, y al día siguiente será sepultado en el antiguo templo de los padres franciscanos.
A partir del 26 de julio de 1931 una calle de Guadalupe llevará su nombre.
No queremos concluir sin las elocuentes palabras de Clementito Paredes, quién sintetizaba su vida en estos términos:
“Sacerdote desinteresado, patriota caritativo, misionero fervoroso, amigo de los pobres y desheredados, para él no había barrera de clases sociales, lo mismo atendía al grande que al pequeño”
En estas líneas, nos detendremos en algunos aspectos de la vida sacerdotal, de quién tanta admiración suscitara en los santafesinos de su tiempo, por sus dotes oratorias, su amor a la Virgen de Guadalupe y su trabajo en favor de la educación pública, al punto que el padre Durán supo escribir refiriéndose a su muerte: “La ciudad se estremeció de pena. El Santuario se vistió de luto. Las campanas al doblar, tañían más tristes que nunca”
Primeros años y juventud
Severo Echagüe había nacido en el seno de la familia conformada por Cayetano y María, ambos naturales de nuestra ciudad, un 6 de noviembre de 1833 y al día siguiente recibía las aguas bautismales en la entonces Iglesia Matriz bajo el nombre de Severo Cayetano Ignacio, siendo apadrinado por Bernardo de Echagüe e Isabel Garmendia.
Educado en las virtudes humanas y religiosas de aquella cristiana Santa Fe que apacentaba el patriarcal José de Amenabar, emprenderá como otros jóvenes el camino a Buenos Aires para realizar los estudios de filosofía y teología necesarios para acceder al sacerdocio.
A comienzos de 1854, según se desprende de una carta de Esteban Rams y Rubert al Ministro General de la Provincia, había alcanzado las entonces llamadas primeras órdenes u órdenes menores. En dicha nota se hace referencia al apoyo que Echagüe recibía de parte del Gobierno provincial para sus estudios eclesiásticos, y su deseo de trasladarse a Montevideo para continuar dichos estudios bajo la guía de los padres jesuitas.
Con fecha 4 de marzo, Rams informaba que el referido joven se hallaba ya trasladado a aquella Ciudad/de Montevideo /, con todas las recomendaciones a que dicho joven se ha hecho acreedor; dejando así cumplido los deseos con que ese Excmo Gobierno propone con empeño e interés el logro de las virtuosas aspiraciones de dicho recomendado’
.
En Montevideo realizará la última parte de sus estudios, acompañado de otro santafesino: José Lassaga, agregándose tiempo después a ambos José Luis Doldán, que venía de los franciscanos, y sería su entrañable amigo.
Concluidos los estudios el 20 de marzo de 1858 recibe el sagrado orden del subdiaconado de Manos de Mons. Mariano José Escalada, Obispo de Buenos Aires y el 29 de mayo, de ese. mísmo año, el del diaconado. Finalmente, con fecha 1 8 de diciembre de 1858, el Obispo de Buenos Aires le confiere el sagrado orden del Presbiterado, que el nuevo sacerdote debería ejercer en el recientemente creado Vicariato Apostólico de Paraná.
Su actuación sacerdotal
Llegado a su ciudad natal es examinado en Rúbricas por el Pbro. Amenábar, con fecha 30 de enero de 1859, y aprobado es aceptado en la nueva circunscripción eclesiática. Los primeros tiempos de su ministerio pastoral lo ejerce bajo la mirada de Amenábar y, a partir del 25 de Julio de 1860, queda bajo las órdenes del Pbro. José María Gelabert.
Además de las tareas propias de la vida parroquial, a partir del mes de abril de 1861 acompaña al Pbro. José María Gelabert en una Misión por la entonces zona norte de la provincia, que se encontraba desatendida en el aspecto mora] y religioso. La Misión será exitosa y el Obispo Paranaense, Mons. Segura y Cubas felicitará al Párroco de Santa Fe, haciendo extensiva la misma ‘.. a los demás sacerdotes que le han acompañado con especialidad del Sr, Echagüe”.
No cabe dudas, que Mons. Segura y Cubas tenía gran aprecio por Echague y reconocimiento a su labor sacerdotal, ya que con fecha 23 de enero se le había designado Canónigo de Merced en el Coro de la Catedral de Paraná. Con motivo de esta designación, escribe una extensa nota al Secretario del Obispo, en la cual expresa: “Tan inmerecida distinción me honra sobremanera y obliga mi gratitud de un modo muy especial para con el Ilmo Sr. Obispo, cuyo rasgo de generosidad recordará toda mi vida”. Y agrega: “La dignidad, Señor Secrethrio, a que soy llamado está en oposición con mis convicciones. Jamás me he creído capaz de ocupar un puesto igual, pero sí uno inferior por carecer de aquellas cualidades indispensables que él exige”.
A comienzos de 1862, Gelabert renuncia al Curato de Santa Fe por razones de salud, y en su lugar es nombrado nuestro biografiado, quién tras un examen diligente de la situación de la Parroquia, toma posesión de su cargo con fecha de febrero, estampando en el Libro de Bautismos la siguiente nota: ‘Con esta fecha me hice cargo del Curato por nombramiento del Sr, Gob. del Obispado Dn. José María Velazco”. Entre otras actividades le tocará la bendición del templo de San Carlos Centro.
En noviembre de 1863, reasume el Curato de Santa Fe el Pbro. José María Gelabert, siéndonos desconocido si al Pbro. Echagüe se le encomienda alguna tarea particular.
En 1870, siendo ya Obispo de Paraná, Mons. José María Gelabert y Crespo, Echagüe renuncia a la Canongía de la Catedral de Paraná y a finales de esa década lo encontramos asistiendo a los colonos de la vecina Guadalupe. En ese mismo año, habiendo sido nombrado Capellán del Hospital de Caridad, se produce un conflicto con la autoridad eclesiástica y desde entonces no tendrá responsabilidades sacerdotales relevantes en nuestro medio.
La devoción a la Virgen de Guadalupe
Para Clementino Paredes, muchos fueron los sacerdotes que honraron a María Santísima en la vieja capilla que había construido el ermitaño Javier de la Rosa, pero ninguno superaba en fervor, acciones y difusión del culto guadalupano al Pbro. Severo Echagüe. Según este autor, Echagüe se ”... había impuesto un deber y una obligación; y esta obligación y este deber era la consagración de toda su persona a enaltecer y extender el culto a la Virgen de Guadalupe”. Su dedicación a este apostolado era tan elocuente, que los viejos santafesinos y los vecinos de Guadalupe recordarán por largos años su trajinar desde la ciudad hasta la colonia, y Ramón Lassaga le dedicará su historia sobre la Virgen de Guadalupe en Santa Fe, publicada el mismo año de su muerte. Su amor por la Virgen lo llevó a preocupase por la atención pastoral de aquellos colonos extranjeros que comenzaba a construir su historia en las inmediaciones del Santuario.
Así, cuando se encontraba en Guadalupe, Echagiie residía en una habitación que al efecto le había destinado la familia Godoy, pasando ahílos mejores días de su vida y dedicándose a la celebración del Santo Sacrificio de la Misa ya oír confesiones de aquellos colonos que presurosos concurrían en busca de ayuda espiritual.
Con los colonos organizó una banda de música que integraban aquellos vecinos que tras un fracaso colonizador en Brasil se habían asentado en estas tierras: Luis Berraz, Emilio Hegms, Josa y Francisco Koch, Juan y Guillermo Bock, los tres hermanos Beckinan, Enrique y Santiago Bar, Augusto Kieffer, Teodoro y Telmo Courtois, Augusto Udko y Cristián, Juan y José Yungues; a estos hay que sumaries, algunos criollos viejos como Ignacio Medrano y Ladislao Monje. Esta banda animaba los festejos de la Virgen y otros que matizaban los esforzados días de entonces llevando un poco de solaz y de alegría a aquellas familias trabajadoras.
A favor de los colonos daba periódicas misiones, enseñaba el Catecismo a niños y adultos y atendía a los enfermos y difuntos llegándose hasta las chacras más distantes, muchas veces en los carros de los propios colonos. Asimismo, celebrada con gran solemnidad los Cultos de Semana Santa, destacándose el Viernes Santo con la procesión del Sepulcro en torno a la Plaza de Guadalupe.
Al respecto recuerda Paredes:
“Los asistentes a esta manifestación de fe, llevaban velas y antorchas encendidas e indudablemente este espectáculo era conmovedor sobre todo en aquellas soledades de la vieja colonia de Guadalupe”
En lo tocante a la propagación del Culto guadalupano y su celebración, dejamos paso a los recuerdos de Paredes, quien afirma:
“Un mes antes, por lo menos, de la fiesta de la Virgen salía a pedir a varias personas de sus relaciones la limosna consiguiente para costear la Misa y el Sermón, pero el que más contribuía para el esplendor del Culto era Don Tiburcio Reyes, un buen santafesino, de esos caracteres formados a la antigua, muy honorable y creyente sincero. Las peregrinaciones de fieles organizadas por el Cngo Echagüe eran numerosas y muy piadosas, así como también las que dirigía el Cora del Carmen, Pbro. Gregorio Romero. Era tal la devoción que el Cngo Echagüe tenía por la Virgen de Guadalupe que no cesaba de continuo en hacer una propaganda intensiva para enaltecer el culto de María; consiguiendo que vecinos de Esperanza, Humboltd, San Gerónimo .y Las Tunas, viniesen en peregrinación al histórico Santuario.Cuando se avistaba la procesión de la ciudad, la Virgen de Guadalupe era sacada en andas por los vecinos de la villa acompañados del Cngo Echague quien revestido de capa pluvial recorría Javier de la Rosa hasta la intersección del camino real, esperaba a los peregrinos y volvía al frente de ellos hasta la ermita. Labanda de música que el Pbro. Echagüe había organizado tocaba marchas especiales, se quemaban cohetes y se disparaban bombas de estruendo anunciando el comienzo de las fiestas”.
La educación pública
Otra de las actividades que ocupó la vida de Echagüe, especialmente a partir de 1870, fue la preocupación por la educación pública, tarea que aquí y allá destaca Sergio Reinares en su “Reseña histórica de la Educación y sus escuelas en Santa Fe de la Vera Cruz”. En aquellos momentos, en que gobernaba la provincia Dn. Simón de Iriondo, la educación recibe un fuerte impulso en todo el territorio, el cual va acompañado por la acción del municipio santafesino que por entonces sostenía varias escuelas.
En ese contexto, y siendo Presidente del Municipio, Cándido Pujato, el Pbro. Echagüe se desempeña como Director de Enseñanza, y en cumplimiento de su función, en 1873 elabora un Reglamento de Escuelas Municipales que fue aprobado y puesto en vigencia. En el artículo 1° del mismo, prescribía:
“En toda escuela primaria elemental la enseñanza obligatoria será: la instrucción religiosa, la lectura, escritura, aritmética, elementos de gramática y la historia nacional. Un las escuelas de niñas se enseñará también bordado y costura”
En el artículo 2 se indican las horas de clases, las obligaciones de los preceptores, la clasificación de los alumnos, las tres secciones en que se dividían los cursos y las materias respectivas; el artículo 3, la edad mínima (7 años), el 6to. la prohibición de castigos corporales, 7mo. la importancia de la memoria para el aprendizaje y el 8vo. la duración de las vacaciones
Asimismo, durante esta etapa de su gestión se abrió una escuela nocturna para Artesanos, en la cual podrían matricularse sólo los mayores de 14 años, ya que su objetivo era la alfabetización de los jóvenes y adultos. En 1877 lo encontramos informando sobre la situación educativa de la Comuna, señalando que ... el estado escolar (es) satisfactorio en general supliendo algunas dificultades”, precisando que los alumnos son 597, de los cuales 174 son niñas, 233 varones y 198 artesanos.
Al final de ese año, junto con Jonás Larguía y Antonio Pizzorno examina el método de lectura primario elaborado por Isidro Aliau, obra que por entonces significa un verdadero avance pedagógico.
Junto con Larguía y Pizzorno, afirma que el expresado método ofrece grandes ventajas para instruir a la juventud, por cuánto a un mismo tiempo pueden ellos aprender la lectura de un método fácil y en muy corto tiempo.
El año 1879 es también de gran crecimiento en el campo educativo comunal, aunque Echagüe no deja de señalar carencias y deficiencias que parecen ser de nuestros días: escasez de útiles escolares, mobiliario, texto de enseñanza, indiferencia de algunos padres e inasistencia de los niños so pretexto de pobreza. Insiste en la importancia de la Historia nacional y el conocimiento de las Constituciones Argentina y provincial, y destaca que en la Escuela que dirigía Antonio Pizzorno se había incorporado Historia de Santa Fe.
En el año 1880, con Agustín Aragón integra la Comisión encargada de fiscalizar la marcha del llamado Colegio Superior que tenía como fin preparar a los jóvenes para el comercio u otras actividades, una vez concluida la enseñanza elemental.
Un informe del 1881, que firman el Pbro. Genaro Silva, Ramón Lassaga, José Peiteado y F. A. Esquivel, y que trascribimos, son la mejor descripción de su empeño en favor de la educación de sus conciudadanos:
‘Hace poco tiempo, señor Presidente, la ignorancia era el triste patrimonio de los hijos del pueblo y parecía que la educación estaba destinada únicamente para los hijos privilegiados de la fortuna, hoy gracias a los esfuerzos de la Municipalidad, es la herencia común de todos los que habitan este hermoso suelo, prometiéndonos, para mañana, claros y despejados días de paz y ventura. Hemos visto al artesano después de sus tareas, sacrificar las horas de descanso para buscar en la instrucción la luz de que por desgracia se viera privado en las horas sin noche de la ignorancia, para que su trabajo sea verdaderamente productivo, garantiendo su porvenir y el de la familia que formará mañana. ¡honor a ellos y gratitud eterna del pueblo para los que fomentan la educación primaria! El pobre elogio de un informe no puede reputarse jamás, como condigna recompensa al celo y abnegación del señor Inspector de escuela don Severo Echagüe, por más que los miembros que componen la comisión examinadora sean admiradores constantes de la labor y sacrificio. Complacidos hemos visto en él la gravedad de la edad viril enseñando la virtud, ¡a moral y saber humano, a la infancia sobre sus rodillas, ora infundiendo en sus tiernos corazones el temor que inspira la mano ensangrentada del crimen, ora la admiración y el amor a la serena frente de la virtud”
La oratoria sagrada
Una de las cualidades que se admiraba en los sacerdotes de la segunda mitad del siglo pasado era su capacidad para la predicación, ya que en muchos casos los clérigos solían caer en lugares comunes, con sermones repetitivos tomados de los Sermonarios tan en boga entonces. Por cierto que Severo Echagüe no se encontraba entre éstos, y como un gran predicador lo recuerdan Lassaga, Paredes y Durán. Al respecto, éste último señala:
”Orador, cuya palabra triunfa hazañosamente, corazón de virtud robustísima, todo él austeridad, elevación de espíritu y caridad cristiana, notábase en él, sin embargo, y como a pesar suyo, una emanación de majestad fluyendo del interior, cual si no pudiera desprenderse ni con fuerza prodigiosa de modestia, de lo que en él era ingénito: el atávico porte de familia”
Clementito Paredes recuerda su Sermón de Soledad que predicaba en Guadalupe y que congregaba a numerosos fieles, en tanto los Libros de Fábrica de la Parroquia de Coronda, registran su presencia al menos en las siguientes festividades en la que su verba encendida conmovía los corazones de los fieles corondinos:
15 de junio de 1860, Sermón de Corpus
Semana Santa de 1864, Predicación de cuatro sermones
Semana Santa de 1865, Predicación de varios sermones
15 de junio de 1865, Sermón de Corpus
8 de diciembre de 1865, Sermón de la Purísima Concepción.
Para apreciar su estilo oratorio, nos han quedado sus palabras frente a la tumba de su dilectísimo amigo, el Pbro. José Luis Doldán, que Lassaga transcribe en la biografía de este sacerdote fallecido a temprana edad. El citado autor, contextúa así las palabras de Echague en esa oportunidad, que transcribimos ya que nos permiten comprender la atmósfera que suscita entre sus contemporáneos:
Entonces rompiendo el silencio solemne, se levantó una voz armoniosa, como se levanta en medio de la selva callada, al caer la tarde, el canto armonioso del zorzal; era el canónigo don Severo Echagüe, el amigo íntimo del presbítero Doldán que iba allí, bañado en lágrimas a dar el adiós eterno al hermano del alma, al fiel compañero de la edad infantil y de la hermosa juventud”.
Su paso al Padre
Muy poco es lo que sabemos de los últimos tiempos del Pbro. Severo Echague, aunque lo suponemos rodeado de la estima de sus conciudadanos, ya que en la obra de Lassaga sobre el Santuario de Guadalupe, escrita poco tiempo antes de su muerte, nos dice:
vive aún para alivio de los pobres y edificación del pueblo.
Un 7 de febrero de 1895, adviene la muerte a través de una congestión cerebral, y al día siguiente será sepultado en el antiguo templo de los padres franciscanos.
A partir del 26 de julio de 1931 una calle de Guadalupe llevará su nombre.
No queremos concluir sin las elocuentes palabras de Clementito Paredes, quién sintetizaba su vida en estos términos:
“Sacerdote desinteresado, patriota caritativo, misionero fervoroso, amigo de los pobres y desheredados, para él no había barrera de clases sociales, lo mismo atendía al grande que al pequeño”
sábado, 6 de septiembre de 2008
A 90 años de la creación de la Parroquia de Guadalupe
Por el Pbro. Edgar Stoffel (*)
Al asumir Mons. Juan Agustín Boneo como obispo de Santa Fe en 1898 se abocó de inmediato a organizar la nueva diócesis, para lo cual creó decenas de parroquias y sujetó a su jurisdicción el Santuario de Guadalupe -que integraba la Parroquia del Carmen- colocando de inmediato a su frente a un capellán que desde entonces sería estable y permanente.
El elegido para esta misión fue el Pbro. Natalio Bértolo, quien algunos meses después fue reemplazado por el Pbro. Tomás Dutari Rodríguez.
La tarea del capellán era primariamente la atención de los devotos que peregrinaban al santuario, ya que los vecinos para los actos propios de la vida parroquial (bautismos y matrimonios sobre todo) debían asistir a la citada Parroquia del Carmen y a partir de 1910 a la de San Juan Bautista.
Sin embargo, para la mayoría de los vecinos, el santuario era su iglesia propia y por lo tanto acudían allí para el cumplimiento del precepto dominical y el Catecismo de los niños, a la par que el capellán acudía a la casa de los enfermos para llevarles el viático.
Hasta 1919, se sucedieron en este cargo los Pbros. Juan Gil y Santa Pau, a quien se puede considerar el hombre providencial para la concreción de las obras de la actual Basílica y Joaquín García de la Vega.
Hay que señalar que los vecinos no eran meros receptores pasivos de los servicios que prestaba el santuario sino que la mayoría de ellos se encuentran entre los primeros que respondieron a la convocatoria de Mons. Boneo para las obras que dieron inicio en 1904. Entre otras tareas, fueron los responsables de transportar la arena desde el campo de Funes para lo cual disponían de sus propios carros o alquilaban para tal fin. Varios vecinos aparecen también aportando dinero para las obras.
Asimismo, desde 1901 se había conformado una comisión integrada por José Koch, Enrique Bran, Guillermo Beckman, Guillermo Tiscornia, Miguel Colombín, Carlos Scaramotti, Juan Cantarutti, José Massara, Miguel y José Farelli, Leonidas González y Ambrosio Alve, a la que luego se les agregarían Guido Virgolini y Juan Geiser. La misma tenía como objeto recolectar fondos para el embellecimiento del santuario y el sostenimiento del capellán.
A mediados de 1918, los vecinos de la colonia comenzaron un movimiento tendiente a lograr que Mons. Boneo -quien por Guadalupe sentía una especial estima al punto que había construido allí su residencia de descanso- y en coincidencia con sus bodas de oro sacerdotales y de plata episcopales, erigiese el santuario en parroquia.
Las decenas de firmantes del petitorio esgrimieron como argumentos: "1ro.: dado los tiempos malos por la guerra de Europa y las malas cosechas que tuvimos hace dos años. 2do.: Siendo este pueblo de unas dos mil quinientas personas que ayudamos lo mejor que podemos al Santuario. 3ro.: Quedando la parroquia San Juan Bautista a más de una legua de distancia de Guadalupe, muy lejos por lo tanto para llamar al Sr. cura para los enfermos y muy caros los coches para llevar los niños a bautizar y para ir a contraer los matrimonios. 4to.: Teniendo en este Santuario todos los domingos y días de fiesta tres misas y bendición con el Santísimo Sacramento, enseñándose el catecismo a los niños y asistiendo a los enfermos aún fuera del distrito por el Sr. capellán Dn. Joaquín García de la Vega".
El pedido encontró resistencias, primeramente en el párroco de San Juan Bautista quien argumentó que se oponía no por razones de interés personal sino por el bien de la parroquia a su cargo, la cual debido a sus pocos años de vida debía aún consolidarse. Si bien considera que a las pocas familias que viven en Guadalupe le conviene tener en el santuario parroquia propia, no cree que esto sea causa suficiente ya que no están tan distantes, poseen medios de locomoción y tampoco es un vecindario muy grande.
También el Pbro. Ulpiano Prieto -a cargo de la parroquia San José- opinó de modo similar al anterior, concluyendo que la nueva parroquia "... amenazaría seriamente la existencia de la de San Juan y por el presente acabaría por suprimir la de San José".
Finalmente, se expidió en contra de la erección de la nueva parroquia el fiscal nombrado ad hoc, Pbro. Dr. José. Benedetti, sosteniendo que iría contra el Derecho y la experiencia, y que las razones de los vecinos de Guadalupe son de tan escaso valor que no deben tenerse en cuenta.
Ante la solidez de los argumentos en contra, podría pensarse que los anhelos de los vecinos quedarían frustrados, pero la verdad es que el 10 de setiembre de ese mismo año, Mons. Boneo decide la erección de la nueva parroquia.
Cuáles fueron los motivos que llevaron al obispo a tomar tal decisión, nos son desconocidos, pero lo cierto es que éste consideró -en contra del resto- que las razones aducidas eran suficientes "... especialmente por lo que a la asistencia espiritual de los enfermos se refiere, y en virtud a mayor gloria de Dios y bien de las almas, que es la ley suprema que tenemos en cuenta".
La nueva parroquia estaba limitada al norte por la colonia Recreo; al sur por el camino que partiendo de la laguna Setúbal pasa al este de la Estación de cargas del F.C.P.S hasta el ramal del F.C.C.R. y hasta el camino del Medio; al este la laguna Setúbal y al oeste el camino del Medio hasta el Hipódromo y la línea a Reconquista del F.C.P. Santa Fe.
Acerca de este acontecimiento de trascendental importancia para la vida religiosa y social de la Villa, escribía en 1928 el Pbro. Angel Martegani:
"... la más importante de las mejoras, por ser del orden espiritual, la ha constituido para el Santuario, su elevación al rango de Iglesia parroquial con jurisdicción sobre toda la villa de Guadalupe y su colonia. Y ¡cuánto tiempo hacía que los colonos de Guadalupe suspiraban por esta designación del santuario como parroquia!".
Hay que señalar que la creación de la parroquia de Guadalupe no menoscabó la actividad de las parroquias renuentes y por el contrario afirmó la acción pastoral en toda la zona.
Con el tiempo, aquella extensa jurisdicción parroquial fue perdiendo territorio ya que debido al crecimiento poblacional surgieron nuevas parroquias como Jesús Sacramentado, San Pablo y San Cayetano.
Entre los sacerdotes que atendieron Guadalupe desde su creación como parroquia debemos recordar a Joaquín García de la Vega, Pascual Caramuto, Aniceto Biagioni, Miguel Genesio y Edgardo Juan Trucco (todos fallecidos), haciéndolo en la actualidad el Pbro. Olidio Panigo, quien se desempeña como delegado episcopal desde el año 2002.
(*) Autor del trabajo "Atención pastoral y vida cristiana de los colonos de Guadalupe. 1860 1930", Santa Fe, 1992.
Al asumir Mons. Juan Agustín Boneo como obispo de Santa Fe en 1898 se abocó de inmediato a organizar la nueva diócesis, para lo cual creó decenas de parroquias y sujetó a su jurisdicción el Santuario de Guadalupe -que integraba la Parroquia del Carmen- colocando de inmediato a su frente a un capellán que desde entonces sería estable y permanente.
El elegido para esta misión fue el Pbro. Natalio Bértolo, quien algunos meses después fue reemplazado por el Pbro. Tomás Dutari Rodríguez.
La tarea del capellán era primariamente la atención de los devotos que peregrinaban al santuario, ya que los vecinos para los actos propios de la vida parroquial (bautismos y matrimonios sobre todo) debían asistir a la citada Parroquia del Carmen y a partir de 1910 a la de San Juan Bautista.
Sin embargo, para la mayoría de los vecinos, el santuario era su iglesia propia y por lo tanto acudían allí para el cumplimiento del precepto dominical y el Catecismo de los niños, a la par que el capellán acudía a la casa de los enfermos para llevarles el viático.
Hasta 1919, se sucedieron en este cargo los Pbros. Juan Gil y Santa Pau, a quien se puede considerar el hombre providencial para la concreción de las obras de la actual Basílica y Joaquín García de la Vega.
Hay que señalar que los vecinos no eran meros receptores pasivos de los servicios que prestaba el santuario sino que la mayoría de ellos se encuentran entre los primeros que respondieron a la convocatoria de Mons. Boneo para las obras que dieron inicio en 1904. Entre otras tareas, fueron los responsables de transportar la arena desde el campo de Funes para lo cual disponían de sus propios carros o alquilaban para tal fin. Varios vecinos aparecen también aportando dinero para las obras.
Asimismo, desde 1901 se había conformado una comisión integrada por José Koch, Enrique Bran, Guillermo Beckman, Guillermo Tiscornia, Miguel Colombín, Carlos Scaramotti, Juan Cantarutti, José Massara, Miguel y José Farelli, Leonidas González y Ambrosio Alve, a la que luego se les agregarían Guido Virgolini y Juan Geiser. La misma tenía como objeto recolectar fondos para el embellecimiento del santuario y el sostenimiento del capellán.
A mediados de 1918, los vecinos de la colonia comenzaron un movimiento tendiente a lograr que Mons. Boneo -quien por Guadalupe sentía una especial estima al punto que había construido allí su residencia de descanso- y en coincidencia con sus bodas de oro sacerdotales y de plata episcopales, erigiese el santuario en parroquia.
Las decenas de firmantes del petitorio esgrimieron como argumentos: "1ro.: dado los tiempos malos por la guerra de Europa y las malas cosechas que tuvimos hace dos años. 2do.: Siendo este pueblo de unas dos mil quinientas personas que ayudamos lo mejor que podemos al Santuario. 3ro.: Quedando la parroquia San Juan Bautista a más de una legua de distancia de Guadalupe, muy lejos por lo tanto para llamar al Sr. cura para los enfermos y muy caros los coches para llevar los niños a bautizar y para ir a contraer los matrimonios. 4to.: Teniendo en este Santuario todos los domingos y días de fiesta tres misas y bendición con el Santísimo Sacramento, enseñándose el catecismo a los niños y asistiendo a los enfermos aún fuera del distrito por el Sr. capellán Dn. Joaquín García de la Vega".
El pedido encontró resistencias, primeramente en el párroco de San Juan Bautista quien argumentó que se oponía no por razones de interés personal sino por el bien de la parroquia a su cargo, la cual debido a sus pocos años de vida debía aún consolidarse. Si bien considera que a las pocas familias que viven en Guadalupe le conviene tener en el santuario parroquia propia, no cree que esto sea causa suficiente ya que no están tan distantes, poseen medios de locomoción y tampoco es un vecindario muy grande.
También el Pbro. Ulpiano Prieto -a cargo de la parroquia San José- opinó de modo similar al anterior, concluyendo que la nueva parroquia "... amenazaría seriamente la existencia de la de San Juan y por el presente acabaría por suprimir la de San José".
Finalmente, se expidió en contra de la erección de la nueva parroquia el fiscal nombrado ad hoc, Pbro. Dr. José. Benedetti, sosteniendo que iría contra el Derecho y la experiencia, y que las razones de los vecinos de Guadalupe son de tan escaso valor que no deben tenerse en cuenta.
Ante la solidez de los argumentos en contra, podría pensarse que los anhelos de los vecinos quedarían frustrados, pero la verdad es que el 10 de setiembre de ese mismo año, Mons. Boneo decide la erección de la nueva parroquia.
Cuáles fueron los motivos que llevaron al obispo a tomar tal decisión, nos son desconocidos, pero lo cierto es que éste consideró -en contra del resto- que las razones aducidas eran suficientes "... especialmente por lo que a la asistencia espiritual de los enfermos se refiere, y en virtud a mayor gloria de Dios y bien de las almas, que es la ley suprema que tenemos en cuenta".
La nueva parroquia estaba limitada al norte por la colonia Recreo; al sur por el camino que partiendo de la laguna Setúbal pasa al este de la Estación de cargas del F.C.P.S hasta el ramal del F.C.C.R. y hasta el camino del Medio; al este la laguna Setúbal y al oeste el camino del Medio hasta el Hipódromo y la línea a Reconquista del F.C.P. Santa Fe.
Acerca de este acontecimiento de trascendental importancia para la vida religiosa y social de la Villa, escribía en 1928 el Pbro. Angel Martegani:
"... la más importante de las mejoras, por ser del orden espiritual, la ha constituido para el Santuario, su elevación al rango de Iglesia parroquial con jurisdicción sobre toda la villa de Guadalupe y su colonia. Y ¡cuánto tiempo hacía que los colonos de Guadalupe suspiraban por esta designación del santuario como parroquia!".
Hay que señalar que la creación de la parroquia de Guadalupe no menoscabó la actividad de las parroquias renuentes y por el contrario afirmó la acción pastoral en toda la zona.
Con el tiempo, aquella extensa jurisdicción parroquial fue perdiendo territorio ya que debido al crecimiento poblacional surgieron nuevas parroquias como Jesús Sacramentado, San Pablo y San Cayetano.
Entre los sacerdotes que atendieron Guadalupe desde su creación como parroquia debemos recordar a Joaquín García de la Vega, Pascual Caramuto, Aniceto Biagioni, Miguel Genesio y Edgardo Juan Trucco (todos fallecidos), haciéndolo en la actualidad el Pbro. Olidio Panigo, quien se desempeña como delegado episcopal desde el año 2002.
(*) Autor del trabajo "Atención pastoral y vida cristiana de los colonos de Guadalupe. 1860 1930", Santa Fe, 1992.
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